8 de Septiembre
Natividad de María
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 8 septiembre 2026
Genealogía de María
Mateo describe hoy, día de la natividad de María, el árbol genealógico de María y Jesús, descrito con criterios distintos de los de Lucas (y por cierto, sin demasiada metodología histórica). Mateo organiza los antepasados de Jesús en 3 grupos, capitaneados por Abraham, David y Jeconías (éste último, por ser el 1º después del destierro).
Esta lista tiene una intención inmediata: demostrar que Jesús, por vía de María, pertenecía a la casa de David. Es la historia de los antepasados de Jesús. Pero no se trata de una mera lista notarial. Esta página está llena de intención y nos ayuda a entender mejor el misterio del "Dios con nosotros".
El Mesías esperado, el Hijo de Dios, la Palabra eterna del Padre, se ha encarnado plenamente en la historia humana, está arraigado en un pueblo concreto, el de Israel. No es un extraterrestre o un ángel que llueve del cielo. Pertenece por pleno derecho, y porque así lo ha querido, a la familia humana.
Los antepasados de María y de Jesús, por otro lado, no son precisamente una letanía de santos. Hay personas famosas y otras totalmente desconocidas. Hombres y mujeres que tienen una vida recomendable, y otros que no son nada modélicos.
En el 1º apartado, de los patriarcas, la promesa mesiánica no arranca de Ismael (el hijo mayor de Abraham) sino de Isaac. No del hijo mayor de Isaac (que era Esaú) sino del 2º (Jacob, que le arrancó con trampas su primogenitura). No del hijo preferido de Jacob (José) sino de Judá (que había vendido a su hermano).
En el 2º apartado, de los reyes (aparte de David, que es una mezcla de santo y pecador), aparece una lista de reyes claramente en declive hasta el destierro. Aparte de Ezequías y Josías, el resto de reyes presentados son idólatras, asesinos o disolutos. Y después del destierro, apenas hay ningún personaje que se distinga precisamente por sus valores humanos o religiosos. Hasta llegar a los 2 últimos nombres, José y María.
Aparecen en este árbol genealógico también 5 mujeres. Las 4 primeras para no estar demasiado orgulloso de su aparición, en un libro familiar. Pues aparte de Rut (que es buena y religiosa, aunque extranjera), aparecen Rahab (una prostituta), Tamar (una tramposa, que engañó a su suegro para tener descendencia) y Betsabé (una adúltera, de un rey por su marido). La 5ª sí, es por fin María (la esposa de José, la madre de Jesús).
Entre los ascendientes de María hay tanto pecadores como santos, demostrando que los pensamientos de Dios no son los nuestros (Is 55, 8). Aparece bien claro que él cuenta con todos, que va construyendo la historia de la salvación a partir de estas personas.
José Aldazábal
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Mateo comienza su evangelio imitando la genealogía del Génesis (Gn 5; 10; 36). Y como en el Génesis sólo engendran los varones, la lista es artificiosa. Se trata de una lista con 3 segmentos, cada uno con 2 septenarios (14 nombres). Se mencionan 4 mujeres: Tamar (que dio todo para no perder las bendiciones divinas), Rajab (prostituta de Jericó), Rut (extranjera de Moab) y Betsabé (adúltera madre de Salomón). Junto a una 5ª mujer (María, madre de Jesús).
Hay que resaltar cómo la ascendencia de María, y de Jesús, va por la línea del pecado (la prostitución y el adulterio) y de la marginación (mujeres extranjeras). Así, Jesús se arraiga en la humanidad al cabo de una historia marcada por el pecado, pero también por la esperanza. Todos somos solidarios de Cristo, primero por la sangre y después por la fe.
La genealogía presentada por Mateo quiere destacar varias cosas. En 1º lugar que Jesús es hijo de Abraham (al que se le hicieron las promesas) y que, por vía de María, pertenece al tronco de David.
Para acentuar la ascendencia davídica, Mateo recurre a un artificio. La genealogía está dividida en 3 bloques de 14 personas, pues para los judíos los números tienen un simbolismo especial. Aquí 14 indica a David, porque es el resultado de sumar el valor numérico de las letras que componen el nombre de David en hebreo.
En 2º lugar, Mateo quiere decirnos cómo Jesús está profundamente enraizado en nuestra historia, y que no es alguien que ha caído en paracaídas, sino que el culmen de la historia humana. Él se ha mezclado con el ser humano, y no con el más limpio y representativo, sino también con criminales y pecadores de toda laya, aparte de famosos y laureados.
Aun las mujeres nombradas (cosa extraordinaria, pues la mujer casi nunca aparece mencionada en las genealogías) ostentan un título no muy recomendable. Entre ellas hay incestuosas (como Tamar), prostitutas (como Rajab) o adúlteras (como Betsabé). La única que no tiene nada reprensible es Rut, pero pertenecía a un pueblo cordialmente odiado por los israelitas, Moab. Jesús no teme asumir esta genealogía, porque él ha venido a salvar a todos los hombres y mujeres.
Servicio Bíblico Latinoamericano
Desposorio de María
En el día de la natividad de María, María va a ponerse en el centro de los relatos, pues "María, su Madre, estando desposada con José, y antes que hubiesen vivido juntos, se halló concebida en su seno, por obra del Espíritu Santo". Se trata de una frase aparentemente sencilla, pero que encierra 2 niveles de profundidad:
1º Un acontecimiento humano, lleno de encanto. Una muchacha de unos 15 años (según costumbre oriental) es una joven prometida y una novia feliz. Lo que nos hace evocar si yo sigo siendo novia que espera, llena de dicha y alegría (como el resto de parejas jóvenes que esperan su enlace).
2º Un acontecimiento misterioso, que interviene ya en esta pareja. Pues sin haber tenido relaciones sexuales, están esperando un hijo. La fórmula es una fórmula teológica: "ella concibió por obra del Espíritu Santo". Este niño no es un niño ordinario, y de él se dirá más tarde que es "hombre y Dios". Pero ya está sugerido aquí, en este prólogo del evangelio.
Tras lo cual, interviene José, "hijo de David", "su esposo", que "era justo y no quería denunciarla" y al que el ángel le pide que "no tenga recelo, y le ponga al niño por nombre Jesús", pues él será "el Señor que salvará" a su pueblo. Todo lo cual hizo José, en cumplimiento de lo que preanunció el Señor por el profeta Isaías.
Noel Quesson
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El anuncio del ángel a José nos sitúa ya en la proximidad del tiempo mesiánico. La interpretación que de esta escena hacen ahora los especialistas nos sitúa a José bajo una luz mucho más amable. No es que él dude de la honradez de María. Ya debe saber, aunque no lo entienda perfectamente, que está sucediendo en ella algo misterioso. Y precisamente esto es lo que le hace sentir dudas: ¿es bueno que él siga al lado de María? ¿es digno de intervenir en el misterio?
El ángel le asegura, ante todo, que el hijo que espera María es obra del Espíritu. Pero que él, José, no debe retirarse. Dios le necesita. Cuenta con él para una misión muy concreta: cumplir lo que se había anunciado, que el Mesías sería de la casa de David, como lo es José, "hijo de David" (evangelio), y poner al hijo el nombre de Jesús (Dios-salva), misión propia del padre.
La alabanza que el ángel hizo a María ("feliz tú porque has creído"), bien puede extenderse también a este joven obrero, el justo José.
José Aldazábal
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En el evangelio de hoy nos presenta Mateo el proceso del matrimonio de María, en una escena en la que aparecen 3 personajes: José, María y el ángel. María está desposada, pero aún no se ha realizado el traslado de la esposa a la casa de José quien ignora la acción que el Espíritu había efectuado en María; por eso decide abandonarla en secreto. El ángel del Señor, que representa a Dios, interviene para aclarar la situación. Y José, símbolo del pueblo fiel, acepta la misión que se le ha encomendado.
María está comprometida. En las costumbres judías este compromiso daba los derechos de matrimonio, sobre todo los de vida marital. Sólo que la mujer seguía viviendo bajo la autoridad y en la casa de su padre. En la sociedad judía de entonces, muy machista, la mujer era propiedad del hombre. No tenía derechos y debía ser protegida por un hombre, ya fuera su padre, su esposo o su hijo. Por eso la situación más miserable era quedar viuda y sin hijos (Lc 7, 11-15).
El desconcierto de José es comprensible al notar que María está embarazada sin haber convivido con él. La ley mandaba denunciar a la mujer que había tenido relaciones con otro fuera de su prometido, y apedrearla frente a la casa de su padre (Dt 22, 13-21). pero José ama demasiado a María como para poder desacreditarla, y por eso decide abandonarla en secreto.
La intervención de Dios se hace necesaria para que José acceda al misterio de la Encarnación. El escritor penetra con gran respeto en la intimidad de esta pareja de jóvenes esposos, y no osa deshojar el misterio de la Mujer-Virgen que engendra y da a luz para el mundo al Hijo de Dios.
Por ser el padre legal de Jesús, le toca a José imponer el nombre al niño, y decide ponerle el nombre de Jesús (que significa "el Señor salva"), tras la explicación que le ha dado al respecto el ángel (porque "él salvará a su pueblo de sus pecados") José se percata de que su hijo (o mejor, el hijo de María) va a ser el Mesías, y el encargado de restablecer la justicia, librando al ser humano de la avaricia, orgullo, ambiciones... y que traerá una liberación no sólo material y terrena, sino total e integral.
La persona (en todas sus dimensiones: social, espiritual, corporal) va a experimentar la salvación, y ésta será obra de Jesús. Una misión que aún no ha llegado a su fin, porque los seres humanos no han querido aceptar a Jesús como salvador. Lo aceptan como profeta, como maestro de moral, como líder espiritual, pero no como el Mesías que viene a establecer su reino en la verdad, la humildad, en el servicio y en la paz.
Servicio Bíblico Latinoamericano
Act:
08/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
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R C A B A
M U R C I A
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