13 de Marzo

Viernes III de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 13 marzo 2026

Mc 12, 28-34

         Gracias a la pregunta de un buen letrado sabemos a cuál de las numerosas normas que tenían los judíos (más de seiscientas) le daba más importancia Jesús. Y la respuesta de Jesús es clara y sintética: "Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos".

         Los 2 mandamientos no se pueden separar. Toda la ley se condensa en una actitud muy positiva: amar. Amar a Dios y amar a los demás. pero esta vez la medida del amor al prójimo es muy cercana y difícil: "como a ti mismo". Porque a nosotros sí que nos queremos y nos toleramos. Y de esa manera (con esa efusividad) quiere Jesús que amemos a los demás.

         Haremos bien en escuchar las apasionadas palabras de Dios, asegurándonos que nos quiere curar, que está dispuesto a perdonarnos también este año, que nos sigue amando a pesar de nuestras distracciones. Y en saber orientar nuestra vida según lo que Jesús nos ha dicho que es lo principal: el amor. Preguntémonos sinceramente si nuestra vida está organizada según este mandamiento: ¿amamos? ¿Amamos a Dios y al prójimo? ¿O nos amamos sólo a nosotros mismos?

         Tal vez hubiéramos preferido que Jesús contestase a aquel buen hombre diciéndonos que debemos rezar más, o bien ofrecer tales o cuales sacrificios. Pero le dijo, y nos dice a nosotros, que lo que debemos hacer es amar. Y eso es lo que más nos cuesta en la vida. Se entiende, amar gratuitamente, sin pedir nada a cambio, entregando nuestro tiempo, interesándonos por los demás. Es una consigna que nos ocupa las 24 horas del día y los 7 días de la semana.

José Aldazábal

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         Hoy la liturgia cuaresmal nos presenta el amor como la raíz más profunda de la autocomunicación de Dios: "El alma no puede vivir sin amor, siempre quiere amar alguna cosa, porque está hecha de amor, que yo por amor la creé" (Santa Catalina de Siena). Dios es amor todopoderoso, amor hasta el extremo, amor crucificado. Y en este evangelio no sólo se contenta con auto-revelarse (como amor), sino que quiere ser amado.

         En efecto, con un mandamiento del Deutoronomio ("ama al Señor, tu Dios"; Dt 6, 5) y otro del Levítico ("ama a los otros"; Lev 19, 18), Jesús lleva a término la plenitud de la ley. Él ama al Padre como Hijo de Dios, pero como Hijo del Hombre también ama a los hombres, y para éstos crea una nueva humanidad, que se amen con un mismo amor (el amor de Dios, y el amor del Hijo).

         La llamada de Jesús a la comunión y a la misión pide una participación en su misma naturaleza, es una intimidad en la que hay que introducirse. Jesús no reivindica nunca ser la meta de nuestra oración y amor. Da gracias al Padre y vive continuamente en su presencia. El misterio de Cristo atrae hacia el amor a Dios (invisible e inaccesible) mientras que, a la vez, es camino para reconocer, verdad en el amor y vida para el hermano visible y presente. Lo más valioso no son las ofrendas quemadas en el altar, sino Cristo que quema como único sacrificio y ofrenda para que seamos en él un solo altar, un solo amor.

         Esta unificación de conocimiento y de amor tejida por el Espíritu Santo permite que Dios ame en nosotros y utilice todas nuestras capacidades, y a nosotros nos concede poder amar como Cristo, con su mismo amor filial y fraterno. Lo que Dios ha unido en el amor, el hombre no lo puede separar. Ésta es la grandeza de quien se somete al Reino de Dios: el amor a uno mismo ya no es obstáculo sino éxtasis para amar al único Dios y a una multitud de hermanos.

Pere Montagut

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         Jesús sigue rodeado de personas ansiosas por saber más acerca de su mensaje. Uno de los convidados toma la palabra queriendo saber qué mandamientos seguir para acceder al Reino. Jesús le resume todos los mandamientos en una antigua ley del Deuteronomio (Dt 6, 4-5), que recalca el amor a Dios con todo nuestro ser antes que ninguna otra cosa.

         Y luego toma otro mandato antiguo, que aparece en el Levítico (Le 19, 18), y ratifica el amor que se debe dar al prójimo. La gran originalidad de Jesús está en que une los dos mandamientos, indicando que uno no se puede cumplir sin el otro. Sólo se puede amar a Dios amando al prójimo.

         Las preguntas que con bastante sabiduría le hacen a Jesús algunas personas del pueblo nos dan a entender que Dios siempre ha estado presente y trabajado en todos los pueblos, en sus culturas, en todos los tiempos, depositado siempre las semillas de su Reino. Y esas preguntas un día llegan a su plenitud, se encuentran con Jesús y quedan respondidas por él.

         Las leyes antiguas que utiliza Jesús para responder a la pregunta que le hacen, así lo ratifican. Jesús responde con libertad y confianza porque comprueba que está vivo el deseo por encontrar el camino correcto y de tener acceso a Dios.

         La comunidad, a partir de la respuesta de Jesús, entiende que el amor a Dios no está puesto fuera de la esfera humana. Es decir, amar a Dios sólo es posible amando al prójimo; y el amor que se practique con Dios debe ser igual al practicado con las demás personas.

         Con esta forma de unir a Dios y al ser humano, Jesús abre un panorama nuevo: se sale de la práctica deshumanizada de la ley, para llegar a lo importante: la humanización, el crecimiento cualitativo del ser humano. Aquí está la gloria de Dios y su máximo mandamiento. Lo importante será el ser humano y no las leyes que matan a las personas para rendir culto a un falso dios. Ahora el hombre es reconocido en su verdadera dimensión y se le quita al poderoso la oportunidad de manipular la ley en su favor.

Juan Mateos

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         En el texto evangélico de hoy se da la confluencia de los textos centrales del judaísmo y del cristianismo: el Shemá Israel (texto que, junto con el rito de la circunsición, daba identidad a la espiritualidad y acción del pueblo hebreo) y el Amarás cristiano (que imperaba a la filiación divina y fraternidad humana, como máxima insustituible de la Iglesia).

         En efecto, para Jesucristo el amor (a Dios y al prójimo) es el punto central y más importante, y el centro de toda reflexión y acción cristiana. Porque es en esos 2 elementos (Dios y el prójimo) es donde se encuentra el Reino, y porque ambos van entretejiendo una trama de relaciones que, a fin de cuentas, es lo que importa, para introducir en el Reino a los hijos de Dios (y no alejarlos todavía más).

         Con este mandamiento doble del amor, se juega, se apuesta y se consigue el Reino de Dios. Y con él Jesús podría decir de mí como dijo de aquel maestro respecto a su cercanía con el Reino de los Dios: "no estás lejos".

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 13/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A