24 de Diciembre
Día 24 de Adviento
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 24 diciembre 2026
Lc 1, 67-79
El Cántico de Zacarías, a la inversa del de María, empieza con la promesa de salvación predicha por los profetas, y la alianza que Dios juró a Abraham.
En la 1ª estrofa (vv.68-75), cuyo horizonte (como en el cántico de María) queda limitado a Israel, aparece de nuevo como ya realizada (en 3 aoristos proféticos) la liberación del pueblo de Israel. Pero a diferencia del Cántico de María (en cuya estrofa central Dios se ponía de parte del pueblo humillado y hambriento, destronando a los poderosos y arrogantes), el de Zacarías habla de la salvación de Israel como un todo.
Por su condición de sacerdote, ésta fue la visión de Zacarías. No obstante, y por muy poderosa que fuese su casta, observa Zacarías que la salvación de Israel deberá implicar una subversión del orden social establecido. La liberación vendría de la casa de David, pero cuando Dios suscite una "fuerza" (lit. cuerno) "en la casa de David". Es decir, no por su ser casa de David, sino por algo especial que sucederá en ella: el Mesías davídico (1Sm 2,10; Sal 132,17).
En Zacarías, y al contrario que en María, los enemigos no son los poderosos, sino los de fuera, los pueblos paganos "que nos odian" (Sal 106,10; 111,9). Se habla, pues, de una salvación nacional (en términos épicos), cuyo efecto será el restablecimiento del culto verdadero: "santidad y rectitud". Zacarías sigue siendo sacerdote y buen observante de la Ley, y en el fondo no puede menos que encuadrar la salvación de Israel (que proféticamente ve como ya realizada, en su "ha visitado, rescatado, suscitado", dentro de los estrechos moldes de su condición social y religiosa.
Se trata de la realización de la promesa que Dios había hecho a los patriarcas de Israel, sellando una alianza con Abraham. Una promesa que Zacarías fue recordando por medio de los profetas (cuyos 2 incisos parentéticos sirven para dar relieve a la promesa y a la alianza) y con fines eminentemente religiosos (para que Israel sirva a Dios con santidad y rectitud, sin temor a la persecución de los enemigos).
El estilo del himno cambia en la estrofa central, cuando Zacarías, retomando palabras textuales del ángel (v.17) e inspirándose al mismo tiempo en los profetas (Is 40,3; Mal 3,1), se dirige directamente al niño, anticipando que su misión (como profeta y precursor) tendrá como objetivo borrar las injusticias pasadas, a fin de que el pueblo experimente la salvación. Pues Zacarías espera que Israel sea liberado de los enemigos exteriores, y para ello es necesario borrar las injusticias sociales interiores, poniendo al pueblo pecador en conversión.
Esa será la misión (poderosa y judía) de Juan el Bautista (la del Cántico de Zacarías), muy distinta a la misión (pobre y universal) de Jesucristo (del Cántico de María).
Josep Camps
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Lucas plantea su obra (evangelio y hechos) como una historia de la salvación, en la que el tiempo del Bautista da por concluido el tiempo de las antiguas profecías, el tiempo de Jesús cumple dichas profecías (y constata la realización del Reino), y el tiempo de la iglesia dará continuidad al cumplimiento profético (hasta el fin del mundo). Y todo ello (esos 3 tiempos) animado por la presencia misteriosa y constante del Espíritu Santo.
En el relato de esta lectura, Zacarías canta movido por la presencia del Espíritu. Y su canto es una teología de la historia, una memoria de lo acontecido en el pueblo desde una mirada de fe.
Zacarías reconoce que la historia ha llegado a su punto culminante, y que ha llegado el tiempo de la visita de Dios. La idea de visita de Dios, para la Biblia, tiene 2 significados: visita de salvación (para los oprimidos y fieles a Dios) y visita de condenación (para los corruptos y homicidas de los creyentes). Zacarías se alegra de esa visita, porque por fin se establecerá la justicia en la tierra, y cada uno ocupará el lugar que verdaderamente le corresponde.
En este Cántico, la memoria es fundamental para analizar el presente. Sobre todo a la hora de describir la misión de este niño (Juan) y del futuro de salvación (Jesús).
Pues todo estaba ya preparado por Dios, desde los tiempos de David y de Abraham. Y Dios había prometido ya todo esto a los profetas y a todo el pueblo, con promesas de liberación. Y lo que ocurre ahora, en el momento presente, no es más que su despuntamiento y emergencia.
El próximo tiempo de Navidad, por tanto, no puede quedarse en la mera celebración de un acontecimiento histórico. Sino que tiene que hacer despuntar y emerger ese acontecimiento, llegando al presente de la pobreza y el dolor. Esa es la verdadera visita de Dios, la real y actual, que tiene lugar ahora y que exige una reacción y respuesta presente, "como Dios lo había prometido a nuestros padres".
Un presente que, por otro lado, debe estar abierto a un futuro esperanzador: "él nos librará de nuestros enemigos", "iluminará a los que viven en tinieblas", "guiará nuestros pasos por los caminos de la paz".
Servicio Bíblico Latinoamericano
Act:
24/12/26
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