9 de Abril

Jueves I de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 9 abril 2026

Lc 24, 35-48

         La escena del evangelio de hoy es continuadora de la de ayer. Los discípulos de Emaús cuentan a la comunidad lo que han experimentado en el encuentro con el Resucitado, al que han reconocido al partir el pan. Y en ese mismo momento se aparece Jesús, saludándoles con el deseo de la paz.

         La duda y el miedo de los discípulos son evidentes. Jesús les tiene que calmar: "¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?". Y les convence de su realidad comiendo con ellos.

         El fruto de esta aparición es que "les abrió el entendimiento", explicándoles las Escrituras. En el AT ya Moisés, los profetas y los salmos, habían anunciado lo que ahora estaba pasando. Como a los discípulos de Emaús en el camino, ahora Jesús les hace ver a todo el grupo la unidad del plan salvador de Dios.

         Las promesas se han cumplido, y la muerte y resurrección del Mesías son el punto crucial de la historia de la salvación. No nos extraña que Pedro, en sus discursos, utilice la misma argumentación cuando se trata de oyentes que conocen el AT, y que centre su discurso en el acontecimiento pascual del Señor.

         Hay una admirable continuidad entre el AT y el NT, y también con nuestros tiempos: el plan de Dios es unitario, histórico y dinámico. Todo lo que leemos del AT tiende a su plenitud en Cristo, y se entiende desde la perspectiva de Cristo. Y al revés, el AT nos ayuda a entender los tiempos mesiánicos, la nueva Pascua, la nueva Alianza, el nuevo pueblo de Dios.

         Nosotros estamos ya en los tiempos de la plenitud, en el NT. Pero la historia del pueblo de Israel nos ayuda mucho a comprender y mejorar nuestra relación con Dios, nuestra conciencia de pueblo eclesial, y sobre todo la plenitud que Cristo da a toda la historia. Como dice la introducción al Leccionario de la Misa, "la Iglesia anuncia el único e idéntico misterio de Cristo cuando, en la celebración litúrgica, proclama el AT y el NT. En efecto, en el AT está latente el NT, y en el NT se hace patente el AT. Cristo es el centro y plenitud de toda la Escritura" (OLM, 5).

José Aldazábal

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         En el pasaje del evangelio de hoy, Cristo resucitado saluda a los discípulos, nuevamente, con deseos de paz: "La paz esté con vosotros" (v.36). Disipa así los temores y presentimientos que los apóstoles han ido acumulando durante los días de pasión y soledad.

         Pues las dudas no son acerca de él (que no es un fantasma, sino totalmente real), sino del miedo que a veces va tomando cuerpo en nuestra vida, como si fuese la única realidad. En ocasiones es la falta de fe y de vida interior lo que va cambiando las cosas, y en esa situación el hastío pasa a ser la realidad (y no Cristo, que se desdibuja de nuestra vida).

         En cambio, la presencia de Cristo en la vida del cristiano aleja las dudas, ilumina nuestra existencia, especialmente los rincones que ninguna explicación humana puede esclarecer. Es a lo que nos exhorta San Gregorio Nacianceno, a este respecto:

"Debiéramos avergonzarnos al prescindir del saludo de la paz, que el Señor nos dejó cuando iba a salir del mundo. La paz es un nombre y una cosa sabrosa, que sabemos proviene de Dios, según dice el apóstol a los filipenses: La paz de Dios. Y que es de Dios lo muestra también cuando dice a los efesios: Él es nuestra paz".

         La resurrección de Cristo es lo que da sentido a todas las vicisitudes y sentimientos, lo que nos ayuda a recobrar la calma y a serenarnos en las tinieblas de nuestra vida. Las otras pequeñas luces que encontramos en la vida sólo tienen sentido en esta Luz.

         "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos, acerca de mí". Nuevamente, Jesús les "abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras" (vv.44-45), como ya lo había hecho con los discípulos de Emaús.

         También quiere el Señor abrirnos a nosotros el sentido de las Escrituras para nuestra vida; desea transformar nuestro pobre corazón en un corazón que sea también ardiente, como el suyo: con la explicación de la Escritura y la fracción del pan (la eucaristía). En otras palabras: nuestra tarea es acompañar a Jesús a transformar nuestra historia en historia de salvación.

Joan Montserrat

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         El relato de hoy comienza con el testimonio de los discípulos que iban camino a Emaús, quienes en su trayectoria vivieron la experiencia de encontrarse con el Señor resucitado. Experiencia que ha llenado sus corazones y los ha impulsado a anunciar la gran noticia de que Jesús vive y vive verdaderamente.

         Los discípulos han vivido la experiencia de la resurrección, una resurrección que trasciende toda realidad humana y va necesariamente enmarcada en la realidad de la fe, desde donde es aceptada y vivida. Los discípulos viven su fe con dudas y temores muchas veces, pero poco a poco van comprendiendo desde dentro que el Maestro ya no está en la tumba, y que por lo tanto ya no es posible vivir en pasividad.

         Los discípulos están congregados dando sus propios testimonios del encuentro con el Resucitado. En medio de la reunión de fe, el Resucitado se les presenta y sienten temor. Es en ese momento cuando la experiencia individual comienza a ser colectiva (comunitaria), sin destruir la experiencia personal. Quien no reconozca al Resucitado en comunidad, no ha asumido la realidad plena de ser cristiano de forma individual.

         En la comunidad, Jesús les promete la fuerza que les llegará con el Espíritu Santo, fuerza que les hará comprender toda la Escritura y que les hará asumir con nueva fe la experiencia de la resurrección de Jesucristo. El Resucitado es fuerza que interpela a la comunidad, y es experiencia de unidad. El grupo de seguidores del Resucitado ahora tiene que testimoniar con sus vidas la justicia declarada por Dios en la resurrección de su Hijo Jesucristo.

         Los cristianos tenemos la obligación de encarnar el proyecto de vida que nos ofrece el Resucitado. Sigamos creyendo, construyendo y asumiendo el Reino como la nueva experiencia de vida ofrecida por Jesús. Sólo así es posible resucitar también.

Josep Rius

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         Jesús se aparece hoy a los Once, mostrándoles la autenticidad de su cuerpo resucitado. Con ellos come y, tras la comida, les demuestra que las Escrituras han tenido cumplimiento en su pasión y resurrección, y en la futura predicación de su obra a todos los pueblos. Jesús es condescendiente y ayuda a los incrédulos apóstoles, los cuales empiezan a operar ya su transformación.

         Jesús se muestra como Hijo de Dios que persigue amorosamente a su pueblo, se hace presente a los apóstoles y les entrega sus poderes. Comienza la era de la Iglesia. Jesús vive hoy presente en medio de nosotros, y por eso es necesario saber que la fe es fruto de la gracia y no del caminar humano. Hemos de estar siempre abiertos a la gracia divina.

         El evangelio de hoy nos presenta una comunidad reticente ante la trágica realidad. El proceso de los discípulos en el camino de Emaús no era todavía una experiencia mayoritaria. Algunas personas no terminaban de creer que, al compartir el pan de la mesa y el pan de la eucaristía, Jesús se hiciera presente. El Resucitado tiene que mostrarles la realidad dolorosa para que los incrédulos entren en razón. Y así, dicha realidad de la muerte (frustración y desesperanza) se irá convirtiendo en gozo y alegría.

         Jesús resucitado se aparece a los apóstoles, pues, para infundir en su alma descarriada la paz. Es la paz del Señor, entendida en su significación personal e interior, aquella que Pablo enumera entre los frutos del Espíritu, después de la caridad y el gozo, fundiéndose con ellos (Gal 5, 22) ¿Qué hay de mejor para un hombre consciente y honrado? La paz de la conciencia ¿no es el mejor consuelo que podamos encontrar?

         La paz del corazón es la felicidad auténtica. Ayuda a ser fuerte en la adversidad, mantiene la nobleza y la libertad de la persona, e incluso en las situaciones más graves es tabla de salvación y esperanza, en los momentos en que la desesperación parece vencernos. Es el 1º don del Resucitado, el sacramento de un perdón que resucita.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 09/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A