4 de Diciembre

Viernes I de Adviento

Equipo de Liturgia
Mercabá, 4 diciembre 2026

Mt 9, 27-31

         El breve pasaje de Mateo que leemos hoy nos presenta la escena de los dos ciegos que siguen a Jesús pidiéndole que los cure. Lo llaman, llenos de fe y de esperanza, "Hijo de David", es decir, Mesías, enviado de Dios. Da a entender el evangelista que Jesús no los curó inmediatamente, que esperó a llegar a la casa adonde se dirigía y que además los interrogó sobre su fe.

         Parecería que fue la fe, no el simple contacto de la mano de Jesús, lo que curó a los ciegos. La fe que es confianza incondicionada de que el bien vence al mal, de que Dios es más grande que nuestros males, nuestros egoísmos y nuestras ruindades.

         Jesús exige a los ciegos curados que no divulguen el milagro. ¿Acaso fue hecho en secreto? ¿No hubo testigos que seguramente contarían a otros la maravilla acontecida? Tal vez Jesús no quiere la falsa propaganda, ser equiparado a un simple curandero, ser recibido por el interés en sus poderes.

         Pero los ciegos no pueden callar, y dice Mateo que divulgaron la noticia por toda la comarca. No la noticia del milagro, sino la noticia de que podíamos encontrarnos con alguien tan compasivo y misericordioso, alguien tan poderoso, que sería capaz de curar nuestra ceguera y nuestra sordera, de asumir la defensa de los pobres y los oprimidos y de castigar a los jueces y gobernantes corruptos.

         Todo esto quiere decir que se hacen realidad las palabras de Isaías escuchadas en la 1ª lectura. Esta es una convicción que se nos quiere inculcar en este tiempo de Adviento: que en Cristo, cuyo nacimiento estamos próximos a celebrar, se realizan las más grandes esperanzas de la humanidad, las promesas que Dios hizo al pueblo elegido, los anhelos de bien y de amor que anidan en todos los seres humanos de buena voluntad.

Juan Mateos

*  *  *

         Jesús obraba prodigios a partir de la fe que la gente manifestaba. Casi todos los que acudían a él tenían la fe puesta en su obra, en lo que el significaba para el pueblo. Por eso lo llamaban "Hijo de David". Este era un título mesiánico que designaba al liberador nacional de Israel.

         El episodio de hoy nos narra una señal muy especial. Dos ciegos lo siguieron después de que escucharon como él había recuperado la salud de la hija del jefe del pueblo. Es raro ver a dos invidentes ir detrás de una persona, pero la necesidad que ellos tenían de recuperar su visión pudo más que sus limitaciones. Sin embargo, Jesús no obra la señal a la vista de todos. Se dirige a su casa y allí los ciegos van a buscarlo.

         Después del Sermón de la Montaña, Jesús rehuye las multitudes que lo aclaman como liberador nacional. Y continúa haciendo el bien pero de modo sumamente discreto. Sabe que sus paisanos buscan un líder para proclamarlo rey y él no es partidario de seguir esas aspiraciones populares. Él sabía bien que convirtiéndose en el gobernante de una aldea o de una región no iba a cambiar las cosas.

         La práctica de Jesús nos muestra que él quería cambiar las cosas desde abajo, desde la base, desde las comunidades concretas de hombres y mujeres. Si hubiera cedido a las presiones de sus paisanos le hubiera tocado aceptar algún cargo y jerarquía en un sistema que él no consideraba válido. Por eso, el escoge los espacios discretos y desde allí continúa su obra transformadora.

         Los ciegos le manifiestan una fe decidida en lo que él significa para ellos: un liberador nacional. Jesús les acepta esa fe, pero les abre los ojos para que vean que él es radicalmente diferente a lo que ellos suponían. Los ciegos recuperan la visión y superan la perspectiva de una liberación puramente nacionalista; entonces, no se pueden contener y salen a anunciar la obra de Jesús.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 04/12/26     @tiempo de adviento         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A