21 de Enero

Miércoles II Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 21 enero 2026

Mc 3, 1-6

         De nuevo Jesús quiere manifestar su idea de que la ley del sábado está al servicio del hombre y no al revés. Y delante de sus enemigos, que espían todas sus actuaciones, cura al hombre del brazo paralítico. Lo hace provocativamente en la sinagoga y en sábado. Pero antes pone a prueba a los presentes: ¿se puede curar a un hombre en sábado? Y ante el silencio de todos, dice Marcos que Jesús les dirigió "una mirada de ira, dolido de su obstinación".

         Algunos, al encontrarse con frases de este tipo en el evangelio, tienden a hablar de la santa ira de Jesús. Pero aquí no aparece lo de santa. Sencillamente, Jesús se enfada, se indigna y se pone triste. Porque estas personas, encerradas en su interpretación estricta y exagerada de una ley, son capaces de quedarse mano sobre mano y no ayudar al que lo necesita, con la excusa de que es sábado. ¿Cómo puede querer eso Dios?

         En su lucha contra la mentalidad legalista de los fariseos, ayer nos decía Jesús que "el sábado es para el hombre" y no al revés. Hoy aplica el principio a un caso concreto, contra la interpretación que hacían algunos, más preocupados por una ley minuciosa que del bien de las personas, sobre todo de las que sufren. Cuando Marcos escribe este evangelio, tal vez está en plena discusión en la comunidad primitiva la cuestión de los judaizantes, con su empeño en conservar unas leyes meticulosas de la ley de Moisés.

         Ley sí, pero legalismo no. Porque la ley es valiosa y necesaria. Pero detrás de cada ley debe haber una intención, y esa intención debe responder al respeto máximo por el hombre. Es interesante que el Código de Derecho Canónico, a este respecto, ponga en su último número (CIC, 1752) el "procedimiento en los recursos administrativos", que si a 1ª vista puede parecer un tema árido, tras leerlo comprobamos que viene a decir que toda ley canónica (todas las expuestas en el CIC) ha de ser resuelta "teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia".

         Estas son las últimas palabras de nuestro Código de Derecho Canónico: la salvación de las personas. Porque detrás de la letra (la ley) debe estar el espíritu (el bien humano), y no al revés. Y porque nunca debe prevalecer la ley al espíritu de la ley, que es la salvación de las personas.

José Aldazábal

*  *  *

         El enfrentamiento de Jesús con los fariseos llega a una especie de climax en el pasaje de Marcos que acabamos de leer. Se trata de un hombre disminuido por la parálisis de un brazo, que probablemente no puede trabajar, aunque tiene una familia que alimentar. En aquellos tiempos, no había seguridad ni asistencia social, ni se adelantaban programas de rehabilitación para los discapacitados.

         Se trata de un hombre religioso, que acudía a la sinagoga y seguramente confiaba en Dios, en su Palabra que iba a escuchar con atención y esperanza. Y el encuentro con Jesús le va a cambiar la vida: recibe la orden de ponerse en medio y asiste al duro enfrentamiento que tiene lugar: por una parte los guardianes del sábado sagrado, que consideran que sanar a alguien ese día, así sea con una simple palabra de mandato, es practicar la medicina, prohibida en día santo.

         Por otra parte, Jesús, resuelto a romper ese círculo de legalismo ciego que hace que el sábado pese sobre los pobres y los humildes. Hemos escuchado que el hombre del brazo paralizado quedó sano, que Jesús juzgó severamente la dureza de sus contrincantes, e incluso que Jesús los miró con ira. Y que éstos resolvieron matarlo, y para ello hablaron con los herodianos, tal vez espías o partidarios de la dinastía fundada por el famoso Herodes. Y nosotros ¿qué? ¿Qué partido tomaremos? ¿El del servicio incondicional de los hermanos? ¿O el de la salvaguardia de las leyes, por inútiles e inhumanas que sean?

         Otra vez, frente a los acuciosos judíos, vuelve Jesús a cuestionar lo que ellos consideraban como centro de su fe judía: la ley. Un sábado hay en la sinagoga un hombre con la mano paralizada. Y aunque sabe que por esto lo acusarán, Jesús hace caso omiso y procede a curarlo.

Bruno Maggioni

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         Al anunciar el Reino, Jesús se da cuenta de que el primer enemigo de este Reino es la ley, es tenida como valor supremo, incuestionable, absoluto, que como oprime tanto al hombre termina por destruirlo. Mientras que el Reino propone la reconstrucción del ser humano, desde dentro y desde fuera.

         En los evangelios se ve simbólicamente que esta reconstrucción va sucediendo gradualmente: una vez en la vista, otra en sus manos, y del todo cuando resucita a alguien. Para Jesús, "dejar de hacer el bien" el sábado, negando una curación a un pobre que la necesita, es pecar. Así, la dinámica del Reino también es exigente: si no reconstruimos, estamos colaborando a la destrucción.

         Los que seguimos la dinámica de este Reino que Jesús anuncia, no podemos entrar en la misma dinámica de la ley, la cual considera que con "no hacer el mal" y guardar determinadas normas es suficiente. El Reino exige que se trabaje por la reconstrucción del ser humano, individual y social. Y con su testimonio Jesús nos hace entender que la despreocupación por las personas, como ocurre siempre en todo legalismo, es pecado. Ese pecado, que es el egoísmo, que engendra todas las otras acciones pecaminosas, es lo que Jesús viene a destruir.

         Hoy también hay en nuestra sociedad actual, en la que nosotros queremos ser seguidores de Jesús y constructores de su Reino, principios o valores que empiezan a constituirse en nueva ley (como la ley judía que encontró Jesús), que empiezan a absolutizarse como algo supremo... y que acaban sacrificando, para ello, el bien de las personas, tanto de individuos como de grandes mayorías.

         Son la nueva ley de nuestro mundo, que como en el caso de la sociedad de Jesús, quiere imponerse como algo incuestionable, ocultando los intereses particulares a los que sirve, y el desfavor de la gran mayoría de los seres humanos a la que va dirigida (o a la que va imponiéndose). Los problemas que ya descubrió Jesús en su sociedad, no fueron una excepción, sino que también existen en nuestros días.

         Al final, con el anuncio del Reino, Jesús pone al descubierto la maldad interior de las autoridades, que se preocupaban más por la ley (su ley) que por los seres humanos. Y la luz y verdad cristiana los pone al descubierto. Con ello, a los dirigentes no les quedan más que 2 alternativas: eliminar (ellos) a Jesús, o convertirse (a Jesús). Y terminan escogiendo lo suyo, y su poder: el crimen.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 21/01/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A