9 de Marzo

Lunes III de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 9 marzo 2026

Lc 4, 24-30

         La homilía a la 1ª lectura es la que hace hoy propia Jesús en su evangelio, en la sinagoga de su pueblo Nazaret. En dicha homilía (la de Nazaret), achaca Jesús a los fariseos que no han sabido captar los signos de los tiempos, mientras que una viuda y un militar (ambos paganos, y favorecidos por los milagros de Elías y Eliseo) sí supieron, así como supieron reconocer la actuación de Dios en sus vidas.

         Con ello, declara Jesús, una vez más, que la salvación es universal, y que no son precisamente los judíos los que mejor saben reaccionar y convertirse a Dios (por ser "un pueblo de sordos"), sino los paganos y extranjeros.

         No gustó nada a los oyentes lo que salió de la boca de Jesús. Y por eso, nos dice el evangelista, "lo empujaron fuera del pueblo, con la intención de despeñarlo por el barranco". Se trataba de la 1ª homilía de Jesús en su pueblo, y lo que había empezado con admiración y aplausos, acabó casi en tragedia. Ya se vislumbra desde los inicios, por tanto, el final de Jesús: su muerte en cruz.

         Pero vayamos a los motivos y causas de lo ocurrido. Pues los milagros realizados por Jesús en Cafarnaum habían suscitado envidia entre los paisanos de Nazaret. Y cuando éste vino (Jesús), no tuvo otra ocurrencia que situarse en una línea universalista (la de los profetas, que criticaban una exclusiva salvación judía), y omitir cualquier tipo de guiño nacionalista. Lucas subraya el ofuscamiento de los judíos, que quieren conservar sólo para ellos lo que Dios quiere para todos.

         Las lecturas de hoy también nos recuerdan que ya va siendo urgente que, casi a mitad de la cuaresma, hagamos caso de las insistentes llamadas de Dios a la conversión y al cambio en nuestras vidas. ¿Nos dejamos interpelar por la Palabra? ¿Se está notando que hacemos camino con Jesús hacia la novedad de la Pascua?

         ¿O también podría Jesús quejarse de nosotros acusándonos de que otras personas mucho menos dotadas de conocimientos religiosos (el general pagano, la viuda pobre) están respondiendo a Dios mejor que nosotros en sus vidas? También es bueno que en cuaresma tengamos presente nuestro bautismo y que preparemos su expresivo recuerdo de la noche de Pascua.

José Aldazábal

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         Hoy escuchamos del Señor que "ningún profeta es bien recibido en su patria" (Lc 4, 24). Esta frase, puesta en boca de Jesús, nos ha sido para muchas y muchos (en más de una ocasión) justificación y excusa para no complicarnos la vida. Jesucristo, de hecho, sólo nos quiere advertir a sus discípulos que las cosas no nos serán fáciles y que, frecuentemente, entre aquellos que se supone que nos conocen mejor, todavía lo tendremos más complicado.

         La afirmación de Jesús es el preámbulo de la lección que quiere dar a la gente reunida en la sinagoga y, así, abrir sus ojos a la evidencia de que, por el simple hecho de ser miembros del pueblo escogido no tienen ninguna garantía de salvación, curación ni purificación.

         Dicha afirmación de Jesús sigue grabada en nuestra conciencia, sobre todo cuando en nuestro entorno social deberíamos tomar decisiones evangélicas, y dicha frase mágica nos echa atrás, como diciéndonos: "No vale la pena que te esfuerces, pues ningún profeta es bien recibido en su tierra".

         Tenemos la excusa perfecta, y la mejor de las justificaciones para no tener que dar testimonio, para no apoyar a aquel compañero a quien le está haciendo una mala pasada, o para mirar hacia otro lado cuando está separándose un matrimonio conocido.

         San Pablo también se dirigió en 1º lugar, como Jesús, a los suyos. Fue a la sinagoga judía y allí "habló con valentía, discutiendo acerca del Reino de Dios e intentando convencerles" (Hch 19, 8). ¿No crees que esto era lo que Jesús quería decirnos?

Santiago Collell

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         La perícopa evangélica de hoy forma parte de la Proclamación del Reino (Lc 4, 16), en la que Jesús establece la razón de ser de su venida: anunciar la Buena Noticia a los pobres y proclamar un Año Jubilar, año de gracia o de perdón de deudas.

         Y ante ello, la reacción de la Sinagoga judía no se hizo esperar, pues semejante propuesta sólo podía salir del Templo y de sus dirigentes, y no de un simple galileo, cuya familia estaba ahí a la vista de todos. Por ello, piden a Jesús que confirme su propuesta con acciones milagrosas.

         Y eso era exactamente lo que Jesús no quería hacer. Porque él no quería acentuar la actuación extraordinaria de Dios, sino su amor ordinario y su cercanía diaria, que es lo que no entendía (o no quería entender) la Sinagoga judía.

         Por eso Jesús les recuerda cómo Dios ha actuado siempre en la historia: con libertad, tanto enviando a Elías a calmar el hambre de una extranjera (la viuda fenicia de Sarepta) como a Eliseo a curar a un enemigo (el general sirio Naamán). Pues a Dios no se le puede exigir nada, y él hace lo que quiere y cuando quiere. Y los de Nazaret lo están experimentando, aunque desconozcan la definición de gracia que les está enseñando Jesús: amor gratuito, que se da sin mérito alguno y sin exigencias.

         El problema de los de Nazaret (lo mismo que el de hoy día) era creer que el proyecto de una sociedad alternativa sólo se podía realizar a base de milagros, sin el esfuerzo del convencimiento, de la conversión y del sacrificio de intereses.

         Hacer milagros para implantar la justicia, no es el camino de Dios. Pues ésta (la justicia) debe nacer partiendo de Dios (ciertamente), pero comprometiendo también a todo al ser humano. La respuesta que los propios coterráneos le dieron a Jesús, fue la de intentar matarlo. Es también parecida a la respuesta que suele dar nuestra sociedad moderna injusta, cuando algo amenaza su existencia: eliminar al otro, porque estorba y porque no hay otro argumento racional para callarlo.

Josep Rius

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         El servicio del profeta a la causa de la liberación se torna difícil por muchos aspectos. La resistencia a creer en el otro (y más si es de mi pueblo o de los míos) es la principal.

         Pero es que el profetismo trae, inherente a su servicio, la contradicción y el conflicto. Y lo es porque el profeta está al margen de la institución que trae seguridad y paz, ambas falsas, y propone una dinámica de cambio: justicia y transformación de situaciones aberrantes y opresoras.

         El pasaje que hoy nos propone el evangelio aparece a continuación de la proclamación que Jesús hace de libertad para los oprimidos, luz para los ciegos, buenas nuevas para los pobres, y un año de gracia para todo el pueblo. Eso es lo que quiere Jesús: la condonación de las deudas, la supresión de la opresión, la rotura de los yugos... y un tiempo que proponga la fraternidad.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 09/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A