TERTULIANO
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Granada, 1 enero 2020
Carmelo Granado, catedrático de Teología

           Quinto Septimio Florencio Tertuliano, el pensador occidental más original del período preniceno, nació en Cartago hacia el 160 y murió también allí hacia el 220 o un poco después. Probablemente nadie discute la importancia de su figura en relación a la teología occidental, ya sea que se le considere su iniciador o, al menos, uno de sus más importantes exponentes.

           Durante mucho tiempo se le consideró exageradamente como el creador del latín cristiano, del cual es más bien un testigo activo y comprometido, cuya creatividad linguística y genio literario han marcado a la tradición latina. Aunque no sea el creador del latín cristiano, sí lo ha introducido de forma masiva en el mundo literario y puede ser considerado como el creador del latín teológico, en cuanto lenguaje estructurado, y del latín eclesiástico, junto al decisivo papel que jugaron las diversas traducciones latinas de la Biblia.

           El pensamiento teológico de Tertuliano se contextualiza frente a la filosofía griega, las doctrinas rabínicas, el gnosticismo, el marcionismo y el monarquianismo. El carácter de la obra de Tertuliano es sistemático, casi una summa theologica, es decir, estudia sucesivamente los diversos núcleos fundamentales de la fe cristiana.

a) Teología natural

           Aquí nos interesa particularmente la exposición de Tertuliano sobre la doctrina del Deus Christianorum. Su teología sobre Dios no es una teología de gabinete, sino que procede, incluso en el Adversus Praxean, de las controversias vivas y actuales en su época en la comunidad cristiana de Cartago. Las fuentes de su doctrina proceden de la Escritura, la Liturgia y la Regla de Fe[1] de la Iglesia.

           El centro del mensaje cristiano es la fe en un Dios uno y trino, creador del universo, y en un único Cristo, que trae la salvación al mundo y consumará la resurrección, y en único Espíritu que nos santifica. Manifestaciones históricas del Deus Christianorum son la creación, la revelación y la salvación.

           La sistematización de la doctrina de Tertuliano sobre Dios encuentra su mejor formulación en el Adversus Praxean. Práxeas es un monarquiano modalista que propugna la existencia de una única persona en Dios, en la que Padre, Hijo y Espíritu Santo son meros nombres. Concederles otro tipo de entidad sería, según Práxeas, destruir la monarquía divina y caer en el paganismo. Cierto que la unicidad divina es un dogma esencial del cristianismo, pero no lo es menos que la revelación neotestamentaria y la predicación del evangelio desde los comienzos apostólicos obligan a creer en la economía interior de la divinidad por la que la unidad se despliega internamente en Trinidad. Tertuliano es el primer autor latino que usa el término trinitas, no limitando su sentido únicamente al de tríada, sino enriqueciéndolo al unirlo y contraponerlo al de unitas.

           Tengamos delante un texto que es todo una síntesis de la teología trinitaria de Tertuliano: Y especialmente ésta (la herejía de Práxeas) que se imagina poseer la pura verdad en tanto que piensa que no es posible creer en el único Dios más que diciendo que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son personalmente él mismo (ipsum eundemque), como si el Uno no fuera también Todo, al provenir Todo del Uno, a saber mediante la unidad de sustancia, salvaguardando, con todo, el misterio de la economía que organiza la Unidad en Trinidad y explica que el Padre y el Hijo y el Espíritu son tres. Tres, sin embargo, no por naturaleza (statu), sino por el grado (gradu), no por sustancia (substantia), sino por la forma (forma), no por el poder (potestate), sino por la manifestación (specie), pues son de una única sustancia (substantiae), de una única naturaleza (status) y de un único poder (potestatis), porque no hay más que un único Dios, a partir del cual estos grados (gradus), formas (formae) y manifestaciones (species) se atribuyen a los nombres del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cómo es que admiten pluralidad (numerum) sin división, se demostrará a continuación[2].

           Esta breve síntesis, en la que resuena en sus últimas líneas el eco de la praxis litúrgica en la administración del bautismo, es un verdadero compendio sistematizado de la teología trinitaria de Tertuliano. Pero esta síntesis requiere por parte del lector un esfuerzo por comprender el lenguaje y la intención del autor. Es lo que enseguida realizaremos explicando primeramente el tema de la unidad y luego el de la Trinidad. La unidad se designa con los términos substantia, status, potestas. La distinción de personas con los términos forma, gradus, species, y con el término persona[3].

b) Teología trinitaria

Unius autem substantiae

           El término substantia tiene para Tertuliano una resonancia concreta, relacionada con su etimología, y designa el sustrato, el fondo concreto y permanente constitutivo, la verdad objetiva de las cosas particulares. Es la materia constitutiva del ser. Ese sustrato persiste bajo la diversidad de cualidades, actos, elementos cambiantes. Tertuliano lo aplica, en primer lugar, a las sustancias materiales. Y también a las realidades espirituales: Dios, ángeles, alma.

           Ahora bien, Tertuliano dice substantia corpus sit rei cuiusque[4], con lo cual toda la realidad, la material y la espiritual, es corporal tiene una cierta corporalidad. Lo que es incorporal (que no es lo mismo que no-espiritual), sencillamente no existe. La substantia Dei, su sustrato, la materia constitutiva del ser divino, es espíritu[5], que, a su vez y según la explicación dada, es corpus sui generis[6]. Espíritu equivale aquí a naturaleza divina. Al no conocer el concepto de espíritu puro, la doctrina de Tertuliano sobre Dios está afectada de un cierto materialismo verbal, que, en definitiva, nos revela haber tomado el término del lenguaje corriente.

Unius status

           Prescindiendo del significado banal de estado de la cuestión, el status concierne al conjunto de propiedades que caracteriza a una substantia y que permite situarla en relación con otras sustancias. Es el aspecto permanente de una realidad vinculado a su naturaleza y no a sus circunstancias. Correspondería a lo que llamamos la condición o naturaleza de una cosa. El status Dei, por no tener origen, tiene como condición el ser siempre, haber sido siempre, sin comienzo ni fin. El status Dei es la unicidad, unidad, eternidad, inmutabilidad, indivisibilidad. Esto es propio y exclusivo de Dios. Este status es común a las tres personas divinas, las cuales difieren “non statu sed gradu”. Pertenecen al mismo orden de realidad. El problema está en ver qué las distingue dentro de ese orden. En Dios la substantia es ser spiritus, su origen o census es la aeternitas. Su status es la condición de increado, no hecho, lo cual le opone a todo lo que no es él y que, consiguientemente, tiene su origen en él.

Unius potestatia

           Las divinas personas poseen el mismo poder. Y que sean tres las que participan de la misma potestad no rompe la monarquía, ya que tienen en común una misma y única sustancia. La potestas tiene un aspecto dinámico: la plenitud de poder en Dios para actuar y obrar, concretamente que Dios es el único que posee el poder de crear y que, de hecho, es el único creador de todas las cosas.

Tres autem non statu sed gradu

           En general, gradus designa, situándolo en su lugar, un término comprendido en una serie, una sucesión, encadenamiento, organización, un orden. Expresa una relación de origen, cierto orden progresivo. Al aplicar el término a la teología trinitaria, gradus marca el orden necesario de sucesión de las personas divinas, sin que esto implique diferencia alguna de status o de substantia. Es sólo la expresión del origen o census. En la Trinidad, gradus designa el modo como las personas divinas se distinguen en el interior del ser divino. No es distancia de tiempo o de rango: la metáfora incide sobre la emanación, no sobre una distancia. El gradus principalis es el punto de partida. de todos los siguientes. Del Padre es propio ser ingénito y eterno, el Hijo es nacido y, por tanto, no eterno: el Hijo fue engendrado con vistas a la creación (aunque, por otra parte, es eterno ya que el unius status y la unius substantiae es común a las tres divinas personas). Tertuliano no consigue formular sin fallos el misterio trinitario de Dios, y precisamente en esto del gradus la igualdad de las personas no se mantiene.

Non substantia sed forma, nec potestate sed specie

           Los conceptos de forma y specie son casi sinónimos. Forma para Tertuliano es algo así como el principio individuante y distintivo. Hay tres formas en Dios, es decir, tres subsistentes individuales, tres sujetos de la misma sustancia divina. El término forma tiene un sentido fuerte, como el que tendrá más tarde en teología trinitaria el de persona. La species es lo exterior de una cosa que nos la hace comprehensible y comprensible. El ejemplo del sol y sus rayos son duce formae, sed cohaerentes”[7] o duas species unius et indivisae substantiae”[8], dos modos de aparecer la misma sustancia, que la hacen visible y cognoscible. La forma o species del Padre es ser invisible ya que no tiene comienzo. Los ojos no pueden mirar directamente al sol. El Hijo es capaz de manifestación y visibilidad pro modulo derivationis por proceder, por tener comienzo. El rayo de sol sí se puede ver. El encuentro de Dios con la creación se lleva a cabo por medio del Hijo. En cuanto el Hijo realiza los planes del Padre, tenemos el fundamento último de la diferencia de ambas formae o species en la divinidad. En el AT, el Verbo se hacía visible en las teofanías y preparaba así su aparición como Verbo encarnado[9].

Persone non substantiae nomine

           Tertuliano es el primer autor eclesiástico que aplica el término persona a la Trinidad. El término aparece 33 veces en el Adversus Praxean. Él dice por una parte una substantia y, por otra, tres personae, pero no une nunca las dos expresiones. Con todo, tiene un texto que se acerca mucho a la fórmula posterior "tres personae in una substantia" o "una substantia in tribus personis", pues "alium autem quomodo accipere debeas iam professus sum, personae non substantiae nomine"[10]. El Hijo es otro distinto al Padre en cuanto persona, no por razón de la substantia que le es común con el Padre. Por ello, persona expresa distinción, no división o separación. Cuando Tertuliano habla de personas en el cuadro de la monarquía divina, ésta no se rompe, porque los tres ejercen el mismo dominio soberano. Hijo y Espíritu son los asistentes del Padre, son personas oficiales, encargados de oficio, ministros.

           ¿Qué significa persona en Tertuliano? Prescindimos de los significados de máscara, faz, rostro, pues en Adversus Praxean se insiste en que persona es una realidad y no un término vacío de contenido. En primer lugar, una persona es para Tertuliano un sujeto parlante[11]. Que en la Trinidad hay varias personas se muestra, según el testimonio de las Escrituras, en que uno habla a otro y sobre otro[12]. En segundo lugar, la persona se manifiesta en su actuar responsable. Tertuliano encuentra que la Escritura no sólo llama Dios y Señor a un único y mismo sujeto, sino que a diversos sujetos los designa con el nombre de Dios. A estos sujetos, a los que la Escritura menciona con sus nombres, los llama Tertuliano personas, como individuos existentes distintamente, sujetos espirituales con autodominio y subsistencia en una sustancia. Así, al interpretar Gén 1, 26-27, dice que Dios habla en plural, que el Hijo es la segunda persona y el Espíritu la tercera, los cuales cooperan con Dios como colaboradores: cum ministris et arbitris[13]. Las tareas de las personas son distintas: al Hijo toca la encarnación y al Espíritu la santificación.

           La articulación trinitaria de la divinidad la explica Tertuliano por medio de comparaciones. La triple analogía de raíz-tallo-fruto, fuente-río-arroyo, sol-rayo-punta luminosa del rayo[14] representa una producción o emisión unida a su origen e ilustra la la emergencia de las personas divinas en Dios. La Trinidad queda comparada a un desarrollo vital, lo mismo que de la raíz brota el árbol para terminar en el fruto, el movimiento trinitario se concluye en la persona del Espíritu Santo, el tercero[15] después del Padre y por medio del Hijo[16], sin perder nada del origen fontal que es el Padre y del cual procede o emana o desarrolla de una manera orgánica la Trinidad per consertos et connexosgradus. Padre, Hijo y Espíritu son tres, pero inseparables y estrechamente unidos en la substantia de la divinidad sin división ni separación alguna. Los tres son una sola cosa, no una sola persona[17]. Se mantiene así el principio de la monarquía y el de la economía intradivina. Pero no todo es perfecto en esta articulación de la divinidad. El Verbo deviene persona con miras a la creación. El Hijo está subordinado al Padre en cuanto que es originado; la sustancia del Hijo es sólo derivación o porción de la tata substantia[18] del Padre. El Espíritu, como tercero, está subordinado al Hijo[19].

c) Conclusión

           La aportación de Tertuliano a la elaboración del dogma de la Trinidad, en línea con la Escritura y la Regla de Fe, podría resumirse en los siguientes puntos: No sólo a nivel de terminología, pues es el primer autor latino que ha utilizado el término trinitas y también el primero que emplea el término persona en teología trinitaria. Supone un progreso en relación a autores anteriores, pues elabora una teología propiamente trinitaria al integrar al Hijo y al Espíritu con funciones específicas: creación, redención, santificación. Lo peculiar de Tertuliano está en la expresión tan elaborada de la pluralidad divina y en las explicaciones racionales que da. Los tres de la Trinidad pueden contarse, sin que esto constituya una separación entre ellos.

           Los términos utilizados por Tertuliano, substantia y persona, conservan todavía hoy su validez. Pero también tienen sus deficiencias: por ejemplo, el concepto de substantia tan unido a una imagen corporal. Los nombres divinos se explican no por las relaciones personales, sino por modificaciones de la sustancia divina y, por eso, son formae y species de la misma sustancia.

           Quizás el valor teológico más notable de Tertuliano sea haber creado un lenguaje teológico nuevo, aunque no todos sus términos y conceptos hayan tenido el mismo acierto ni la misma aceptación y supervivencia, y, no en último término, el haber puesto las bases para sugerir el principio que deberían explotar abundantemente los padres del s. IV, que el Espíritu es con relación al Hijo, lo que el Hijo es en relación al Padre.

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  Act: 01/01/20       @fichas de filosofía            E D I T O R I A L    M E R C A B A     M U R C I A  

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[1] cf. TERTULIANO, De Praescript, XIII, 1-5; De Virg. Vel, I, 3; Adversus Praxean, II, 1. [2] cf. TERTULIANO, Adversus Praxean, II, 3-4. [3] cf. TERTULIANO, op.cit, XII, 6. [4] cf. TERTULIANO, Adversus Hermogenem, XXXV, 2. [5] cf. TERTULIANO, Adversus Praxean, XXVI, 4-6. [6] cf. TERTULIANO, op.cit, VII, 8. [7] cf. Ibid, VIII, 6. [8] cf. Ibid, XIII, 10. [9] cf. Ibid, XVII. [10] cf. Ibid, XII, 6. [11] cf. Ibid, V. [12] cf. Ibid, XI. [13] cf. Ibid, XII, 3. [14] cf. Ibid, VIII, 5-7. [15] cf. Ibid, XXX, 5. [16] cf. Ibid, IV, 1. [17] cf. Ibid, XXV, 1. [18] cf. Ibid, IX, 2. [19] cf. Ibid, VIII, 7.