HERÁCLITO DE ÉFESO
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Madrid, 1 noviembre 2019
Julián Marías, catedrático de Filosofía

a) Contexto

            Hoy vamos a analizar el pensamiento de Heráclito, que pone el acento en lo fugaz, en lo pasajero, en lo móvil, en lo que cambia, en la discordia, en la guerra, en la pluralidad de las cosas, en lo que fluye...

            Recuerden ustedes que el mes anterior hablamos de Parménides. Quiero recordar muy brevemente como Parménides era (entre los presocráticos) el primero que llegaba a una concepción conceptualmente rigurosa de la filosofía. Recuerdan ustedes cómo en él aparecía el concepto capital de toda la filosofía griega y posterior: el to on (lit. el ser), en su forma del participio de presente del verbo einai, on, o lo que se llamará posteriormente y en latín ens, ente.

            No obstante, este término de Parménides había sido posterior a otro concepto que se había descubierto con anterioridad, en los primeros escritos presocráticos: la physis (lit. la naturaleza), y su estudio de la peri physios, sobre la naturaleza.

            Entre medias de ambos, había intentado abrirse hueco un concepto intermedio: el odós (lit. la vía, el sendero), primordial en el pensamiento de Parménides y que es lo que vino a dar lugar al concepto de methodos (lit. camino, método) y sus 3 vías del ser:

-de lo que es, o vía de la aletheia o verdad por sí misma, que desvela, patentiza y manifiesta lo real,
-de lo que no-es, o vía impracticable,
-de lo que es y no es, o vía de la doxa u opinión de los mortales, que aparenta lo real.

            Pero lo fundamental en Parménides era su concepto del on, que las cosas consisten en (como el agua, que tiene consistencia en sí, y un modo fijo y permanente en su ser, aparte de consistir en una combinación de hidrógeno y oxígeno). Lo radical de Parménides es precisamente el quedarse en el consistir, y no pasar de ahí, ni de que el on es uno, es inconmovible, es invariable y no cambia. Pues, de esta manera, el concepto de physis pierde su sentido, ya que la naturaleza consiste precisamente en que las cosas brotan, nacen y crecen, se transforman, se modifican... por su kinesis o movimiento, para muchos griegos el motor del pensamiento.

            Este conflicto entre on y physis lleva a una situación paradójica, pues:

-el ente es inmóvil, imperecedero, ingénito, no engendrado...
-evidentemente hay cambios y movimiento...
-los cambios pueden afectar o no a la condición de las cosas, como su color, temperatura, tamaño...

            Parménides defendía que esos cambios producidos por el movimiento eran tan sólo aparentes, mientras otros filósofos griegos defendían que esos cambios producidos eran sustanciales.

            Este era el punto capital de la filosofía griega, que con toda razón planteaba un problema:

-la articulación invariable de un ser,
-las evidentes apariencias de los cambios, variedades y pluralidad de las cosas.

            Y aquí es donde surge la pugna entre Parménides y Heráclito.

            Mucho se ha discutido mucho sobre la contemporaneidad entre Parménides y Heráclito. Incluso a veces se ha considerado a Heráclito como anterior a Parménides. Yo no lo creo, pues en Heráclito hay demasiados elementos parmenideos, incluso en la medida en que se contraponen (pues la contraposición es un indicio de influencia, como está claro).

b) Contenido

            Heráclito era natural de Éfeso, y vivió a finales del s. VI y primera parte del s. V a.C. Se dice que era de origen real, y que tenía una procedencia entroncada con la familia regia de Éfeso.

            Teofrasto decía de él que era melancólico, y en otros círculos se le llamaba Heráclito ho Skoteinos, el Oscuro. También se le comparaba al oráculo de Delfos, que no afirmaba ni negaba, sino que revelaba el pensamiento mediante signos. Y es que Heráclito indicaba las cosas de manera alusiva, así como soltaba frases deslumbradoras y fuera de contexto, según las citas de otros filósofos sobre él.

            Heráclito repetía constantemente que panta rhei (todo corre, todo fluye). Se trata de la Teoría de la Variación, forjada bajo la idea de que «uno no se puede bañar dos veces en el mismo río», pues esa segunda acción sería diferente a la primera, su sujeto habría variado ya respecto al primero, y su objeto habría también cambiado en algo.

            También repetía Heráclito que polemos pater panton (la discordia es el padre de todas las cosas). Se trata de la Teoría de la Pluralidad, justamente contraria a la unidad. Pues «todo es, en realidad, como el fuego, que se enciende y se apaga, y así se transforma».

            Efectivamente, fíjense ustedes en el fuego, ejemplo de lo más inconsistente. ¿Qué forma tiene su llama? La llama no tiene forma permanente, sino que la está cambiando constantemente... O lo mismo pasa con una mesa, que en su tiempo fue árbol, se convirtió en tablillas hechas del árbol, acabó siendo un objeto fabricado por un carpintero, y algún día se corromperá y acabará siendo polilla. No obstante, toda esa madera está de momento ahí, y tiene una consistencia y forma determinada... pero ¡una llama no! Una hoguera está cambiando constantemente de forma, y de ahí que el fuego (pyr) sea precisamente el símbolo de la realidad que presente Heráclito.

            Hay más cosas todavía. Dirá también Heráclito que physys khryptesthai philéi (la naturaleza tiende a ocultarse). Se trata de la Teoría de lo Oculto, base de la diferencia entre lo patente y lo latente. Pues si a la naturaleza le gusta ocultarse, ésta se mantendrá oculta (latente), hasta que algo o alguien la evidencie o descubra, haciéndola manifiesta (patente). Proceso de descubrimiento que Heráclito llama aletheia (lit. verificación), lo que se des-vela, lo que se re-vela.

            Si algo latente se revela, esta actividad corresponde principalmente a lo latente, que se descubre y manifiesta. Evidente. Por eso la filosofía debe echar una mano, según Heráclito, y ayudar a que todo lo latente se desvele. Y esto ha de hacerlo mediante acciones humanas, con audacia y cierta impiedad, ya que des-cubrir es «hacer violencia sobre algo, que está oculto y no quiere que se sepa»[1].

            Pero hay otro concepto básico en Heráclito, cuando dice que odos ano kato mia kai oyte (el camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo). Se trata de su Teoría del Conocimiento, que viene a decir que:

-hay un conocimiento que lleva de lo manifiesto a lo oculto (hacia arriba),
-el conocimiento de lo manifiesto y oculto es de ida y vuelta (hacia abajo),
-ambos caminos son inversos (son uno y el mismo).

            Y esto va dejar planteado el gran problema de la filosofía griega, y si quieren ustedes de la filosofía sin más. Porque muchas cosas visibles, conocidas por todos y manejadas a diario... pueden dejar así de ser onta (lo que son en sí mismas), para convertirse en pragmata (lo que sirven) o khremata (lo que valen). De ahí que los sofistas empiecen a decir khremata anér (el dinero es el hombre), o empiece a surgir una especie de realidad paralela, ya que el on puede poder convertirse en el on que nosotros queremos que sea.

            Sí, eso empezó a ser así, y con una salvedad que es el camino de vuelta. Pues, según Heráclito, éste será siempre uno y el mismo. Es lo que se podía ver en los oráculos de Delfos, que indicaba por signos algo que iba a suceder por sí mismo, pero al mismo tiempo algo que tenía que hacerse por nosotros mismos. La empresa estaba ya escrita, pero la empresa seguía pendiente; estaba ya hecha pero había que hacerla.

            Este fue el doble camino en toda la filosofía griega, que entre dudas subrayaba:

-a veces el camino hacia lo oculto, latente y que verdaderamente es, abandonando así las cosas físicas,
-a veces el camino hacia lo manifiesto y patente, volviendo a las cosas y entendiéndolas desde su fondo latente.

            Este fue el problema de la physis y de los physei onta, de los entes y cosas naturales, y de la naturaleza como arjé o principio de todo. Pues desde Heráclito quedó claro que tenían también su parte oscura y no manifiesta, y que cuando ésta se descubriera volvería su conocimiento hacia atrás y no podría nunca llegarse hasta su final. De ahí que Aristóteles tuviese que distinguir entre:

-la physei, o lo que las cosas que son por naturaleza,
-las apotekhnes, o lo que las cosas son por arte o por técnica.

            No obstante, el propio Heráclito trató de solventar las dudas, mediante dos tipos de conocimiento que él consideraba capaces de superar toda dificultad: el conocimiento a través del nous y del to sophon.

            Heráclito rechazó la posibilidad del sophos (hombre sabio) y de la sophia (sabiduría), pero sí que consideró útil el conocimiento del to sophon (lit. lo sabio) como algo neutro, único, permanente e inmutable... y capaz de superar la dualidad entre lo cambiante y lo permanente. Sería una especie de espacio neutral, entre lo común y lo particular, entre el mundo de lo despierto y lo durmiente.

            En cuanto al conocimiento a través del nous (lit. visión), se trataba para Heráclito del otro elemento con unidad y permanencia, capaz de dar luz a la oscuridad. No como visión meramente sensorial (que también lo era, a nivel biológico), sino también intelectual (a nivel dominante) e incluso teológica (como ya Anaxágoras había propuesto con anterioridad).

c) Comentario

            Como ven ustedes, la contraposición entre Parménides y Heráclito parece que iba a ser total, y sin embargo ha resultado ser a última hora la otra cara de la moneda. Recuerdo que Ortega insistía mucho en que la filosofía griega no había dado la suficiente importancia a lo variable, cambiable e innovable. Y que siempre acababa diciendo que «es hora de la simiente de Heráclito dé su humana cosecha», aludiendo a su idea de la vida humana como mutable, creada y libre.

            En definitiva, yo sí que veo comunión entre Parménides y Heráclito. Lo que pasa es que la realidad puede ser vista desde 2 perspectivas distintas:

que lo real está ahí, presente, inmóvil y de forma permanente, siguiendo la línea de Parménides,
que lo real no está ahí, pues ya ha cambiado y variado el entorno, siguiendo la línea de Heráclito.

            Ven ustedes como la filosofía ha consistido en mirar a la realidad, en tratar de descubrirla, en ensayar nuevas perspectivas, y en llegar a unas conclusiones que, aunque apunten a realidades distintas, contienen dentro de sí los mismos elementos.

            Esto debe hacernos caer en la cuenta de la necesidad de la perspectiva, y de la insuficiencia de toda perspectiva. Es decir, que toda perspectiva es válida y en principio verdadera, pero que ninguna es suficiente, ni única, ni excluyente.

            Lo aconsejable en estos casos es trascender cada perspectiva particular, y descubrir en la insuficiencia de todas ellas la necesidad de una integración de todas ellas. Pues ninguna perspectiva (por mucho más verdadera que sea, respecto a las demás), agota la realidad.

            Por eso la filosofía es superior a las matemáticas, porque es un error decir que A es B y nada más. El error no está en decir que A es B, porque A es B. Pero lo falso es decir "y nada más", porque A es B, y C y D y... Toda verdad es verdadera, pero no es la única.

            Por eso tiene sentido hablar de los diversos estilos de la filosofía, y no analizarlos como un repertorio de errores matemáticos, sino como un catálogo de verdades insuficientes.

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  Act: 01/11/19       @fichas de filosofía            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A  

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[1] Por eso, las acusaciones de asebeia (lit. impiedad) fueron frecuentes en Grecia. De hecho, hubo filósofos que fueron perseguidos precisamente por eso, por haberse atrevido a indagar en lo oculto, y haber sacado a la luz la verdad (como Sócrates, por ejemplo).