3 de Diciembre

Miércoles I de Adviento

Equipo de Liturgia
Mercabá, 3 diciembre 2025

Mt 15, 29-37

         En el evangelio de hoy aparecen 2 episodios de las obras de Jesús de Nazaret: las curaciones de los males exteriores por una parte y además, y el alimento proporcionado a la multitud (espiritual con su palabra y material con el pan). Al lado del Señor estamos seguros de que nada nos puede faltar como acabamos de orar con el salmista, y como lo anuncia el profeta Isaías: el Señor secará las lágrimas de todos los rostros y borrará el oprobio del pueblo.

         Las numerosas curaciones que Jesús hacía a su paso, causaban admiración al constatar cómo todos los que se acercaban a él con fe, aunque fueran paganos, eran sanados. El cumplimiento de lo anunciado por el profeta Isaías que había presentado al Dios liberador como quien destruye la muerte y seca las lágrimas de los que sufren. El salmista, además, había dicho que con el Señor nada nos falta porque su amor y su bondad nos acompañan siempre.

         La preocupación y el amor de Jesús por todos los seres humanos lo llevó a liberarlos de todo cuanto es opresivo; por eso se preocupó por quienes tenían hambre después de seguirlo durante 3 días. Todos ellos, recostados, como personas libres, reciben el pan material luego de haber recibido el pan de la Palabra. Y esa multitud expresa su libertad, porque Jesús los ha sacado de su condición de sometidos.

         Por otra parte, el texto plantea una alternativa frente a la mentalidad que reduce todo a la mecánica de vender-comprar, pues Jesús enseña a sus discípulos que lo más importante es compartir de lo que se tiene. Despachar a la multitud hambrienta para que ésta se defienda por sus propios medios no es la mejor alternativa. El pan bendito y compartido crea una nueva mentalidad para la que lo importante no es acaparar sino repartir los bienes. Si queda algún excedente (los 7 canastos) se debe destinar a otras personas que lo necesiten y no acumularlos ni despilfarrarlos.

Emiliana Lohr

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         El texto cuestiona la acumulación desmedida, a los acaparadores. Los alimentos están destinados a solventar las necesidades de la comunidad que los produce y no a enriquecerse con el hambre ajena.

         A la vez el texto nos lanza a una problemática contemporánea: formas alternativas de economía, de distribución de los bienes y ganancias. Algunas comunidades cristianas han hecho el esfuerzo de constituir diversas organizaciones que permitan a sus miembros crear estrategias de supervivencia frente al neoliberalismo. No son alternativas que requieran macroproyectos, sino pequeñas y significativas formas de resistencia.

         A esta propuesta la podemos llamar economía solidaria. Esta no es una economía de migajas sino de abundancia. De la misma manera que los panes compartidos alcanzaron para que la multitud comiera hasta saciarse, el texto nos sugiere que la propuesta de la solidaridad busque mecanismos para incrementar la participación del pueblo y los beneficios para todos.

         Pero, es necesario tener en cuenta que la economía solidaria sólo se produce en un proceso organizado. Jesús contaba con una comunidad de discípulos que se iba formando en las actitudes del Reino y que era capaz de abrirse a la multitud. La economía solidaria exige una nueva espiritualidad. No se puede buscar el bien común con el espíritu del capitalismo sino con el Espíritu de Dios.

         Nos estamos preparando para la venida del Señor, Jesucristo liberador. Liberador de todas las angustias, sufrimientos y carencias de los hombres y mujeres que acuden a él con confianza, y aceptan su propuesta del Reino. América Latina sigue buscando su liberación, y debe estar dispuesta a buscar esa liberación en Jesús de Nazaret.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 03/12/25     @tiempo de adviento         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A