6 de Marzo
Viernes II de Cuaresma
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 6 marzo 2026
Mt 21, 33-43
La Parábola de los Viñadores, que llegan a apalear a los enviados y a matar al hijo heredero, parece calcada del Poema de Isaías sobre el lamento de la viña estéril (Is 5). Pero aquí es más trágica, pues recalca la frase "matémoslo, y quedémonos con su herencia". Los sacerdotes y fariseos entendieron muy bien "que hablaba de ellos", y por ello empezaron a buscar la manera de acabar con Jesús.
Todavía con mayor motivo que José en el AT, Jesús es el prototipo de los justos (perseguidos, y vendidos por unas monedas) y ajusticiados (por la envidia y mezquindad de los dirigentes). Pero ese es su camino, un camino que va en serio e incluye la entrega total de su vida. Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo, convencidos de que también nuestro dolor y renuncia (como los de Cristo) conducen a la vida.
Pero también tenemos que recoger el aviso que nos hace Jesús, en referencia a la esterilidad e infidelidad de Israel. Porque nosotros seguramente no hemos vendido a nuestro hermano por 20 monedas (como a José, en la 1ª lectura), ni tampoco vamos a traicionar a Jesús por 30, ni saldrá nunca de nuestra boca el fatídico "matémosle" (dedicándonos a eliminar a los enviados de Dios que resultan incómodos). Pero sí que podemos, sencillamente, ignorar o dejar pasar la oportunidad del remedio.
Se nos podrá hacer, además, otra pregunta: ¿Somos una viña que da sus frutos a Dios? ¿O le estamos defraudando año tras año? Precisamente el pueblo elegido es el que rechazó a los enviados de Dios y mató a su Hijo. Nosotros, los que seguimos a Cristo y participamos en su eucaristía, ¿podríamos ser tachados de viña estéril, raquítica? ¿Se podría decir que, en vez de trabajar para Dios, nos aprovechamos de su viña para nuestro propio provecho? ¿Y que en vez de uvas buenas le damos agrazones? ¿Somos infieles, o tal vez perezosos, descuidados?
José Aldazábal
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El cristianismo es aceptar a Jesucristo y todo lo que él nos enseña en el evangelio, interpretado auténticamente por el magisterio de la Iglesia. Jesucristo contó la Parábola de los Viñadores Infieles (Mt 21, 33-46) a los sacerdotes judíos y a los fariseos, pues ellos estaban rechazándole a él, el Hijo de Dios, enviado por el Padre (v.45).
Los siervos de la parábola, que fueron golpeados, apedreados y matados son los profetas que Dios había enviado a predicar al pueblo a lo largo de los siglos (vv.35-36). El hijo que fue matado "fuera de la viña" es el mismo Jesucristo que iba a ser crucificado fuera de las murallas de Jerusalén (v.39). Los israelitas no sólo rechazaron a los profetas, sino también al Hijo, enviado por el Padre. Esta parábola es la historia del rechazo de los profetas y del gran profeta Jesucristo, el Hijo de Dios Padre.
Jesucristo es la "piedra angular", el salvador del pueblo (v.42), pero llega a ser "piedra de escándalo" por su doctrina de amor. El cristianismo no es esencialmente la aceptación de una doctrina, sino de una persona: Jesucristo. La fe no es sólo creer en lo que Dios dice, sino creer a Dios.
No basta creer que Dios existe para salvarse, pues hasta los demonios saben que él existe y no por eso están sanos y salvos. Hay que creer a Dios y como consecuencia todo lo que él nos dice por la Revelación. Dado que él nos ha revelado todo por medio de su Hijo Jesucristo, es necesario aceptar su doctrina.
La aceptación de Jesucristo exige hacer una opción. Delante de él cada hombre tiene que tomar posición. Si uno acepta a Jesucristo como su Salvador, entonces tiene que aceptar toda su doctrina. No hay que filtrar las verdades evangélicas. Existe la tendencia a hacer precisamente eso: aceptar las páginas del evangelio que nos resultan bonitas y fáciles de creer y dejar a un lado las que nos resultan demasiado exigentes.
Se cree en el cielo, pero no en el infierno; se cree en el perdón de los pecados, pero no en el Sacramento de la Reconciliación; se acepta que Jesucristo da la verdadera felicidad, pero no se quiere pagar el precio de alcanzarla que es el llevar la cruz de todos los días. Ponernos delante de Jesucristo y decirle que aceptamos todo lo que él nos enseña.
Fintan Kelly
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Hoy Jesús, por medio de la Parábola de los Viñadores Homicidas, nos habla de la infidelidad; compara la viña con Israel y nos viñadores con los jefes del pueblo escogido. A ellos y a toda la descendencia de Abraham se les había confiado el Reino de Dios, pero han malversado la heredad. Por eso, les recuerda Jesús, "se os quitará a vosotros el Reino de Dios, y se dará a un pueblo que rinda sus frutos" (Mt 21, 43).
Al principio del evangelio de Mateo, la Buena Nueva parece dirigida únicamente a Israel. El pueble escogido, ya en la Antigua Alianza, tiene la misión de anunciar y llevar la salvación a todas las naciones. Pero Israel no ha sido fiel a su misión. Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, congregará a su alrededor a los 12 Apóstoles, símbolo del nuevo Israel, llamado a dar frutos de vida eterna y a anunciar a todos los pueblos la salvación.
Este nuevo Israel es la Iglesia, todos los bautizados. Nosotros hemos recibido, en la persona de Jesús y en su mensaje, un regalo único que hemos de hacer fructificar. No nos podemos conformar con una vivencia individualista y cerrada a nuestra fe; hay que comunicarla y regalarla a cada persona que se nos acerca. De ahí se deriva que el 1º fruto es que vivamos nuestra fe en el calor de familia, el de la comunidad cristiana. Esto será sencillo, porque "donde hay dos o más reunidos en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos" (Mt 18, 20).
Pero se trata de una comunidad cristiana abierta, es decir, eminentemente misionera (2º fruto). Por la fuerza y la belleza del Resucitado "en medio nuestro", la comunidad es atractiva en todos sus gestos y actos, y cada uno de sus miembros goza de la capacidad de engendrar hombres y mujeres a la nueva vida del Resucitado. Y un 3º fruto es que vivamos con la convicción y certeza de que en el evangelio encontramos la solución a todos los problemas. Vivamos en el santo temor de Dios, no fuera que nos sea quitado el Reino y dado a otros.
Melcior Querol
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En la alegoría de los viñadores homicidas, se nos relata cómo unos labradores que habían arrendado una viña, cuando llega el tiempo de dar cuentas, golpean y matan a quienes el dueño de la viña envía a cobrar, incluyendo a su mismo hijo. La parábola termina planteando lo que debe hacer el amo: acabar con los homicidas, para arrendar la viña a gente que actúe correctamente.
La perícopa concluye advirtiendo que el liderazgo en el reino de Dios que viene le será quitado a la oficialidad judía, para dárselo a un pueblo nuevo que dé frutos. Por eso las palabras de Jesús enfurecieron a los sacerdotes y fariseos, que se sintieron claramente señalados.
Más que una parábola, Jesús propone una alegoría. Este género literario, a diferencia de la parábola, ofrece tantos puntos de comparación cuantos personajes y acciones plantee el relato. Por eso hay que entender que Jesús está haciendo un resumen de la historia del AT: todos los enviados de Dios fueron condenados a muerte. Esto mismo era lo que ya estaba tratando de hacer con Jesús la oficialidad judía. De aquí las palabras de condenación tan claras de Jesús.
El planteamiento de Jesús era grave, y por él empezó el fin de la oficialidad judía, un sistema que sólo funcionaba al servicio de sus propios intereses, eliminando a todo aquél que viniera a amenazar su continuidad. Quien desenmascarare esto ante el pueblo, se convertirá en su enemigo. La verdad dicha por Jesús fue lo que le costó la vida.
Juan Mateos
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Jesús sigue dirigiéndose a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo (v.23) con una parábola en la que describe el rechazo pasado y presente al reconocimiento del señorío de Dios por parte de los dirigentes israelitas.
Puesta de manifiesto la responsabilidad culpable de los jefes, con ayuda del Sal 118,22, muestra que en Jesús (el excluido y rechazado) encuentra su coronación toda la historia salvífica de Dios. Se señala una iniciativa divina que trastrueca los valores sociales aceptados, y que produce el asombro y la sorpresa de todos los que lo contemplan.
Seguidamente, recoge el juicio sobre los viñadores que sus adversarios han pronunciado en el v. 41, y anuncia que el Reino de Dios será quitado a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Especificando el nuevo "arriendo a otros" (v.41), la continuación introduce un nuevo elemento de sorpresa: no se habla de nuevos dirigentes, sino de un "pueblo que produzca sus frutos" (v.43).
El nuevo Israel, construido en torno a Jesús, será el encargado de producir los frutos que el antiguo Israel no ha sido capaz de producir. No obstante, nosotros, herederos de esta misión, podemos repetir la historia del rechazo a Jesús, de mil formas, abiertas o solapadas, conscientes o menos explícitas... De ahí la necesidad del examen y de la humildad.
Confederación Internacional Claretiana
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Nos recuerda la lectura del evangelio de hoy una enseñanza: no debemos ser duros ni aprovechados, no sea que nos pase lo de los maestros de la ley, personificados en los viñadores asesinos. Ha vuelto el aire de amenaza, pero éste se lo da la estructura de la parábola, no la enseñanza que nos quiso dar Jesús con la narración que hace.
Elementos de esta parábola son: La vid, que significa, desde muy antiguo, el pueblo de Israel, "la viña del Señor, que él plantó, que se hizo vigorosa y que sus manos regaron". Los enviados, que son los profetas que Dios envió a su pueblo, de tiempo en tiempo. El hijo del viñador, el Hijo de Dios; y el desenlace fatal para ambos.
Pero está la paciencia enorme de Dios, y la paciencia enorme que deben tener los trabajadores del Reino, a los cuales perseguirán con todas seguridad, porque, al fin al cabo, es una de las señales que distinguen fuertemente al profeta.
Servicio Bíblico Latinoamericano
Act:
06/03/26
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