12 de Junio
Sagrado Corazón de Jesús
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 12 junio 2026
Lc 15, 3-7
Que Jesús tiene corazón para compadecerse de las miserias ajenas se ve una y otra vez en su conducta para con los miserables de este mundo, especialmente para con los publicanos y pecadores. Y eso fue algo que escandalizó a los fariseos, que no dejaban de censurarla y de repetir: Ese acoge a los pecadores y come con ellos.
Pero Jesús no se limita a encajar la crítica y a continuar adelante menospreciando tales comentarios, sino que hoy quiere hacer ver a sus adversarios que su actuación está plenamente justificada. Por eso, les propone esta parábola:
"Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".
Tal sería el comportamiento que se espera de un pastor que tiene realmente aprecio por cada una de sus ovejas. Aunque se trate sólo de una oveja entre cien, le merece todos sus desvelos. Y si se pierde, va tras ella hasta encontrarla. Y cuando la encuentra siente que está de enhorabuena.
Entonces, en lugar de reñir o castigar a la oveja, se la carga sobre los hombros, y convoca a sus amigos porque se siente afortunado, ya que la pérdida de la oveja (descarriada) es su propia pérdida, y el hallazgo un motivo extraordinario (un plus) de alegría que hay que festejar con los amigos y los vecinos.
Jesús equipara al pecador, pues, con esa oveja descarriada o perdida, ya que al fin y al cabo no deja de ser oveja de su rebaño. Por eso, su condición de perdida no rebaja el afecto o aprecio del pastor (que sigue estimándola como suya), sino que acrecienta su desvelo y le pone en marcha tras su búsqueda. Puede estar más cerca o más lejos, pero el pastor no dejará de buscarla, aunque eso le lleve tiempo y fatiga.
La actitud de Jesús para con los pecadores no es distinta de la de este pastor que se describe en la parábola. Y él presenta esta actitud como la cosa más natural del mundo: Si uno de vosotros tiene cien ovejas...
Esto es lo que se espera de cualquier pastor en semejantes circunstancias, luego ¿por qué admirarse (o escandalizarse) del trato dispensado a los publicanos y pecadores? En realidad, la alegría del pastor por el hallazgo de la oveja perdida es su propia alegría, y ésta es sólo el reflejo de la alegría que estalla en el cielo y que inunda el corazón de Dios.
La conversión de un solo pecador, que no es sino el reencuentro del hombre perdido con su Dios, será motivo de una alegría inusitada en el cielo. Y cabe suponer que esa alegría se multiplicará con la multiplicación de las conversiones.
Dios no persigue otra cosa que nuestra salud, y por eso nos envía a Cristo como médico y como pastor. La cohesión del rebaño (Iglesia) es sin duda un medio muy importante para evitar la dispersión y el extravío. Aun así, Dios no dejará de buscarnos por diferentes vías, hasta atraernos de nuevo a su redil. Esta búsqueda puede durar años, pero mientras haya vida siempre habrá tiempo para el hallazgo y el reencuentro. Y por tanto, también para la alegría.
Sea cual sea la situación en la que nos encontremos, no desesperemos nunca, porque en cualquier recodo del camino podemos encontrarnos con ese pastor que salió hace años tras nuestros pasos descarriados.
José Ramón Díaz Sánchez-Cid
Act:
12/06/26
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