10 de Julio

Miércoles XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 10 julio 2024

b) Mt 10, 1-7

         Mateo nos describe hoy la Institución de los Doce, dentro del contexto de las bienaventuranzas y del nuevo estatuto de Alianza, o fundación del nuevo Israel. Se trata de la 1ª vez que se nombra a los 12 apóstoles, y al hacerse de forma oficial y solemne, se está aludiendo a que ellos son el nuevo Israel. El nº 12 alude a la plenitud escatológica de Israel (al nuevo Israel), pero en este caso está integrado tanto por israelitas como por pecadores y paganos.

         Para la misión, Jesús hace participar a sus 12 apóstoles de su autoridad y victoria "sobre los espíritus inmundos". Se trata de la 1ª vez que aparece en Mateo esta expresión (espíritus inmundos), aunque anteriormente ya haya mencionado a los espíritus que Jesús expulsaba (Mt 8,16; 12,43.45), aludiendo a los demonios. Según la construcción del texto, parece que dichos espíritus inmundos están en relación con la resistencia opuesta al mensaje (por ideologías humanas) y las diversas enfermedades (de la humanidad).

         El término apóstoles (lit. enviados) alude al concepto de misión, que parte de Jesús (enviador) y es compartida por sus apóstoles (enviados), en relación directa con la llamada que ya les había hecho (Mt 4, 19) bajo promesa de convertirlos en "pescadores de hombres". El Israel mesiánico se concreta, pues, en 12 nombres, entre los cuales destaca Simón (el 1º nombrado, y al que sobrellama Kefas, lit. Piedra), aludiendo a la cláusula de Mt 4,18 (en que ya se había mencionado a Simón, sin sobrenombre).

         El grupo de los Tres siguientes apóstoles se menciona tras Pedro, y se hace en el mismo orden de Mt 4,18-22, explicitando también el parentesco que los une. Sigue el grupo de los Siete, de los cuales el único conocido es Mateo el Recaudador (Mt 9, 9). La inclusión de este pecador en la lista de los 12 anuncia la integración de los paganos en el Israel mesiánico, y alude a que la comunidad cristiana ha de ser universal, y no sólo plenitud de Israel.

         Los demás de este grupo de los Siete no han sido nombrados antes, ni lo serán por Mateo después en este relato evangélico. Representan a esas llamadas discretas que va haciendo Jesús, o a esas llamadas que van a ser ejercidas de forma discreta (¡aún siendo apóstoles!). El último de los Siete se llama se llama Simón el Fanático, y se alude a que pertenecía a los círculos nacionalistas exaltados. El 12º apóstol es Judas el Traidor, del que se dice que era iscariote (natural de Cariot, aldea cercana a Israel; Jos 15, 25), cuya figura será excepcional al volver a aparecer en el relato de la pasión (Mt 26,14.25.47; 27,3).

         Jesús envía a los Doce en conjunto, y no uno a uno. Es decir, la misión de Jesús es encomendada a la Iglesia, y de la misión de esta Iglesia participa cada apóstol. De igual manera, las instrucciones son dadas al conjunto, y no a cada uno en particular. Por el momento, la misión se limita a Israel, que se encuentra en situación lastimosa (Mt 9,36; 15,24), y la misión universal habrá de esperar (Mt 26,13; 28,19). La proclamación de los Doce tiene el mismo contenido que la de Jesús (Mt 4, 17), pero sin la exhortación a la enmienda. Han de anunciar escuetamente, por el momento, la Buena Noticia.

         Pero su proclamación ha de ir acompañada de toda clase de señales. El significado de éstas es el mismo que el de las realizadas por Jesús, que hasta ahora ha resucitado a la hija del jefe (Mt 9, 18-26), ha limpiado a un leproso (Mt 8, 2-4), ha curado enfermos (Mt 8,16; 9,35) y ha expulsado demonios (Mt 9, 32), siempre en actitud de ayuda a las "ovejas descarriadas de Israel" (Mt 5, 7).

Juan Mateos

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         La llamada que Jesús había anticipado en el pasaje anterior, se concreta hoy con nombres y apellidos, y los llamados son mencionados por su nombre. Son convocados para continuar la misma obra de Jesús: "expulsar demonios, y sanar toda enfermedad y dolencia". No se trata de una jerarquía, sino un servicio. Los elige al servicio del Reino, y para anunciar la cercanía del Reino. Como es frecuente en Mateo, Pedro es destacado como el 1º, y tras él se cita al resto, dejando en último lugar a Judas. Y porque son llamados es que reciben el poder de acercar el Reino, y manifestarlo en los signos.

         El mandato de Jesús, por otra parte, alude a la situación de Israel, de forma tajante ("no vayáis"), dramática ("a las ovejas perdidas", las mismas que antes no tenían pastor) y simbólica ("estos son los doce", en alusión a las 12 tribus de Israel). Jesús siente que su pueblo patrio, y origen de la Iglesia Universal, está disperso, desmembrado, desaparecido. Y quiere reunirlo, y a ser posible (por su dificultad) congregarlo.

         Jesús no eligió 12 porque eran los únicos que tenía, sino que eligió 12 de entre los que tenía, para mostrar que la fuerza está en el Grupo de los Doce, y no en cada uno de los que va integrando ese grupo. Se trata, pues, de sociedad alternativa a la que Moisés instituyó en la Alianza del Sinaí, y de otras que (como la de Siquem) todavía seguía en pie. No como una repetición del pasado, sino como un sueño de Dios que está más vivo que nunca y al alcance de la mano, por los signos que lo acompañan.

         La imágenes de las ovejas y del pastor no hacen sino confirmar esta imagen de grupo unido. Grupo del que Dios es el pastor (Sal 23,1; 28,9; 78,71.72; 80,2; Eclo 18,13; Is 40,41), y en que él ha llamado a muchos para que pastoreen (Jer 3,15; 23,4-5; 49,19). Pero no como en el pasado, en que sus dirigentes (Ez 34, 1-31) no quisieron dedicarse al rebaño (Jer 2,8; 50,44; Ez 34,8), sino que fueron pastores de la muerte (Sal 49,15), que se apacentaron a sí mismos (Ez 34, 2) y se convirtieron en salteadores y bandidos (Jn 10,8), alimentándose del rebaño (Zac 11,4), abatiéndolo (Zac 10, 2) y destruyéndolo (Jer 12,10; 50,6). Porque desatender a las ovejas sufrientes es "el colmo del mal pastor" (Zac 11, 16-17), y por eso "el pueblo se ha dispersado" (Jer 10,21; 23,1-2; Ez 34,5; Jl 1,18).

         De las 12 tribus de Israel, en tiempos de Jesús sólo quedaba una y parte de otra. Por eso muchos de esa tribu se creían "los verdaderos". Pero Jesús viene para todos, como único pastor (Ez 34,23; Mi 5,3; Jn 10,16). El universalismo es una característica evidente de la predicación del reino de Jesús. Por eso todos los que hacen exclusión de personas no pueden entender su mensaje, y por eso las primeras comunidades muy pronto comprendieron que eso incluía también a los no judíos, a los que había que invitar a participar del único rebaño de Dios.

Fernando Camacho

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         Jesús elige hoy a sus 12 apóstoles. En 1º lugar a Simón, al que llamó Kefas (lit. Piedra, fam. Pedro) porque él será la base de los demás (Mt 16,17-19; Lc 22,31; Jn 21,15-17). Tras él, eligió a Andrés, Santiago el Zebedeo y Juan. Tras ellos, eligió a Felipe y a Bartolomé; a Tomás y a Mateo el Recaudador; a Santiago el Alfeo y a Tadeo; a Simón el Cananeo y a Judas Iscariote (éste último, el traidor). El 1º de ellos (o primado del eslabón) fue Pedro, y el 12º de ellos (o eslabón de ensanche) fue Judas.

         Es intencional que Mateo no dé esta lista cuando su primera llamada, como los demás evangelistas, sino solamente en este cap. 10 de su relato, en el momento de enviarles a misión. Tenemos ahora a los 12 constituidos en Colegio Apostólico, es decir, equipo misionero. Como decía el Vaticano II:

"La Iglesia peregrina es misionera por su naturaleza, puesto que procede de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre" (AG, 2).

"Así como, por disposición del Señor, Pedro y los demás apóstoles forman un solo Colegio Apostólico, de igual modo el Romano Pontífice, sucesor de Pedro y los obispos, sucesores de los apóstoles se unen entre sí y forman un todo" (LG, III, 22).

"El cuidado de anunciar el evangelio en todo el mundo pertenece al Cuerpo de los Pastores, ya que a todos ellos en común dio Cristo el mandato imponiéndoles un oficio común. Por tanto todos los obispos deben proveer a las misiones, no sólo de operarios para la mies, sino también de socorros espirituales y materiales" (LG, III, 23).

         Entre los 12 que Jesús envió a misión, algunos están muy a la vista (como Pedro) y otros de los que no se sabe nada (como Tadeo). Y les dio autoridad "sobre los espíritus inmundos", para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad. Destruir el mal y hacer el bien. En resumen, una misión aparentemente sencilla.

         En 1º lugar, Jesús no buscó reunir a gentes ilustradas ni disponibles, sino capaces de seguirle hasta el final y dar su vida por él. Su papel esencial era expulsar los "espíritus inmundos" y "sanar a los hombres". Y Judas formó parte de ese grupo. Sí, Judas también había sido enviado a misión, una gran misión. Jesús tomó este riesgo al confiar la responsabilidad de su obra a pobres humanos. Hay que rezar siempre por los que tienen responsabilidades en la Iglesia.

         A los 12 los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayáis a tierra de paganos ni entréis en la provincia de Samaria. Sino id primero a las ovejas descarriadas de Israel. Y por el camino proclamad que el Reino de Dios está cerca". Los gentiles y samaritanos, por tanto, no son excluidos del reino de Dios, sino que han de ser evangelizados después de los hijos perdidos de Israel.

         ¡Sorprendente perspectiva histórica! Jesús es consciente de la amplitud de su obra, y para ello es necesario mucho, mucho tiempo. Jesús, sin prisas, da una consigna limitada: hay que hacer "lo que se puede hacer" hoy, en la certeza que Dios llamará a todos los "paganos y samaritanos" en otra fase del trabajo misionero. El mismo Jesús, durante su vida humana, se limitó a lo que podía hacer: dirigirse a las "ovejas descarriadas de la casa de Israel".

         Y los 12, que algún día serán enviados hasta los extremos de la tierra, ese día partieron a llevar el evangelio al pueblo de al lado. A sí de sencillo, pues tal es la voluntad de Dios, y tal es la misión de este momento.

Noel Quesson

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         En su cap. 10 de Mateo comienza una nueva sección del evangelio: el llamado Discurso Misionero. Terminada la serie de milagros que había narrado después del Sermón de la Montaña, ahora leemos el 2º de los 5 grandes discursos de Jesús, en el que da a sus apóstoles unas consignas para su misión evangelizadora.

         Ya había insinuado la idea al final del evangelio de ayer, cuando Jesús contemplaba la abundancia de la mies y la escasez de obreros para la siega, invitándonos a orar al Padre que envíe trabajadores a su campo.

         A los discípulos a quienes elige, Jesús los llama apóstoles (lit. enviados). Su misión va a ser, ante todo: "Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca". Pero este anuncio debe ir acompañado de hechos: "Expulsar espíritus inmundos, curar toda enfermedad".

         Puede parecer extraño que les recomiende que no vayan a tierras de paganos ni a Samaria, sino que se limiten a predicar a "las ovejas descarriadas de Israel". El pueblo judío es el heredero de la promesa. Y por tanto, antes de hacerse universal, la salvación ha de ofrecerse a Israel. Será al final del evangelio cuando Jesús les de la nueva orden: "Id y haced discípulos a todas las naciones".

         La Buena Noticia de Dios, de la salvación y la vida que nos ofrece, debe ser anunciada a toda la humanidad. Cada generación es una nueva historia, y necesita ser evangelizada desde el principio. Por eso sigue en pie el encargo de Jesús. A unos se lo encomienda de un modo más intenso y oficial: a los obispos de la comunidad eclesial, que son los sucesores de esos 12 apóstoles. Como también a sus colaboradores más cercanos, los presbíteros y los diáconos, que reciben para ello una gracia especial en el Sacramento del Orden.

         Pero es toda la comunidad cristiana la que debe anunciar la salvación de Dios, y dar testimonio de ella con palabras y con obras. En el ámbito de la familia, del trabajo, del estudio, de la política, de los medios de comunicación, de la sociedad en general. En tierras de misión y en países cristianos. Todos somos seguidores de Jesús y debemos continuar (cada uno en su ambiente-) la misión que él vino a cumplir. Todos formamos la Iglesia apostólica y misionera.

José Aldazábal

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         La misión de los Doce es una continuación del episodio anterior. Los 12, símbolo del nuevo pueblo de Dios, son llamados a realizar la misión evangelizadora. Y ellos, al igual que el grupo grande de discípulos, fueron llamados al seguimiento de Jesús. Lo han acompañado en su camino y han sido formados con su ejemplo y su palabra. Ahora, después de este período de preparación, son convocados para continuar la obra. El Grupo de los Doce no es un grupo selecto destinado a gobernar a los demás discípulos, ni su función es sustituir al Maestro. Sino que es un grupo destinado a colaborar como servidores.

         Jesús les da poder para luchar contra el mal y para recuperar a aquellos que por la enfermedad han sido marginados. Su objetivo es rescatar las ovejas perdidas. Como las ovejas andaban sin pastor, es probable que muchas distrajeran su camino y se hayan extraviado. Es deber de los pastores, los que se sienten responsables de ellas, ir en su búsqueda.

         Con esta analogía, tomada de la vida campesina, Jesús funda una nueva organización, que reemplaza todas las instituciones anteriores del pueblo de Israel. El quiere que los apóstoles se interesen de verdad por el pueblo y que, en consecuencia, se consagren a el. Que cambien la actitud burocrática de los sacerdotes, levitas y escribas judíos, más interesados en el dinero, el prestigio y el poder que en la vida del pueblo de Dios.

         Ellos, aunque habían sido nombrados por Dios, se comportaban como asalariados, a los que no les importa su misión sino únicamente sus intereses personales. Los apóstoles, por el contrario, deben ser los abanderados del ministerio o servicio gratuito, y de la evangelización con los pobres, rompiendo con los vicios burocráticos. Pastores responsables, dialogantes y con una fuerte experiencia de Dios, para comunicar al pueblo la Buena Noticia.

Emiliana Lohr

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         La invitación de hoy de Jesús a sus discípulos es colectiva: "Estos son los nombres de los doce apóstoles". Es decir, se dirige al conjunto de los israelitas que han respondido individualmente a su llamada. Con ellos, frente al Israel oficial, constituye el nuevo pueblo. El nº 12 es un nº simbólico que hace relación a las 12 tribus de Israel, e indica que el grupo de Jesús es el nuevo pueblo de Israel. Este nuevo 12 designa al conjunto del Israel mesiánico, que no corresponde ya a la Antigua Alianza de Moisés, sino a la Nueva Alianza de Jesús.

         La constitución del nuevo Israel tiene una doble finalidad: "estar con Jesús" y "ser enviados a proclamar el reino de Dios". El envío es el objetivo principal de la constitución de los Doce. Jesús señala a sus discípulos su tarea en el mundo dándoles su mismo poder, poder que se extiende al anuncio de la proximidad del reino y a la curación de toda enfermedad. Sus palabras quedan confirmadas con los milagros, con una actividad liberadora, expresada como "expulsar espíritus inmundos". El poder de Jesús continúa en sus sucesores.

         El relato nos presenta la lista de los 12 elegidos, en una composición que no sólo es numérica sino personal, al indicar los nombres, sobrenombres, origen, familia y apellidos de cada uno de los integrantes del grupo. La lista de los 12 comienza por los 4 primeros llamados y termina con Judas Iscariote (que por ser el traidor, queda excluido del resto). En medio se intercalan los nombres de los otros 7, empezando por Felipe.

         El hecho de que Mateo constituya esta lista en un Grupo de Doce, donde la mayoría no tiene relieve alguno, no puede ser casual. Indica que, más que los individuos reducidos a unos nombres, lo importante es la convocación de Israel, representado por los 12 que aparecen en la lista. Esto muestra el carácter representativo del grupo. Mateo narra su constitución y enumera los nombres no porque atribuya especial importancia a cada uno de ellos, sino por el valor simbólico del nº 12.

         En el evangelio de Mateo el envío queda marcado por las siguientes instrucciones de Jesús: "No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel". Es muy extraño este planteamiento de cara al futuro que Jesús plantea para el nuevo Israel. Este no ha de ser una sociedad cerrada ni ha de imponerse a los demás pueblos; será, por el contrario, su servidor, e irá eliminando la violencia fanática que enfrenta a los hombres dondequiera se encuentre.

         Será misión del nuevo Israel, por tanto, atraer a los hombres de todas las naciones al modo de vida del reino de Dios. Por eso, los ideales de grandeza y hegemonía que se alimentaba en la teología del AT y habían sido fomentados en el judaísmo nacionalista, se ven reflejados en este pasaje. Sin embargo, desde una autentica interpretación del mensaje de Jesús todas estas ideas exclusivistas quedan descartadas definitivamente.

Gaspar Mora

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         El evangelio nos muestra a Jesús enviando a sus discípulos en misión: "A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones" (v.5). Los 12 apóstoles forman el Colegio Apostólico, cuyo origen está en el cumplimiento de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según los designios del Padre. Lo mismo que Pedro y los demás apóstoles constituyen un solo Colegio Apostólico (por institución del Señor), así el papa (sucesor de Pedro) y los obispos (sucesores de los apóstoles) forman un todo (sobre el que recae el deber de anunciar el evangelio).

         Entre los discípulos enviados en misión encontramos a aquellos a los que Cristo les ha conferido un lugar destacado y una mayor responsabilidad, como Pedro; y a otros como Tadeo, del que casi no tenemos noticias; ahora bien, los evangelios nos comunican la Buena Nueva, no están hechos para satisfacer la curiosidad.

         Nosotros, por nuestra parte, debemos orar por todos los obispos, por los célebres y por los no tan famosos, y vivir en comunión con ellos. Como decía San Ignacio de Antioquía: "Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al Colegio de los Ancianos como a los apóstoles". Jesús no buscó personas instruidas, sino simplemente disponibles, capaces de seguirle hasta el final. Esto me enseña que yo, como cristiano, también debo sentirme responsable de una parte de la obra de la salvación de Jesús. ¿Alejo el mal? ¿Ayudo a mis hermanos?

         Como la obra está en sus inicios, Jesús se apresura a dar una consigna de limitación: "No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos, sino dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el reino de los cielos está cerca" (vv.5-6) Hoy hay que hacer lo que se pueda, con la certeza de que Dios llamará a todos los paganos y samaritanos en otra fase del trabajo misionero.

Fernando Perales

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         12 tribus, 12 apóstoles, 12 columnas de la Iglesia. Se trata de las primicias de una Iglesia que se pone en marcha, de los apóstoles y discípulos del Señor, los testigos de su vida e iluminados con su mensaje. Su misión será propagar la Buena Noticia de Cristo, revelar el verdadero rostro de Dios, padre misericordioso, y tratar de que los hombres vivan en fidelidad a él.

         Los apóstoles, como hermanos y "pastores buenos, celosos, vigilantes", cuidarán del rebaño ofreciendo incontables sacrificios. Jesús mismo les anuncia que el camino será ése: amor, sacrificio y cruz, pues el discípulo no es más que su Señor y su mensaje no será mejor acogido que el del Maestro.

         Pero reparemos en las puntualizaciones que pone Mateo a la misión. Se dirigirán primero al pueblo elegido, a la evangelización de los israelitas, cuidando de atraerlos a todos como a ovejas amadas de Israel. Sólo después, se abrirán las puertas a quienes todavía no han recibido la revelación de Dios, aunque ya han sido redimidos por la sangre de Cristo, pues el evangelio es punto de partida que a todos se dirige y a todos debe salvar por Cristo. Así, al final, todos los pueblos escucharán el anuncio de la verdad salvadora en el nombre del Señor.

Miosotis Nolasco

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         Es importante tener en cuenta que hasta el momento Mateo sólo ha nombrado a cinco discípulos en su evangelio: Pedro y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan, y Mateo. Ahora se completa el número de los doce, que representan las doce tribus de Israel y serán los fundamentos del nuevo Israel. Ya no son solamente "los doce" o "los discípulos", ahora son "los apóstoles", pero es un término que no parece tener mucha importancia. Más importante fue siempre el simbolismo del número doce. Pedro comienza la lista y la termina Judas, los 2 protagonistas de la infidelidad hacia Jesús en los episodios de la Pasión.

         En esta convocatoria, Jesús les entrega la autoridad que ha de acompañar a sus palabras, una autoridad que se manifiesta en vencer las fuerzas del mal. No hay solución de continuidad entre la misión de Jesús y la de sus discípulos.

         Jesús envía a los 12 con unas instrucciones. La 1ª de ellas es la de dirigirse solo a Israel, lo que refleja la tensión que existía al principio entre judíos y paganos y la situación lastimosa de Israel que se iba separando cada vez más de su Dios. No había llegado la hora de la misión universal que Jesús ordena solo después de la resurrección antes de marcharse a la casa del Padre (Mt 28, 19).

Ernesto Caro

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         Entre el relato sobre la llamada de 12 discípulos a los que Jesús confiere poderes (v.1) y el comienzo de las instrucciones que deberán realizar en su misión (vv.5-7), el texto nos presenta la lista de nombres de esos 12 apóstoles (vv.2-4).

         Dicha presentación repite en su inicio el nº de los apóstoles elegidos, subrayando así el significado que asume ese acontecimiento en adelante: la constitución del nuevo Israel. El nº 12, repetidamente señalado, quiere indicar que la lista de los apóstoles representa a todo el Israel mesiánico.

         Por única vez en Mateo, los discípulos son llamados apóstoles (lit. enviados). Y se asigna a todos ellos la misma tarea que se había prometido (Mt 4, 19) a los 2 hermanos que encabezan la lista: Simón el Pedro y su hermano Andrés, destinados a convertirse en "pescadores de hombres".

         Con ello se señala el sentido del envío del que participan (Mt 4, 20) los otros 2 hermanos mencionados a continuación: Santiago el Zebedeo y Juan. Siguen luego 7 nombres en cuyo centro se sitúa el publicano Mateo, cuya vocación ha sido ampliamente relatada (Mt 9, 9-13). Antes de él se mencionan a Felipe, Bartolomé y Tomás, y después de él a Santiago el Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo. La lista se concluye con el nombre de Judas Iscariote, "el que entregó" a Jesús.

         La diversidad de la extracción de los llamados ya está indicando una cierta superación de los prejuicios sociales y religiosos. Un publicano aparece junto a israelitas, más o menos fieles. Y junto a la superación de los límites se muestra el poder que se les asigna para realizar su tarea. Este se define (v.1) como una lucha contra las potencias malignas de la existencia humana: espíritus inmundos y enfermedades. La misión consta, por tanto, como componente esencial, de la capacidad de enfrentarse con los males que afectan a los seres humanos.

         Este universalismo parece restringirse radicalmente en los vv. 5-6. La misión debe realizarse dentro de los límites del pueblo sufriente de Israel y por ello se prohíbe a los discípulos el dirigirse por el camino de los paganos y a ciudad de los samaritanos. Sin embargo, estas limitaciones temporales serán superadas al final del evangelio de Mateo donde los discípulos son enviados a todas las naciones (Mt 28, 16-20).

         Se trata por tanto de una concesión temporal y pedagógica a aquellos que todavía en la comunidad cristiana no comprendían el carácter universal del mensaje de Jesús. La finalidad de éste, sin embargo, está suficientemente explicitado. El origen de los integrantes debe buscarse en diversos grupos, algunos alejados de la ortodoxia religiosa judía.

         Pero, sobre todo, el sentido de la misión no nace de las necesidades del de los discípulos tomados en singular o en conjunto. Sino que dicho sentido hay que buscarlo en las necesidades de la multitud oprimida por la presencia del mal en su existencia. El anuncio del Reino, aunque temporalmente circunscrito al país judío, posee una dimensión universal y se extiende a todo lugar en que se pueda constatar esa presencia del mal entre los hombres.

Confederación Internacional Claretiana

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         El nº 12 no es cualquier nº en Israel, sino un nº que representa a todo el pueblo y al "sueño de Dios" depositado en él. Pues Dios se eligió un pueblo y lo estructuró en 12 tribus, como sociedad alternativa de solidaridad fraternal, de servicio a Dios y de rechazo a los ídolos paganos. En definitiva, Dios eligió un pueblo "que dé frutos de justicia y derecho".

         Pero el pueblo no supo, o no quiso seguir ese camino y se fue dispersando. La gran mayoría de esas tribus terminó desapareciendo, y su memoria se había perdido. El nº 12 elegido por Jesús está, pues, en estrecha relación con el Reino, y no es una casualidad. Se trata del nuevo Israel, cuya misión es "ir a las ovejas perdidas de Israel" y volver a configurar un reino fraternal de hermanos, bajo un único Dios y Padre.

         Jesús se eligió un grupo de los Doce, aunque no todos sus integrantes fueran fieles a su proyecto (como Judas). Y lo confió a las manos de Dios, para que fuese conducido por él. Al tiempo que, como él mismo, manifestase compasión por los dolores y angustias de las ovejas del pueblo.

         Todos los que fuimos elegidos por Jesús para seguirlo, o fuimos llamados por nuestro nombre desde el bautismo, estamos (como los 12 apóstoles) llamados a manifestar una sociedad diferente a la de este mundo, construyendo en medio de ella el reino de Dios.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 10/07/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A