30 de Julio
Jueves XVII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 30 julio 2026
Mt 13, 47-53
La última parábola de Jesús lleva también su explicación, coincidiendo su contenido con la del trigo y la cizaña: la oposición entre buenos y malos (Mt 12, 33), siguiendo la línea de los árboles buenos y malos (Mt 7, 15-19), de los falsos profetas y de los lobos con piel de oveja (que siguen a Jesús en apariencia, pero persiguiendo objetivos inconfesables).
En la explicación que da Jesús, "los malvados" siempre están en relación con "el Maligno", su destino será el mismo que el del Maligno: el fuego destructor (v.50). La frustración definitiva del hombre ("llanto y rechinar de dientes") es perder la vida para siempre. La parábola propone a los discípulos la suerte final, para orientarlos en la decisión presente. Los únicos que llegan a la vida son los que producen fruto.
Termina, pues, la instrucción privada de Jesús a los discípulos. Y lo hace con la vuelta al tema del entender, que ha dado el tono a todo el Discurso Parabólico (Mt 13, 13.14.15.19.23.51). Recibido el conocimiento, han de exponerlo a los demás.
Mateo establece una oposición sibilina entre los letrados (los judíos y los cristianos), viniendo a decir que aquéllos tenían detrás de sí una inmensa tradición interpretativa (que pretendía no salirse de los límites de lo antiguo), mientras que éstos no dependen ya de la antigua tradición, sino que son los anunciadores de "lo nuevo" de forma prioritaria, subordinando todo lo demás a esa novedad. No se trata ya de analizar lo que dijo Moisés, sino lo que ha comenzado a decir Jesús. Ésta es la clave de lectura cristiana, respecto a todo el AT.
Juan Mateos
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La Parábola de la Red sólo aparece en el evangelio de Mateo, y debería estar ubicada a continuación de la explicación de la Parábola de la Cizaña, si lo que se quiere es seguir con el mismo pensamiento, cuyo tema principal es la oposición entre los buenos y los malos, entre el horno encendido y los llantos y el rechinar de dientes (que encontramos en la parábola anterior; Mt 13,42.50).
Sorprende que, a pesar de tantas expresiones idénticas a la Parábola de la Cizaña, la Parábola de la Red sea tan original y pueda expresar de forma tan nueva la idea que domina todo el cap. 13: la mezcla temporal de buenos y malos, hasta que llegue el juicio y los separe.
La Parábola de la Red tiene 2 temas muy interesantes: la ausencia de la idea de crecimiento (dominante en las parábolas anteriores) y la rapidez con que los peces son recogidos, así como la red sacada a tierra (inminencia contraria a las parábolas precedentes).
La red, como el campo, contiene sujetos buenos y malos. Pero la imagen de la red es mucho más dinámica, porque la red esta en movimiento y saca los peces del mar. Si la red corresponde exactamente al campo, representa al mundo. Pero si es algo distinto del campo, podría representar el reino de Dios (que anclado en el mar del mundo, contendrá buenos y malos hasta el día final), que saca a la orilla los peces y procede a seleccionar su contenido.
No es de extrañar, pues, que la imagen de la red se haya usado más que la del campo, a la hora de elaborar los contenidos eclesiológicos. Notemos, sin embargo, que esta parábola no hace ninguna mención expresa a los pescadores, y que se presenta como una parábola del Reino de los Cielos, no de la Iglesia.
Fernando Camacho
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La red es la Iglesia visible, con sus apóstoles pescando en el mar (que es el mundo) y reuniendo a los hijos dispersos de Dios (Jn 11, 52). En esta parábola nos muestra Cristo, como en la Parábola del Banquete (Mt 22, 8-14), la existencia de buenos y malos dentro del mundo y de la Iglesia, hasta el día en que los ángeles hagan la separación y Jesús, celebrando sus bodas con la Iglesia (su Cuerpo místico), arroje del festín a los que no tenían el traje nupcial.
Santo Tomás de Aquino dice que "Jesús expone la parábola sólo en cuanto a los malos, y que luego observa que esos malos están entre los buenos" (como está la cizaña en medio del trigo, y la levadura en medio de la masa), pero no por diversidad de dogmas sino por pertenencia o no pertenencia a la Iglesia.
Vemos así que no es ésta una repetición de la Parábola de la Cizaña, pues allí el campo no era la Iglesia sino el mundo (v.38), mientras que aquí la red de pescar se refiere a la Iglesia apostólica, formada por aquellos que "echaban la red en el mar, pues eran pescadores" (Mt 4, 18), y a quienes Jesús hizo "pescadores de hombres" (Mt 4, 19).
"¿Habéis entendido todo esto?", les dice Jesús a sus apóstoles. Santo Tomás de Aquino muestra cómo, según Jesús, "la inteligencia de todas esas parábolas, más misteriosas de lo que parecen, es necesaria para todo escriba que ha llegado a ser discípulo del Reino" (v.52).
De esa manera será semejante al dueño de casa (que es el mismo Jesús), a quien deben parecerse sus discípulos (Mt 10, 23), y el cual saca de su tesoro (v.52) verdades eternas (del AT) y misterios nuevos que él vino a revelar, tanto sobre su venida (a predicar el "año de la reconciliación") cuanto sobre su retorno (en el "día de la venganza"; Is 61, 1).
El mismo Jesús confirma esto en Lc 24, 44. Y de ahí que San Agustín diga que "debéis entender todo esto de modo que, las cosas que se leen en el AT, sepáis exponerlas a la luz del NT". Vemos, pues, que el conocimiento que el apóstol ha de tener (y sólo él), es un misterio que Cristo le revelará, y que se refiere tanto a los padecimientos cuanto al futuro triunfo (1Pe 1, 11).
José A. Martínez
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La de hoy es la última parábola del Discurso Parabólico de Jesús, y resulta muy parecida a la de la cizaña. No obstante, la imagen tomada no pertenece al trabajo de campo, sino a la pesca marina.
Jesús compara su Reino (en este caso, la Iglesia) a una red que los pescadores recogen con peces buenos y malos, y que llevan a la orilla tal como está, sin preocuparse de momento de separarlos. Eso ya vendrá después, cuando llegue la hora de separar los buenos y los malos (el día de la selección), al igual que el día de la siega para separar la cizaña y el trigo.
De nuevo parece como si se nos quisiera advertir de la existencia en la Iglesia de auténticos y falsos hermanos. Pues por el bautismo muchos han entrado en la Iglesia de Jesús, pero no todos creen en la perfección (santidad) que nos pide Jesús. Por otro lado, también se nos insinúa que no revirtamos esa situación, y que no sería aconsejable una Iglesia que sólo aceptase a los perfectos o puritanos (pues el mismo Jesús trataba con los pecadores, les dirigía su palabra, les daba tiempo, les invitaba, no obligaba su conversión ni forzaba su seguimiento).
También en la Iglesia de hoy coexisten peces buenos y malos, al igual que trigo y cizaña. Porque es una comunidad universal, y a toda oveja que se descarría no hay que dejarla perder, sino ir a su rescate y hacerla volver, para que la alegría de Dios sea inmensa. Y porque la Iglesia no está para buscar a los justos, sino a los pecadores, al igual que el médico está para los enfermos, y no para los sanos.
¿Cuál es nuestra actitud ante las personas que nos parecen débiles y pecadoras? ¿Ante la situación de un mundo desorientado? ¿Les damos un margen de rehabilitación? ¿O nos portamos tan drásticamente como los que querían arrancar en seguida la cizaña?
Claro que tenemos que luchar contra el mal. Pero sin imitar la presunción de los fariseos, que se tenían por perfectos (santos) y excluían a todos los imperfectos o pecadores. Jesús tiene otro estilo y otro ritmo.
Ojalá, después de todas estas parábolas, podamos decir, como los oyentes de Jesús (no sabemos si con mucha razón) que sí le habían entendido, que hemos captado la intención de cada una de ellas, y que nos disponemos a corregir nuestras desviaciones y a ponernos en la dirección que él quiere.
José Aldazábal
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No todos los que aceptan el reino de Dios son dignos de él. Es verdad que la invitación a formar parte del Reino es universal, y que en la red de pesca entran libremente todos los peces que quieran, así como que cada uno es libre para decidir si acepta o no la propuesta de Jesús. Pero aquí hay un drama, y es la existencia de peces malos, que en el momento de la selección serán separados del resto de peces. Entremos en ese drama de la selección.
En 1º lugar, hay una 1ª selección, que es hecha por el propio hombre (el pez) cuando, desde su libertad, decide entrar en el Reino pero sin cumplir los requisitos y exigencias del Reino. Se necesita entonces una 2ª selección, hecha por el propio Jesús (el pescador), a la hora de volver a invitar a todos, y a recordar a todos las exigencias del Reino. Una vez que la red está llena de peces, es necesario una 3ª selección, que esta vez será hecha por Dios (el capataz) tras haber recibido en la orilla la red de peces del pescador.
Si no hay una verdadera intención de cambiar, de nada sirve decir que aceptemos las enseñanzas de Jesús. Hay muchos hombres y mujeres que han aceptado la propuesta de Jesús, el hecho de vivir una fe común y tener que caminar con los demás nos ayuda a volvernos más tolerantes, a tener paciencia para no echar a perder a aquellos que no llevan nuestro propio ritmo.
Tener una misma fe no significa que debamos vivir un mismo estilo de vida: en la red quedaron atrapados toda clase de peces cada uno con sus diferencias individuales, y aunque estaban en la misma red, se hizo necesaria una última selección. La vida cristiana no es de uniformidad sino de unidad en la diversidad.
También coloca Jesús la comparación del escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos que es como el dueño de la casa que sabe aprovechar lo nuevo y lo viejo. Tenemos la tentación de rechazar lo viejo porque es viejo y de aceptar lo novedoso. La sabiduría está precisamente en saber aprovechar todo aquello que nos ayude a nuestro crecimiento interior, sea que lo encontremos en lo antiguo o en lo nuevo, lo que debemos evitar son los absolutismos que nos hacen demasiado daño y nos vuelven intolerantes.
Gaspar Mora
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Jesús termina esta sección de parábolas recordándonos lo importante de vivir de acuerdo a lo que el mismo nos ha ido instruyendo, pues si bien es cierto que no sabemos cuando llegará el final de tiempo para toda la humanidad sabemos con certeza que éste llega para cada uno de nosotros el día en que el señor nos llama.
En ese día no habrá excusas, sino resultados: él separará a los que vivieron de acuerdo a los valores del evangelio, respecto de aquellos que se rechazaron la vida evangélica.
Cada día es una nueva oportunidad que Dios nos da para amar, perdonar, servir a los demás, hacer de nuestra vida un instrumento de su gracia. Y sobre todo para dejar que su amor y su infinita misericordia nos inunden y transformen. El único día que tenemos es el de hoy, porque el ayer ya pasó y el mañana aun esta en las manos de Dios. Vivámoslo con entusiasmo y apertura al Espíritu Santo.
Ernesto Caro
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Vaya con la pregunta que hoy nos plantea Jesús: "¿Habéis entendido todo esto?". Con más optimismo que tino, aquellos oyentes dijeron que sí, cuando lo más sensato hubiera sido dudar.
Les hablaba Cristo, en efecto, de los misterios del reino de Dios. Y aunque sus palabras eran sencillas, y las imágenes que utilizaba pertenecían al mundo de cada día, no por ello el contenido debía parecerles tan obvio. Pero ellos creyeron que entendían. Nos puede pasar también a nosotros.
Aquí hay una relación con la 1ª lectura: descubrir que no entiendo, darme cuenta que no me estoy dando cuenta de todo es el principio de la sabiduría. Es algo como la nube luminosa. Nadie que sepa que no abarca la profundidad del evangelio despreciará al evangelio. Sólo desprecian la buena nueva los que creen que ya la entienden y que ya ha sido probada a fondo y que ya ha dado todo de sí.
Y aunque parezca extraño eso se da, eso existe. La Europa de nuestros días, por dar sólo un ejemplo, quiere definirse como indiferente y como algo posterior al cristianismo. Millones de europeos sienten que ya aprendieron todo lo que el evangelio les podía dar, y que la propuesta cristiana ya se ensayó lo suficiente. Quizás hará falta para ellos que alguien sepa mostrarles de modo nuevo y sugerente que hay una nube de luz y una luz de niebla que viste la desnudez de Cristo en la cruz.
Nelson Medina
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Podemos constatar en este pasaje la presencia de 2 elementos claramente diversos: una parábola (vv.47-50) y la conclusión de todo el Discurso Parabólico (vv.51-52).
La parábola retoma datos presentes en la introducción al discurso (Mt 13, 1-3) y el final de la explicación de la Parábola de la Cizaña (vv.41-43). Como en la introducción se encuentra la mención del mar, de la orilla y de personas que se sientan, como en la explicación mencionada se habla del "horno encendido".
Con esta expresión se alude a Malaquías (Mal 3, 19), que presenta el Juicio Final como superación del escándalo de la presencia de los impíos dentro del pueblo de Israel. Por tanto, todas las referencias apuntan a describir una realidad última representada por una red que recoge "toda clase de cosas" hasta que está llena (o mejor, cumplida, ya que el evangelista usa el mismo verbo que utiliza para el cumplimiento de las profecías en Cristo).
De esa forma se nos coloca ante la realidad del Juicio Final, el "fin del mundo", que en la mente del autor está ya históricamente presente en la obra terrestre del Cristo. En ésta ha comenzado un discernimiento entre justos y malvados.
Cada hombre ante Cristo se revela a sí mismo y, por consiguiente, debe tomar en serio el mensaje del Reino si no quiere quedar excluido de él. Dicha exclusión significaría la autodestrucción que el evangelista subraya con la expresión "allí será el llanto y el rechinar de dientes", repetidamente presente en el evangelio de Mateo (Mt 8,12; 13,42; 22,13; 24,51; 25,30).
En la conclusión del discurso se retoman todos los datos de éste por medio de una pregunta: "¿Habéis entendido estas cosas)?". Se trata de la comprensión de las parábolas y, aún más, de Jesús que habla en parábolas. Ante la respuesta afirmativa de los discípulos explicita las exigencias necesarias de la comprensión auténtica por medio de otra comparación.
En ésta se describe la condición del letrado cristiano. A diferencia de los demás letrados se exige de él una conversión al discipulado. Esta elección lo lleva a compartir la enseñanza recibida con otros, transmitir a otros lo que se ha recibido a semejanza de un "dueño de casa".
El letrado que hasta el momento del encuentro de Jesús ha sido especialista de la ley, de la Escritura, descubre, encontrando a Jesús, que debe renovar todas sus concepciones anteriores. En él debe saber descubrir toda su novedad y desde esta novedad puede dar el verdadero sentido (el del cumplimiento) a lo viejo.
La breve noticia de Mt 13,53 reproduce más o menos exactamente la fórmula final de todos discursos de Jesús (Mt 7,29; 11,1; 19,1; 26,1). El pasaje por tanto nos invita a hacer un recorrido. Descubrir en Jesús la plenitud del cumplimiento ante el cual se nos revela el sentido de la existencia propia.
En Jesús la red se ha llenado y ha comenzado el tiempo de la selección de lo recolectado. Los que han sido capaces de entender el acontecimiento están obligados a transmitir este sentido a los demás (y de esa forma, a renovar la propia enseñanza al contacto con la enseñanza de Jesús). Sólo desde esta última la Escritura antigua adquiere su sentido verdadero y auténtico.
Confederación Internacional Claretiana
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Muchos discípulos de Jesús lo siguieron con aparente fidelidad, pero ocultaban oscuros intereses. A lo largo del camino fueron manifestando sus verdaderas intenciones. Se empezaron vistiendo con el manto del servicio a Dios, pero acabaron sirviendo a sus propias ambiciones. Hoy Jesús (el pescador) les anuncia la fuerza del reino de Dios, suficiente como para descubrirlos (peces) y separarlos (malos) de su Iglesia (su red). Al final, Dios les dará su merecido.
Al terminar la parábola de hoy, Jesús diferencia entre los escribas (o intelectuales) que se han hecho sus discípulos, de los escribas (o intelectuales) que se han encerrado en sus doctrinas. El intelectual que se hace hijo del Reino sabe combinar lo que sabe, lo que tiene con la novedad constante que irrumpe con el Reino. Saca de sus reservas cosas nuevas y cosas antiguas.
El intelectual que no se abre a la acción del Reino, se encierra en sus doctrinas para sólo sacar vejestorios inservibles. De este modo, Jesús acoge entre sus discípulos a los que están dispuestos a poner al servicio del pueblo y del Reino lo que saben. Aquellos hábiles y creativos que combinan su ciencia con la novedad que irrumpe en la vida del pueblo de Dios.
Servicio Bíblico Latinoamericano
Act:
30/07/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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