22 de Junio

Sábado XI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 22 junio 2024

b) Mt 6, 24-34

         Jesús penetra hoy, hasta el fondo, su conjunto de antítesis expuestas hasta ahora, presentando la antítesis de acumular-no acumular y la de generosidad-tacañería. Pues lo que está en juego es la fidelidad a Dios, o la idolatría. Aunque el hombre pretenda concordar su fidelidad a Dios con el apego al dinero, esto no es más que apariencia. Su verdadero dueño es el mammona (lit. riqueza, lucro). La opción por Dios y contra el dinero está expresada en la 1ª bienaventuranza.

         Las 3 perícopas anteriores explicaban el sentido de la pobreza evangélica (vv.21.24) y la condición para poder practicarla (v.22). En ésta se explica la 2ª parte de la 1ª bienaventuranza, cómo se manifiesta el reinado de Dios sobre los que hacen esa opción. La opción por la pobreza no conduce a la miseria, sino que produce la felicidad (dichosos) del reinado de Dios, que es ejercido sobre ellos. La figura de Dios-rey se explicita en la de Dios-Padre.

         Comienza la perícopa anunciando el principio general: el discípulo que ha renunciado a todo no está obsesionado por lo material. De los dones que ha recibido de Dios, la vida vale más que el alimento (su sustentador), y el cuerpo más que el vestido (su protector). El Padre, que ha dado lo más, dará también lo menos. A los que han renunciado a la riqueza para ser fieles al único Dios, Jesús los exhorta a tener confianza en la eficacia del amor del Padre.

         Y pone ante los ojos de los discípulos 2 testimonios de la generosidad del Padre con sus criaturas, con un argumento a fortiori: Si el Padre se ocupa tan eficazmente de seres que valen mucho menos que el hombre, cuánto más se ocupará de los que han renunciado a toda otra seguridad.

         Pero analicemos la expresión "una hora sola al tiempo de su vida" (v.27), que literalmente habría de traducirse por "un codo sólo a su edad". El hebreo expresaba frecuentemente la duración temporal en términos de longitud (Sal 36, 9), y la interpretación de la helikía (lit. estatura) es incongruente, pues añadir un codo a la propia estatura sería algo extraordinario, mientras el contexto y Lc 12,26 interpretan la añadidura como algo insignificante.

         Tras estas 2 comparaciones, vuelve Jesús al tema inicial, y viene a decir que hacer de lo material la máxima preocupación de la vida es propio de los paganos, o de no conocer al verdadero Dios (vv.31-33). Si el Padre sabe lo que necesitan los suyos, su amor se lo procurará.

         La 1ª preocupación de los discípulos debe ser la justicia del reino: "Que reine su justicia" (lit. el reinado y su justicia). En la traducción se pueden conectar los términos reinado y justicia, considerándolos como hendíadis. Dikaiosyne puede significar aquí la relación entre los hombres (según la voluntad de Dios, expresada por Jesús), las justas relaciones humanas, o bien la relación de los discípulos con el Padre (según la fidelidad expuesta por Jesús, en sus bienaventuranzas).

         En uno y otro caso el reinado se hace realidad, porque una y otra son inseparables: la fidelidad a Dios se muestra en la fidelidad al hombre, en la labor de la comunidad en el mundo. Jesús, que ha quitado a los discípulos la preocupación por el objetivo inmediato, la subsistencia (vv.25-32), les recuerda el objetivo primario de la existencia del grupo, el trabajo por la paz (Mt 5, 9), la extensión del reinado de Dios (primera parte del Padrenuestro), que se verifica en la nueva relación humana. Cuando la comunidad trabaja así (Mt 5, 9), no tiene que preocuparse por su vida material, pues de ésta se ocupa el Padre.

         Termina la perícopa con un resumen con el que Jesús expresa la liberación del agobio: Hay que vivir en el presente, sin agobios por el mañana (v.27). Porque el mañana se preocupará de sí mismo, y no faltará en él la solicitud del Padre. Basta al discípulo enfrentarse con la dificultad del día a día, y experimentar en ella la eficacia de su amor.

Juan Mateos

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         Jesús continúa explicando la 1ª bienaventuranza ("dichosos los que eligen ser pobres"), y ahora lo hace amonestando a sus discípulos a que no jueguen a nadar y guardar la ropa (o lo que es igual, a servir a Dios y al dinero). Una tarea que, según el propio Jesús, ha de realizarse de modo radical: o Dios o el dinero (el dios más adorado de este mundo). Y una tarea difícil, pues si no podemos confiar en el dinero, ¿qué será de nuestra vida?

         Jesús no demoniza el dinero, ni afirma que éste o los bienes materiales no sean necesarios para vivir. Sino que los coloca en el lugar que deben ocupar en la vida del ser humano, regida por una escala de valores donde el dinero no ocupa la primacía: "La vida vale más que el alimento" (lo espiritual más que lo material) y "el cuerpo más que el vestido" (el ser más que el aparecer). Por eso recomienda con 2 ejemplos (los pájaros y los lirios) que hay que trabajar para vivir, pero no vivir para acumular.

         Los pájaros son un buen ejemplo de esto último, pues son animales que están todo el día moviéndose para procurarse el sustento, a la vez que "ni siembran, ni cosechan, ni guardan en bodegas". Los pájaros se esfuerzan por comer, pero no se dedican a acumular. Comen cada día y eso les basta. Su mañana, como el nuestro, depende de Dios, ¿para qué agobiarse con el futuro si "nadie puede añadir ni siquiera una hora a su vida"?

         Jesús añade otro ejemplo: el de los lirios del campo, bien arraigados en la tierra que "ni trabajan ni tejen para vestirse, pero Dios los viste con un lujo superior al de Salomón" (rey proverbialmente rico). El ejemplo de los pájaros y de los lirios es digno de ser imitado, y nos invitan a trabajar sin agobio, confiados en que "a cada día le basta su afán", empeñados en crear lazos de solidaridad que hagan visible y palpable la divina providencia.

         La preocupación obsesiva por lo material nos impide vivir, y lo que es más importante, buscar que reine la justicia de Dios en el mundo. Quien está centrado en lo material no puede crear una nueva red de relaciones humanas, donde la divina providencia se llame "providencia humana" de unos para con otros. Sólo quienes han optado por la pobreza o austeridad solidaria, serán capaces de crear esta nueva sociedad donde reine Dios y no el dinero. Sólo quienes buscan que Dios reine, encontrarán la seguridad en Dios y en la comunidad de hermanos que proveerá para que nada de lo necesario les falte.

Emiliana Lohr

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         Jesús nos presenta hoy otro rasgo del estilo de vida de sus seguidores: la confianza en Dios, en oposición a la excesiva preocupación por el dinero. Y se sirve para ello de un refrán de la época (el de que "no se puede servir a dos amos"), que le viene muy bien a la hora de establecer antítesis entre Dios y Mammón, entre Dios y el Dinero (con mayúsculas, el dinero como ídolo arameo Mammón).

         Enseña hoy Jesús a los suyos, pues, la actitud de confianza en Dios, con la comparación de los pájaros y de las flores. Lo que él no quiere es que estén agobiados (palabra que sale hasta 6 veces en esta lectura) por las preocupaciones de la comida, la bebida o el vestido. Y también quiere que sepan mirar las cosas en su justa jerarquía: "El cuerpo es más importante que el vestido, y la vida que el comer". Del mismo modo, el Reino de Dios y su justicia es lo principal, y "todo lo demás se os dará por añadidura".

         Pero volvamos al refrán: "Nadie puede estar al servicio de dos amos". Porque se trata de una afirmación que también a nosotros nos pone ante la disyuntiva entre Dios y el dinero, porque es éste un ídolo que sigue teniendo actualidad y que devora a sus seguidores.

         Ciertamente, necesitamos dinero para subsistir. Pero lo que Jesús nos enseña es que no nos dejemos agobiar por la preocupación ni angustiar por lo que sucederá mañana. Los ejemplos de las aves y de las flores no son una invitación a la pereza. En otras ocasiones, Jesús nos dirá claramente que hay que hacer fructificar los talentos que Dios nos ha dado.

         Las palabras de Jesús son una invitación a una actitud más serena en la vida. Claro que tenemos que trabajar y ganarnos la comida, como dice el refrán ("a Dios rogando y con el mazo dando"). Pero sin dejarnos dominar por el estrés, que nos quita paz y serenidad y nos impide hacer nada válido. Vivimos demasiado preocupados, siempre con prisas. Y podríamos ser igualmente eficaces (o más) si nos serenáramos, si no perdiéramos la capacidad de la fiesta y de lo gratuito, si supiéramos (de cuando en cuando) perder tiempo con los nuestros, o no empezáramos a sufrir por adelantado por cosas que no sabemos sobre el mañana. Pues, como dice otro refrán, "a cada día le bastan sus disgustos".

         También nos enseña Jesús a buscar lo principal y no lo accesorio, a dar importancia a lo que la tiene, y a no dejarnos deslumbrar por necesidades y valores que no valen la pena. Sobre todo, a "buscar el Reino de Dios y su justicia". Lo demás es secundario, aunque no lo podamos descuidar. El que concede a cada cosa la importancia que tiene en la jerarquía de valores de Jesús, está en el buen camino para la paz interior y para el éxito final en su vida.

José Aldazábal

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         La 1ª parte del texto de hoy (v.24) es un dicho suelto, y en él Jesús no habla de tener varios empleos, ni de lucrarse en 2 empresas distintas, sino de la experiencia del que sirve a 2 patrones con pretensiones y actitudes radicalmente opuestas. Pues es imposible encontrarse bien y a gusto con los dos, y esto es lo que ocurre entre Dios y el dinero.

         Los discípulos no pueden tener una fidelidad dividida. Estas palabras de Jesús expresan el carácter radical de su enseñanza con relación al dinero y a las propiedades. Las posesiones materiales son un dios falso que exige una lealtad exclusiva como la que pide Dios, por tanto se contrapone el servicio exclusivo a Dios con el servicio a las riquezas.

         En todas las épocas del mundo, el hombre ha caído en la idolatría del dinero, y le ha rendido culto mediante el robo, el fraude, los intereses o la competencia desleal. Y todo ello ha generado ambición y egoísmo, que ha hecho al hombre despreocuparse de la situación en que vive, para vivir sólo su situación.

         Frente a esta realidad, Jesús nos plantea como respuesta el sentido cristiano de la providencia (vv.25-34), y nos pone como modelo a los pájaros y a los lirios del campo, seres que simplemente subsisten y no tienen necesidad de acumular riquezas ni generar competición.

         Para Jesús basta con subsistir, con tener "el pan nuestro de cada día". Por supuesto, esto no supone abandonar la lucha diaria y el duro trabajo, ni nos está invitando a la indolencia. Sino que nos aconseja que las preocupaciones no vayan más allá del trabajo necesario para asegurar la subsistencia. Eso sí, con un decidido rechazo a la acumulación de bienes, por las situaciones desagradables que eso genera.

         Para Jesús, lo único importante es buscar el "reino de Dios y su justicia", y lo demás "se nos dará por añadidura". Es decir, que a lo que estamos llamados es a buscar el mundo espiritual (Dios), y a implantar en la tierra las cualidades espirituales de Dios ("su justicia"). Si nos esforzamos en buscar ante todo el "reino de Dios", todo lo demás (la comida y el vestido) se nos dará por añadidura. El mensaje de Jesús nos invita a relativizar el valor de los bienes terrenos, en comparación con el valor de los bienes espirituales de Dios y su reinado.

José A. Martínez

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         La necesidad de optar entre la sociedad mundana (comercial y opulenta) y la sociedad alternativa que Jesús propone (espiritual), es en realidad una opción entre 2 tipos de servicio. En las organizaciones del 1º tipo domina el dios dinero (ídolo del mercado), mientras que en la sociedad de Jesús domina Dios Padre (y su amor y justicia). La opción entre ambas es ineludible, y el ser humano no puede evitar el servicio de uno u otro tipo.

         El servicio a la sociedad comercial introduce en el propio horizonte el ámbito de la angustia y de la preocupación por las cosas indispensables a la vida propia en ese tipo de sociedad. Alimento, bebida, vestido... se convierten en doloroso interrogante de la que depende el futuro de la existencia. El texto constata la afanosa búsqueda de respuesta en esos órdenes propia de la sociedad imperial romana ya que todas estas cosas la buscan los paganos.

         Frente a esta servidumbre angustiante, el servicio de Dios asegura el desarrollo de una vida digna. El creador ofrece la posibilidad de vida para sus criaturas aparentemente más insignificantes: las aves del cielo y los lirios del campo. Ni unas ni otras participan del círculo comercial en la búsqueda de alimento y vestido. Las primeras "no siembran, ni cosechan", y los últimos "no trabajan ni tejen". Y sin embargo obtienen de Dios su nutrición y un vestido cuyo esplendor supera a los reyes de la tierra.

         La conciencia del valor de la vida humana, superior a la de las aves y a la de la flores, lleva a superar toda preocupación angustiante de la circularidad monetaria de esa sociedad. Pero el proyecto de Jesús se estructura sobre otro tipo de búsqueda: el reino de Dios y su justicia, desde donde pueden crearse las condiciones necesarias para el desarrollo de toda vida. La renuncia de la acumulación que hacen los pájaros, la despreocupación de las flores por su esplendor, fundamentan una actuación de confianza en el Padre que "conoce las necesidades de su comunidad" y que salva del interrogante angustioso sobre el futuro que, frecuentemente justifica la necesidad del atesorar.

         Con la renuncia a la sociedad opulenta, capaz de asegurar la vida en el futuro, se introduce una nueva posibilidad de existencia basada en la liberalidad de Dios desde donde se puede construir una sociedad de la liberalidad. Esta nueva sociedad desplaza el eje desde el precio sobre el que se constituye la sociedad comercial a la gratuidad del don. El valor precio cede lugar al valor personal de quienes valen más que pájaros y flores. En este nuevo tipo de sociedad la preocupación por el futuro se convierte en agradecimiento por el presente y es capaz de ofrecer un servicio en libertad que salva de la angustia de la búsqueda desenfrenada de la posesión.

         Este nuevo camino de construcción social aparece como locura para quienes se sienten cómodamente integrados en la sociedad del comercio pero es capaz de ofrecer los criterios de una auténtica racional en la relación social. Para su aceptación sólo se requiere el descubrimiento de Dios como el Padre, origen de todo don y de toda gracia, único que puede ofrecer la capacidad de entender la vida propia como don y como gracia.

Confederación Internacional Claretiana

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         Jesús quería que sus discípulos se decidieran claramente por una causa y que no fueran personas ambiguas. Y planteaba que sólo había 2 causas: la de Dios y la del dinero.

         Ambas causas implicaban actitudes espirituales y sociales contrarias. Decidirse por una o por otra significaba tanto un compromiso espiritual como un compromiso social. El valor de cada una de estas causas depende de la forma como cada una de ellas trate al ser humano. La causa del dinero lo trata como una mercancía más, como una cosa negociable que debe ser puesta al servicio del lucro o beneficio, aunque de ello se deriven consecuencias indeseables, como el despojo de sus derechos más elementales (sustento-alimento y protección-vestido).

         La causa de Dios, por el contrario, trata al ser humano como su objetivo central, y en ella Dios asume la causa del ser humano como su propia causa, porque el ser humano es su hijo y en Jesús ha multiplicado los motivos de su identificación con la Humanidad.

         La causa del dinero es la causa del lucro a costa del otro, y la causa de Dios es la causa del amor y la fraternidad. Y por eso esta última causa está a favor de la justicia.

         Quien ponga su vida al servicio de Dios recogerá, tarde o temprano, el fruto de la fraternidad que ha sembrado, y de la justicia por la que ha trabajado. El alimento y el vestido no faltarán nunca en una sociedad de hermanos, regida por la igualdad y la solidaridad. Como decía un santo Padre: "No puede convivir juntos el menesteroso y el justo, porque si el justo es justo, compartirá con el menesteroso, y éste dejará de serlo".

         La Iglesia primitiva experimentó, ciertamente, todo esto. Quien se ponía al servicio del evangelio, encontraba el pedazo de pan y el techo familiar que lo cobijaba. Este era un compromiso de todas las comunidades cristianas con quienes las servían. La palabra de Jesús iba dirigida a estos futuros servidores comunitarios. Y es nuestro egoísmo actual el que anula o desvirtúa el proyecto original de Dios, que nos permitiría vivir sin que el alimento y el vestido fueran la preocupación primaria.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 22/06/24     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A