10 de Diciembre

Evangelio del Sábado II

Mt 17, 10-13
Mercabá, 10 diciembre 2022

            Al bajar del monte, nos dice el evangelista, le preguntaron a Jesús sus discípulos: ¿Por qué dicen los letrados que primero tiene que venir Elías? Eran tiempos de expectación mesiánica. La pregunta alude a la venida del Mesías anunciado por los profetas. Los letrados entendían que esta llegada no se produciría sin una preparación previa y, por tanto, que el Mesías tendría su precursor. Al mencionar a este precursor lo representaban como un nuevo Elías. Según los entendidos en las Sagradas Escrituras, Elías tenía que venir antes, preparando así los caminos del Mesías. Ello explica la pregunta de los discípulos.

            La respuesta de Jesús no contradice la presunción de los letrados, pero pone de manifiesto la existencia de un rechazo que le alcanza a él mismo y a su misión. Elías vendrá y lo renovará todo –comienza diciendo, en la línea de la interpretación de los entendidos de la Ley-. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Los discípulos comprenden entonces que está hablando de Juan el Bautista. Juan es el Elías (=el profeta) que tenía que venir como precursor del Mesías. Pero esta venida ya se ha producido.

            Elías ya ha venido en la persona del Bautista, pero no supieron reconocerlo, sino que lo trataron a su antojo, como los niños antojadizos que, sentados en la plaza, decían: Hemos tocado la flauta y no habéis bailado. Y no lo reconocieron como al profeta enviado por Dios para preparar los caminos del Mesías porque no cumplía sus expectativas, porque no cumplía el perfil profético que ellos habían diseñado en su mente. Tal vez porque se había ensañado con ellos poniendo al descubierto sus vicios e hipocresías.

           Y sin embargo, cualquiera que conociera mínimamente a Elías, un profeta como un fuego, podía hallar una reproducción cabal del mismo en Juan el Bautista. Ambos hablaban con el mismo ardor y poder de convicción; ambos invitaban a la conversión; ambos denunciaban maldades e injusticias; ambos tenían el aspecto de un mártir, dispuestos a dar la vida por la verdad que proclamaban. Pero aquellos letrados no reconocieron en Juan a Elías, el profeta que tenía que venir. Y porque no le reconocieron ni le concedieron la autoridad moral de que estaba investido, le trataron a su antojo, es decir, le despreciaron como a un loco o un endemoniado, y se alegraron cuando tuvieron noticia de su muerte.

            Y no habiendo reconocido al Precursor, tampoco reconocieron al Mesías de quien era precursor. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos. El rechazo de Juan se acentuará aún más en su continuador, que padecerá mucho a manos de ellos. Jesús anuncia anticipadamente su propia pasión. Quienes no reconocieron en Juan la Voz de Dios, tampoco reconocerán su Palabra (hecha carne) en Jesús. Y el mismo rechazo que experimentó el Precursor lo experimentará el Mesías, que será llevado también a la muerte por sus contradictores.

            El rechazo del profeta tampoco era nuevo en la historia del pueblo de Israel, un pueblo que daba culto a sus profetas después de haberlos dado muerte y sepultura, como les echa en cara Jesús a aquellos letrados y fariseos que pretendían dignificar a sus antepasados. La historia del desprecio a los enviados de Dios para pedir cuentas de los frutos de la viña se repetía. Y el último enviado era el Hijo que, por ser precisamente el heredero, se convierte en el objetivo principal de sus maquinaciones asesinas.

           A esta historia de infidelidad, de rechazo o menosprecio, podemos pertenecer también nosotros, o bien porque no reconocemos al que nos ha sido enviado de parte de Dios como Salvador, o bien porque no le hacemos caso y acabamos tratándole en sí mismo o en sus apóstoles a nuestro antojo. Pero semejante actitud de desprecio o indiferencia no es inocua. Ha de tener necesariamente consecuencias. Puede que con esta falta de reconocimiento nos estemos cerrando puertas muy importantes para nosotros y nuestro destino, puertas de salvación.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ·CID, doctor en Teología

 Act: 10/12/22     @tiempo de adviento         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A