7 de Septiembre

Lunes XXIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 7 septiembre 2026

Lc 6, 6-11

         ¿Es lícito en sábado "hacer bien", o es necesario "hacer mal"? La omisión del bien es un mal. ¿Y quién se atrevería a decir que la ley del sábado prohíba hacer el bien y exija hacer el mal? El sábado es para los judíos, no sólo día de reposo, sino también día destinado a hacer bien y día de alegría. La comida de día de fiesta, el estudio de la ley y la práctica del bien lo convierten en día de fiesta y de alegría.

         Para viajeros necesitados había que tener comida preparada. ¿Habría que olvidar todo esto? Jesús vuelve a restablecer el verdadero sentido del sábado. Ha de ser un día en el que se disfrute y se proporcione alegría a los demás. Se realiza el sentido del sábado haciendo bien a personas que sufren, usando misericordia: "Misericordia quiero y no sacrificios" (Os 6, 6).

         Jesús sitúa a sus adversarios ante esta alternativa: ¿Se ha de salvar una vida en sábado, o se ha de dejar que se pierda? El texto griego no habla de la vida, sino del alma, que es vida y algo más: vida consciente. El hombre que está en medio quiere vivir, vivir sano. Y no sólo vegetar, sino sentir el gozo de vivir.

         ¿Es esto posible a un hombre que tiene seca la mano derecha, que no puede trabajar y tiene que vivir de la ayuda ajena? El reposo sabático se explica por la comparación con el reposo de Dios una vez terminada la obra de la creación: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yahveh, tu Dios, y no harás en él trabajo alguno" (Ex 20, 8).

         Pero el descanso de Dios no consiste en no hacer nada, sino en vivir la obra, en gozar de ella, pues "Dios se gozó en su obra" (Sal 104, 31). El sábado es día en que se vive la vida, en que se goza de la obra, día de glorificación de Dios. ¿No se ha de restablecer mediante la curación este sentido más profundo del sábado? ¿En vez de la vida habría que elegir la ruina?

         Jesús tiene una idea de Dios distinta. Su Dios es el Dios de la misericordia, el Dios que se acerca a los hombres. Mientras que el Dios de ellos es el inaccesible, el que está sencillamente por encima de los hombres.

         La mano volvió a quedar sana. La restauración del universo forma parte del cuadro de los tiempos mesiánicos, y lo que ahora comienza será llevado a la perfección: "El cielo debe retener (a Jesús) hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas desde antiguo" (Hch 3, 21).

         Mediante la curación muestra Jesús que le está permitido restaurar el sentido del sábado según la mente de Dios, ya que él mismo aporta la restauración de todas las cosas. El sábado es figura del gran reposo sabático de Dios (Hb 4, 8), que se iniciará cuando sean restauradas todas las cosas y todo haya alcanzado su acabada perfección.

Juan Mateos

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         El episodio evangélico de hoy se enmarca en un día de precepto ("otro sábado"). El escenario es una sinagoga, lugar de enseñanza. Jesús aprovecha la ocasión para instruir a la gente que allí se congrega. El contenido de su enseñanza se evidencia en un hecho liberador.

         Los adversarios de siempre (los omnipresentes letrados y fariseos) le han tendido una trampa, sabiendo que "había allí un hombre que tenía el brazo derecho atrofiado" (v.6). Se trata de una representación viviente del público asistente al servicio sinagogal, y el hombre privado de actividad y de iniciativa ("brazo atrofiado") es figura de la situación de Israel, atrofiada por completo.

         Están al acecho para ver si cura en sábado y así tener motivos de qué acusarlo (v.7). Jesús no se inmuta, e incluso pide luz y taquígrafos. Así que, "conociendo sus intenciones, dijo al hombre del brazo atrofiado: Levántate y ponte en medio" (v.8).

         Jesús no es partidario de las medias tintas, y menos cuando está en juego la integridad del hombre. La pregunta que les dirige es directa y penetrante: "¿Qué está permitido en día de precepto, hacer el bien o hacer daño, salvar una vida o destruirla?" (v.9). Un hombre mutilado es como una vida que se va apagando.

         La mirada que Jesús lanza a su alrededor denuncia su mala fe. Y con tal de salvar una vida, Jesús arriesga la suya. "Extiende el brazo", le dice Jesús a aquel hombre, como quien dice: "Recupera tu capacidad de actuar como persona libre". Y eso que el precepto sabático lo prohibía. Él lo hizo, y su brazo recuperó las funciones normales. El homo habilis vuelve a ser el que era.

         La evolución sigue su curso, de forma imparable. Pero sus adversarios niegan la evidencia, y "se pusieron furiosos y discutían unos con otros qué podrían hacer con Jesús" (v.11). Toda una declaración de guerra. Ya no necesitan más pruebas. Han visto con sus propios ojos que la teología liberadora de Jesús hace estragos en sus dominios ancestrales. Con los hombres libres y con capacidad de iniciativa se ven absolutamente impotentes. Se impone hacer desaparecer a Jesús.

Josep Rius

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         Lucas y Marcos relatan este episodio de la curación del hombre de la mano seca, un día de sábado. Uno y otro lo sitúan en el cuadro de las polémicas suscitadas por la enseñanza del joven rabino Jesús sobre las insistencias esclerotizadas de la religión: reglas de la pureza en las comidas (Lc 5, 29-32), de ayuno (Lc 5, 33-38) y de reposo sabatino (Lc 6, 1-11).

         Pero Lucas no concede gran interés a estas discusiones poco comprensibles para lectores de origen pagano. Se contenta con narrar los hechos sin conformarlos con reflexiones personales o conclusiones doctrinales. No retiene, por tanto, las notas de Marcos sobre el endurecimiento de los fariseos (Mc 3, 5), y suprime toda alusión a la cólera de Jesús (Mc 3, 5).

          Por otro lado, Lucas evoca el conocimiento que Jesús posee del corazón humano (v.8). Así Cristo tiene no solamente un conocimiento más profundo que los otros rabinos de la ley que enseña, sino que conoce mejor a los hombres. Ahí reside el secreto de la autoridad con la que enseña y que le coloca por encima de todos los demás (Lc 4, 32).

         En la época del Señor, el ejercicio de la medicina y los cuidados personales estaban estrictamente anulados el día del sábado, y ¡más valía que sufriera el enfermo, antes que el honor de Dios! Comprendiendo que la gloria de Dios está servida en 1º lugar por la bondad hacia los infelices (v.9), Jesús no duda en practicarla para honrar el sábado.

         Liberar a un pobre de las cadenas del mal, ¿no es una manera más profunda de santificar este día aniversario de la liberación de Egipto que el mantenerlo en la esclavitud en pro del pretendido honor de Dios?

          El sábado era observado porque estaba ordenado por la ley de Dios y constituía una característica por la que el judío se distinguía del mundo pagano ambiente. Grande fue, por tanto, el escándalo cuando el rabino Jesús osó poner en tela de juicio, no la ley, sino la manera de obedecerla y cuando fue sospechoso de preferir el hombre a la gloria de Dios.

         El judaísmo situaba en general todas las prescripciones del AT sobre el mismo plano, puesto que todas ellas eran igualmente órdenes de Dios, pero concedía una cierta preferencia a las prescripciones cultuales en las que el hombre se eclipsa aún más ante el honor de Dios. Así ocurría con la circuncisión y con el sábado.

         De hecho, Jesús reconoce que la ley representa la voluntad de Dios, pero le niega una autoridad puramente formal y externa. El hombre debe interpretar la Escritura para reconocer en ella el mandato de Dios. Por otra parte, sólo hay obediencia verdadera allí donde el hombre reconoce que la orden le concierne.

         Es esta, además, la razón por la que puede realizar actos en comunión con Dios allí donde no existe ningún mandamiento preciso. Este es el sentido, al parecer, de la pregunta planteada por Jesús en el v. 9: es en todo caso el de la verdadera obediencia. Cristo desprecia a los fariseos que se creen perfectos porque son fieles a la ley, pero que, en el fondo, son infieles porque han ahogado toda noción de fraternidad y de solidaridad.

         Existe, pues, una obediencia más radical que la sumisión a la ley; la que cumple el ego más profundo, allí donde Dios está presente, más allá del miedo de haber faltado al deber y del desprecio de los que juzgan al prójimo desde fuera, sin conocer su corazón.

Maertens-Frisque

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         Otro día, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar. Pero "todavía era sábado", pues como era costumbre en Jesús, todos los sábados asistía fiel y regularmente a la reunión de plegaria.

         Pues bien, había allí un hombre que tenía el brazo derecho atrofiado, y los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado y encontrar de qué acusarlo. Pero Jesús, añade el evangelio, "conocía sus pensamientos".

         Muchas veces los evangelistas subrayan que Jesús era un "conocedor del corazón humano" (Jn 1,48; 2,24; 4,17; 6,61) Esto era, en él, un don divino, pero que, por razón de la ley de encarnación, se expresaba en forma de una agudeza psicológica particular. Así nos encontramos a veces con personas dotadas de una facultad especial para leer en los corazones y adivinar, por señales casi imperceptibles, ciertas realidades escondidas. Humanamente eso viene de una "atención al otro", de una capacidad de "ponerse en lugar de los otros".

         Entonces dijo Jesús al hombre del brazo atrofiado: "Levántate y ponte ahí en medio de todos". El texto no dice que el hombre pidiera el milagro. Jesús toma la iniciativa precisamente porque prestaba atención a ese desgraciado. Señor, danos esa delicada atención de simpatía por los que sufren. Haznos descubrir las penas ocultas.

         Y a los fariseos, Jesús les pregunto: "¿Qué es lo que está permitido en sábado, hacer el bien o hacer el mal; salvar una vida o acabar con ella?". Tratemos de comprender bien lo que se juzga detrás de esa pregunta. Los fariseos tenían un tal sentido del "honor de Dios" que era preciso cuidar de su gloria ante todo. El descanso obligatorio del sábado tenía ese sentido.

         Por supuesto, Jesús no viene a discutir ese sentido de la gloria de Dios. Pero en lugar de considerarla una mera observancia legalista, va hasta el fondo de la razón que justifica el sábado; entiende que la Gloria de Dios es exaltada en 1º lugar por el bien que se hace a los desgraciados, por la "vida salvada" a alguien.

         Si Jesús contraviene una tradición, no es para destruirla, sino para darle profundidad. Liberar a un pobre enfermo de su mal, es, para Jesús, un modo más verdadero de santificar el "día del Señor", que dejar a un hombre en el sufrimiento, por el pretendido honor de Dios.

         Entonces, echando una mirada a todos, Jesús le dijo al hombre: "Extiende tu mano". El hombre lo hizo, y su mano quedó normal. Una vez más, Dios hizo el bien, y los fariseos, furiosos, discutían qué podrían hacer con Jesús, acusándolo de preferir la salud del hombre que la gloria de Dios. Definitivamente, los fariseos se han estancado en las reglas formales.

Noel Quesson

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         De nuevo escuchamos hoy la tensión en torno al cumplimiento del sábado. Esta vez no por las espigas que comían por el campo, sino por una curación hecha en la sinagoga precisamente en sábado.

         Jesús se da cuenta del dolor de aquel hombre. El enfermo con el brazo paralizado no le dice nada, pero se debía leer en su cara la súplica. Los fariseos están al acecho para ver qué hará. Pero Jesús "sabía lo que pensaban", y por eso les provoca con su pregunta: "¿Qué está permitido en sábado?". No contestaron. Entonces Jesús, "echando una mirada a todos" (omitiendo Lucas lo que dice Marcos, de que esta mirada estuvo "llena de ira y tristeza"), curó al buen hombre.

         La reacción no se hizo esperar: "ellos se pusieron furiosos".

         Es evidente que Jesús no desautoriza aquella institución tan válida del sábado, el día dedicado al culto de Dios, a la alegría, al descanso laboral, a la oración, a la vida de familia, al agradecimiento por la obra de la creación. Más aún, parece como si él ese día acumulara sus gestos curativos y salvadores.

         Lo que critica es una comprensión raquítica, más preocupada por cumplir unas normas, muchas veces inventadas por las varias escuelas, que por el espíritu de fe que debe impregnar la vivencia de este día. No se podrá trabajar en sábado, y por tanto no habrá que hacer curas médicas a no ser que sean necesarias. Pero extender el brazo y decir una palabra de curación ¿es trabajar? El recoger unas espigas y comer sus granos al pasear por el campo, ¿es un trabajo equiparable a la siega?

         Las escuelas de los fariseos habían llegado a interpretar el sábado convirtiéndolo en día de preocupación casuística en vez de en día de libertad. Jesús enseña actitudes más profundas, más preocupadas por el espíritu que por la letra. Y nosotros tendríamos que aplicar esta enseñanza a muchos detalles de nuestras normas de vida. Las normas están muy bien, y son necesarias, pero sin llegar a un legalismo formalista. No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre (Mc 2, 27).

         Hay instituciones muy válidas y llenas de espíritu: el domingo cristiano, la celebración de la eucaristía, el rezo de la liturgia de las horas. Realidades que tienen importancia para la vida de fe, y que necesitan, dado su carácter de comunitarias, unas normas para su realización.

         Pero no se tenían que haber rodeado, en la historia, de normas tan estrictas y minuciosas que a veces ahogan la alegría de su celebración. En vez de esponjar el ánimo y alegrarse con Dios y dedicarle una alabanza sentida y celebrar su comida pascual en el día consagrado a él, a veces nos hemos limitado a crear un clima de mero cumplimiento exterior.

         Lo mismo pasa con la relación entre el culto (la celebración de la sinagoga en sábado) y la caridad fraterna (¿puedo curar a este buen hombre?). Para Cristo hay que saber conjugar las 2 cosas. Va a la sinagoga, porque es sábado, pero también cura el brazo paralítico de aquella persona. Y por el tono del relato, se nota claramente que da prioridad a la persona que a la institución.

         Los cristianos debemos rezar y celebrar la eucaristía en domingo. Y a la vez, precisamente ese día, nos deberíamos mostrar fraternos y sanantes, con detalles de caridad y buen corazón con las personas cercanas que, aunque no nos lo pidan, ya sabemos que necesitan nuestro interés y nuestro cariño.

José Aldazábal

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         Hoy Jesús nos da ejemplo de libertad. Tantísimo hablamos de ella en nuestros días. Pero a diferencia de lo que hoy se pregona y hasta se vive como libertad, la de Jesús es una libertad totalmente asociada y adherida a la acción del Padre. Él mismo dirá: "Os aseguro que el Hijo del hombre no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace el Hijo" (Jn 5, 19). Y el Padre sólo obra, sólo actúa por amor.

         El amor no se impone, pero hace actuar, y se moviliza devolviendo con amplitud la vida. Aquel mandato de Jesús de "levántate y ponte ahí en medio" (v.8) tiene hoy la fuerza recreadora del que ama, y por la palabra obra. Y aquel otro de "extiende tu mano" (v.10) restablece definitivamente la fuerza y la vida a lo que estaba débil y muerto.

         Salvar es arrancar de la muerte, y es la misma palabra que se traduce por sanar. Jesús sanando salva lo que de muerto había en ese pobre hombre enfermo, y eso es un claro signo del amor de Dios Padre para con sus criaturas.

         Así, en la nueva creación en donde el Hijo no hace otra cosa más que lo que ve hacer al Padre, la nueva ley que imperará será la del amor que se pone por obra, y no la de un descanso que inactiva, incluso, para hacer el bien al hermano necesitado.

         Entonces, libertad y amor conjugados son la clave para hoy. Libertad y amor conjugados a la manera de Jesús. Aquello de "ama y haz lo que quieras" de San Agustín tiene hoy vigencia plena, para aprender a configurase totalmente con Cristo Salvador.

Julio Ramos

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         Es duro, a veces, escuchar las críticas dirigidas a los cristianos. En algunos casos no provienen de nuestros círculos, son malintencionadas y nos pueden parecer injustas y desprovistas de objetividad. En otros casos son de personas que se relacionan con Dios con gran sinceridad y buscan una mayor fidelidad y compromiso. En cualquier caso, es bueno escucharlas.

         La lectura de hoy me ayuda a poner palabra a estas desviaciones y ambigüedades que desfiguran el Espíritu de Jesús, porque la relajación y mediocridad ya acechaban a la comunidad cristiana primitiva, todavía en contacto con el judaísmo (a que dirige Lucas la lectura de hoy).

         Se dice, por ejemplo, que la religión cristiana promueve el infantilismo y genera personas poco responsables y comprometidas en construir una sociedad mejor. Si esto sucede es porque olvidamos al Dios predicado por Jesús interesado por la felicidad de todo ser humano por encima de toda suspicacia farisea.

         Ver a Jesús acercarse al hombre del brazo paralítico, a pesar de las miradas acusadoras de los fariseos, no desresponsabiliza nunca, sino que urge a vivir buscando siempre el bien de los hermanos. Pues "¿qué esta permitido hacer: el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?".

         Se afirma también que los católicos se caracterizan por una mentalidad que los mantiene atados al pasado, incapaces de liberarse del lastre de ritos, lenguajes y costumbres de otros tiempos. Si esto sucede, es sin duda, porque se olvida el Espíritu creador y renovador de Jesús, pasando por encima del sábado y de las iras de letrados y fariseos. Jesús nos coloca no ante un conjunto de leyes, sino ante las exigencias del amor: "Levántate y ponte ahí en medio".

Teodoro Bahillo

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         Jesús, la reacción de los escribas y fariseos ante tu curación en sábado me muestra la importancia de las disposiciones interiores para recibir tu gracia. Ante tus milagros, la gente sencilla y humilde se maravillaba y decía: todo lo ha hecho bien (Mc 7, 37). Por el contrario, los escribas y fariseos se quedaron completamente ofuscados y discutían entre sí qué harían contra Jesús.

         Tú les preguntas: "¿Es lícito en sábado hacer el bien?". Pero ellos no responden. No quieren hablar porque no quieren cambiar sus ideas equivocadas. Su soberbia les impide convertirse y entender el sentido de tus milagros. Y lo que debía ser una luz (pues tus milagros muestran que eres el Mesías) se convierte en una oscuridad aún mayor: se quedaron completamente ofuscados.

         Lo más horrible de ese pecado es que, cuanto más domina al hombre, menos culpable se cree éste del mismo. Pues como dice el Cura de Ars, "jamás el orgulloso querrá convencerse de que lo es, ni jamás reconocerá que no anda bien: todo cuanto hace y todo cuanto habla, está bien hecho y bien dicho" (Sermón sobre el Orgullo).

         Jesús, a veces me construyo mis propias interpretaciones, diciéndome "esto no está tan mal", o "todo el mundo lo hace así", o "la culpa es del ambiente, o de los demás". Y en vez de explicar mis dificultades en la dirección espiritual, me quedo con mis ideas, con mis dudas o con mis excusas. De esta manera no lucho por mejorar; y cada vez me siento más a oscuras.

         Me has pedido una sugerencia para vencer en tus batallas diarias, y te he contestado: al abrir tu alma, cuenta en primer lugar lo que querrías que se supiera. O como decía San José Mª Escrivá: "Abre tu alma con claridad y sencillez, de par en par para que entre, hasta el último rincón, el sol del Amor de Dios (Forja, 126).

         Jesús, me has dado un gran medio para vencer en mis batallas diarias, en mi lucha por mejorar, por parecerme más a ti. La dirección espiritual es el mejor modo de abrir mi alma, de ventilar esos pensamientos, intenciones y hechos que empezaban a perder la vibración propia de un hijo de Dios.

         Jesús, tú sigues realizando milagros, sigues enviando tu gracia. Pero no todos son capaces de aprovecharla. Los que están ofuscados por la soberbia y creen que no necesitan abrir su alma a nadie, cada vez se enredan más en sus propios defectos. Por el contrario, si tengo la sencillez de dejarme ayudar en la dirección espiritual, ¡qué claro es el camino, y qué abundante es tu gracia!

         Jesús, ayúdame a ser sincero en la dirección espiritual, contando en 1º lugar lo que me cuesta más explicar. Así el diablo resulta siempre vencido. Ayúdame a ser valientemente sincero en la dirección espiritual y también yo recibiré la fortaleza que necesito para vencer en la lucha diaria contra mis defectos y pasiones.

         De la misma manera que al hombre de la mano seca le pediste que hiciera el esfuerzo de estirarla para quedar curado, a mí me pides el esfuerzo de contar lo que me cuesta para darme tu gracia. Lo hizo, y su mano quedó curada.

Pablo Cardona

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         No cabe duda de que este pasaje marca un paso en el proceso de confrontación entre Jesús y sus adversarios. Jesús, en esta ocasión, toma la iniciativa y desafía a los letrados y fariseos, quienes se presentan con mala intención. Buscan la manera de prenderlo en un acto que diera pie a una acusación formal.

         Por su parte la curación es un bien, ya que la enfermedad es anticipo de la muerte. Omitir un bien es sinónimo de hacer el mal (sería un acto de omisión). Jesús en este caso hace el bien, aunque sea sábado, provocando a aquellos inhumanos intérpretes de la ley, y ellos reaccionan, a falta de razones, indignados y prestos a tomar una medida contra Jesús.

         La acción de Jesús nos enseña cómo la ley debe estar al servicio y el bien de toda persona humana. Jesús manda a aquel hombre de la parálisis en el brazo, en pleno sábado, ponerse en medio. Lo sitúa en el centro de la escena y lanza un argumento con fuerte lógica: ¿qué está permitido en sábado, hacerle bien a uno o dejarlo con su mal, salvar una vida o dejarla morir?

         Hoy día se cometen muchos abusos aduciendo pruebas legales. Se condena a uno por robarse un pedazo de pan y se absuelve a otro que se apropió indebidamente de los bienes del estado. Millones pasan hambre y viven en condiciones infrahumanas por sistemas económicos legales. Mientras más se cumplan ciertas leyes, más personas habrá en el mundo malviviendo, en la lucha por la supervivencia.

         Hacen falta personas libres que den la cara y, como Jesús, pongan en el centro de la escena los rostros de la miseria y pregunten a los interlocutores responsables de esta situación. ¿Qué está permitido en este sistema, hacer el bien o dejar morir?

Confederación Internacional Claretiana

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         La sinagoga es uno de los principales lugares de conflicto. Es el sitio de la ortodoxia y la solemnidad. Jesús desafía a fariseos y escribas en un espacio que ellos consideran exclusivamente suyo. Y el desafío no está dirigido a conseguir renombre sino a defender la dignidad de los seres humanos.

         Había en esa sinagoga un hombre postrado por la enfermedad. Su abatimiento era símbolo de la marginación social a que estaba sometido. Su mano derecha paralizada le impedía desempeñarse laboralmente y además constituía un defecto que lo convertía en un ser impuro. La interpretación oficial de la ley lo mantenía en una condición de hombre marginado.

         Jesús se opone a esto y en nombre de la dignidad humana y de la misericordia divina restablece la dignidad de la persona. En 1º lugar le pide que se levante, que no se siga considerando a si mismo como un ser de poco valor. Para Jesús la enfermedad, el pecado y las carencias humanas no le restan dignidad al ser humano.

         En 2º lugar apela al sentido liberador de la ley, para terminar por cuestionar las prácticas opresoras de los ortodoxos. Ante el silencio encubridor de las morales inhumanas, restablece el valor de la persona ante la comunidad. Sus opositores se ofenden y se cierran a la interpelación divina.

         Hoy nos enfrentamos a muchos grupos que pretenden tener el modelo para regir la vida humana, y a los que no les importa si sus políticas dignifican o esclavizan al ser humano. Por eso, en nombre de las nuevas leyes del mercado y de sus dogmas incuestionables, someten a la humanidad a un empobrecimiento que merma las potencialidades humanas. Como hizo Jesús, debemos cuestionar esas leyes inhumanas, y desterrar el silencio cómplice de las morales corruptas.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 07/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A