13 de Octubre
Martes XXVIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 13 octubre 2026
Lc 11, 37-41
Apenas terminó Jesús de hablar, "un fariseo lo invitó a comer a su casa" (v.37). Por lo que se ve, un fariseo se ha sentido aludido por las respuestas de Jesús, y lo ha invitado a su casa para aclarar las cosas. O sea, que no sólo los fariseos estaban presentes, sino que eran los objetores que trataban de descalificarlo.
No se precisa ser demasiado listo para colegir que la invitación del fariseo encerraba segundas intenciones, pues le faltaban pruebas irrefutables sobre su manera libre de proceder al margen de la ley. Y por eso no puede sufrir que Jesús, en su casa y en el solar patrio de la ortodoxia, se salte el precepto de purificarse antes de comer (v.38). Definitivamente, los fariseos han montado una sociedad dividida entre puros e impuros, entre buenos y malos, y de ahí que "se extrañaran", como se extrañaron las multitudes (v.14), al ver que Jesús no observa el ritual de lavarse las manos.
A la actitud de los fariseos, que ponen su empeño y religiosidad en el cumplimiento de ritos exteriores, opone Jesús la actitud del discípulo, que se esfuerza por la pureza interior, que pone lo esencial en el corazón. El corazón, lo profundo del hombre, su interior, es lo que importa mantener limpio. Porque aquello que brota del corazón (la injusticia, la rapacidad, la avaricia) es lo que mancha al hombre (vv.10-18). La actitud farisea, en realidad, no conoce a Dios aun cuando le tenga constantemente en los labios (Is 29, 13).
Josep Rius
* * *
El rito convertido en absoluto pierde el contenido de encuentro con Dios y la capacidad de experimentar su gratuidad y misericordia. Porque el rito es utilizado de manera interesada, pensando en el mérito con el que se pretende manipular a Dios. Su amor gratuito queda confundido con la retribución que ata en la recompensa.
La antítesis "por dentro" y "por fuera", establecida en el v. 39, apunta a la coherencia moral nacida de la autenticidad de vida, que es el origen y el marco de toda ley (en contraposición al cumplimiento externo de leyes y legalismos vacíos) y de la verdadera apertura a Dios y a los hermanos.
De ahí la sentencia de Jesús: "Dad limosna de lo de dentro" (v.41). Pero no sólo por la limosna (considerada por los judíos como una de las obras más excelentes), sino por la expresión "de dentro", que alude a la profunda experiencia interior, del que da cabida en su corazón al amor solidario y operativo (ante el carente y expoliado).
Supera así Jesús el cumplimiento legalista de aquel fariseo que le invitó, el de dar dinero en atención a la prescripción legal, porque esa legalidad descuidaba la práctica de la misericordia. El legalismo medía el valor de una persona por su fidelidad a las prácticas legales (lavarse las manos, dar limosna...), y eso es lo que corrige Jesús al fariseo.
El relato de hoy destaca que lo que mancha al ser humano no es la falta de un cumplimiento ritual, sino la maldad interior, que convierte al hombre en injusto respecto a los otros, cerrado a la gratuidad y opuesto a la misericordia, como don primordial del reino de Dios.
Juan Mateos
* * *
Llama la atención la valentía de Jesús para denunciar la hipocresía humana. Invitado por un fariseo a comer, no duda en aceptar y en recostarse a la mesa con él. Los fariseos eran los representantes de la ley y de la ortodoxia y proclamaban que el reinado de Dios se instauraría el día en que nadie dejase de observar los preceptos más insignificantes de la ley.
Por eso este fariseo no puede soportar que, en su misma casa, Jesús no haga la ablución o lavado de manos ritual (los esenios se lavaban todo el cuerpo) antes de comer para eliminar cualquier contaminación o mancha adquirida en el contacto con los hombres y el mundo.
Aunque ésta era una práctica exigida solamente a los sacerdotes en el AT, sin embargo se había extendido a todo el pueblo. Jesús no cree que el contacto con la realidad humana o mundana separe al hombre de Dios, de modo que haya que estar purificándose constantemente. Más bien lo contrario, y quizás por eso no se lave las manos. El fariseo, sin embargo, se extraña haciendo un gesto de estupor y desaprobación.
Aunque el fariseo no expresa a Jesús con palabras su extrañeza, éste se apresura a recriminarlo no solo a él, sino a los fariseos en general por la observancia de tantas minucias y ritos exteriores, detectando que por dentro su corazón está lleno de robos y maldades, denunciando de este modo también su desmesurado apego al dinero, dato indicado también por el evangelista antes de la Parábola de Epulón y Lázaro (Lc 16, 14).
Con cuánta frecuencia por desgracia van unidas codicia y religión, dinero y piedad. Los fariseos, los puros, son realmente insensatos. Por eso Jesús les recomienda la conversión que se mostrará cuando den lo que tienen en limosnas, y de este modo queden totalmente limpios por fuera y por dentro.
La actitud de cara al dinero es en el evangelio de Lucas el verdadero test que prueba la actitud para con Dios. La generosidad en el compartir es la expresión de fe y de ética que Dios prefiere. También hoy en un mundo en el que hay tanta necesidad, carencia y hambre.
Fernando Camacho
* * *
Un fariseo invita hoy a Jesús a comer a su casa, y Jesús entró y se puso a la mesa. Jesús era invitado a menudo y él aceptaba. No obstante, veremos que no por eso Jesús se sometía a las costumbres sociales o religiosas de la época.
En 1º lugar, nos dice Lucas que "el fariseo se extrañó al ver que Jesús no se lavaba antes de comer", pues "había que lavarse las manos antes de ponerse a la mesa" (Mc 7, 2). Esa ablución ritual tenía mucha importancia para los doctores de la ley. Era necesario hacer ese gesto para ser considerado como persona verdaderamente piadosa. Ahora bien, Jesús la omite (Mt 15, 20), y sus discípulos le siguen (Mt 15, 2). Y he ahí que la comida fraternal comienza a volverse tensa, por el conflicto de la legalidad.
Jesús no está de acuerdo con la postura tomada por su anfitrión, y a éste le choca la actitud desenvuelta de Jesús. Evidentemente, Jesús lo ha hecho ex profeso, e incluso explicará por qué rehusó hacer ese gesto: porque "vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis repletos de robos y maldades".
Pero ¿quién es puro delante de Dios? Para los fariseos, era puro el que practicaba minuciosamente las prescripciones rituales. Para Jesús, es puro aquel cuya conciencia es pura, pues lo que ensucia al hombre no es el polvo, sino el "robo y la maldad". Jesús va directamente a lo esencial.
Jesús opone la religión exterior de los fariseos a la religión del corazón, la única que agrada a Dios (Lc 6,45; 10,27; 12,34; 21,34; 24,25; 16,15). En todo el AT, el corazón era el "centro profundo del hombre", más allá de los impulsos superficiales y ocasionales. Y de ahí la expresión corriente judía: "Lo que me embarga el corazón". Esto es lo que contaba para Dios, aunque los fariseos lo hubiesen sepultado.
Pero dejemos a los fariseos, porque ¿cuál es mi opción preferencial? ¿Qué es lo que quiero más hondamente? Porque ahí está esperándome Jesús, para decirme: "Insensato, el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior?". Efectivamente, Dios no es sólo el creador de las cosas visibles exteriores, sino ante todo el que ha hecho el corazón humano, y ha creado la conciencia.
Al rehusar lavarse las manos en la casa de ese fariseo, Jesús quería acentuar esto: la pureza exterior supone desconocer a Dios, porque lo que Dios creó por encima de todo fue la pureza exterior. Y esto es lo que cuenta, mucho más que aquello.
En 1º lugar, nos dice Jesús que la pureza es "dar en limosna lo que tenéis". Es decir, que la pureza interior es el resultado del amor a los demás, y el amor fraterno y la limosna hacen puro nuestro corazón. Confesemos que no esperábamos esta definición de la pureza.
El proyecto fundamental del hombre es amar. El término limosna no debe engañarnos, porque al igual que ha sucedido con el término caridad, hoy se ha desvalorizado. Por ello, no nos detengamos en las palabrerías, sino que pongamos encima de la mesa la realidad, que es lo que cuenta y tiene importancia (Lc 12,33; 16,9; 19,8; Hch 9,36; 10,2-4; 11,29; 24,17). Escuchemos de nuevo esa frase sorprendente de Jesús, y tomémosla muy en serio: "Daos vosotros mismos como limosna", y todo será puro para vosotros.
Noel Quesson
* * *
Continúa el viaje de Jesús hacia Jerusalén, y en este contexto sitúa Lucas una serie de recomendaciones y episodios. Durante tres días escucharemos las duras invectivas de Jesús contra los fariseos.
Los fariseos eran ciertamente cumplidores de la ley, y estaban deseosos de agradar a Dios en todo. Pero tenían el peligro de poner todo su empeño sólo en lo exterior, de cuidar las apariencias, de sentirse demasiado satisfechos de su propia santidad. Por eso les ataca Jesús, con el deseo de que reflexionen y cambien.
Tal vez no haya que pensar que Jesús dijo todo eso en casa del fariseo que le había invitado a comer, pues a Lucas le gusta agrupar las enseñanzas de Jesús contra los fariseos. De hecho, Mateo y Marcos las sitúan en otro contexto. Lo importante es la acusación que hace Jesús a los fariseos, que cuidan lo exterior ("limpiarse las manos", "purificar los vasos por fuera") y descuidan lo interior ("por dentro rebosáis de robos y maldades").
Respecto a lo de "dar limosna", se trata de uno de los temas preferidos de Lucas, que añade "dar limosna de lo de dentro", aludiendo a darse a sí mismo (tiempo, intereses, con el corazón) y no sólo con apariencia exterior.
Para Jesús, los detalles exteriores, que pueden ser legítimos, no son tan importantes como las actitudes interiores. Por supuesto que hay gestos externos y ritos celebrativos en nuestra vida de fe. Y el mismo Jesús nos encargó que hiciéramos el doble gesto del pan y del vino en memoria suya. Pero lo que desautoriza aquí Jesús es que nos quedemos en mero formalismo y nos contentemos con lo exterior, porque esos gestos deberían ser la consecuencia de lo interior.
Nosotros ya no nos escandalizamos cuando alguien no se lava las manos. Pero puede haber otros escándalos farisaicos equivalentes, si nos contentamos con limpiar lo de fuera, mientras que lo de dentro lo tenemos impresentable. O si ponemos demasiado énfasis en los detalles, y casi hacemos depender de ellos la justicia o la salvación de alguien.
José Aldazábal
* * *
Por el evangelio de hoy, se diría que Jesús es un inoportuno, o políticamente incorrecto. Porque es invitado a una casa, se sienta a la mesa y le suelta un rapapolvos a su anfitrión: "Estáis llenos de rapiña".
Más allá del gesto improcedente del invitado, desciende sobre nosotros el mensaje directo de lo que el Maestro apunta: que Dios mira el corazón, y lo que importa es el interior. En efecto, lo que más importa son los sentimientos generosos, el corazón no endurecido, los ojos limpios del alma, la libertad de los hijos de Dios, la bondad que sale de dentro y estalla por todas partes.
Los ritos, fórmulas o costumbres sociales, realmente son interesantes. Pero han de quedar en un nivel mucho más bajito que la vivencia interior. Mejor aún, todo el ropaje externo será bueno, y tendrá elegancia y olerá a auténtico, si realmente trasparenta la riqueza atesorada en el corazón.
Conrado Bueno
* * *
Jesús sigue hoy en altercado con el fariseísmo, al descubrir que los fariseos han hecho de su religiosidad una simple fachada de santidad, reduciéndose a las normas exteriores de conducta y rechazando todo cambio profundo que lleve al amor hacia los demás.
El mensaje de Jesús insiste, por el contrario, en la necesidad de un cambio interior y sincero. Un cambio que, sin descuidar las normas de vida comunitaria o cultural, provoque el advenimiento de una sociedad más normal y equilibrada. Por ello, poca alabanza damos a Dios entregando diezmos en el templo, o haciendo alguna limosnita, si no sentimos el dolor del que sufre en carne propia la miseria, y pasamos de largo frente a los hermanos necesitados.
Los fariseos pasaron a la historia, y dejaron de existir. Sin embargo, el fariseísmo sigue siendo el pecado típico que siempre acecha al hombre y a la mujer religiosos. Por ello, tenemos que cambiar de actitud, no atendiendo tanto a las rúbricas cuanto a aprender a amar como hijos de Dios. Jesús no nos enseñó a seguir un conglomerado de ritos (salvo los esenciales), sino a atender la vida del ser humano, realidad fundamental y verdad única del reino de Dios.
Severiano Blanco
* * *
Para ser realmente discípulos Cristo no basta con cumplir unos ritos puntual y exactamente cumplidos, porque esos ritos no nos justificarán y porque podrían salir de Jesús aquellas palabras con que él recriminaba a los hipócritas: "Este pueblo me honra con los labios, mientras su corazón está lejos de mí".
Dios no quiere ser el dueño de las exterioridades, sino de todo nuestro ser. Y por eso hemos de vivir con un corazón puro y misericordioso. Esto no sólo nos llevará a darle culto, sino a amarlo sirviendo a nuestro prójimo, socorriéndolo en sus necesidades. Entonces quedaremos realmente limpios, viviremos con el corazón sólo centrado en Dios (libre de las esclavitudes pasajeras), y el día de nuestra muerte seremos justificados.
Quienes participamos de la eucaristía no podemos vivir con hipocresía, y mucho menos a la hora de manifestar nuestra fe en la vida ordinaria. No podemos venir al templo a poner una cara de bondad y de piedad, para después volver a nuestra casa y tratar mal a los nuestros, o ir a nuestro trabajo y comportarnos de un modo deshonesto.
El mundo está requiriendo personas que vivan comprometidas con la paz, con la fraternidad humana y con las preocupaciones interiores de las personas (ecología, trabajo, vivienda...). La vida de fe no puede quedarse únicamente en oraciones, sino que ha de trascender a la vida ordinaria por darle un nuevo rumbo a nuestro mundo y su historia.
Roguemos al Señor que nos conceda la gracia de saber vivir con lealtad nuestra fe, sabiendo que hemos sido llamados como discípulos a vivir como Jesús, como constructores de un mundo que día a día se vaya renovando en Cristo, para gloria del Padre y bien de todos nosotros.
José A. Martínez
* * *
Jesús, tú te quejas hoy de que algunos fariseos cuiden tanto el cumplimiento externo de la ley, a la vez que por dentro no luchan por erradicar sus defectos e impurezas. Este cumplimiento se convierte en un "cumplo y miento", en una hipocresía que, por estar revestida de bien, hace un gran daño al prójimo. La hipocresía es el peor ejemplo: escandaliza a los que tratan de vivir la ley de Dios y aparta a los que podrían llegar a conocerla.
Jesús, yo también tengo el peligro de vivir hipócritamente mi vida cristiana, especialmente cuando asisto a la misa. Cuando voy a misa y comulgo, de alguna manera te estoy invitando a entrar en mi casa, en mi vida. La misma participación en la misa, tiene un elemento de cena: "Dichosos los invitados a la cena del Señor". Como dice el Catecismo de la Iglesia:
"La misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el cuerpo y la sangre del Señor. Pero la celebración del sacrificio eucarístico está totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros" (CIC, 1382).
Jesús, al recordarme que lo importante es la actitud interior, no niegas la importancia de los actos externos, sino que me previenes ante el peligro de quedarme en lo superficial, sin entender el sentido profundo de esas devociones. La misa, por ejemplo, está llena de gestos externos: hacer la señal de la cruz, ponerse de pie en la lectura del evangelio, arrodillarse ante el misterio de la consagración, darse la paz antes de la comunión... Pero ¿me quedo en los actos externos, o les doy el significado profundo que tienen?
Jesús, ¿cómo cuido la urbanidad de la piedad? La urbanidad de la piedad consiste en cuidar lo mejor posible estos detalles externos, no por rigidez mental sino por amor, por el significado que tienen.
Uno de estos detalles es la genuflexión ante el sagrario: doblar la rodilla al pasar por el lugar donde se reserva la eucaristía, a la vez que, por dentro, hago un acto de adoración, como por ejemplo: decir interiormente "te adoro con devoción, Dios escondido".
Otro detalle de urbanidad en la piedad es cuidar el vestido cuando voy a misa. Si la misa es un encuentro tan íntimo contigo, no puedo ir como si fuera a la playa. Otro detalle: rezar las oraciones de la misa con pausa y atención, poniendo la cabeza en lo que digo, en vez de contestar como si fuera un disco rayado. Jesús, ayúdame a cuidar estos detalles externos poniendo la cabeza y el corazón. De este modo no caeré en la hipocresía, sino que crecerá cada vez más mi amor a ti.
Pablo Cardona
* * *
En el evangelio de hoy, un fariseo invitó a Jesús a comer, y Jesús fue a su casa y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer. Pero el Señor le dijo: "Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera el vaso y el plato, mientras por dentro estáis llenos de robos y maldades. ¡Insensatos! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y entonces quedaréis limpios".
"Dar desde dentro" el algo que, realmente nos purifica. Sin embargo, algunos creen que si dan de lo que tienen se quedarán vacíos. Otras personas simplemente no están preparadas para dar lo que tienen desde dentro, o simplemente están un tanto mutiladas para dar lo que tienen.
Jesús nos invita a confiar en Dios, quién nos ha hecho tanto por dentro como por fuera. Él será quién de por nosotros. Por eso es que cuando damos lo que tenemos dentro nos purificamos, pues estamos dando no lo que hemos construido nosotros sino lo que Dios ha puesto para que podamos compartirlo. Muchas veces creemos que tenemos primero que purificarnos y luego dar, pero es a través de dar que nos iremos purificando. Será todo un proceso en el cual no debemos dudar que contamos con la ayuda del Espíritu Santo.
Miosotis Nolasco
* * *
Una cosa que no nos ayuda a crecer en santidad es el maximizar lo que quizás no es importante y minimizar lo que si lo es. Hoy en día, como en el tiempo de Jesús, se le da mucha importancia a la exterioridad. Incluso en el Sacramento de la Reconciliación se amplifican algunas de las faltas y se pasa por alto la caridad.
Existen personas que, cegadas por algunas faltas, muchas veces de carácter totalmente exterior o por defectos del carácter, no son capaces de ver sus faltas a la caridad hacia Dios y hacia los hombres. Quizás valdría hoy la penas que revisaran esas personas cuáles son sus criterios y sus prioridades. Y cuáles son las cosas verdaderamente importantes para ellos, pues de esto dependerá fundamentalmente su vida moral.
Ernesto Caro
* * *
El fariseo del evangelio de hoy invita a Jesús con delicadeza y cortesía. Y Jesús le acepta la invitación con la misma delicadeza. Pero luego viene la sorpresa: Jesús no se lava las manos, y además amonesta al fariseo por sus criterios de actuación. Amar y decir la verdad es propio de Jesús.
Leídas las palabras del evangelio, es bueno que nos preguntemos: ¿Sería tan duro el lenguaje de Jesús con el fariseo que le invitó a comer? ¿No habría en sus labios una insinuación a salvarle a él, desaprobando criterios viejos?
Los datos son claros: invitación, no purificación ritual externa (por parte de Jesús) y encarecimiento de la pureza interior (con que hemos de obrar). Seguramente las palabras de Jesús fueron más delicadas, penetrantes e insinuosas, que lo que un texto frío pueda insinuar.
Tal vez nosotros, en nuestras catequesis, hemos utilizado o utilizamos términos que endurecen el rostro de Jesús. Digamos las cosas con verdad y en caridad. Ganaremos más con ello. Muchas veces pensamos que tenemos que estar bien presentados para las fiestas, y si no significa que eres una persona maleducada. Pero ¿por qué nos fijamos en la presentación exterior cuando lo más importante es la interior?
Cristo se enoja con los fariseos porque no han sabido apreciar la belleza interior sin mirar la exterior, por eso purifican los vasos por fuera olvidándose de que lo importante está dentro no fuera. Pidamos la gracia de purificar nuestros corazones con los sacramentos y las oraciones que pueden limpiar el interior del hombre. Aprendamos a apreciar en las demás personas lo bello de sus almas y no tanto la fealdad o suciedad de la persona que está frente a nosotros.
Dominicos de Madrid
* * *
Ante nosotros se nos abren diversos caminos para el encuentro con Dios. Algunos de ellos son puertas que nos liberan de nuestros egoísmos, otros representan ilusiones que nos cierran aún más toda posibilidad de salida.
Se hace por tanto necesario discernir para poder escoger la forma adecuada que nos conduzca al encuentro con Dios. Porque en la búsqueda de pureza en la relación religiosa puede también esconderse una forma de evitar las sendas de la purificación.
De esa forma colocamos las acciones impulsadas por los egoísmos propios bajo la máscara o etiqueta del querer divino. Nuestra atención se dirige, entonces, a ámbitos que no tocan la raíz de donde surge nuestro aislamiento respecto a Dios y a nuestros hermanos.
Los remedios aplicados para sanear nuestra relación con Dios no alcanzan su objetivo ya que sólo sirven para reafirmarnos en nuestra codicia que sigue siendo la fuente que nos esclaviza y que nos impide la pureza que Dios nos exige.
El único camino posible debe, por el contrario, comenzar desde lo más íntimo de nuestro ser, y desde allí difundirse hacia el exterior. Si no parte de lo más recóndito de nuestro corazón donde la codicia impide el compartir, nuestra vida y nuestra relación con Dios no podrá nunca realizarse en la profundidad que nos exige el encuentro con todos nuestros hermanos, hijos del mismo Padre del cielo.
Por ello la limosna, si de verdad es auténtica, aparece en el pasaje que leemos como la única forma de compartir nuestra vida con nuestros semejantes y con Dios y por consiguiente como la forma de realizar la limpieza de nuestro interior.
Confederación Internacional Claretiana
* * *
Algunos grupos religiosos, como los fariseos, dieron a las normas más triviales una relevancia que no merecían. La intención que los guiaba era "ser perfectos" mediante el cumplimiento de un montón de normas. Sin embargo, olvidaron el espíritu de la ley. Y dentro de esas leyes estaban unas destinadas a diferenciar entre lo puro y lo impuro.
Su referencia era puramente la apariencia exterior, y lo esencial para ellos era estar limpio de faltas. E incluso la intención con la que promulgaron sus leyes eran muy buena: propiciar en el pueblo un ambiente apto para la relación con Dios.
Pero con el tiempo, esta intencionalidad se olvidó, y las leyes que estaban hechas para crear un buen ambiente se convirtieron en un arma de discriminación. Los enfermos eran expulsados de las familias, se creó un temor casi mágico frente a los cadáveres, y la limpieza se convirtió en un asunto ligado exclusivamente a los baños rituales.
Respecto a esto último, por ejemplo, la función de los baños rituales era purificar periódicamente al individuo para que permaneciera dentro del ámbito de lo sagrado. Pero acabó dándosele más importancia al baño que a las personas, o al propósito que se perseguía.
Por eso, Jesús confronta al fariseo, y lo llama a revisar sus actitudes de vida. Pues la pureza ritual acabó siendo excusa farisea para encubrir robos, rapiñas y malas intenciones. El pueblo acudía a ellos buscando un juicio justo, un consejo saludable, una defensa de los legítimos derechos. Y a los fariseos acabó por interesarle, únicamente, el rédito y beneficio económico de su servicio.
Jesús cuestiona estas prácticas, y muestra cómo fariseos y escribas son continuadores de una mala tradición que acabó por anular el valor del ser humano.
Servicio Bíblico Latinoamericano
![]()