12 de Febrero

Jueves V Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 12 febrero 2026

Mc 7, 24-30

         Jesús toma hoy la iniciativa de marcharse al extranjero, a la región de Tiro (costa fenicia), territorio de paganos y, por tanto, impuro. Nos recuerda al profeta Elías en su viaje a Fenicia (1Re 17). Según el historiador judío Flavio Josefo, los habitantes de Tiro eran los fenicios que peor reputación tenían para los judíos.

         De inmediato, Jesús entra en una casa, quedando impuro según la ley. La intención de Jesús es pasar desapercibido, según algunos en la línea del secreto mesiánico, y según otros por preferir Jesús esconderse para que no le fuese pedido algún favor que le pusiera en una situación incomoda.

         La intención de Jesús se ve interrumpida por la presencia de una madre que se echa a sus pies, igual que la mujer con el flujo de sangre (Mc 5, 33), para suplicarle por una hijita que está poseída por un espíritu impuro. Seguramente, la mujer había oído hablar de Jesús como un taumaturgo poderoso. Recordemos que, en el sumario de Marcos (Mc 3, 7-12), la gente de Tiro forma parte de la muchedumbre que sigue a Jesús.

         El uso del término hijita denota el lenguaje popular en que está construido el texto, además de ser el relato con más diminutivos en todo el evangelio. La expresión "espíritu impuro" es típicamente judía, y es la que el helenismo entiende por la palabra demonio. El v. 26 describe detalladamente a la mujer: de religión pagana y de origen siro-fenicio. Esto nos indica su pertenencia a la cultura helénica de habla griega que, tras conquista de Alejandro Magno (ca. 333 a.C), desplazó al arameo como lengua política, diplomática, comercial y cultural.

         A continuación, el evangelista recuerda la petición de la mujer, ya manifestada en el v. 25: que Jesús expulse un demonio, que tiene poseída a su hija. Notemos que en la petición de la mujer se usa la expresión helénica demonio, y no la judía "espíritu impuro" (usada en el v. 25). De todas maneras, ambas expresiones reflejan una misma realidad: una niña esclavizada por el sometimiento a Satanás. 

         Uno esperaría que Jesús reaccionara poniéndose de inmediato en camino, tal como en el episodio de la curación de la hija de Jairo (Mc 5, 21-43). Sin embargo, Jesús establece con la mujer una conversación, dejando claro que su condición de pagana no la hace apta para que él pueda intervenir de inmediato. La referencia a dejar que "primero se sacien los hijos" se refiere a los judíos, pero también es cierto que al decir primero no está excluyendo a los paganos de los bienes de Dios (por lo menos, de momento).

         El que aparezcan los judíos en la historia de la salvación concuerda con la teología paulina, cuando el apóstol dijo: "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación. Ños judíos en primer lugar, pero también los que no los son" (Rm 1,16; Hch 13,46). La 2ª parte de la respuesta de Jesús ("no está bien quitarle el pan a los hijos, y dárselo a los perros"; v. 27) es una negativa que deja sin esperanza a los que no son hijos, a menos que éstos pasen a la condición de hijos.

         Estamos ante una alegoría donde los hijos son los judíos y los perros los paganos. De hecho, los judíos se referían con frecuencia a los paganos con el apelativo perros. El rabino Eliezer decía que "el que come con un idólatra es como uno que come con un perro". La expresión no hay que mirarla con un tono ofensivo, sino simplemente como una manera de decir que el anuncio del Reino pertenece a los judíos (Mt 15, 24).

         La respuesta de la mujer ratifica lo que Jesús le ha dicho (v.27), con palabras que reconocen a Jesús como Señor (única vez en el evangelio de Marcos) y que llaman la atención de Jesús con humildad, ternura y fe. La mujer responde desde su realidad concreta. Es decir, desde una familia donde los niños, con su tierna generosidad, echan migajas a los perros por debajo de la mesa.

         Las palabras de la mujer, que habla desde el corazón, conquistan a Jesús, quien cambia su libreto del Reino en favor de los paganos creyentes. Son tan importantes las palabras de la mujer que son estas mismas las que logran la curación de su hija. Como le responde Jesús, "por haber hablado así, vete tranquila, que el demonio ya ha salido de tu hija" (v.29).

Bruno Maggioni

*  *  *

         Tiro era una gran ciudad comercial marina, que compraba productos agrícolas a la región judía de Galilea. No obstante, Jesús no entra en la ciudad, sino que se queda en el territorio que pertenece a ella. Por otra parte, no era un desconocido para muchos marginados de los alrededores de Tiro y Sidón (Mc 3, 8). Contra la costumbre judía de no pisar territorio pagano (impuro), Jesús lleva a la práctica la universalidad de su mensaje.

         Alojarse en una casa, con una familia del lugar, sin especificar religión ni raza, fue una instrucción que dio Jesús a los Doce (Mc 6, 8). Se rompe así el tabú judío de la impureza de los demás pueblos. Sin embargo, Jesús no va a ejercer ninguna actividad en ese territorio ("no quería que nadie se enterase"), y algo frena su labor en este país (Fenicia), y que su mensaje se difunda en ese territorio.

         Con este artificio literario señala Marcos el gran obstáculo que presenta la sociedad pagana al mensaje de Jesús, y advierte que en estos casos hay que preparar el terreno antes de difundir en él el mensaje, trabajando antes en la humanización progresiva de esa sociedad. Este sería el objetivo primario de la misión entre paganos, pues mientras la relación entre los hombres no tenga un mínimo de humanidad, y los individuos no alcancen en alguna medida el nivel de personas, no se puede proponer el mensaje. El evangelista lo expone narrativamente, en el encuentro que se describe a continuación.

         La sociedad pagana, considerada desde el punto de vista de los esclavos en rebelión (Mc 5, 2-20), está ahora representada por una madre y su hija. Este binomio está en paralelo con el de Jairo y su hija (hijita, chiquilla), que en forma figurada describía la situación extrema en que se encontraba el pueblo sometido al poder del mal.

         La madre es una griega y tiene libre ciudadanía, aunque ella misma fuera de origen indígena (siro-fenicia). Y la hija está infantilizada (vv.25.30) y tiene un espíritu inmundo (Mc 5, 2) o demonio (Mc 5, 15). Es decir, está sujeta a un espíritu maligno, que la está llevando a la autodestrucción.

         La madre reconoce la superioridad y poder de Jesús ("se echó a sus pies"), y al mismo tiempo muestra la gravedad de su problema. La situación de su hija resulta insostenible, y quiere que Jesús la libere del espíritu inmundo. No obstante, no analiza la causa que ha originado esa situación, ni se le ocurre que posiblemente se encuentre en la propia relación entre la madre y la hija.

         La respuesta de Jesús sorprende por su tono despectivo, y replica a la mujer de ese modo para hacerle comprender lo que tanto ella como su hija están haciendo en su vida. Al oír la frase despectiva, la mujer no se marcha, sino que comprende el reproche, y responde con realismo.

         Jesús la despide (márchate) porque ha hecho el mínimo indispensable: reconocer la fe en Dios. Jesús es quien expulsa al demonio, pero también colaboró la actitud de la madre. En cuanto ésta empezó a tomar conciencia de la situación que tanto ella como su hija habían provocado, comenzó a desaparecer el obstáculo. Pero la chiquilla aún no tiene vitalidad ("tirada en la cama, sin fuerzas"), y sólo un encuentro con Jesús podría dársela (como sucedió a la hija de Jairo; Mc 5, 41).

         Jesús no habla a los paganos de la ley judía, ni de normas a las que tengan que atenerse. Sino que les pide renunciar al paganismo para poder acceder al reino de Dios, y formar parte de la nueva comunidad universal.

Juan Mateos

*  *  *

         El evangelio de hoy nos muestra la fe de una mujer que no pertenece al pueblo elegido, pero que tenía la confianza en que Jesús podía curar a su hija. En efecto, aquella madre "era pagana, siro-fenicia de nacimiento", y le pide a Jesús que "expulse de su hija al demonio" (v.26). El dolor y el amor le llevan a pedir con insistencia, sin tener en cuenta los desprecios, retrasos e indignidad. Y consigue lo que pide, pues "volvió a su casa y encontró que la niña estaba echada en la cama y que el demonio se había ido" (v.30).

         San Agustín decía que muchos no consiguen lo que piden pues piden "aut mali, aut male, aut mala". Es decir, o porque son malos (y lo 1º que tendrían que pedir es ser buenos), o porque piden mal (sin insistencia, en lugar de hacerlo con paciencia, con humildad, con fe y por amor) o porque piden malas cosas (que si se recibiesen harían daño a su alma o a los demás). Hay que esforzarse, por tanto, por pedir bien. En este caso, la mujer siro-fenicia era buena madre, pedía algo bueno ("que expulsara de su hija al demonio") y pidió bien ("vino y se postró a sus pies").

         El Señor nos mueve a usar perseverantemente la oración de petición. Ciertamente, existen otros tipos de plegaria (la adoración, la expiación, la oración de agradecimiento), pero Jesús insiste en que frecuentemos la oración de petición.

         ¿Por qué? Muchos podrían ser los motivos. Porque necesitamos la ayuda de Dios para alcanzar nuestro fin, porque expresa esperanza y amor, porque es un clamor de fe... Mas existe un motivo que quizás sea poco tenido en cuenta: que Dios quiere que las cosas sean queridas por nosotros. De este modo, nuestra petición (acto libre) se unirá a la libertad omnipotente de Dios, y colaborará a que el mundo sea como Dios quiere. Es maravilloso el poder de la oración.

Enric Cases

*  *  *

         Nos encontramos hoy el ejemplo de una mujer anónima, llamada siro-fenicia (por su origen) y no por su nombre propio, que nos va a enseñar cómo es la fe de capaz, a la hora de ganarle a Dios el pulso. En este caso, a conseguir lo que aquella mujer tanto quería: la curación de su hija.

         "Ten piedad de mí, Señor. Mi hija está malamente endemoniada", comienza diciendo la mujer. Es decir, su oración parte de una realidad: que nadie, a excepción de Dios, puede solucionar eso que atormenta tanto su corazón (el tormento de su hija, a manos del demonio).

         En nuestras vidas, Dios no entra muchas veces en nuestros cálculos humanos, sino que las primeras puertas a las que llamamos son nuestras propias fuerzas, el progreso de la ciencia o el psicólogo. ¡Cómo nos cuesta decir "Señor, el que amas, está enfermo"! ¡Cómo nos cuesta ser niños ante Dios y decir "ten piedad de mí"!

         En el pasaje de hoy, parece que Jesús no escucha el grito desgarrado de la mujer, porque no le responde. Sin embargo, aquella súplica debió llegarle al alma, y por ello se decido a poner a prueba la fe de aquella mujer, para agrandarla todavía más. Los discípulos, en cambio, intervienen desde un 1º momento en favor de ella, pero no por motivos profundos sino para quitársela de encima, pues resultaba molesta.

         A veces parece que Dios no nos escucha, o no nos oye, y ese silencio de Dios nos hace desesperar, y hasta nos hace pensar que a Dios no le interesamos. Pero es ahí justamente cuando Dios pide un último gesto de entrega a él, y de confianza en su amor de Padre.

         Jesús responde a los discípulos, y no a la siro-fenicia, que él no ha sido enviado más que a las ovejas perdidas de Israel. Esto parece un gesto de desprecio hacia los fenicios, como queriendo zanjar todo aquello de golpe. Pero la siro-fenicia insiste en su oración: "Señor, socórreme". Hay que ser humildes para aceptar a Dios, porque "si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos".

         Ante aquel grito de dolor de la siro-fenicia, Jesús le dice que "no está bien quitarle el pan a los hijos para dárselo a los perros", aludiendo directamente a la dignidad humana, y purificación del corazón, como requisito previo para realizar cualquier milagro.

         La mujer responde que "también los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores", y aquello doblega el corazón de Jesús, que por lo visto también experimentaba aquel dolor terrible por la enfermedad de su hija. Ya no puede más, y ante tanta humildad, le contesta: "Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas". Y la hija quedó curada.

         La fe siempre lo puede todo, hasta lo imposible. Y la fe y la humildad de una pobre mujer cananea doblegaron el corazón de Dios. Nosotros, los cristianos, tenemos que aprender de esta mujer muchas cosas. A Dios se le vence con la fe, y no con la auto-suficiencia. Y de Dios se obtiene todo con la confianza, y no con los razonamientos. En Dios siempre encontrará uno acogida, sobre todo si se acerca con humildad. Por ello, estos ejercicios nos dan la oportunidad de revisar nuestra fe.

Juan José Ferrán

*  *  *

         Es duro comentar el evangelio de hoy, porque a 1ª vista la respuesta de Jesús puede hasta parecer insultante. Pero es bueno esforzarse en meditar palabras tan duras y crudas como éstas, en que Jesús llama perros a los paganos. Por eso, ahí va mi reflexión.

         Voy a fijar mi atención sobre todo en la mujer, una extranjera (una inmigrante, diríamos hoy), pagana (musulmana o budista, diríamos hoy) y desesperada (por su hija endemoniada). Pero ¿qué no estaría dispuesta a hacer una madre para que su hija se cure? Creo que hay pocas cosas tan desesperantes como ver a tu hija enferma, y caer en la impotencia de no saber qué hacer para cambiar la situación.

         Esta mujer extranjera y pagana supera todos sus condicionamientos culturales y sociales, para lanzarse a los pies de Jesús y rogarle que le ayudara. Y a la negativa de Jesús, ella sigue insistiendo, sin abandonar la lucha. ¿Te suena de algo? ¿No te ha pasado a ti? ¿Nunca has estado rezando, y has tenido la sensación de que eso no estaba sirviendo? ¿No te has preguntado a veces dónde está Dios, o si me oye, o si le importo? Ahí tienes la respuesta.

         La mujer no pierde su fe, ni monta en cólera, ni protesta ante las negativas de Dios. Y aunque se siente humillada, no se marcha, sino que saca, a fuerza de desesperación, la chispa que salvará a su hija. Creo que mucho tenemos que aprender de esta extranjera pagana, y de muchas otras con las que nos podemos cruzar por nuestras calles todos los días.

Carlo Gallucci

*  *  *

         El evangelio de hoy nos sorprende con el relato del encuentro de Jesús con una mujer pagana siro-fenicia. Jesús "quería pasar inadvertido", pero no lo consiguió porque esta mujer se enteró en seguida dónde estaba, fue a buscarlo y "se le echó a los pies".

         La reacción de Jesús puede ser calificada de muchas maneras (machista, engreída, puritana...), pero a pesar de todo, la mujer no se rinde, y le contesta: "Tienes razón, Señor, pero también los perros, debajo dela mesa, comen las migajas que tiran los niños". Esto, en boxeo, se llama un golpe bajo.

         El desenlace es espectacular e insólito, y rompe todos los moldes. De hecho, Jesús le contesta: "Anda, vete, que por eso que has dicho el demonio ha salido de tu hija". Y el lector se queda con los ojos como platos: ¿Qué demonios ha dicho la mujer, para que Jesús cambie de actitud? Porque lo que está claro es que Jesús cambia de actitud, "por eso que has dicho".

         La siro-fenicia ha hecho un quiebro femenino, y le ha dado inicialmente la razón a Jesús para, a continuación, concedérsela a sí misma. Y ha terminado triunfando. Hay más niveles, pero no debemos echar en saco roto este juego entre Jesús y la siro-fenicia, porque quizás nos enseñe mucho más de lo que a simple vista parece.

Gonzalo Fernández

*  *  *

         El episodio evangélico de hoy sucede en el extranjero, en territorio de Tiro (Fenicia). Y la mujer que protagoniza esta escena no es judía, lo que le da un sentido muy particular al gesto de Jesús.

         La buena mujer se acerca a Jesús con fe, para pedirle la curación de su hija, que está poseída por el demonio. Jesús pone a prueba esta fe, con palabras que a nosotros nos pueden parecer duras (los judíos serían los hijos, mientras que los paganos son comparados a los perros) pero que a la mujer no parecen desanimarla.

         A Jesús le gusta su respuesta sobre los perros que también comen las migajas de la casa, y concede a la mujer lo que le pide. ¡Lo que puede la súplica de una madre! Sobre todo la de esta mujer, que podemos considerar modelo de oración humilde y confiada.

         A los contemporáneos de Jesús el episodio les mostró claramente que la salvación mesiánica no era exclusiva del pueblo judío, sino que también los extranjeros podían ser admitidos a ella, si tenían fe. Es decir, que no es la raza lo que cuenta, sino la disposición de cada persona ante la salvación que Dios ofrece.

         Lo que Jesús dice de que "primero son los hijos de la casa" es razonable, pues la promesa mesiánica es ante todo para el pueblo de Israel. También Pablo, cuando iba de ciudad en ciudad, acudía primero a la sinagoga, y sólo después pasaba a los paganos.

         Para nosotros, el pasaje de hoy es una lección de universalismo. No tenemos el monopolio de Dios, ni de la gracia, ni de la salvación, y también los alejados pueden tener fe y recibir el don de Dios. Esto nos tendría que poner sobre aviso, y hacernos más acogedores hacia los extraños, hacia los que no piensan como nosotros, hacia los que no pertenecen a nuestro círculo.

         Igual que la Iglesia primitiva tuvo sus dudas sobre la apertura a los paganos, a pesar de estos ejemplos diáfanos por parte de Jesús, también nosotros tenemos la mente y el corazón pequeños, y nos encerramos en nuestros puntos de vista para negar a otros el pan, o no reconocer que también otros pueden tener una parte de razón. Deberíamos corregir nuestra pequeñez de corazón en el ámbito familiar (con los jóvenes y los más mayores), en el trato social (con los de otra cultura y lengua) y en el terreno religioso (sin discriminaciones de ningún tipo).

José Aldazábal

*  *  *

         Lo grandioso del relato de hoy es la forma como una mujer extranjera (fenicia) es colocada como modelo de fe, en el sentido más genuino y original que siempre lo había entendido Israel. Ella se abandona en los brazos de aquél que viene de parte de Dios (Jesús), se declara sin fuerza e incapaz, y viene a decir que, sin su ayuda, sería imposible en ella la normalización de su vida.

         La dignidad de la mujer aparece en la misma respuesta que la mujer da a Jesús, con cierta crítica a la desvalorización que los judíos hacían de otras culturas. Y lo hace a través de la palabra perrito, dulcificando la palabra perro, expresión judía para nombrar a los pueblos de la gentilidad.

         Con este milagro, Jesús entra directamente a combatir el alma social judía, sobre todo la concepción de la mujer como un ser inferior, sin plenos derechos e impura por su condición sexual. Ella era una cananea (extranjera), pero no por eso se deja amedrentar por un judío, sino que habla a Jesús con claridad. Por eso el milagro ocurrió, y su hija endemoniada quedó sanada a distancia.

         La Iglesia también tiene que respetar las múltiples expresiones culturales que existen en nuestro mundo. Tenemos que dejar de ser como los colonialistas judíos, y respetar el legado cultural y ancestral que los otros pueblos tienen. Hay que mirar a los otros pueblos con respeto y con admiración, para hacer de este mundo una casa donde todos quepamos.

Confederación Internacional Claretiana

*  *  *

         La lectura del evangelio de hoy nos relata cómo una mujer extranjera pide a Jesús un milagro para su hija. Jesús pone a prueba su fe, a través de una frase que se utilizaba para despreciar a los extranjeros. Y la mujer siguió confiando en la justicia de Dios, convencida de la cabida que los rechazados tenían en el reino de Dios.

         En concreto, el texto nos presenta a una mujer siro-fenicia, con la claridad necesaria para acercarse a Jesús, sabiendo perfectamente en quién podía esperar y confiando plenamente en la bondad divina que trasparentaba Jesús. A su vez, Jesús entabla un diálogo con esta mujer extranjera, dejando claro cómo las barreras humanas impuestas por las leyes han de ser derribadas, sobre todo si éstas se vuelven en obstáculo al mensaje de Dios.

         La mujer sabía muy bien que su condición de mujer y extranjera era algo totalmente peligroso para el mundo judío, y mucho más si su hija estaba endemoniada. Sin embargo, se acerca a Jesús, porque sabe que no va a ser menospreciada por él, ni vista con malos ojos por él.

         En este caso, el milagro que se produce es el que hace Jesús para llevar a esta mujer por el camino de Dios. El milagro realizado (aparte de la curación de la hija) es el de la aprobación, acogida, cercanía y bondad de Dios hacia todos los seres humanos. Jesús entiende a la mujer, y tiene claro que ella también pertenece (aunque en un 2º plano) a los hijos del Reino.

         Hoy, 21 siglos más tarde, Jesús sigue haciendo esta clase de signos entre nosotros, porque todavía seguimos discriminando a la mujer, a los extranjeros y a los paganos. Ven, Señor Jesús, acerca tu Reino y haznos hombres y mujeres nuevos, llenos de amor a todos y todas, sin discriminación alguna y con apertura total de mente y de corazón.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 12/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A