3 de Agosto
Lunes XVIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 3 agosto 2026
Mt 14, 13-24
El evangelio de hoy inicia la llamada Sección de los Panes (Mt 14, 13-16, 12), con que Mateo presenta a Jesús como el nuevo Moisés, que reúne al nuevo pueblo de Dios, que lo lleva al desierto y lo alimenta con la palabra de Dios y con un pan superior al maná. Un nuevo Moisés que triunfa sobre las aguas del mar (Mt 14, 22-33), que libera del legalismo en que había caído la ley (Mt 15, 1-9), que lleva a todos a la Tierra Prometida (Mt 15, 21-31).
Las 2 multiplicaciones de los panes, que enmarcan este conjunto y preanuncian la eucaristía (Mt 14,36; 15,36), subrayan con vigor que Jesús es mucho más que Moisés También ahora, en la eucaristía, Jesús es el centro de la vida cristiana, el Pan que verdaderamente satisface.
Todo comienza cuando Jesús "sintió compasión de ellos y curó a los enfermos", recordando la promesa de restauración de Isaías (Is 49, 13), lo mismo que el dar de comer a los hambrientos cumple lo predicho por Isaías (Is 49,10; 58,10). Existen también aquí importantes semejanzas con la Ultima Cena (Mt 26, 26-29), en ambos casos como anticipaciones del banquete mesiánico, o fiestas que celebran el reinado de Dios (Is 55, 1-2).
Actuando como anfitrión, Jesús ordena a la gente que se recueste (como en un banquete), toma el alimento y, levantando los ojos al cielo (Sal 123, 1), bendice a Dios, partiendo el pan y dándoselo a sus discípulos para que lo distribuyan a la gente. "Comieron todos hasta hartarse" recuerda el hecho de que los hijos de Israel fueron alimentados en el desierto (Ex 16, 4-12), y por eso tuvo lugar en un despoblado (vv.13.15). Como tal, la frase es una forma habitual de simbolizar la bendición de la Alianza (Dt 8,10; 11,15).
Los 12 apóstoles llenaron los canastos que habían llevado consigo, lo que indica la abundancia de la bendición y la invitación a la celebración del Reino (Is 55, 1-3). "Cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños" era una forma habitual de contar a Israel en el desierto (Ex 12,37; Nm 11,21).
Tras la multiplicación de los panes, la noticia de la muerte del Bautista lleva a Jesús a apartarse de la gente y a buscar un lugar privado para la oración y la reflexión. Pero mientras va en la barca, la gente lo sigue por tierra. Pese al peligro cada vez mayor, por parte de los jefes religiosos y políticos del tiempo, la obra del Reino continúa. En esta circunstancia, Jesús no está simplemente satisfaciendo una necesidad, sino celebrando el Reino que viene al pueblo.
El alimento que milagrosamente da a comer Jesús a la multitud no se trata aún del pan eucarístico, pero la eucaristía está ya en el fondo, como su desembocadura natural. Lo demuestran las acciones de Jesús: alzó los ojos, bendijo, partió, dio, repartió. Al realismo de los discípulos, que piensan que la muchedumbre no tiene qué comer, corresponde el sentido de la compasión de Jesús, que ordena: "Dadles vosotros de comer". Este milagro de la alimentación, por tanto, celebra la restauración del reinado de Dios en la vida de su pueblo.
Cuántas veces se cumple en nosotros aquello de "no tenemos lo que deseamos, pero no nos falta lo que necesitamos". Hoy la palabra de Dios nos invita a meditar esta situación, y a no quejarnos como los hebreos en el desierto, que se quejaron porque deseaban comer carne (en ollas), poniendo la excusa de no tener ajos y cebollas. Y eso que habían conseguido lo fundamental y realmente necesario: la libertad y el maná.
El que Jesús quisiese apartase a un lugar solitario, pero se percatase de que la gente que le buscaba con ahínco, nos muestra su misericordia ante cualquier tipo de necesidad, tanto sanitaria (enfermos) como económica (hambrientos). Y haciendo a un lado su deseo, entiende la necesidad y responde.
El episodio de la multiplicación de los panes es para todos nosotros una invitación a pensar, decidir y conseguir lo que en verdad necesitamos y necesitan los que nos rodean (tiempo para escuchar, una buena charla, calidad en el trato con los demás, recreación sana sin embotar los sentidos, olvidar la realidad por unas horas...), en contraposición a lo que deseamos los demás (¡compro, luego existo!).
Juan Mateos
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Al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y solitario. No desperdiciemos estas connotaciones psicológicas, que nos permiten penetrar en la vida humana de Jesús.
Nos imaginamos demasiado a Jesús como alguien preservado por su divinidad, cuando en realidad prefirió enfrentar todas las vicisitudes temporales, tanto de su época como de su propia familia. ¿Cuáles fueron tus sentimientos, Señor, cuando supiste la noticia del día, que Herodes había mandado decapitar a Juan Bautista? Porque se trataba de la muerte de su primo, de su maestro, de aquel que le entregó a sus propios discípulos (Andrés, Felipe, Juan), de aquel que le bautizó, de aquel que él llamaba "el más grande de los profetas".
Al enterarse de esa muerte, Jesús huye a un lugar solitario, pues piensa que aquello es preludio de su propia muerte. Y como no ha llegado el momento de afrontar la pasión, se retira (aparte de la necesidad de llorar y rezar por su amigo y primo Juan).
Pero la gente "lo supo y lo siguió por tierra", y al desembarcar, "vio Jesús una gran muchedumbre, le dio lástima y se puso a curar los enfermos". No, no lograste aislarte, salvo durante la travesía del lago. Nunca meditaré lo suficiente ese tema del constreñimiento de la obediencia (a lo que no estaba previsto, a lo que nos sucede y trastorna nuestros planes), al que también San Pablo aludirá, como obediencia a los designios insondables del Padre.
Por la tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y ya ha pasado la hora; despide a la multitud, que vayan a las aldeas y se compren comida". Jesús les contestó: "No necesitan irse. Dadles vosotros de comer". Los discípulos le replican: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces". A lo que Jesús contesta: "¡Traédmelos!". Ordenó entonces Jesús al gentío que se recostara en la hierba y, "tomando los cinco panes y los dos peces"...
Poner mis pobres medios humanos en tus manos, Señor. Contemplo esos 5 panecillos y esos 2 pececillos en tus manos. Manifiestamente, a través de este milagro Jesús está pensando en otro: la Última Cena (Mt 26, 26), porque "no sólo de pan vive el hombre". Jesús ha querido, Jesús ha inventado, Jesús ha entregado a la humanidad... la Misa. Él quiere alimentar espiritualmente a los hombres, y responder a su hambre de absoluto, a ese pan de vida eterna.
Noel Quesson
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La multiplicación de los panes es un milagro que los evangelios cuentan hasta 6 veces (Mateo y Marcos, hasta 2 veces cada uno), seguramente porque hubo 2 escenas diferentes. Hoy leemos la 1ª de Mateo. Jesús, al enterarse de la muerte del Bautista, intenta retirarse a un lugar solitario, pero la gente no le deja. Y a él, como siempre, "le dio lástima y curó a los enfermos". Su actividad misionera es realmente intensa, predicando la salvación, curando las dolencias, atendiendo a todos, y hoy dándoles de comer.
Se trata de un milagro cargado de simbolismo. En el AT, Moisés, Elías y Eliseo dieron de comer a la multitud (en el desierto, en período de sequía, en época de hambre), y hoy Jesús da plenitud a esas figuras del AT. Además, muestra un corazón lleno de misericordia, y su poder divino como enviado de Dios.
El relato es también un programa para la comunidad de los seguidores de Jesús. Ante todo, el lenguaje del evangelio se parece mucho al de nuestra eucaristía (tomó, pronunció la bendición, partió, repartió), como ese Pan que Jesús multiplica para nosotros cada vez que celebramos la eucaristía, y como signo sacramental que él mismo nos encargó que celebráramos en memoria suya.
Cada vez que leemos esta escena, aprendemos que hay que apoyar a aquellos que buscan a Jesús a pesar del hambre, y van errantes por la vida. La consigna de Jesús es sintomática: "Dadles vosotros de comer". La Iglesia no sólo ofrece el Pan con mayúscula, sino también el pan con minúscula, que puede traducirse por cultura, cuidado sanitario, apoyo a los débiles, premio a los que se lo merecen y solidaridad de los que tienen con los que no tienen.
En cada misa, el Padrenuestro nos hace pedir el pan de la subsistencia diaria, y la comunión nos entrega el alimento sobrenatural. Hay un doble pan porque el hambre también es doble: el hombre cotidiano y el hombre trascendente. Y la "fracción del pan" consiste tanto partir el Pan eucarístico como compartir el pan material.
Con esta dinámica del pan material y del pan espiritual, Jesús ayuda a las personas a pasar del hambre de lo humano al hambre de lo divino, de la luz de los ojos a la luz interior de la fe (en el caso del ciego), del agua del pozo al agua que sacia la sed para siempre (en la mujer samaritana). Lo mismo tendremos que hacer nosotros, los cristianos. El lenguaje de la caridad es el que mejor prepara los ánimos para que se acepte nuestro testimonio sobre los valores sobrenaturales.
José Aldazábal
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El evangelio de hoy toca nuestros bolsillos mentales, y hasta hace saltar las voces de los prudentes, para sopesar si vale la pena el asunto. Los discípulos, al ver que se hacía tarde y que no sabían cómo atender a aquel gentío reunido en torno a Jesús, encuentran una salida airosa: "Que vayan a los pueblos y se compren comida" (v.15). Pero no contaban con que su Maestro les fuera a romper ese razonamiento tan prudente, al contestar: "Dadles vosotros de comer" (v.16).
Un dicho popular dice: "Quien deja a Dios fuera de sus cuentas, no sabe contar". Y es cierto, los discípulos (y nosotros tampoco) no saben contar, porque olvidan el sumando de mayor importancia: Dios entre nosotros.
Los discípulos realizaron bien las cuentas, y contaron con exactitud el número de panes y de peces (5 + 2). Pero al dividirlos mentalmente entre tanta gente (entre 5.000), les salía un 0 periódico. Por eso, optan por el realismo prudente: "No tenemos más que 5 panes y 5 peces" (v.17). No se percatan de que tienen a Jesús entre ellos.
Parafraseando a San José Mª Escrivá, no nos iría mal recordar aquí que "en las empresas de apostolado, está bien considerar los medios terrenos (2 + 2 = 4), pero sin olvidar nunca que hay de contar con otro sumando: Dios + 2 + 2". El optimismo cristiano no se fundamenta en la ausencia de dificultades, sino en Dios que nos dice: "He aquí que yo estoy con vosotros, todos los días y hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20).
Sería bueno que tú y yo, ante las dificultades, o antes de dar una sentencia de muerte a la audacia y al optimismo del espíritu cristiano, contemos con Dios. Ojalá que podamos decir con San Francisco de Asís aquella genial oración: "Allí donde haya odio, ponga yo amor". Es decir, que allí donde no salgan las cuentas, que cuente yo con Dios.
Xavier Romero
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El relato del evangelio de hoy está lleno de enseñanzas, comenzando por la enseñanza del compartir. A este respecto, es interesante lo que dicen los apóstoles: "Lo único que tenemos son cinco panes y dos pescados", como si pretendieran añadir: "Pero estos son para que nosotros comamos".
Jesús nos enseña que es precisamente en el compartir dónde se puede experimentar la multiplicación. En un mundo que vive cerrado sobre sí mismo, siempre ávido de atesorar, que importante es el poder experimentar que en el compartir está la felicidad y la paz del corazón. Es la experiencia que libera profundamente al hombre y lo hace ser autentico ciudadano del Reino.
Es precisamente cuando compartimos, cuando somos capaces de romper nuestro egoísmo, y compartir con los demás los dones (materiales y espirituales), cuando podemos decir con verdad: soy libre. Las cosas tienden a sujetarnos y llegan hasta hacernos esclavos de ellas.
El ejercicio de compartir nos asegura que la redención de Cristo ha sido operada en nosotros. Contrariamente a lo que se podría pensar, la única forma de ser verdaderamente rico es compartiendo. No dejes pasar este día sin tener esta magnifica experiencia de compartir.
Ernesto Caro
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El evangelio de hoy nos ayuda a profundizar en el tema siempre actual del hambre. Muchos seguramente sentimos que las palabras del Señor Jesús a sus apóstoles son más que una frase anecdótica, ante el hambre del mundo: "Dadles vosotros de comer".
¿Qué tal suenan hoy, por ejemplo, las palabras de San Juan Crisóstomo en sus Homilías sobre Mateo? Porque en ellas nos dice el santo doctor:
"¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentres desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: Tuve hambre y no me disteis de comer, y más adelante: Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer. ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo".
Resuenen, pues, en nuestros oídos las palabras de Juan Pablo II en el n. 20 de su carta Ecclesia de Eucharistia, donde nos dice:
"¿Qué decir de las tantas contradicciones de un mundo globalizado, donde los más débiles, los más pequeños y los más pobres parecen tener bien poco que esperar? En este mundo es donde tiene que brillar la esperanza cristiana. También por eso el Señor ha querido quedarse con nosotros en la eucaristía, grabando en esta presencia sacrificial y convival la promesa de una humanidad renovada por su amor".
Es significativo que el evangelio de Juan, allí donde los sinópticos narran la institución de la eucaristía, propone el relato del lavatorio de los pies, en el cual Jesús se hace maestro de comunión y servicio (Jn 13, 1-20). El apóstol Pablo, por su parte, califica de indigno que una comunidad cristiana participe en la Cena del Señor, si se hace en un contexto de división o indiferencia hacia los pobres (1Cor 11, 17.22.27.34).
Nelson Medina
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Mateo recoge hoy que "Jesús, al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, se retiró a un lugar solitario". Pero al buscar la soledad, atrajo hacia sí a la gente necesitada de esperanza. Por eso se le rasga el corazón cuando ve esa multitud de desposeídos, y les multiplica el pan.
Es el mismo Jesús el que se da cuenta de que por ello le quieren hacer rey, y de nuevo busca el camino de la soledad, "marchándose por otro camino". Decididamente, él no ha venido para ser nuestro líder, sino para llevar a cabo otra voluntad distinta: la voluntad de Dios. Y ésa es la voluntad de Padre: mostrar el verdadero rostro del Padre, con amor, entrañas, misericordia y compasión.
Dominicos de Madrid
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La muerte de Juan Bautista, y el asesinato que había llevado a cabo Herodes, obligan a Jesús a marcharse a un sitio despoblado. Sin embargo, la multitud lo sigue para recibir sanación y consuelo. Jesús se compadece de ellos, y aunque han resultado sordos a su predicación, se preocupa por curar a los enfermos.
Caída la tarde, los discípulos se inquietan al ver a la gente hambrienta, pero no tienen otra ocurrencia que decirles que se vayan y se compren lo necesario. Como si estuviéramos en el s. XXI. No obstante, Jesús se percata y les regaña, porque no siguen la lógica del Reino sino la lógica mundana. Y los invita a compartir: "Dadles vosotros de comer".
Los discípulos estaban reservando para sí mismos lo que ellos consideraban su propio alimento. Pero Jesús les exhorta a que den todo eso que han almacenado, y en esa entrega generosa se producen resultados sorprendentes. La multitud empieza a compartir lo que tiene, en vez de guardarlo para sí misma. Así, la solidaridad se contagia y todos reciben lo necesario. Al final, queda un excedente que demuestra la lógica de Dios, mucho más perfecta que la mundana.
Muchas iglesias se encierran en sus propias organizaciones, y se limitan a ayudarse a sí mismas. La vida de Jesús, por el contrario, las invita a abrirse a la multitud, aunque ni siquiera conozcan sus propósitos. La Iglesia tiene que ser solidaria con la multitud enferma, hambrienta y desorientada.
Los sentimientos de compasión y caridad, que Jesús experimenta ante el pueblo abandonado, deben estar presentes en el espíritu que anima la acción apostólica de la Iglesia. De otra manera, ésta quedará atrapada en la lógica mundana, y no será signo del Reino ni tan eficaz como Dios.
Servicio Bíblico Latinoamericano
Act:
03/08/26
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M
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R C A B A
M U R C I A
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