JAMBLICO
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México D.F, 1 febrero 2020
José Molina Ayala, catedrático de Filología

            En su Ciudad de Dios, San Agustín afirmaba que los filósofos más recientes, a quienes pareció bien que Platón debía de ser seguido, no quisieron llamarse peripatéticos o académicos, sino platónicos. Y entre éstos se encontraban, por su gran fama, los griegos Plotino, Jámblico y Porfirio[1].

            Estas líneas ponen de manifiesto el prestigio que rodeaba a los filósofos citados, aun cuando ya hacía tiempo que habían muerto[2]. Dado que se llamaban filósofos platónicos, resalta el hecho de que se concibiesen a sí mismos como renacentistas de doctrinas, de las legítimas de Platón e incluso de algunas más antiguas[3].

            Pero hay que notar el orden en que San Agustín los menciona, porque sitúa a Jámblico detrás de Plotino, aunque Porfirio fuese discípulo de Plotino, y supuesto maestro de Jámblico. Tanto si el orden es ascendente o descendente, en la intención de Agustín Jámblico ocupa el lugar destacado. Por las noticias que tenemos de la época, parece ser también que Jámblico era saludado usualmente como el Divino, y eso que Plotino tenía mayor reconocimiento en la tradición occidental. Tratándose de Jámblico, nos enfrentamos, según San Agustín, a una figura de gran importancia, dentro del platonismo inaugurado por Plotino[4].

            En el presente artículo intentaré exponer la diferencia entre la vía para ascender a Dios de Plotino y la de Jámblico. Pues Plotino postulaba el abandono de todas las cosas y concebía la unión con Dios como una huida solitaria hacia él, mientras que Jámblico optaba por la teúrgia como camino de ascenso, hacia lo absolutamente trascendente. Es en lo que consistía la mística de comunión de Jámblico, de uno mismo no sólo con el cosmos sino también con las otras almas. Si al hablar de Jámblico parezco imitar a Sócrates, que hablaba siempre las mismas cosas, incluso acerca de los mismos asuntos”[5], válgame como disculpa la sentencia platónica de que es bueno decir y analizar dos o tres veces lo que es bello”[6].

            Damascio, el último diádoco del platonismo, afirmó a propósito de esta lucha de escuelas platónicas que unos prefieren la filosofía, como Porfirio y Plotino, y otros la hierática como Jámblico, Siriano y Proclo[7].

            Nótese que entre los platónicos mencionados que prefieren la filosofía no hay nadie posterior a Porfirio, y que aun éste es mencionado antes de Plotino; en cambio, entre los hieráticos el orden cronológico es progresivo, y se menciona a Jámblico en primer lugar.

            No se trata de una división tajante entre los platónicos, pues los hieráticos también hacían filosofía, y los filósofos también practicaban ritos esotéricos, como se ve en la Vida de Plotino de Porfirio. Pero el pasaje citado de Damascio señala cierto cambio de vía para unirse con Dios, y muestra que con Jámblico la teúrgia y la mántica aparecen como método propio y reconocible, por encima de lo racional. No hay que olvidar que, después de todo, fue Plotino quien puso a Dios más allá del Intelecto, y por eso debe ser a él, y no a Jámblico, a quien se le reproche la supuesta fuga hacia lo irracional[8]. Ambas posturas coinciden en ese punto de ruptura entre lo racional e irracional, e incluso no ha faltado quien ha considerado la postura de Plotino como el precedente de las prácticas rituales teúrgicas de Jámblico[9].

a) Contexto

            Uno de los rasgos más característicos del renacimiento platónico del s. IV fue la lectura que hizo del Parménides de Platón. En dicha lectura, Plotino se veía obligado a poner ejemplos de su método dialéctico, exponiendo las consecuencias alternativas para el Uno y para la multitud, y suponiendo que el Uno es y que no es. El diálogo se desarrolla mediante un grupo de hipótesis que, según Porfirio y Jámblico, eran 9, de las cuales las 3 primeras fueron interpretadas por Plotino en clave ontológica, como los principios más altos de todo cuanto existe. La 1ª hipótesis se refería al Uno, la 2ª al intelecto y la 3ª al Alma del mundo[10].

            Leer a Platón e interpretarlo a la manera de Plotino fue el derrotero de la filosofía subsiguiente. Con la ascesis plotiniana parecía que la asimilación con Dios propugnada por Platón en su Teeteto[11] había encontrado un método. Para unirse al Uno, había que entrar en un proceso de conversión y elevación del alma, tomar conciencia sobre la propia dignidad y liberarse del mundo material; el alma debía recordar su propio linaje y tener presente la vileza de las cosas a las cuales estaba apegada, como algo honorable[12]. Una manera sumaria de enunciar el objetivo del alma era abandonarlo todo, como explica Plotino al decir que este es el verdadero fin del alma: tocar aquella luz y contemplarla. Pero no con la luz de otro, sino a través de ella misma, abandonándolo todo[13].

            Desde el punto de vista del sujeto que asciende, desde su alma, el camino plotiniano de ascenso hacia Dios debía hacerse desde el desprendimiento y soledad total, pues Dios también es Uno y está solo. En expresión plotínica, debía consistir en la fuga de un solo hacia el Solo[14]. Esto establecería un camino ascendente de purificación y de búsqueda de las virtudes, tanto naturales como éticas, políticas, catárticas y teoréticas (o contemplativas). El objetivo final de ese ascenso no sería la consecución de la pureza y la virtud por sí mismas, sino la propia deificación, pues el afán no es estar sin error, sino ser como Dios[15]. A las virtudes plotínicas, Porfirio añadiría las llamadas virtudes paradigmáticas (poniendo el énfasis en el carácter intelectual del ascenso) y Jámblico las virtudes teúrgicas[16].

            En efecto, Porfirio nos cuenta que, refiriéndose a Plotino, este divino mortal se impulsaba a sí mismo hacia el Dios del más allá, mediante sus nociones y de acuerdo con las vías indicadas por Platón en su Banquete. Hasta que llegó a la conclusión de Dios que no tenía forma ni aspecto, y que estaba asentado sobre el intelecto y sobre todo lo inteligible. A éste mortal también yo me adherí, cuando vivía mi año 68. Él tenía como objetivo acercarse y unirse al Dios que está sobre todas las cosas. Y cierto que lo consiguió, y también yo en por lo menos 4 ocasiones, mientras conviví con él y por medio de una actividad inefable, no por potencia[17].

            Así pues, la unión plotiniana con Dios parecía sobrevenir después de un largo itinerario intelectual, que recorría las etapas trazadas por Platón en su Banquete.

b) Contenido

            Cabría preguntarse sobre la causa del cambio introducido por Jámblico en el neoplatonismo iniciado por Plotino, y al respecto ya se han propuesto varias causas del cambio:

-la de Zeller, para quien Jámblico jugó el papel de antítesis al racionalismo plotiniano, pues éste había puesto a la filosofía al servicio de la religión[18];
-la de Dodds, para quien
los filósofos platónicos sufrieron un proceso de crisis y sucumbieron ante la magia[19];
-la de Zintzen, para quien Jámblico se trastornó y provocó la depravación de la filosofía[
20].

            Hoy día se explica la vuelta hacia la ritualidad de Jámblico desde la óptica proselitista, frente al auge del cristianismo de aquella época. Un proselitismo que pasaba por captar a los filósofos eclécticos, y a todos aquellos deseosos de sincretismo religioso. Así, Jámblico sería el resultado de la irrupción de fuertes tendencias orientalizantes, que captaron todo lo residual religioso de la época y que, de paso, desvirtuaron la clásica racionalidad griega. De hecho, la única obra completa de Jámblico que se conserva ha sido más conocida por el título que le dio Ficino que por el contenido que guardaba dentro de sí: Acerca de los misterios egipcios, caldeos y asirios.

            El verdadero título de la obra jámblica es Respuesta de Abamón a la Epístola a Anebón de Porfirio. Se trata de la parte resolutiva de una investigación emprendida por Jámblico mediante la formulación de preguntas, y el planteamiento de dificultades. La mencionada Epístola a Anebón de Porfirio está hoy perdida, pero parece ser que cuestionaba algunos ritos de iniciación para la unión con Dios, al cuestionar que Dios pidiese:

-sacrificios de absentismo sexual, cuando él creó la sexualidad humana,
-abstinencia de comer carne, cuando él pidió en el AT víctimas de inmolación.

            En su Ciudad de Dios, San Agustín también ofreció un resumen de la Epístola a Anebón de Porfirio, haciendo ver cómo el erudito filósofo fingía investigar tales rituales, para no herir las susceptibilidades de cierto monje egipcio de nombre Anebón[21].

            Jámblico aprovechó estos cuestionamiento de Porfirio para asumir su papel de árbitro y maestro, y dirigirse directamente al destinatario original. Tomando como pseudónimo el nombre de Abamón, y a forma de Respuesta de Abamón, planteó a Porfirio sus planteamientos, e introdujo solemnemente su doctrina teúrgica.

            Según Jámblico, y a forma de introducción en su filosofía, existe incuestionablemente:

-un principio de todas las cosas totalmente trascendente, distinto de todo lo que existe y al que es imposible que el intelecto llegue a unirse;
-un alma humana, claramente diferenciada del intelecto, y encarnada toda ella entera en un cuerpo.

b.1) Dios

            Leyendo sin prejuicios a Jámblico, es posible percatarse de que su postura respecto a la unión con Dios, mediante la teúrgia, obedecía a razones metafísicas[22]. Mientras Porfirio ponía al intelecto en contacto inmediato con Dios, e incluso consideraba a Dios como lo más sublime del intelecto, Jámblico centra su interés en recuperar la absoluta trascendencia de Dios. Esto queda claro en un fragmento de Damascio, a la hora de examinar el diádoco los primeros principios:

Examinemos (dice Damascio) ahora si son 2 los primeros principios antes de la primera tríada inteligible, el absolutamente inefable y el no coordinado con la tríada (como pensó el gran Jámblico, en el libro XXVIII de su Teología Caldaica). O si, como opinó la mayoría posterior a él, después de la causa inefable y única está la primera tríada de los inteligibles. O si tenemos que decir, con Porfirio, que el único principio de todo es el padre de la tríada inteligible[23].

            Frente a la postura de Plotino, Porfirio perdió el carácter trascendente de la unión con Dios, pues esa unión no pasaba de unión del intelecto consigo mismo. Jámblico, en cambio, se esfuerza por recuperar el carácter trascendente y totalmente inefable del primer principio, aunque para ello limitara el papel del intelecto en su consecución.

b.2) Alma humana

            Por otro lado, y según Jámblico, Plotino se equivocaba porque había postulado que una parte del alma nunca descendía al cuerpo, y permanecía unida a las realidades inteligibles[24]. Para Jámblico, el alma humana entera, incluso antes de encarnarse en un cuerpo, es responsable de sus errores, y aun habiendo descendido a un cuerpo mantiene su capacidad de elección, y aunque el mundo al que desciende es determinista, se da toda ella por entera[25]. Es más, cuando el alma se encarna en un cuerpo no tiene como objetivo la expiación sus culpas pasadas, ni se olvida de su Dios y Padre cuando se vuelca en la materia[26]. Para Jámblico, existen algunas almas que están destinadas a instruir al resto de almas (como ya defendía Pitágoras o Platón), almas de una categoría superior que descienden para salvación, purificación y perfección de este mundo[27]. Pero todas las demás, incluso las más vulgares, fueron enviadas a propósito por Dios, bajo consigna de volver a él. Es lo que concluye Jámblico, al decir que Dios envió las almas al mundo para esto, y para que de nuevo regresaran hacia él[28].

            Así pues, el descenso de las almas no obedece a una mera trasgresión en el orden del universo, como en el caso en el gnosticismo. Sino que para Jámblico, y en conformidad con el Timeo de Platón, el universo es uno, Dios lo gobierna mediante un orden armonioso, y las almas al encarnarse cumplen una función específica dentro de ese orden. Entrar en un cuerpo y estar en el mundo, piensa Jámblico, no es necesariamente un mal, sino un bien que ayuda a cumplir el propósito de Dios en la administración del universo. Se trata de la postulación de la teúrgia, como modo de unión a Dios en este mismo mundo físico. Y como se ve, está más influenciado por la doctrina de Aristóteles que por el pesimismo respecto a la razón, o a la influencia de las religiones orientales a que vagamente se le ha acusado[29].

            Por otra parte, y a propósito de la relación del alma con el intelecto, también distingue Jámblico entre el orden superior del intelecto y el orden inferior del alma, que al parecer solía hacer confundirse a los platónicos. Según afirma Proclo, Jámblico entendió que el intelecto era más importante que el alma, porque la perfeccionaba y la contenía, contra quienes se ponía en contacto y contra quienes suponían que el intelecto era una disposición del alma[30].

b.3) Relación del alma con Dios

            Según Jámblico, habría que distinguir entre la hipóstasis del alma y la hipóstasis del intelecto, según habían hecho los más grandes maestros de la antigüedad. A este respecto, y según un fragmento de su tratado Sobre el Alma, Jámblico afirma que:

la doctrina contrapuesta [la que considera unida el alma al intelecto] separa al alma y la considera como generada en segundo lugar, a partir del intelecto. Y en cuanto a lo que de ella está con intelecto, explica que subsiste de manera autónoma junto con lo que está en su propia hipóstasis. El alma estaría así separada también de todos los géneros superiores, y tendría muchos límites en su propia esencia. Yo propongo el término medio entre los géneros divisibles y los indivisibles, entre los corpóreos y los incorpóreos, entre la plenitud de las razones universales y el servicio que nos ofrecen las ideas, entre la creación de Dios y la vida que de sí misma tiene el vivir. Yo creo que lo legible procede de lo inteligible, y en la procesión del Ser verdadero hacia las esencias inferiores. En torno a estas doctrinas se vuelven perfectamente Platón mismo y Pitágoras, y Aristóteles y los antiguos todos, cuyos grandes nombres se alaban por su sabiduría[31].

            La solución está pues, para Jámblico, en la vía teúrgica, pues en ella los géneros superiores ayudan al alma a emprender su camino de regreso a Dios, sin depender para nada del intelecto. Según apunta el mismo Jámblico, la unión teúrgica con Dios se basa en la eficacia de las obras (realizadas conforme a lo divino, y por encima de toda comprensión) y en la potencia de los símbolos (inexpresables, pero comprensibles para Dios). Por eso, no realizamos las cosas porque las entendamos, sino porque nos ayudan a comprender, a forma de contraseñas. Nuestros actos van realizando por sí mismos nuestra obra y la obra de Dios. Cada acto lleva en sí mismo su propia contraseña o imagen, más allá de que despierte o no despierte nuestra intelección[32].

            Jámblico no olvida la dimensión metafísica de las cosas y seres existentes, como confirma la lectura que Jámblico hace del Parménides de Platón, de acuerdo con el testimonio de Proclo: En relación a la jerarquía de seres y cosas existentes, Jámblico plantearía una 1ª hipótesis acerca de Dios y las divinas hénadas, una 2ª acerca de las extensiones inteligibles, una 3ª acerca de los géneros superiores a nosotros ( ángeles, demonios y héroes), una 4ª acerca de las almas racionales, una 5ª acerca de las almas segundas, una 6ª acerca de las formas materiales y las razones seminales, una 7ª acerca de la materia misma, una 8ª acerca de los cuerpos celestes, y una 9ª acerca de los cuerpos generados[33].

            Como se ve, Jámblico pone como 1ª hipótesis de la existencia a Dios, y tras él coloca el ámbito de lo inteligible. No obstante, por encima del alma humana coloca Jámblico a los seres superiores (ángeles, héroes y demonios), como paso intermedio entre Dios y el alma humana. Dicho de otro modo, para unirse con Dios, el intelecto no puede ser una vía inmediata, y tampoco es inmediato el acceso del alma humana con el intelecto ni con Dios, sino que debe ir pasando antes por pasos intermedios, al encuentro de Dios. Pasos intermedios que, por otro lado, no están sino para ayudar al alma humana, en su deseado ascenso o regreso a Dios.

            En cuanto a las últimas 3 hipótesis, se hallan la materia, los cuerpos celestes y los cuerpos generados. El asunto es importante si se considera el contexto en que lo describe Jámblico: los gnósticos, los maniqueos y resto de pensadores que consideraban a la materia como el principio del mal, y de la que había que apartarse. De hecho, hasta el mismo Plotino había llegado a hablar de la materia como de un mal en sí mismo[34]. Atendiendo a una auténtica interpretación del Parménides de Platón, Jámblico concluye que la realidad es una sola, monista y jerárquica, atreviéndose a defender una bondad primordial de la materia que ya estaba presente, por cierto, en el Timeo de Platón.

            A este respecto, añade Jámblico que nadie se admire si decimos que también ciertas materias son puras y divinas, pues fueron creadas por el Dios de todas las cosas, y poseen la perfección adecuada para ser capaces de Dios. Y además, porque ahí están los seres superiores, para iluminar a sus inferiores y, consiguientemente, ayudar a la materia a participar de los mejores bienes. Así pues, no se debería privar a las cosas terrenas, en ningún modo, de la comunión divina, porque también la tierra recibió cierta porción de la divinidad, y ha sido capaz de engendrar seres superiores como los héroes[35].

c) Conclusión

            Hemos visto hasta ahora cómo Jámblico confrontó las posturas pesimistas de su época con una solución optimista respecto a todo lo creado: la vía teúrgica, consistente en que:

-Dios mantiene su trascendencia y supremacía absoluta,
-la razón está subordinada a lo divino;
-el ser humano es capaz de llegar mediante la materia a Dios.

            Así pues, frente al abandonarlo todo y a la fuga de un solo hacia Dios de Plotino, Jámblico convierte el universo en instrumento para regresar a Dios. La superioridad de Dios no impide a la materia ni al alma humana actuar en los niveles inferiores de la realidad, ni en los lugares más terrenales[36]. Pero no el ser humano por su cuenta, o por sí solo, o con su solo intelecto (porque no va a poder, o se va a equivocar), sino valiéndose de lo que Dios ha puesto de intermediario, y con la ayuda de aquellos seres y cosas que él ha puesto superiores a nosotros. En esa comunión, lo más inferior será capaz de ir ascendiendo a lo más superior, y el alma a Dios. Como concluye Jámblico, y de acuerdo con el arte de los sacerdotes, es necesario comenzar las obras sagradas a partir de las obras materiales, pues de otra manera no crecería ni ascendería nuestra alma, ni llegaría hasta Dios[37].

            En cuanto al aspecto comunitario de la teúrgia, y como elemento quizás más chocante o proselitista, sincretista o esoterista, u orientalista de Jámblico (que es de lo que se le acusaba en su época) esté quizás la respuesta que él propone a la hora de la expiación de los pecados, en su Respuesta de Abamón, IV, 5. Pues el filósofo acaba afirmando que una culpa demasiado grande no puede ser expiada por una sola alma, ni siquiera por el que la ha cometido. Y lo que necesita no es una expiación justa sino desigual, que la expíe Dios y no el pecador, que no se reclame al individuo que la cometió sino al cosmos en general. Literalmente, acaba diciendo Jámblico:

¿Qué impide, pues, que lo justo para cada hombre, en particular y en consideración al parentesco humano, sea juzgado por Dios de forma diferente? En efecto, si él está en comunión con nosotros (en las almas de los vivos y de los difuntos), y él enlaza toda la vida del cosmos e imprime a todo un orden común, entonces también es necesario que la multa de la pena sea reclamada al todo, y máxime cuando la magnitud de la injusticia cometida por esa persona supera la satisfacción que ella sola pueda hacer, del castigo correspondiente a sus delitos[38].

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  Act: 01/02/20       @fichas de filosofía            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A  

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[1] cf. AGUSTIN, Ciudad de Dios, VIII, 12.

[2] AGUSTIN terminó la Ciudad de Dios hacia el año 426, mientras que PLOTINO murió el 270, PORFIRIO el 305, y JAMBLICO el 326.

[3] cf. PLOTINO, Enéadas, V, 1 y 8-9. Según JAMBLICO, la filosofía griega tuvo sus fuentes en el antiguo Egipto (cf. JAMBLICO, Sobre los Misterios egipcios, I, 1-2).

[4] NASEMANN devolvió a JAMBLICO a la línea filosófica de PLOTINO, señalando, eso sí, las innovaciones aportadas por Jámblico. Por su parte, SHAW ubicó las doctrinas de Jámblico sobre la teúrgia en desarrollos obtenidos directamente de PLATON.

[5] cf. PLATON, Gorgias, 490.

[6] cf. PLATON, Gorgias, 498-499.

[7] cf. DAMASCIO, Principios Primeros, 165.

[8] Como defiende STACKER.

[9] Como fue el caso de MAZUR, en fuerte discusión con BEIERWALTES sobre este asunto del origen gnóstico de JAMBLICO.

[10] cf. PLOTINO, Enéadas, V, 1.

[11] cf. PLATON, Teeteto, 176.

[12] cf. PLOTINO, Enéadas, I, 3.

[13] cf. PLOTINO, op.cit, V, 3. [14] cf. PLOTINO, op.cit, V, 1-6 y VI, 9-11. [15] cf. PLOTINO, op.cit, I, 2-6.

[16] cf. PORFIRIO, Vida de Plotino, 32. Es posible ver descrito este itinerario aretológico en la Vida de Proclo de MARINO DE NEAPOLIS (cf. STAAB, G; Pythagoras in der Spatantike, Studien zu De Vita Pythagorica des Iamblichos von Chalkis, ed. Saur, Leipzig 2002, pp. 155-182).

[17] cf. PORFIRIO, Vida de Plotino, 23. Algo semejante fue lo experimentado por SAN PABLO, cuando dijo refiriéndose a sí mismo: sé de un hombre en Cristo, el cual hace 14 años fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar (cf. SAN PABLO, Carta II a los Corintios, XII, 2-4).

[18] cf. ZELLER, E; La filosofía dei greci nel suo sviluppo storico, vol. III: La filosofia post-aristotelica, ed. Giuseppe Martano, Florencia 1968, pp. 3-11 y 44-46.

[19] cf. DODDS, E.R; LThe Greeks and the Irrational, ed. University of California, Berkeley 1984, p. 288.

[20] cf. ZINTZEN, C; Die Wertung von Mystik und Magie in der neuplatonischen Philosophie, en Rheinisches Museum fur Philologie, CVIII, Darmstadt 1965, pp. 71-100. No obstante, más tarde matizó ZINTZEN su postura, considerando la posición de JAMBLICO como un intento de espiritualizar la ontología de PLOTINO, por medio de la teúrgia.

[21] cf. AGUSTIN, Ciudad de Dios, X, 11.

[22] cf. STACKER, T; Die Stellung der Theurgie in der Lehre Jamblichs, ed. Studien zur Klassischen Philologie, Francfort 1995, p. 92.

[23] cf. DAMASCIO, Parménides de Platón, 43.

[24] cf. PLOTINO, Enéadas, IV, 8.

[25] cf. PLATON, Timeo, 87.

[26] cf. PLOTINO, Enéadas, V, 1.

[27] Probablemente, también PLOTINO pensaba en estas almas cuando decía que una parte de las almas se mantenía en permanente unión con el orden inteligible.

[28] cf. JAMBLICO, Sobre los Misterios egipcios, VIII, 8.

[29] SHAW sugería que la diferencia entre JAMBLICO y PLOTINO con respecto a las prácticas rituales podría haber sido determinada, no por los supuestos antecedentes orientales de Jámblico, ni por su atracción hacia las prácticas religiosas exóticas de su tiempo, sino por la influencia más profunda de la psicología de ARISTOTELES sobre Jámblico que sobre Plotino. Por esa misma causa implicaría Jámblico, mucho más que Plotino, al alma en el cuerpo y en la vida corporal.

[30] cf. PROCLO, Timeo de Platón, 60.

[31] cf. JAMBLICO, Sobre el Alma, 7.

[32] cf. JAMBLICO, Sobre los Misterios egipcios, II, 11.

[33] cf. PROCLO, Parménides de Platón, 2. PROCLO criticó las interpretaciones en este asunto de Porfirio y Jámblico, porque:

-en el caso de Porfirio, las últimas hipótesis repetían sus elementos,
-en el caso de Jámblico, la inclusión de ángeles, demonios y héroes no aclaraba si lo era a nivel intelectivo o anímico.

A propósito de las interpretaciones de AMELIO, y de otros neoplatónicos posteriores a Jámblico (TEODORO DE ASINA, PLUTARCO DE ATENAS y SIRIANO), todos ellos consideraron el grupo de las hipótesis no como una procesión continua, sino como dos grupos alternativos de hipóstasis, positivas y negativas.

[34] cf. PLOTINO, Enéadas, I, 8.

[35] cf. JAMBLICO, Sobre los Misterios egipcios, V, 23.

[36] cf. JAMBLICO, op.cit, I, 8. [37] cf. JAMBLICO, op.cit, V, 14. [38] cf. JAMBLICO, op.cit, IV, 5.