31 de Diciembre

Día 31 de Navidad

Equipo de Liturgia
Mercabá, 31 diciembre 2025

Jn 1, 1-18

         Terminamos el año escuchando el Prólogo de Juan, ese magnífico resumen de todo el misterio de Cristo y de nuestra fe, y la página que nos introduce en los grandes temas que posteriormente desarrollará su evangelio.

         La presentación teológica que Juan nos hace de Cristo nos lleva al mayor nivel de profundidad de nuestro conocimiento de Dios, pues Jesucristo:

-estaba junto a Dios, y era Dios desde toda la eternidad,
-era la Palabra viviente de Dios, y por ella fueron hechas todas las cosas,
-se hizo hombre al llegar la plenitud del tiempo, encarnándose y acampando entre nosotros (para iluminar con su luz a todos los hombres),
-envió por delante un profeta, Juan Bautista, como precursor y testigo de la luz, para preparar sus caminos,
-vio cómo los suyos no le recibieron, volviendo a su casa (como luz) y no siendo recibido (pues ésta era ya tinieblas),
-otorgó a sus seguidores gracia sobre gracia, es decir, un nacimiento (adoptivo) del mismo Dios.

         Se trata de la mejor teología acerca de la Navidad, y el mejor estímulo para una vida cristiana llena de valores positivos. Dios, por la encarnación de su Hijo, se ha introducido en la historia del hombre para redimirnos y comunicarnos su propia vida. Eso es lo que ha dado sentido a toda la historia y al correr de los años, que ha quedado impregnado de la presencia de Jesucristo.

         Terminar el año, y empezar otro nuevo, nos invita a pensar en la marcha de nuestra vida, y en cómo estamos respondiendo al plan salvador de Dios. Para que no sigamos cumpliendo años a través del mero discurrir de los días (atropellados por el tiempo), sino como dueños del tiempo, y conscientes de la dirección de nuestro camino.

José Aldazábal

*  *  *

         A diferencia de Lucas y Mateo, Juan no pone el origen de Jesucristo en relación directa con su nacimiento en Belén (Mt 1, 18-25), ni se remonta al primer Adán (Lc 3, 38), sino que afirma el origen de Jesucristo en Dios mismo.

         Este procedimiento nos quiere decir que el nacimiento de Cristo no fue sólo significativo para el pueblo elegido, o para la humanidad en general, sino para el mismo seno de la Trinidad. Su interés se centra en enfatizar el significado definitivo que tiene la existencia de Jesús, así como revelar su integridad total y absoluta.

         El Verbo de Dios, y su Palabra creadora, se enfrenta así, tras su encarnación, a la oscuridad del mundo. Y es un conflicto que no ocurre en el vacío, sino en lo concreto de la historia. La oscuridad del mundo simboliza todo aquel sistema de ideas u organizaciones que empantanan la existencia humana, y la sumergen en la injusticia y la angustia. La palabra creadora de Dios viene a desafiar esa situación, y plantea una alternativa definitiva.

         Por eso, la existencia de Jesucristo ilumina nuestra vida con una luz absolutamente novedosa. Una luz que nos permite reconocernos como seres humanos, dignos y auténticos. La comunidad humana, bajo esta nueva perspectiva, no está sometida ya (si así lo quiere) a la oscuridad que impone este mundo tenebroso. Pues la Palabra de Dios ha venido en nuestro rescate, y nos ha dotado con todo lo necesario (luz, gracia...) para alcanzar la liberación.

         Ahora bien, esa lucha definitiva contra el mal ocurre en la historia, y en la vida concreta de cada ser humano que se enfrenta a la oscuridad del mundo, en nombre de Jesús de Nazaret. De su vida, historia y presencia continua en nuestras vidas, depende el sentido que le demos a nuestra historia, y de que volvamos o no a la perfecta creación que hizo Dios del mundo en un principio.

         La mejoría del mundo no vendrá, pues, de mejorías biológicas, ni de grandes intelectuales, ni de políticas superiores. Sino que vendrá de Dios, y de la luz divina que nosotros introduzcamos en el mundo. Una luz que será capaz de introducir en el mundo el respeto, la dignidad, la justicia, la caridad... porque para ello estaremos dotados por Dios de "gracia tras gracia", y de todo lo necesario para ello.

         Más allá de lo bíblico, hoy también celebramos lo vital: "San Silvestre, toma la capa y vete", dice un viejo refrán castellano, uniendo al santo del día con el fin del año. Y es que hoy abrimos la última página del calendario, a la que mañana le daremos vuelta, como una hoja de la Biblia, dispuesta a seguir escribiendo nuestra vida. Y es importante que meditemos todos en esta dimensión, del paso del tiempo.

         La fiesta de esta noche, nochevieja, es tanto para reír como para llorar. Porque no se puede celebrar un año más si no es porque tenemos ya un año menos (por vivir). Celebrar la nochevieja sin esa carga de compunción, no dejaría de ser insensato y suicida. Enséñanos a calcular nuestros años, Señor, para que adquiramos un corazón sensato.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 31/12/25     @tiempo de navidad         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A