1 de Junio

Lunes IX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 1 junio 2026

Mc 12, 1-12

         Sin interrupción, y tomando pie del conocido pasaje de Isaías (Is 5, 1-7), comienza Jesús la Parábola de los Viñadores. Distingue entre la viña (símbolo del pueblo elegido; Sal 80, 9) y los labradores (los dirigentes), que no son propietarios de la viña, sino meros arrendatarios (pues "la arrendó a unos labradores"), aunque plenamente responsables de su cultivo (pues "se marchó de su país").

         El dueño, figura de Dios, no se desentiende de la viña, sino espera sus frutos. Pero los labradores se han apoderado de ella y el dueño tiene que enviar siervos, figura de los profetas, a pedir el fruto que espera, la justicia y el derecho (Is 5, 7). Los labradores (dirigentes) han sido infieles a Dios a lo largo de la historia de Israel ("les envié a mis siervos los profetas un día y otro día, pero no me escucharon"; Jr 7,25).

         Y aunque el amor de Dios no ha cesado nunca, ellos maltrataron y mataron a los profetas. Esa infidelidad continúa, el ejemplo de los dirigentes inficiona a todo el pueblo, y se crea una sociedad injusta. Hay un paralelo con la higuera estéril (Mc 11, 13): la institución que debía producir fruto, no lo ha hecho.

         Pero Dios no responde con violencia a la violencia de esos malos viñadores; siempre espera algo del hombre, no lo considera definitivamente endurecido. El último esfuerzo de su amor es el envío final y decisivo del Hijo amado (Mc 1,11; 9,7), el Mesías, que no viene a tomar venganza, sino a ofrecer la última oportunidad de salvación. Ellos muestran su mala fe, porque saben quién es ("éste es el heredero"), pero se proponen matarlo para excluir toda alternativa, destruir toda esperanza de liberación del pueblo y perpetuar su explotación ("y será nuestra la herencia").

         El asesinato del Hijo es un intento de eliminar al mismo Dios. Renuncian a ser el pueblo de Dios. Al amor han respondido con odio. No solamente matan al Hijo, sino que lo echan fuera de su sociedad y de su recuerdo (y lo arrojaron fuera de la viña).

         El dueño (Dios) se opone a la pretensión de ellos de hacerse señores de la viña e intervendrá para salvarla; quiere que continúe y dé fruto. Los dirigentes provocarán la destrucción de Israel como nación y de sus instituciones; el reinado de Dios pasará a los pueblos paganos.

         Confirma Jesús lo anterior con la cita del Sal 118, 22, que utiliza la metáfora de la construcción: los dirigentes pretenden construir su propio edificio (institución) prescindiendo de la piedra angular (el Mesías) que Dios había designado. La piedra que desecharon corresponde al "lo arrojaron fuera" de la parábola (v.8); los constructores, a "los labradores". Pero al rechazar ellos al Mesías, Dios se formará un nuevo pueblo; la muerte del Hijo no significará el fin de su misión. Del rechazo saldrá una nueva muestra del amor de Dios. Esta es la gran maravilla.

         Los dirigentes han comprendido el sentido de la parábola y la denuncia que de ellos ha hecho Jesús, pero eso no los hace reflexionar, sino que los incita a usar la violencia. Querrían prender a Jesús, pero no se atreven, porque la multitud está en favor de él. Actúan en función de su propia seguridad; nunca es el bien del pueblo su criterio de acción.

Juan Mateos

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         La parábola que leemos hoy no olvidemos que fue pronunciada por Jesús, públicamente, en Jerusalén, durante su última semana y ante una muchedumbre en la que se mezclaban algunos discípulos. Y allí estaban los miembros del Sanedrín, buscando una ocasión para prenderle.

         Jesús comenzó a hablar en parábolas a los escribas y a los ancianos: "Un hombre plantó una viña, la cercó de un muro, cavó un lagar y edificó una torre". Para un judío, conocedor de la Biblia, este texto es clarísimo.

         Esta viña es el pueblo de Israel, y todos los detalles (la cerca, el lagar, la torre) manifiestan el cuidado que Dios ha tenido de su viña, pues se trata de un viñador que ama su viña y que espera de ella buenos racimos y buen vino. Los detalles mismos están sacados de Isaías (Is 5, 1-7), Jeremías (Jr 2, 21) y Ezequiel (Ez 17,6; 10,10).

         Al final, el dueño de la viña vendrá. Y hará perecer a los antiguos viñadores (Israel) y dará la viña a otros (la Iglesia), pues "la piedra que desecharon los constructores vino a ser la principal piedra angular" Jesús cita el Salmo 118 (Sal 118, 22), el mismo que habían usado las multitudes para aclamarle, el día de su entrada mesiánica. La gloria está también allí. Jesús no habla jamás de su muerte sin evocar también su resurrección.

Noel Quesson

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         En este texto Jesús recurre a una imagen de la vida del campo utilizados para destacar la manera como Dios ha enviado al pueblo de Israel sucesivos emisarios en su nombre para su conversión, y el pago paulatino que recibió cada uno de ellos. El testimonio que llevaban estos emisarios fue cobrado con sangre. Esta serie de muertes sucesivas quiere significar lo sucedido con los profetas.

         Aquí lo que hace Jesús es resumir el AT y anuncia lo que sucederá con él, que como enviado definitivo también va a pagar con su vida el desagradecimiento de los judíos. La inmolación del Hijo amado de Dios tendrá una gran significación porque va a quedar demostrado el amor con que el Padre celestial amó al mundo.

         A las comunidades que se adhieren a su proyecto Jesús les aclara el por qué Dios va a preferir a todos aquellos que la sociedad jerárquica desecha rebajándolos a categorías inferiores a las humanas. Estas injusticias aparecen desenmascaradas por el proyecto del Reino y los judíos, al no aceptar su equivocación, prefieren acallar a todo contradictor.

         Consideran que al eliminar a Jesús van a destruir el proyecto salvífico que Dios tiene para la humanidad. Estiman conveniente suplantar el amor divino por el poder humano y se equivocan en grado sumo, porque lo que Dios quiere de las personas es su humanización. Además, el plan de salvación consiste precisamente en ofrecer a los sin poder todas las posibilidades de acceso a lo que Dios ha puesto al servicio de todos y de lo que unos pocos se han querido adueñar.

Emiliana Lohr

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         El evangelio de hoy nos presenta a Cristo en plena conciencia de un hecho durísimo de su misión: los expertos lo han evaluado y consideran que no cumple los requerimientos. Ha sido oficialmente rechazado. Los escribas lo consideran un ignorante que enseña cosas sin base en las tradiciones oficiales; los sumos sacerdotes lo evalúan como un peligro público que pueda echar a perder el delicado equilibrio que hasta ahora ellos han logrado con el Imperio Romano; los ancianos lo miran como un advenedizo, un impertinente que causa mucho desorden y alboroto entre la gente ignorante. En conclusión: Cristo no sirve.

         Ante este rechazo, Cristo no adopta la actitud conciliadora de quien buscara un término medio. Tampoco toma la posición del mendigo de amistades, poder o prestigio, como si pensara que lejos de la gente influyente está perdido. Su postura, en cambio, es mostrar que este rechazo es la lógica consecuencia de las rebeldías que han caracterizado desde siempre al pueblo de Dios. En su mensaje en parábola muestra también que esa cadena de desobediencias se va agravando y que llegará hasta el extremo: "Aquellos viñadores se dijeron: Este es el heredero. Matémoslo y será nuestra la herencia".

         Según esto, ser rechazado por los expertos no es otra cosa, en el caso de Cristo y de los cristianos, sino señal de elección divina. Aunque a veces cuesta bastante verlo así, si somos sinceros.

Nelson Medina

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         Estamos leyendo los últimos días de la vida de Jesús en Jerusalén, con una ruptura creciente con los representantes oficiales de Israel. En verdad aparece Jesús como una persona valiente, al dedicar a sus enemigos la parábola de los viñadores, con la que les viene a decir que ya sabe de sus planes para eliminarlo. Ellos, desde luego, se dan por aludidos, porque "veían que la parábola iba por ellos".

         La alegoría de la viña, aplicada al pueblo de Israel, es conocida ya desde Isaías, con su canto sobre la viña que no daba los frutos que Dios esperaba de ella (Is 5). Aquí se dramatiza todavía más, con el rechazo y los asesinatos sucesivos, hasta llegar a matar al hijo y heredero del dueño de la viña.

         Se trata de una radiografía de lo que sucedió con Jesús, pues en la parábola se dice que los viñadores se deshacen del hijo, despreciando la piedra que luego resultó ser la piedra angular. No conocen el tiempo oportuno, después de tantos siglos de espera.

         Pero la pregunta va hoy para nosotros, que no matamos al Hijo ni le despreciamos, pero tampoco le seguimos tal vez con toda la coherencia que merece. ¿Somos una viña que da los frutos que Dios espera? ¿Sabemos darnos cuenta del tiempo oportuno de la gracia, de la ocasión de encuentro salvador que son los sacramentos? ¿Nos aprovechamos de la fuerza salvadora de la Palabra de Dios?

         Cada uno de nosotros debería preguntarse si es parte fructífera o estéril de la viña de Dios. ¿Tendrá que pensar Dios en quitarnos el encargo de la viña y pasárselo a otros? ¿No estará pasando hoy con Occidente como pasó anteriormente con Israel? ¿No es extraño que en algunos ambientes no nazcan ya vocaciones a la vida religiosa, mientras que en otros sitios sí están abundando?

José Aldazábal

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         Jesús dirige hoy la Parábola de los Viñadores a todos aquellos que últimamente habían cuestionado su autoridad: los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores, que componían el Sanedrín o Consejo Supremo Judío.

         En la parábola, los labradores, a quienes se les ha encomendado el cuidado de la viña (pueblo), representan a las autoridades. El dueño (Dios) es el propietario que se ausenta dejando su viña (pueblo) en manos de estos labradores (autoridades). Pero la ausencia del dueño no es señal de desinterés por la viña, pues éste envía a su tiempo a sus siervos para percibir de los labradores su tanto de la cosecha de uva.

         La reacción de los labradores es sorprendente: éstos desatan una espiral de violencia creciente para con los siervos (los profetas) enviados por el dueño (Dios): a uno "lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías", a otro "lo descalabraron y lo insultaron", al tercero "lo mataron", y a muchos otros "los apalearon o los mataron".

         Pero Dios no responde con violencia a la violencia, sino que, esperando su conversión, llega hasta el colmo de enviarles a su hijo, creyendo que a éste al menos lo respetarían. Los dirigentes de Israel ven en este gesto de generosidad del dueño de la viña la ocasión propicia para acabar no sólo con el heredero (Jesús) sino para quedarse con la herencia (pueblo), arrojando fuera de la viña al hijo asesinado.

         Esto es lo que sucedería con Jesús. No sabían las autoridades de Israel, sin embargo, que el edificio (del pueblo) no se puede construir prescindiendo de la piedra angular (Jesús). Querían ignorar que solamente hay una manera de ejercer la autoridad: la de quien entrega la vida para dar vida y liberar al pueblo de tanto señor que no lo deja vivir.

         Al final de la historia de Israel, las autoridades provocarán la destrucción de Israel como nación y de sus instituciones. Pero la viña pasó entonces a ser la tierra entera, incluidos los pueblos paganos. Y Jesús y su estilo de vida seguirá siendo la única piedra angular sobre la que construir el edificio de la comunidad.

Confederación Internacional Claretiana

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         La dura Parábola de los Viñadores nació como la expresión del agudo conflicto al que había llegado Jesús con los dirigentes de su pueblo. Ya Jesús veía cercano el fin de su vida y sabía que hacia allá lo llevaba la violencia de los dirigentes. Ellos eran los primeros responsables de su muerte y como tal, eran sus asesinos. Era necesario que el pueblo entrara en conciencia de esto, como parte del proceso de crecimiento de su conciencia crítica. Sólo descubriendo su capacidad de muerte que poseía el poder de dominio, la conciencia crítica del pueblo podría irse distanciando de los poderes, hasta que algún día lograra romper definitivamente con los mismos.

         Había que denunciar, como la mayor traición del proyecto de justicia inaugurado por Dios en el AT, el hecho de que el pueblo, que había comenzado como un servidor honesto de Dios, terminara como asesino de quien le traía la verdad de parte de ese mismo Dios. Dirigentes y pueblo iban a asesinar su última esperanza. Jesús en los dirigentes causó tanto odio, que fue condenado y asesinado por todos aquellos que veían en su ministerio una amenaza para sus injustas políticas.

         La oferta que hace Jesús consiste en una sociedad alternativa, solidaria, justa e igualitaria, chocó con los intereses del sistema judío. ¿No chocará una propuesta de sociedad igual a la que pensó Jesús con los intereses de nuestras iglesias? ¿Será que nosotros no estamos convencidos que el Reino de Dios es la alternativa de ese Padre maravilloso, para que este mundo viva según el designio de justicia que él guarda en su corazón? Comencemos a trabajar así como Jesús lo hizo para hacer de este mundo el espacio verdadero de la revelación de Dios, y el lugar donde todos y todas podamos humanizarnos plenamente.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 01/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A