17 de Abril
Viernes II de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 17 abril 2026
Jn 6, 1-15
A partir de hoy, y durante 8 días, escucharemos el cap. 6 del evangelio de Juan: el discurso del Pan de Vida. Un relato que para Juan es importante y programático para poder entender la persona de Jesús, y en concreto el lugar que el binomio fe-eucaristía ocupa en la comunidad cristiana.
La escena cuenta con detalles expresivos: la iniciativa del mismo Jesús conmovido por la fidelidad de la gente, a pesar del no excesivo entusiasmo de sus apóstoles por la idea; su protagonismo (más subrayado en Juan que en los otros evangelistas), la cercanía del día de Pascua (matiz simbólico recordado por Juan), la simpática aportación de los 5 panes y los 2 peces (por parte de un joven anónimo), la reacción política de la gente (que quiere a Jesús como rey, entendiendo mal su mesianismo), la terminología eucarística del relato (aunque evidentemente no sea una eucaristía).
En definitivas cuentas, el milagro va a ser interpretado (como leeremos los próximos días) como un signo revelador de la persona de Jesús, referida claramente a su presencia eucarística (que la comunidad cristiana ya celebraba, cuando el relato se escribió).
En un mundo también ahora desconcertado y hambriento, Cristo Jesús nos invita a la continuada multiplicación de su pan (que es él mismo, su Cuerpo). También hoy la eucaristía se puede entender como relacionada a los dones humanos y limitados (pero dones, al fin) que podemos aportar nosotros.
Los 5 panes y 2 peces del joven pueden compararse a los deseos más básicos por parte de la humanidad, que Jesús multiplica como alimento vital y mejor respuesta a las aspiraciones de la humanidad. Nosotros, los que gozamos de la eucaristía diaria, apreciamos más todavía el don de Cristo que se nos da como Pan de vida.
José Aldazábal
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Empezamos hoy la lectura del famoso cap. 6 de Juan, una verdadera síntesis teológica sobre la eucaristía y sobre la fe. Según un procedimiento de composición, habitual en san Juan, tendremos el relato de dos milagros, luego un largo discurso de Jesús que expresa y prolonga la significación de estos 2 signos prodigiosos. La lectura de este conjunto abarcará toda la próxima semana, y culminará con la multiplicación de los panes, la marcha sobre las aguas y el discurso sobre el Pan de Vida.
Efectivamente, nos encontramos hoy con que al otro lado del lago le seguía una gran muchedumbre que "había visto los signos que hacía". Entonces, subió Jesús al monte y se sentó con sus discípulos, en los días previos a la Pascua, la gran fiesta de los judíos.
La alusión explícita a la proximidad de la Pascua, y la fórmula de bendición de los panes (la eucaristasas, que es la palabra exacta utilizada durante la Cena Pascual), prueban que el evangelista Juan pensaba ciertamente en la eucaristía. No olvidemos, además, que cuando Juan escribió este relato, la Iglesia tenía ya una práctica de 40 años de celebraciones eucarísticas.
Levantando entonces Jesús los ojos, y contemplando la gran muchedumbre que venía a él, dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para dar de comer a estos?". Definitivamente, Jesús es amor, y revela el amor de Dios. Jesús ve las necesidades de los hombres, se preocupa de la felicidad de los hombres y tiene presente la vida de los hombres. Así, su milagro de multiplicación de los panes (al igual que su milagro eucarístico) es un puro gesto de amor.
Pero Jesús quiere evitar que se crea que su interés es lograr un reino terrestre, o que su proyecto es político, o incluso que tenga incidencias humanas profundas. Jesús no entra directamente en el proyecto de liberación cívica en el que sus contemporáneos quisieran arrastrarle (para decepción de gran parte de esas gentes, que poco después le abandonarán), sino que piensa que su proyecto es otro. Su gran discurso sobre el "pan de la vida eterna" nos revelará su diferente contenido. De ahí que Jesús, intuyendo que querían arrebatarle para hacerle rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo.
Noel Quesson
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Abrimos hoy el cap. 6 del evangelio de Juan que contiene el Discurso del Pan de Vida, precedido del relato de hoy sobre la multiplicación de los panes y los peces. Se trata del único milagro del ministerio de Jesús narrado por los 4 evangelistas, y con notables coincidencias. Más todavía, son 6 las narraciones que tenemos de este suceso que Marcos y Mateo presentan por duplicado.
Todo ello nos indica la importancia que la 1ª Iglesia atribuyó a tal milagro, por el alcance de signo que tiene. Basta con pararse en la iconografía cristiana primitiva y ver el puesto destacado del pan y los peces en catacumbas y basílicas.
Las precisiones del relato nos sitúan en un acontecimiento pascual y eucarístico. Pues la aclaración inicial de que "estaba cerca la pascua", y la descripción de los gestos de Jesús ("tomó los panes, dijo la acción de gracias, y los repartió") repiten el mismo esquema que subyace en nuestra eucaristía: presentación de dones, plegaria eucarística y rito de comunión.
Repartir el pan eucarístico es y seguirá siendo obra confiada por Jesús a su Iglesia, así como la solidaridad con los que padecen hambre de pan en toda su amplitud: física y afectiva. El pan compartido con los hermanos será el signo por el que demostremos que hacemos vida de nuestra vida el pan comulgado en la eucaristía.
Carlos Oliveras
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La muchedumbre sigue a Jesús por diversas causas: por sus milagros, por curiosidad, por necesidad, por compromiso personal... El escenario de esta muchedumbre tan diversa es ahora el lago de Galilea. Aquí el evangelista Juan nos va a narrar, a su modo, el milagro de la multiplicación de los panes y los peces.
La muchedumbre, en todo caso, a pesar de su diversidad, tiene algo en común: el hambre. Jesús quiere responder a este problema, pero dejándonos una enseñanza. No se trata sólo de llenar el estómago. Se trata de hacer nacer la solidaridad, que es el milagro del futuro. La narración comienza contradiciendo el planteamiento tradicional y natural de que para dar de comer a mucha gente hace falta mucho dinero.
Jesús quiere demostrar que el dinero no lo es todo. Toma lo poco que los discípulos tienen (5 panes y 2 peces), lo bendice y se lo devuelve para que lo repartan. A partir de aquí, desde la entrega de lo que se tiene, se realiza el milagro.
Lo importante es "dar lo que se tiene", y hay una cosa que los pobres siempre tienen: esperanzas, ilusiones, sueños, fantasías, alegrías, tristezas, experiencia y lecciones duras que les ha dado la vida. Ése es el aporte de los pobres, al milagro que esperan de mejorar su calidad de vida. ¡Cuántas transformaciones y cuántos milagros empiezan con meras utopías, o los descontentos del pueblo!
En nuestros proyectos populares, por muy bien pensados y financiados que estén, siempre habrá lugar para el milagro, porque un proyecto popular no consiste en entregar al pueblo una obra, sino en que el pueblo se la apropie y aprenda a compartirla en solidaridad. Esto nunca es fruto del dinero, sino de la transformación interior: la cuota, el aporte de Dios. Dios hará ese milagro, si el pueblo pone su parte.
Esta dinámica del aporte permitirá organizar una sociedad alternativa, permitirá acercarnos un poco más a esa sociedad nueva que Dios en todo caso quiere que vayamos construyendo, donde el dinero no sea lo más importante, sino la complementariedad, el amor mutuo, la solidaridad de/con los pobres.
Juan Mateos
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El largo cap. 6 de Juan, con sus 71 versículos, está dedicado todo él al Pan de Vida y a la eucaristía, teniendo en cuenta que hace las veces de gran relato de la institución de dicho sacramento (pues Juan, a diferencia de los sinópticos, no la relata en el contexto de la Ultima Cena, en donde la reemplaza por el gesto del Lavatorio de los Pies).
Se trata de uno de los 7 grandes signos que realiza Jesús según el evangelista. Unos signos que deben suscitar la fe de los testigos presenciales y que, en todo caso, ilustran nuestra fe de cristianos, 21 siglos después. Para ello, Jesús va con sus discípulos en la barca, y desembarca al otro lado del lago de Genesaret.
Entonces sucede que en aquella región (deshabitada, y según la arqueología en el lado oriental del lago) se le reúnen miles de personas, que siguen a Jesús porque "habían visto los signos que hacía con los enfermos". Seguramente desean ver más signos de Jesús, o tal vez llevan enfermos para pedirle que los cure.
El hecho es que, jugando con el simbolismo de los números, el evangelista nos dirá que eran 5.000 hombres, sin contar las mujeres ni los niños. Esa era la cifra exacta que, según la urbana época romana, ofrecía la cantidad mínima para definir a una aglomeración humana como pueblo: era el pueblo de Dios.
Todos los elementos del relato son significativos: Jesús está en la montaña (como un nuevo Moisés), y desde ella puede ver a la multitud que se va aglomerando a su alrededor. Lo rodean los discípulos (las primicias de la Iglesia) y está cerca la Pascua judía (la fiesta de la liberación de Egipto y del maná).
Ya no es la multitud la que pide comida, sino que es Jesús el que la quiere alimentar. Y prueba de ello es que pregunta a sus discípulos (tanteándolos, implicándolos) acerca de cómo llevarlo a cabo. Ellos le responden que con dinero, pero hay alguien que presenta otro plan: un niño ofrece sus 5 panes de cebada (el pan de los pobres) y 2 peces (que el muchacho está dispuesto a compartir). ¡5 panes para 5.000 hombres!
Los discípulos hacen de intermediarios entre Jesús y la multitud, y consiguen que ésta se siente en el campo. Mientras tanto, Jesús mismo prepara la cena, pronuncia la bendición y comienza a repartir los panes y peces. Todos comen hasta saciarse.
Ya en el AT Dios había alimentado al pueblo del desierto con el maná (Ex 16), y el profeta Eliseo había alimentado a 100 hombres con 20 panes de cebada que alguien le había llevado de regalo. Y también en aquella ocasión (la de Eliseo, y también en el caso del maná) había sobrado pan (2Re 4, 42-44). Ahora Jesús, el profeta por excelencia, va a hacer de mediador de la Alianza, que en este caso alimenta al pueblo del NT.
No es necesario especular acerca de cómo pudo hacerlo, ni imaginar gestos de magia o de prestidigitación. La Palabra de Dios, por la cual fueron hechos los mundos, puede hacer que una multitud egoísta se convierta en familia que comparte lo que tiene. Al final los discípulos, por orden de Jesús, recogen las sobras: 12 canastos, otro nº que simboliza al pueblo de Dios (a las 12 tribus, y a los 12 apóstoles).
La gente agradecida reconoce que Jesús es "el profeta que tenía que venir al mundo" (Dt 18, 15), el nuevo Moisés, y quieren hacerlo rey porque él sí se compadece de sus sufrimientos y los alivia, no como los reyes de este mundo. Pero Jesús sabe que su Reino no es de este mundo, que el poder universal está en manos del Tentador, y que su misión es hacer la voluntad del Padre. Por eso se retira, solo, a la montaña.
Confederación Internacional Claretiana
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En el evangelio de hoy, Jesús se refugia al otro lado del lago de Galilea, tras una discusión con los fariseos (a los que había criticado su cerrazón al sentido de las Escrituras, con su propia y exclusiva interpretación sobre el Pentateuco de Moisés).
Tras lo cual, Jesús cruza el mar de Galilea (al igual que Moisés cruzó el mar Rojo), decide acaudillar a una multitud hambrienta y sin líderes (al igual que el pueblo hebreo, en el Exodo), sube a una montaña en compañía de sus discípulos (al igual que Moisés y sus jueces) y observa a la gran multitud.
Plantea entonces Jesús el problema del sustento a los discípulos (quienes de inmediato buscan la solución fácil: "no hay suficiente dinero"), y tras ello decide hacerse cargo él mismo en persona, comenzando a repartir lo poco que llevaban (5 panes y 2 peces). Todos reciben alimento, y la multitud lo aclama y ve la ocasión propicia de aclamarlo como nuevo rey de Israel, ajustándose a sus expectativas.
Pero Jesús huye hacia un lugar apartado, pues teme que lo fuercen a tomar un camino (terrenal) que él abiertamente había rechazado (por otro celestial). Además, tiene presente Jesús la negativa experiencia de Israel, pues salvo David y Salomón (y alguno más), la mayor parte de los reyes judíos habían sido una verdadera calamidad para el pueblo, y desde Herodes se había vuelto ya hasta una institución contraria a los planes de Dios.
Servicio Bíblico Latinoamericano
Act:
17/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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