4 de Junio

Jueves IX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 4 junio 2026

Mc 12, 28-34

         Hasta ahora se han presentado los fariseos a Jesús en grupos, pero ahora vemos que lo hace un individuo, un letrado que, según el esquema de Marcos, es fariseo. En 2 ocasiones (Mc 3, 22 y Mc 7, 1) han sido letrados de Jerusalén los que han vigilado la actividad de Jesús y se han opuesto a ella. Por eso, si este hombre se presenta por particular, parece que se trata de una excepción.

         En efecto, aunque este letrado pertenece al círculo de los adversarios de Jesús (Mc 11, 27), su conciencia personal domina sobre su pertenencia al grupo fariseo. No pretende comprometer a Jesús, sino que, al ver la maestría con que interpreta la Escritura, busca una solución a una cuestión muy debatida. El fondo de su pregunta es éste: qué es lo más importante para Dios según la tradición de Israel, cuál es la expresión suprema de su voluntad y lo primario en el comportamiento del hombre.

         Jesús comienza su respuesta haciendo suyo el llamamiento a Israel (el Shemá Israel; Dt 6,4-5). No solamente va a enunciar el mandamiento, sino que va a proclamarlo, tomando la exhortación de Moisés al pueblo; pero no nombra a Moisés ni cita explícitamente la Escritura, hace un llamamiento personal suyo, que es una invitación implícita a la enmienda (Dt 1, 15).

         Recuerda a todo Israel que su único Señor es Dios, no los dirigentes que explotan al pueblo (Mc 11, 17), ni el César que lo somete (Mc 12, 16) ni el dios de muertos (Mc 12, 27). Rectifica la pregunta del letrado: en la Antigua Alianza no había un solo mandamiento principal, sino dos, pues el amor fiel a Dios era inseparable del amor leal al prójimo. Para ser verdadero, el amor a Dios tenía que traducirse en amor al hombre.

         Dios era el valor absoluto ("con todo tu corazón") y el hombre el valor relativo ("como a ti mismo"), pero el mandamiento tendía a crear una sociedad de iguales. Su práctica habría sido la preparación para la plena realidad del Mesías.

         Con la afirmación que sigue (no hay ningún mandamiento mayor que éstos) relativiza Jesús todos los demás, que aparecen como secundarios, accesorios, dispensables. Son estos 2 los que deben regular la vida del israelita; ninguna otra práctica es esencial. Del amor a Dios no se deriva el culto religioso, sino el amor al hombre, su imagen.

         Jesús echa así abajo la pretensión de muchas piedades religiosas, entre ellas la farisea, que pretenden honrar a Dios olvidándose del hombre.

         El ideal de amor propio del Reino será propuesto en la institución de la eucaristía (Mc 14,22-25; 10,45; 13,37).

         El letrado manifiesta su pleno acuerdo con Jesús ("muy bien") y lo llama Maestro. Funde en un solo bloque la relación con Dios y con el prójimo y explicita la relativización hecha antes genéricamente por Jesús: el culto religioso según la ley pierde su importancia.

         Invierte así el letrado la escala de valores existente, según la cual el objetivo primordial de la vida del hombre era dar culto a Dios; se alinea con los profetas contra los sacerdotes ("misericordia quiero y no sacrificios"; Os 6,6). En el templo, donde están Jesús y el letrado, se pretende dar culto a Dios oprimiendo y explotando al pueblo: han eliminado el amor al prójimo.

         Jesús aprecia la respuesta del letrado ("inteligentemente"), viendo que es un hombre a quien interesa la verdad. Quien está por el bien del hombre no está lejos del Reino. Jesús abre al letrado el horizonte del reinado de Dios, que deja atrás toda la antigua época (Mc 1, 15). Hay en sus palabras una invitación implícita: ya que ha aprobado su primera respuesta, después de la frase elogiosa ("no estás lejos") debería buscar mayor cercanía.

         La dificultad está en que el letrado quiere ser fiel a Dios, pero dentro de su tradición, sin deseo de novedad. Ha reconocido en Jesús un maestro, pero, como aparece en la perícopa siguiente, no puede darle su adhesión como Mesías.

         Al ver el acierto y el rigor de las respuestas de Jesús, que ha puesto en su sitio a los saduceos y corregido al letrado, nadie se atreve a hacerle más preguntas.

Juan Mateos

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          El evangelio de hoy pertenece al conjunto de relatos polémicos con el que se concluye el ministerio de Jesús en el evangelio de Marcos. Jesús ha llegado finalmente a Jerusalén y se enfrenta con los representantes del judaísmo oficial en una serie de controversias religiosas sobre temas fundamentales de la fe.

          En el texto que se lee hoy un maestro de la ley le pregunta: "Maestro, ¿cuál es el primer mandamiento de todos?" (Mc 12, 28). La pregunta refleja una de las preocupaciones más grandes del judaísmo de la época de Jesús, que buscaba afanosamente establecer un principio unificador de las distintas formulaciones de la voluntad de Dios.

          Los grandes maestros judíos intentaban encontrar y proponer una pauta que diera unidad a toda la revelación divina en su aspecto normativo. Y esto desde hacía ya muchos siglos. Basta recordar el intento del profeta Miqueas en el s. VIII a.C, el cual quiere sintetizar en una frase toda la voluntad de Dios para el ser humano: "Se te hace saber, oh ser humano, lo que es bueno, lo que el Señor pide de ti: tan sólo respetar el derecho, amar la fidelidad y obedecer humildemente a tu Dios" (Miq 6, 8).

          Algo más cercano, el maestro Hillel (ca. 20 d.C) había propuesto este principio unificador: "No hagas al prójimo lo que a ti te resulta odioso, esto es toda la ley. El resto es sólo explicación".

          Igualmente, un siglo después, el famoso maestro judío Akiba, comentando Lv 19,18 ("ama a tu prójimo como a ti mismo"), afirma: "Este es un gran precepto y un principio general de la ley". No es exacto afirmar que para la tradición judía los 613 miswot (lit. preceptos), de los cuales 365 eran negativos y 248 positivos, eran colocados todos al mismo nivel.

          Además de la distinción jurídica y formal entre preceptos graves y secundarios, pequeños y grandes, generales y específicos, siempre existió en Israel la preocupación por encontrar un principio que diera unidad a la voluntad de Dios manifestada en tantas normas y establecer un cierto orden y jerarquía.

          La novedad del evangelio no consiste, por tanto, en el hecho que establezca como principio unificador el valor supremo del amor. Esto se repite a menudo en la tradición bíblica y fue enseñado sin cesar por los maestros judíos.

          Cuando Jesús afirma que el primer mandamiento es "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas" (Mc 12, 30), hace referencia al núcleo esencial del credo religioso del israelita piadoso que recita 2 veces al día el Shemá Israel: "Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios; él es uno solo. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón" (Dt 6, 5).

          Jesús retoma el fundamento de la fe de Israel y lo propone a sus discípulos como el 1º y el más importante de los mandamientos: el amor íntegro y total a Dios como único Señor. La originalidad de la propuesta de Jesús se encuentra sobre todo en la 2ª parte de su respuesta, donde define el 2º mandamiento con una fórmula bíblica, tomada del Código de Santidad del libro del Levítico: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Lv 19, 18).

          Jesús se refiere al mandamiento del amor al prójimo colocándolo al mismo nivel que el primero, en cuanto pertenece a la misma categoría de principio unificador y fundamental: "No hay mandamiento más importante que éstos" (Mc 12, 31).

Fernando Camacho

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         Tras los episodios de Jesús con los fariseos y saduceos, llega hoy a Jesús un escriba que, según el evangelista, era "una buena persona". Por eso Jesús se abre a él. Hacer preguntas es señal de inquietud, de ganas de hacer las cosas mejor. Y el escriba va a la pregunta más elemental: "¿Qué mandamiento es el primero?", comoeco de la pregunta del joven rico ("¿qué tengo yo que hacer para alcanzar la vida eterna?"). Pregunta que hoy formularíamos así: ¿Qué quieres de mí, Señor?

         Y a grandes preguntas, grandes respuestas: "No hay un mandamiento mayor que este: Amarás al Señor, amarás al prójimo". Cuando hay sinceridad de corazón, qué fácil es sintonizar en la búsqueda de la verdad. De ahí que comentara el escriba: "Muy bien, Maestro, tienes razón". A lo que Jesús contesta: "No estás lejos del Reino de Dios". Tan fácil como eso: anunciar el amor a Dios, y llevarlo a la práctica.

         Cuántas reflexiones, diálogos, discusiones sobre el ejercicio de este amor. Siempre en dialéctica fe-vida, horizontalismo-verticalidad, espiritualismo-secularismo, oración-compromiso. Es cierto que nadie aprueba el divorcio fe-vida, pero lo hechos nos demienten.

          El horizontalismo que se vuelca en el compromiso puede olvidarse de la fuente de su entrega: el amor de Dios que se derrama o Cristo que se desvive hasta la muerte. Por fustigar ideas espurias de Dios, puede borrar la presencia misma de los divino. ¿Por qué hemos conocido tantos casos de gente buenísima, que se ha quedado seca de Dios?

         No corre mejor suerte el espiritualismo vertical. Los Santos Padres tienen palabras muy fuertes contra el culto vacío, que se olvida de los pobres. Tampoco arregla mucho la cosa mirar sólo al pobrecillo, al mendigo objeto de acciones caritativas, mientras se descuida la lucha por un mundo justo, que hace más iguales a los hombres que Dios hizo iguales.

         Unos y otros hemos de abandonar mucha retórica de palabras y purificar nuestras actitudes. Lo dice el profeta y poeta Casaldáliga: "Primero sea el pan, después la libertad. Pues la libertad con hambre es una flor de cadáver. Y donde hay pan allí está Dios. Jesús es el pan vivo y el universo es nuestra mesa, hermanos".

Conrado Bueno

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         El evangelista de hoy, al añadir este nuevo episodio, tiene buen cuidado de entroncarlo lo mejor posible en el anterior, que también él había adjuntado. Se dice que estando todavía Jesús discutiendo con los saduceos, se acercó un letrado.

          El letrado es presentado como no perteneciente al grupo saduceo, sino casi seguramente al fariseo, ya que se dice que la respuesta de Jesús a los saduceos acerca de la resurrección de los muertos que él había podido escuchar, le había parecido muy buena. Su concordancia con Jesús lo mueve a hacerle la pregunta.

         La pregunta del letrado busca conocer la opinión de Jesús acerca del cuál es el 1º mandamiento. Los letrados y fariseos, basados en la Biblia y en la tradición oral (la llamada Halaká), contaban 613 entre mandamientos y prohibiciones. Y para ser irreprochables (según la ley) había que respetarlos todos. La vida de un judío piadoso estaba absolutamente regulada prácticamente en todos los aspectos.

         Era natural que un tal cúmulo de mandamientos, que una tal regulación de la vida a la cual parecía no habérsele escapado nada, era una carga pesada que había que asumir, un yugo que era indispensable llevar. Jesús responde al letrado con la misma intuición con que el original Israel había formulado los mandamientos para regular la vida del pueblo y para hacer de la experiencia de la vida un espacio de humanidad y no de imposibilidad para asimilar a Dios y para la convivencia fraterna. Jesús sintetiza toda la ley en 2 mandamientos indispensables para vivir en armonía con el Creador y con toda la obra de su creación.

         Un elemento que hay que recalcar de la respuesta de Jesús es: que el reconocimiento de Dios (que es a la base del amor de Dios, como respuesta agradecida) supone el reconocimiento de los demás. Si uno no valora su propio yo, nunca podría razonablemente experimentarlo en todas sus implicaciones frente al que es Dios. En otras palabras: para amar a Dios es preciso amar a los demás, pues ellos son el signos visibles del amor de Dios en la historia humana.

Emiliana Lohr

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          Esta vez la pregunta que le hacen a Jesús es sincera, y merece una respuesta a la vez que una alabanza al letrado que se la hace, que por lo visto también tiene buena reacción.

         Habría que estar agradecido a este buen hombre por haber formulado su pregunta a Jesús. Le dio así ocasión de aclarar, también para beneficio nuestro, cuál es el primero y más importante de los mandamientos.

         Jesús, en su respuesta, une los dos que ya aparecían en el AT: amar a Dios y amar al prójimo.

         También a nosotros nos conviene saber qué es lo más importante en nuestra vida.

         Como los judíos se veían como ahogados por tantos preceptos (248 positivos y 365 negativos), complicados aún más por las interpretaciones de las varias escuelas de rabinos, también nosotros nos movemos en medio de innumerables normas en nuestra vida eclesial (el Código de Derecho Canónico contiene 1752 cánones).

         La gran consigna de Jesús es el amor. Eso resume toda la ley. Un amor en 2 direcciones.

         El 1º mandamiento es amar a Dios, haciéndole lugar de honor en nuestra vida, en nuestra mentalidad y en nuestra jerarquía de valores. Amar a Dios significa escucharle, adorarle, encontrarnos con él en la oración, amar lo que ama él.

         El 2º mandamiento es amar al prójimo, a los simpáticos y a los menos simpáticos, porque todos somos hijos del mismo Padre, porque Cristo se ha entregado por todos. Amar a los demás significa, no sólo no hacerles daño, sino ayudarles, acogerles, perdonarles.

         Jesús une las dos direcciones en la única ley del amor. Ser cristiano no es sólo amar a Dios. Ni sólo amar al prójimo. Sino las 2 cosas juntas. No vale decir que uno ama a Dios y descuidar a los demás. No vale decir que uno ama al prójimo, olvidándose de Dios y de las motivaciones sobrenaturales que Cristo nos ha enseñado.

         Al final de la jornada estaría bien que nos hiciéramos esta pregunta: ¿he amado hoy? ¿O me he buscado a mí mismo? Porque mi amor (o mandamiento de Jesús) debe tener una traducción diaria en nuestras relaciones con las muchas o pocas personas con las que a lo largo del día entramos en contacto.

José Aldazábal

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         Un letrado se presenta hoy ante Jesús, pero no para tentarlo (como en otras ocasiones; Mc 8,11; 10,2 y 12,15) sino con el deseo de conocer la respuesta a un tema debatido por las distintas escuelas rabínicas de la época. Entre el inmenso bosque de mandamientos que se encuentran en la Escritura, más los de la tradición oral añadidos por los fariseos, ¿cuál es el 1º que el ser humano debe observar en su comportamiento cotidiano?

         El letrado quiere oírlo de boca de Jesús. Y Jesús no parece dudar, al responder citando Deuteronomio 6,4-5 que formaba parte del Shemá Israel, proclamación de fe que expresa la creencia judía en la unicidad de Dios y la lealtad de su pueblo a la voluntad divina y a los mandamientos.

         En tiempos de Jesús, el Shemá Israel era parte integrante de la liturgia del templo, pero después de la destrucción de éste pasó a la liturgia sinagogal como parte de las oraciones de la mañana y de la tarde. En la actualidad, los judíos rezan esta oración 2 veces al día, al amanecer y al anochecer. La oración está compuesta en su totalidad por Dt 6,4-9; 11,13-21 y Nm 15,37-41, seguidos y precedidos por diferentes bendiciones. Se le denomina shemá (lit. escucha) porque ésta es la palabra con la que comienza el texto de Dt 6,4.

         Pero sorprende que Jesús, a quien el letrado le pregunta por el 1º mandamiento, añada un 2º, igual al 1º: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Y sorprende aún más que el letrado dé la razón a Jesús diciendo que estos mandamientos valen más que todos los holocaustos y sacrificios. Lo que Dios quiere ante todo es que lo amemos a él amando al prójimo.

         Al final de su vida, Jesús corregiría este mandamiento encargándonos encarecidamente "amarnos unos a otros como él nos amó", ofreciendo su vida por todos nosotros. Éste el verdadero holocausto que agrada al Dios de Jesús, que ya no se complace con sacrificios de animales.

Confederación Internacional Claretiana

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         El amor a Dios y al prójimo es proclamado por Jesús como el mandamiento fundamental y único con el que se regulan las relaciones del hombre con Dios y con los demás hombres.

          Al presentar Marcos este texto, quiere indicar que si el Israel oficial, representado en el letrado del pasaje, no aceptó el mensaje de Jesús, no fue porque no tuviera en el AT elementos claros y suficientes para comprenderlo, ya que toda la historia de Israel es la historia de la manifestación del amor de Dios a su pueblo y por tanto el amor que el hombre debe a Dios tiene una proyección concreta en el amor a los demás hombres.

         En esta línea, el texto nos remite a la consideración de la eficacia del amor; nos advierte que el amor concreto debe partir de las necesidades del hermano a quien se ama. El amor no son palabras que se dicen nada más, no son discursos demagógicos que se pronuncian para tranquilizar la conciencia. El amor eficaz quiere decir, luchar incansablemente por eliminar las causas que producen la muerte de los oprimidos de la tierra.

         De esta manera, la obligación de amar al hermano se ha convertido para Jesús en un imperativo del seguimiento que se concretiza en la vida fraterna. Jesús invitó a sus discípulos a una vida de amor fuerte y concreto. Con sus enseñanzas los exhortó frecuentemente sobre el tema del amor a los hermanos, como testimonio de seguimiento y testimonio de vida cristiana.

         De hecho, "si alguno dice: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve", nos dice Juan en su 1ª carta. Por tanto, el amor es concreto y eficaz o no es amor. Y por ello, debe partir de las necesidades del hermano a quien se debe amar. Lo cual no quiere decir dedicarse al puro asistencialismo social (bajo falso paternalismo individual), que lo único que hace es resolver problemas particulares (e incluso interesados), haciendo alienante la caridad cristiana ordinaria.

         El amor al hermano se debe traducir hoy en un compromiso por construir un nuevo orden social, a partir de la evangelización. Esta es la única manera, no solamente de amar al prójimo, sino de permitir que el amor de Dios se manifieste en el mundo.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 04/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A