5 de Octubre
Témporas de Acción de Gracias
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 5 octubre 2026
Evangelio
Como un eco de una antigua tradición ligada a la sociedad rural, celebramos hoy las Témporas de Acción de Gracias, como jornada de acción de gracias a Dios (por los favores que nos ha hecho) y de petición de ayuda (por los frutos de nuestro trabajo en este nuevo curso).
El medio rural, efectivamente, tenía en el pasado viva conciencia de que los frutos recogidos (sin desconsiderar el esfuerzo humano) eran un don de Dios. Ante los imponderables del clima y de las circunstancias del trabajo del campo, el hombre era más consciente de que dependía del buen Dios.
Por contraste, el progreso de la técnica y del trabajo industrial parecen amenazar esta memoria de Dios. De hecho, en no pocos casos se ha diluido la conciencia de dependencia de Dios, y el hombre corre el riesgo de auto-divinizarse al pensar que ya no necesita del Creador.
En cambio, Jesús nos ha dicho: "Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá" (Mt 7, 7), que es tanto como si nos dijera: Yo te recordaré y te ayudaré, pero necesito que tú no me olvides y que no me eches de tu vida.
En este sentido, ya Juan Pablo II advertía: "Es preciso que el hombre dé honor al Creador ofreciendo, en una acción de gracias y de alabanza, todo lo que de él ha recibido. El hombre no puede perder el sentido de esta deuda, que solamente él, entre todas las realidades terrestres, puede reconocer y saldar como criatura hecha a imagen y semejanza de Dios".
Como prevención ante este riesgo de ingenua desmemorización, la oración colecta de hoy nos invita a decir: "Señor Dios, Padre lleno de amor, que diste a nuestros padres de Israel una tierra buena y fértil, para que en ella encontraran descanso y bienestar, y con el mismo amor nos das a nosotros fuerza para dominar la creación y sacar de ella nuestro progreso y nuestro sustento; al darte gracias por todas tus maravillas, te pedimos que tu luz nos haga descubrir siempre que has sido tú, y no nuestro poder, quien nos ha dado fuerza para crear las riquezas de la tierra".
Antoni Carol
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"Todo tiene su tiempo", decía el Predicador. En efecto, tiene su tiempo la recolección, y su tiempo la sementera. Entre una y otra (aunque los agricultores están ya más o menos metidos en el tiempo de la sementera), se nos invita poner una nota teologal a estos dos tiempos.
La memoria de San Francisco de Asís, celebrada ayer, nos ha podido preparar para entonarla, porque él percibió todas las cosas como un regalo espléndido de Dios. Por eso cantaba en su himno de las criaturas: "Gracias por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos, y flores de color, y nos sustenta y rige, ¡loado, mi Señor!".
En la civilización actual parece estar opacada hoy en día, por así decir, esta verdad, porque están ofuscados nuestros ojos y no la percibimos. En la industria, en los servicios, o en la misma agricultura, aparecemos nosotros como los protagonistas que manipulan y explotan una materia, entre dócil y rebelde, que tenemos ante sí. Concentrados en lo concreto, o en lo sectorial, parece que hemos perdido una visión más envolvente y global de las cosas.
El pasaje del Deuteronomio sugiere que, efectivamente, las riquezas que nos creamos son fruto de nuestra inteligencia y nuestra fuerza. Pero nos lleva más allá, y nos recuerda que la tierra entera, simbolizada en la tierra prometida en que Dios introduce a Israel, es un don de Dios a los hombres. También nos recuerda que la fuerza que desplegamos, en el dominio de las cosas, nos viene dada por Dios. Todo, por tanto, en el orden objetivo y en el orden subjetivo, tiene su fuente en él.
Concentrados en el ras a ras de lo inmediato, caemos fácilmente en el olvido de la realidad omniposibilitante que es Dios. No obstante, ahí están los datos: el día sin tabaco, el día sin tráfico, el día de la paz, el día internacional de la mujer, el día del trabajo (o fiesta del trabajador), el día de los enfermos de Sida... y tantos más, en que los humanos proliferan los días dedicados a uno u otro aspecto de la vida humana, y nos invitan a los cristianos a dar gracias a Dios.
Dios nos mueve a tomar una apropiada distancia de lo inmediato, para reconocer ese fundamento que todo lo posibilita: el Creador viviente, que debe ser loado por toda criatura, y en especial loado por los frutos de la tierra y del trabajo del hombre.
Sergio Caro
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Gracias, Señor, por esta agua que llega del aire hasta los campos, hasta el bosque y el huerto. Gracias por tu palabra que riega este desierto del alma, prometiendo las horas de la siega. Gracias por tanta gracia, tanta cuidada entrega, por el sol que calienta este corazón yerto.
Gracias por estas flores primeras que han abierto ojos de luz a tanta claridad honda y ciega. Gracias porque te he visto latiendo en los bancales, favoreciendo, urdiendo los tiernos esponsales del verdor con la tierra, la rosa con la rama. Gracias porque es llegado el tiempo del que ama.
Las Témporas de Acción de Gracias son días en que la Iglesia convida a sus fieles a ser agradecidos. Agradecidos al Dios de la vida, de las cosechas, del trabajo, de las viñas, de la fecundidad.
No hay cosa más propia de unas criaturas que agradecer, admiradas, todo lo positivo que contemplan sus ojos ( las mieses, los hijos, la cultura, la familia, la paz, la vida). Al mismo tiempo, nada más propio que elevar la súplica del pobre y desvalido, para que nunca falte lo necesario a los hermanos que sufren, lloran o pasan hambre.
Señor, gracias por nuestra vida. Señor , gracias por la ilusión. Y gracias por la esperanza que anida en el corazón. Sea para ti, Señor, la gloria, para ti el esplendor y la majestad. Canten su acción gracias cielo y tierra, por ser obra de tu amor.
Todas las religiones, de una u otra forma, han querido tener propicios a Dios, y por ello les han ofrecido sus pequeños dones, e incluso a veces sacrificios de víctimas cruentas.
Los cristianos hemos conocido el rostro amable de Dios Padre en su Hijo encarnado. Por ello, hemos de ofrecer la ofrenda de nosotros mismos y nuestra fidelidad, a través de la liturgia de alabanza, adoración y súplica. Proclamémosle Señor y Padre, y depositemos en el otro las miserias de nuestras ingratitudes pasadas para que él las queme en la hoguera de su amor misericordioso.
Dominicos de Madrid
Act:
05/10/26
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