9 de Julio

Miércoles XIV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 9 julio 2025

a) Gén 41, 55-57; 42, 5-24

         La noticia del hambre general, y de la afluencia de los pueblos a Egipto para adquirir grano, representa un cambio de escena importante en el desarrollo de la historia de José.

         Hasta ahora todo el interés se centraba en José y su éxito. A partir de ahora, la nueva situación nos introduce en la perspectiva de las relaciones de José con sus hermanos, impulsados por la necesidad ineludible de subsistir y puestos en camino hacia el país que siempre había refugiado a los hebreos hambrientos (Gn 12,10-20; 26,2).

         José reconoció en seguida a sus hermanos, y comprobó el cumplimiento del antiguo sueño que le aseguraba su superioridad sobre ellos. Pero la entrevista no fue nada cordial.

         La acusación de espionaje encaja bien en las circunstancias del momento en Egipto, y hace referencia a los tiempos en que Egipto hubo de soportar algunas invasiones, como la de los hicsos (o pueblos del mar, en que Egipto tuvo que reforzar la frontera nor-oriental con nuevas guarniciones, e incluso levantando muros y torres de vigilancia). Contra esta grave e insistente sospecha, los hermanos intentan defenderse informando sobre su lugar de procedencia y los detalles de su situación familiar.

         Sobre el diálogo mantenido comienza a aletear el recuerdo del hermano vendido, al que suponen muerto. Y pronto empiezan a percatarse los hermanos que las penalidades que ahora sufren suponen una expiación por la maldad empleada contra José. Los comentarios mantenidos entre ellos, realizados en presencia de José, provocan la conmoción de éste último, hasta el extremo de que tiene que salir fuera y llorar. Según una versión muy antigua de los hechos, es éste el momento en que José se da a conocer.

         La decisión de José de encarcelar a todos los hermanos (excepto Simeón, que sería el encargado de buscar a Benjamín, y confirmar así que sus palabras eran sinceras) pertenece a una tradición posterior. Y nos viene a decir que fue al 3º día cuando José decidió urdir ese plan: uno se quedaría como rehén en Egipto, hasta que volviesen los otros hermanos con el pequeño Benjamín. El cuadro general corresponde a la idea elohísta de los acontecimientos.

         La afirmación de que José es temeroso de Dios (lit. "cumple sus mandamientos") es importante, pues no solamente sirve de garantía, sino que es también un 1º paso en la revelación del gran intendente de Egipto.

         Hay preguntas de difícil respuesta, como el por qué tortura José a sus hermanos. Puede deberse a un deseo de comprobar si realmente han cambiado, o a una especie de pedagogía amorosa. ¿Habrá que admitir también un cierto sadismo? La lección moral de este acontecimiento está subrayada por el relato mismo, especialmente a través de la interpretación que dan los propios hermanos.

Josep Mas

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         La historia de José, uno de los 12 hijos de Jacob, ocupa 13 capítulos del Génesis. Recordemos lo esencial. José era uno de los preferidos de Jacob, y sus hermanos lo venden por envidia a un comerciante de esclavos. En Egipto fue puesto en la cárcel por las acusaciones de una mujer (esposa de Putifar, alto dignatario del faraón), y en la cárcel interpreta los sueños del faraón. Eso hace que sea liberado y pase a ser 1º ministro del faraón, dedicándose entre sus tareas a la reserva de trigo en vista a los inminentes años de sequía que se avecinaban.

         La historia quiere demostrar que Dios se sirve de los acontecimientos (en apariencia desfavorables) para llevar a cabo sus proyectos. Todo parecía confabularse contra José, pero todo girará en provecho suyo. De ahí que durante los 7 años de sequía (profetizados por José) dijese el faraón: "Id a José". Entonces José sacó todas las existencias que había almacenado, y vendió trigo a los egipcios.

         José ayudó a sus contemporáneos, lo cual está bien. Pero lo hizo explotando la pobreza de los pobres en provecho del faraón, con una política más que cuestionable. Señor, ayúdanos a encontrar soluciones de justicia y de caridad, para el problema del hambre en el mundo.

         Entonces los hijos de Israel, mezclados entre los viajeros extranjeros, fueron a comprar trigo a Egipto, pues "había hambre en el país de Canaán". Y en cuanto José vio a sus hermanos, "los reconoció". Se trata de un cambio de situaciones. Algunos años antes fueron ellos los que condenaron a José a la esclavitud.

         Al verlos llegar, hizo José como si no los reconociera (a sus hermanos), y les habló duramente. Los puso bajo custodia policial, y tras el susto los soltó. Fue una especie de prueba que les impuso para forzarlos a reflexionar sobre su conducta pasada. Y esto da fruto, sobre todo en aquellas familias que se dividen por razón de envidias o de intereses.

         Entonces José "se apartó de su lado y lloró". Cabe pensar que José hubiera podido aprovechar el poder que le daba su cargo para saciar su resentimiento. Pero por el contrario, lo vemos en una actitud evangélica: el perdón de las injurias.

Noel Quesson

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         La 1ª lectura de hoy nos presenta el mal rato que viven en Egipto los hermanos de José, a quien creían muerto. El mismo José, que ahora goza de un gran prestigio y tremendo poder en esa tierra, no se da a conocer de inmediato sino que parece que posterga la hora de revelarse a los suyos. No resulta claro en un 1º momento por qué esta tardanza, la cual podemos relacionar con la llegada del consuelo y el perdón de Dios. ¿Por qué a veces tardan?

         Ciertamente, no es que José dudara en apoyar a sus hermanos, a quienes ve pasar trabajos. No es tampoco que su actitud sea una pequeña revancha o venganza disminuida. Hay algo más aquí: se trata de una de las perfecciones del amor, que no sólo quiere darnos bienes sino hacernos buenos.

         Los hermanos de José hablan entre sí, ignorantes de que José les entiende. Esta parte es fundamental en el relato. Los corazones de ellos están siendo transformados por el arrepentimiento y la sensatez. No sólo necesitan trigo; necesitan ser nuevas y mejores personas, y el retraso de José logra las 2 cosas: alimentar sus cuerpos y cambiar sus almas.

Nelson Medina

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         Dentro del ciclo del Génesis, leeremos durante varios días la deliciosa historia de José. Hasta ahora se nos había dicho que sus 11 hermanos (los hijos de Jacob con Lía) lo había vendido por envidia (por ser hijo de Jacob y Raquel) a unos comerciantes que iban a Egipto, y que allí fue esclavo y estuvo en la cárcel, hasta que por su don de interpretar los sueños al faraón salió de la cárcel y llegó a escalar posiciones en la corte, hasta ser nombrado 1º ministro y administrador del reino.

         Y hoy se nos dice que la sabia previsión de José le hace sacar adelante a Egipto, en un momento en que una gran sequía de 7 años azota a Egipto y a los países limítrofes, incluido el de Canaán. Por eso vienen sus hermanos a Egipto, a comprar víveres para sus familias. Pero José no se da a conocer a sus hermanos, sino que los pone a prueba y les pide que le traigan al hermano menor (Benjamín, nacido también de Raquel), a quien quiere de modo especial por ser hermano y no hermanastro suyo (como era el caso de sus 11 hermanos).

         ¡Sorpresas de la vida! Uno de los motivos de la ojeriza de sus hermanos contra José había sido que él, ingenuamente, les había contado un sueño en que los veía arrodillados a sus pies. Y ahora, en efecto, lo están, aunque de momento no le reconozcan.

         El salmo responsorial de hoy nos ayuda a interpretar desde una perspectiva religiosa la historia de José. A pesar de las intrigas de sus hermanos, que le vendieron para deshacerse de él, Dios lo convierte todo en bien:

"Dad gracias al Señor con la cítara, porque el Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos, y su plan subsiste por siempre, y los proyectos de su corazón de edad en edad. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre".

         La historia es una invitación a creer en la providencia de Dios, que, como tantas veces, escribe recto con líneas que han resultado torcidas por los fallos de los hombres. Cuántas veces creemos que los acontecimientos son catastróficos, cuando en realidad han resultado providenciales, aparte de purificadores. Tal fue el caso de la invasión de los bárbaros del s. V, o la pérdida en el s. XIX de los estados pontificios.

José Aldazábal

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         En la 1ª lectura de hoy se nos dice que la familia de Jacob creció, sus hijos pastorearon ganados, y un día en que se dejaron llevar por los celos contra el pequeño José (por la predilección que el padre le tenía), lo venden a unos mercaderes, y éstos lo llevan a Egipto. Allí José triunfará, adquirirá un puesto relevante en la corte del faraón y en la administración de sus bienes, y recibirá a cuantos lleguen a Egipto buscando provisiones porque el hambre se adueñará de muchos países. Entre los visitantes estarán los hermanos que vendieron a José.

         Entre los muchos relatos bíblicos que nos hablan de generosidad, fidelidad, comprensión, altruismo, perdón y paz, el relato sobre la historia de José tiene un puesto de honor. Es el hijo de la ancianidad y de la esperanza, goza del amor de predilección de su padre (hasta suscitar celotipias), posee docilidad de comportamiento y encanto humano, es vendido como mercancía barata, con sacrificio y sabiduría se encumbra poderosamente, mantiene su integridad ante cualquier oferta de vida corrompida, y devolverá con creces todo el amor recibido (perdonando cualquier deuda a sus hermanos).

         Se trata de un relato, que continuará mañana, que debe leerse íntegramente para descubrir todo el mensaje que contiene. Los hombres obramos según nuestros intereses, pero Dios actúa con sentido providencial. Los hombres habitualmente no sabemos ni queremos perdonar, pero hay personas que son una bendición de Dios en el mundo pecador. Una es José.

         Cada uno de nosotros, en su pequeñez, ha de tener un poco de José. No podemos dejar morir nuestros sentimientos de amor, delicadeza, ternura, fidelidad y perdón. Y hemos de tener otro poco de vocación apostólica, cuidando 1º a quien está a nuestro lado, y después a todos aquellos que deseen la Palabra de Dios.

Dominicos de Madrid

b) Mt 10, 1-7

         Mateo nos describe hoy la Institución de los Doce, dentro del contexto de las bienaventuranzas y del nuevo estatuto de Alianza, o fundación del nuevo Israel. Se trata de la 1ª vez que se nombra a los 12 apóstoles, y al hacerse de forma oficial y solemne, se está aludiendo a que ellos son el nuevo Israel. El nº 12 alude a la plenitud escatológica de Israel (al nuevo Israel), pero en este caso está integrado tanto por israelitas como por pecadores y paganos.

         Para la misión, Jesús hace participar a sus 12 apóstoles de su autoridad y victoria "sobre los espíritus inmundos". Se trata de la 1ª vez que aparece en Mateo esta expresión (espíritus inmundos), aunque anteriormente ya haya mencionado a los espíritus que Jesús expulsaba (Mt 8,16; 12,43.45), aludiendo a los demonios. Según la construcción del texto, parece que dichos espíritus inmundos están en relación con la resistencia opuesta al mensaje (por ideologías humanas) y las diversas enfermedades (de la humanidad).

         El término apóstoles (lit. enviados) alude al concepto de misión, que parte de Jesús (enviador) y es compartida por sus apóstoles (enviados), en relación directa con la llamada que ya les había hecho (Mt 4, 19) bajo promesa de convertirlos en "pescadores de hombres". El Israel mesiánico se concreta, pues, en 12 nombres, entre los cuales destaca Simón (el 1º nombrado, y al que sobrellama Kefas, lit. Piedra), aludiendo a la cláusula de Mt 4,18 (en que ya se había mencionado a Simón, sin sobrenombre).

         El grupo de los Tres siguientes apóstoles se menciona tras Pedro, y se hace en el mismo orden de Mt 4,18-22, explicitando también el parentesco que los une. Sigue el grupo de los Siete, de los cuales el único conocido es Mateo el Recaudador (Mt 9, 9). La inclusión de este pecador en la lista de los 12 anuncia la integración de los paganos en el Israel mesiánico, y alude a que la comunidad cristiana ha de ser universal, y no sólo plenitud de Israel.

         Los demás de este grupo de los Siete no han sido nombrados antes, ni lo serán por Mateo después en este relato evangélico. Representan a esas llamadas discretas que va haciendo Jesús, o a esas llamadas que van a ser ejercidas de forma discreta (¡aún siendo apóstoles!). El último de los Siete se llama se llama Simón el Fanático, y se alude a que pertenecía a los círculos nacionalistas exaltados. El 12º apóstol es Judas el Traidor, del que se dice que era iscariote (natural de Cariot, aldea cercana a Israel; Jos 15, 25), cuya figura será excepcional al volver a aparecer en el relato de la pasión (Mt 26,14.25.47; 27,3).

         Jesús envía a los Doce en conjunto, y no uno a uno. Es decir, la misión de Jesús es encomendada a la Iglesia, y de la misión de esta Iglesia participa cada apóstol. De igual manera, las instrucciones son dadas al conjunto, y no a cada uno en particular. Por el momento, la misión se limita a Israel, que se encuentra en situación lastimosa (Mt 9,36; 15,24), y la misión universal habrá de esperar (Mt 26,13; 28,19). La proclamación de los Doce tiene el mismo contenido que la de Jesús (Mt 4, 17), pero sin la exhortación a la enmienda. Han de anunciar escuetamente, por el momento, la Buena Noticia.

         Pero su proclamación ha de ir acompañada de toda clase de señales. El significado de éstas es el mismo que el de las realizadas por Jesús, que hasta ahora ha resucitado a la hija del jefe (Mt 9, 18-26), ha limpiado a un leproso (Mt 8, 2-4), ha curado enfermos (Mt 8,16; 9,35) y ha expulsado demonios (Mt 9, 32), siempre en actitud de ayuda a las "ovejas descarriadas de Israel" (Mt 5, 7).

Juan Mateos

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         La llamada que Jesús había anticipado en el pasaje anterior, se concreta hoy con nombres y apellidos, y los llamados son mencionados por su nombre. Son convocados para continuar la misma obra de Jesús: "expulsar demonios, y sanar toda enfermedad y dolencia". No se trata de una jerarquía, sino un servicio. Los elige al servicio del Reino, y para anunciar la cercanía del Reino. Como es frecuente en Mateo, Pedro es destacado como el 1º, y tras él se cita al resto, dejando en último lugar a Judas. Y porque son llamados es que reciben el poder de acercar el Reino, y manifestarlo en los signos.

         El mandato de Jesús, por otra parte, alude a la situación de Israel, de forma tajante ("no vayáis"), dramática ("a las ovejas perdidas", las mismas que antes no tenían pastor) y simbólica ("estos son los doce", en alusión a las 12 tribus de Israel). Jesús siente que su pueblo patrio, y origen de la Iglesia Universal, está disperso, desmembrado, desaparecido. Y quiere reunirlo, y a ser posible (por su dificultad) congregarlo.

         Jesús no eligió 12 porque eran los únicos que tenía, sino que eligió 12 de entre los que tenía, para mostrar que la fuerza está en el Grupo de los Doce, y no en cada uno de los que va integrando ese grupo. Se trata, pues, de sociedad alternativa a la que Moisés instituyó en la Alianza del Sinaí, y de otras que (como la de Siquem) todavía seguía en pie. No como una repetición del pasado, sino como un sueño de Dios que está más vivo que nunca y al alcance de la mano, por los signos que lo acompañan.

         La imágenes de las ovejas y del pastor no hacen sino confirmar esta imagen de grupo unido. Grupo del que Dios es el pastor (Sal 23,1; 28,9; 78,71.72; 80,2; Eclo 18,13; Is 40,41), y en que él ha llamado a muchos para que pastoreen (Jer 3,15; 23,4-5; 49,19). Pero no como en el pasado, en que sus dirigentes (Ez 34, 1-31) no quisieron dedicarse al rebaño (Jer 2,8; 50,44; Ez 34,8), sino que fueron pastores de la muerte (Sal 49,15), que se apacentaron a sí mismos (Ez 34, 2) y se convirtieron en salteadores y bandidos (Jn 10,8), alimentándose del rebaño (Zac 11,4), abatiéndolo (Zac 10, 2) y destruyéndolo (Jer 12,10; 50,6). Porque desatender a las ovejas sufrientes es "el colmo del mal pastor" (Zac 11, 16-17), y por eso "el pueblo se ha dispersado" (Jer 10,21; 23,1-2; Ez 34,5; Jl 1,18).

         De las 12 tribus de Israel, en tiempos de Jesús sólo quedaba una y parte de otra. Por eso muchos de esa tribu se creían "los verdaderos". Pero Jesús viene para todos, como único pastor (Ez 34,23; Mi 5,3; Jn 10,16). El universalismo es una característica evidente de la predicación del reino de Jesús. Por eso todos los que hacen exclusión de personas no pueden entender su mensaje, y por eso las primeras comunidades muy pronto comprendieron que eso incluía también a los no judíos, a los que había que invitar a participar del único rebaño de Dios.

Fernando Camacho

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         Jesús elige hoy a sus 12 apóstoles. En 1º lugar a Simón, al que llamó Kefas (lit. Piedra, fam. Pedro) porque él será la base de los demás (Mt 16,17-19; Lc 22,31; Jn 21,15-17). Tras él, eligió a Andrés, Santiago el Zebedeo y Juan. Tras ellos, eligió a Felipe y a Bartolomé; a Tomás y a Mateo el Recaudador; a Santiago el Alfeo y a Tadeo; a Simón el Cananeo y a Judas Iscariote (éste último, el traidor). El 1º de ellos (o primado del eslabón) fue Pedro, y el 12º de ellos (o eslabón de ensanche) fue Judas.

         Es intencional que Mateo no dé esta lista cuando su primera llamada, como los demás evangelistas, sino solamente en este cap. 10 de su relato, en el momento de enviarles a misión. Tenemos ahora a los 12 constituidos en Colegio Apostólico, es decir, equipo misionero. Como decía el Vaticano II:

"La Iglesia peregrina es misionera por su naturaleza, puesto que procede de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre" (AG, 2).

"Así como, por disposición del Señor, Pedro y los demás apóstoles forman un solo Colegio Apostólico, de igual modo el Romano Pontífice, sucesor de Pedro y los obispos, sucesores de los apóstoles se unen entre sí y forman un todo" (LG, III, 22).

"El cuidado de anunciar el evangelio en todo el mundo pertenece al Cuerpo de los Pastores, ya que a todos ellos en común dio Cristo el mandato imponiéndoles un oficio común. Por tanto todos los obispos deben proveer a las misiones, no sólo de operarios para la mies, sino también de socorros espirituales y materiales" (LG, III, 23).

         Entre los 12 que Jesús envió a misión, algunos están muy a la vista (como Pedro) y otros de los que no se sabe nada (como Tadeo). Y les dio autoridad "sobre los espíritus inmundos", para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad. Destruir el mal y hacer el bien. En resumen, una misión aparentemente sencilla.

         En 1º lugar, Jesús no buscó reunir a gentes ilustradas ni disponibles, sino capaces de seguirle hasta el final y dar su vida por él. Su papel esencial era expulsar los "espíritus inmundos" y "sanar a los hombres". Y Judas formó parte de ese grupo. Sí, Judas también había sido enviado a misión, una gran misión. Jesús tomó este riesgo al confiar la responsabilidad de su obra a pobres humanos. Hay que rezar siempre por los que tienen responsabilidades en la Iglesia.

         A los 12 los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayáis a tierra de paganos ni entréis en la provincia de Samaria. Sino id primero a las ovejas descarriadas de Israel. Y por el camino proclamad que el Reino de Dios está cerca". Los gentiles y samaritanos, por tanto, no son excluidos del reino de Dios, sino que han de ser evangelizados después de los hijos perdidos de Israel.

         ¡Sorprendente perspectiva histórica! Jesús es consciente de la amplitud de su obra, y para ello es necesario mucho, mucho tiempo. Jesús, sin prisas, da una consigna limitada: hay que hacer "lo que se puede hacer" hoy, en la certeza que Dios llamará a todos los "paganos y samaritanos" en otra fase del trabajo misionero. El mismo Jesús, durante su vida humana, se limitó a lo que podía hacer: dirigirse a las "ovejas descarriadas de la casa de Israel".

         Y los 12, que algún día serán enviados hasta los extremos de la tierra, ese día partieron a llevar el evangelio al pueblo de al lado. A sí de sencillo, pues tal es la voluntad de Dios, y tal es la misión de este momento.

Noel Quesson

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         En su cap. 10 de Mateo comienza una nueva sección del evangelio: el llamado Discurso Misionero. Terminada la serie de milagros que había narrado después del Sermón de la Montaña, ahora leemos el 2º de los 5 grandes discursos de Jesús, en el que da a sus apóstoles unas consignas para su misión evangelizadora.

         Ya había insinuado la idea al final del evangelio de ayer, cuando Jesús contemplaba la abundancia de la mies y la escasez de obreros para la siega, invitándonos a orar al Padre que envíe trabajadores a su campo.

         A los discípulos a quienes elige, Jesús los llama apóstoles (lit. enviados). Su misión va a ser, ante todo: "Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca". Pero este anuncio debe ir acompañado de hechos: "Expulsar espíritus inmundos, curar toda enfermedad".

         Puede parecer extraño que les recomiende que no vayan a tierras de paganos ni a Samaria, sino que se limiten a predicar a "las ovejas descarriadas de Israel". El pueblo judío es el heredero de la promesa. Y por tanto, antes de hacerse universal, la salvación ha de ofrecerse a Israel. Será al final del evangelio cuando Jesús les de la nueva orden: "Id y haced discípulos a todas las naciones".

         La Buena Noticia de Dios, de la salvación y la vida que nos ofrece, debe ser anunciada a toda la humanidad. Cada generación es una nueva historia, y necesita ser evangelizada desde el principio. Por eso sigue en pie el encargo de Jesús. A unos se lo encomienda de un modo más intenso y oficial: a los obispos de la comunidad eclesial, que son los sucesores de esos 12 apóstoles. Como también a sus colaboradores más cercanos, los presbíteros y los diáconos, que reciben para ello una gracia especial en el Sacramento del Orden.

         Pero es toda la comunidad cristiana la que debe anunciar la salvación de Dios, y dar testimonio de ella con palabras y con obras. En el ámbito de la familia, del trabajo, del estudio, de la política, de los medios de comunicación, de la sociedad en general. En tierras de misión y en países cristianos. Todos somos seguidores de Jesús y debemos continuar (cada uno en su ambiente-) la misión que él vino a cumplir. Todos formamos la Iglesia apostólica y misionera.

José Aldazábal

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         La misión de los Doce es una continuación del episodio anterior. Los 12, símbolo del nuevo pueblo de Dios, son llamados a realizar la misión evangelizadora. Y ellos, al igual que el grupo grande de discípulos, fueron llamados al seguimiento de Jesús. Lo han acompañado en su camino y han sido formados con su ejemplo y su palabra. Ahora, después de este período de preparación, son convocados para continuar la obra. El Grupo de los Doce no es un grupo selecto destinado a gobernar a los demás discípulos, ni su función es sustituir al Maestro. Sino que es un grupo destinado a colaborar como servidores.

         Jesús les da poder para luchar contra el mal y para recuperar a aquellos que por la enfermedad han sido marginados. Su objetivo es rescatar las ovejas perdidas. Como las ovejas andaban sin pastor, es probable que muchas distrajeran su camino y se hayan extraviado. Es deber de los pastores, los que se sienten responsables de ellas, ir en su búsqueda.

         Con esta analogía, tomada de la vida campesina, Jesús funda una nueva organización, que reemplaza todas las instituciones anteriores del pueblo de Israel. El quiere que los apóstoles se interesen de verdad por el pueblo y que, en consecuencia, se consagren a el. Que cambien la actitud burocrática de los sacerdotes, levitas y escribas judíos, más interesados en el dinero, el prestigio y el poder que en la vida del pueblo de Dios.

         Ellos, aunque habían sido nombrados por Dios, se comportaban como asalariados, a los que no les importa su misión sino únicamente sus intereses personales. Los apóstoles, por el contrario, deben ser los abanderados del ministerio o servicio gratuito, y de la evangelización con los pobres, rompiendo con los vicios burocráticos. Pastores responsables, dialogantes y con una fuerte experiencia de Dios, para comunicar al pueblo la Buena Noticia.

Emiliana Lohr

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         La invitación de hoy de Jesús a sus discípulos es colectiva: "Estos son los nombres de los doce apóstoles". Es decir, se dirige al conjunto de los israelitas que han respondido individualmente a su llamada. Con ellos, frente al Israel oficial, constituye el nuevo pueblo. El nº 12 es un nº simbólico que hace relación a las 12 tribus de Israel, e indica que el grupo de Jesús es el nuevo pueblo de Israel. Este nuevo 12 designa al conjunto del Israel mesiánico, que no corresponde ya a la Antigua Alianza de Moisés, sino a la Nueva Alianza de Jesús.

         La constitución del nuevo Israel tiene una doble finalidad: "estar con Jesús" y "ser enviados a proclamar el reino de Dios". El envío es el objetivo principal de la constitución de los Doce. Jesús señala a sus discípulos su tarea en el mundo dándoles su mismo poder, poder que se extiende al anuncio de la proximidad del reino y a la curación de toda enfermedad. Sus palabras quedan confirmadas con los milagros, con una actividad liberadora, expresada como "expulsar espíritus inmundos". El poder de Jesús continúa en sus sucesores.

         El relato nos presenta la lista de los 12 elegidos, en una composición que no sólo es numérica sino personal, al indicar los nombres, sobrenombres, origen, familia y apellidos de cada uno de los integrantes del grupo. La lista de los 12 comienza por los 4 primeros llamados y termina con Judas Iscariote (que por ser el traidor, queda excluido del resto). En medio se intercalan los nombres de los otros 7, empezando por Felipe.

         El hecho de que Mateo constituya esta lista en un Grupo de Doce, donde la mayoría no tiene relieve alguno, no puede ser casual. Indica que, más que los individuos reducidos a unos nombres, lo importante es la convocación de Israel, representado por los 12 que aparecen en la lista. Esto muestra el carácter representativo del grupo. Mateo narra su constitución y enumera los nombres no porque atribuya especial importancia a cada uno de ellos, sino por el valor simbólico del nº 12.

         En el evangelio de Mateo el envío queda marcado por las siguientes instrucciones de Jesús: "No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel". Es muy extraño este planteamiento de cara al futuro que Jesús plantea para el nuevo Israel. Este no ha de ser una sociedad cerrada ni ha de imponerse a los demás pueblos; será, por el contrario, su servidor, e irá eliminando la violencia fanática que enfrenta a los hombres dondequiera se encuentre.

         Será misión del nuevo Israel, por tanto, atraer a los hombres de todas las naciones al modo de vida del reino de Dios. Por eso, los ideales de grandeza y hegemonía que se alimentaba en la teología del AT y habían sido fomentados en el judaísmo nacionalista, se ven reflejados en este pasaje. Sin embargo, desde una autentica interpretación del mensaje de Jesús todas estas ideas exclusivistas quedan descartadas definitivamente.

Gaspar Mora

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         El evangelio nos muestra a Jesús enviando a sus discípulos en misión: "A éstos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones" (v.5). Los 12 apóstoles forman el Colegio Apostólico, cuyo origen está en el cumplimiento de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según los designios del Padre. Lo mismo que Pedro y los demás apóstoles constituyen un solo Colegio Apostólico (por institución del Señor), así el papa (sucesor de Pedro) y los obispos (sucesores de los apóstoles) forman un todo (sobre el que recae el deber de anunciar el evangelio).

         Entre los discípulos enviados en misión encontramos a aquellos a los que Cristo les ha conferido un lugar destacado y una mayor responsabilidad, como Pedro; y a otros como Tadeo, del que casi no tenemos noticias; ahora bien, los evangelios nos comunican la Buena Nueva, no están hechos para satisfacer la curiosidad.

         Nosotros, por nuestra parte, debemos orar por todos los obispos, por los célebres y por los no tan famosos, y vivir en comunión con ellos. Como decía San Ignacio de Antioquía: "Seguid todos al obispo, como Jesucristo al Padre, y al Colegio de los Ancianos como a los apóstoles". Jesús no buscó personas instruidas, sino simplemente disponibles, capaces de seguirle hasta el final. Esto me enseña que yo, como cristiano, también debo sentirme responsable de una parte de la obra de la salvación de Jesús. ¿Alejo el mal? ¿Ayudo a mis hermanos?

         Como la obra está en sus inicios, Jesús se apresura a dar una consigna de limitación: "No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos, sino dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el reino de los cielos está cerca" (vv.5-6) Hoy hay que hacer lo que se pueda, con la certeza de que Dios llamará a todos los paganos y samaritanos en otra fase del trabajo misionero.

Fernando Perales

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         12 tribus, 12 apóstoles, 12 columnas de la Iglesia. Se trata de las primicias de una Iglesia que se pone en marcha, de los apóstoles y discípulos del Señor, los testigos de su vida e iluminados con su mensaje. Su misión será propagar la Buena Noticia de Cristo, revelar el verdadero rostro de Dios, padre misericordioso, y tratar de que los hombres vivan en fidelidad a él.

         Los apóstoles, como hermanos y "pastores buenos, celosos, vigilantes", cuidarán del rebaño ofreciendo incontables sacrificios. Jesús mismo les anuncia que el camino será ése: amor, sacrificio y cruz, pues el discípulo no es más que su Señor y su mensaje no será mejor acogido que el del Maestro.

         Pero reparemos en las puntualizaciones que pone Mateo a la misión. Se dirigirán primero al pueblo elegido, a la evangelización de los israelitas, cuidando de atraerlos a todos como a ovejas amadas de Israel. Sólo después, se abrirán las puertas a quienes todavía no han recibido la revelación de Dios, aunque ya han sido redimidos por la sangre de Cristo, pues el evangelio es punto de partida que a todos se dirige y a todos debe salvar por Cristo. Así, al final, todos los pueblos escucharán el anuncio de la verdad salvadora en el nombre del Señor.

Miosotis Nolasco

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         Es importante tener en cuenta que hasta el momento Mateo sólo ha nombrado a cinco discípulos en su evangelio: Pedro y su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan, y Mateo. Ahora se completa el número de los doce, que representan las doce tribus de Israel y serán los fundamentos del nuevo Israel. Ya no son solamente "los doce" o "los discípulos", ahora son "los apóstoles", pero es un término que no parece tener mucha importancia. Más importante fue siempre el simbolismo del número doce. Pedro comienza la lista y la termina Judas, los 2 protagonistas de la infidelidad hacia Jesús en los episodios de la Pasión.

         En esta convocatoria, Jesús les entrega la autoridad que ha de acompañar a sus palabras, una autoridad que se manifiesta en vencer las fuerzas del mal. No hay solución de continuidad entre la misión de Jesús y la de sus discípulos.

         Jesús envía a los 12 con unas instrucciones. La 1ª de ellas es la de dirigirse solo a Israel, lo que refleja la tensión que existía al principio entre judíos y paganos y la situación lastimosa de Israel que se iba separando cada vez más de su Dios. No había llegado la hora de la misión universal que Jesús ordena solo después de la resurrección antes de marcharse a la casa del Padre (Mt 28, 19).

Ernesto Caro

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         Entre el relato sobre la llamada de 12 discípulos a los que Jesús confiere poderes (v.1) y el comienzo de las instrucciones que deberán realizar en su misión (vv.5-7), el texto nos presenta la lista de nombres de esos 12 apóstoles (vv.2-4).

         Dicha presentación repite en su inicio el nº de los apóstoles elegidos, subrayando así el significado que asume ese acontecimiento en adelante: la constitución del nuevo Israel. El nº 12, repetidamente señalado, quiere indicar que la lista de los apóstoles representa a todo el Israel mesiánico.

         Por única vez en Mateo, los discípulos son llamados apóstoles (lit. enviados). Y se asigna a todos ellos la misma tarea que se había prometido (Mt 4, 19) a los 2 hermanos que encabezan la lista: Simón el Pedro y su hermano Andrés, destinados a convertirse en "pescadores de hombres".

         Con ello se señala el sentido del envío del que participan (Mt 4, 20) los otros 2 hermanos mencionados a continuación: Santiago el Zebedeo y Juan. Siguen luego 7 nombres en cuyo centro se sitúa el publicano Mateo, cuya vocación ha sido ampliamente relatada (Mt 9, 9-13). Antes de él se mencionan a Felipe, Bartolomé y Tomás, y después de él a Santiago el Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo. La lista se concluye con el nombre de Judas Iscariote, "el que entregó" a Jesús.

         La diversidad de la extracción de los llamados ya está indicando una cierta superación de los prejuicios sociales y religiosos. Un publicano aparece junto a israelitas, más o menos fieles. Y junto a la superación de los límites se muestra el poder que se les asigna para realizar su tarea. Este se define (v.1) como una lucha contra las potencias malignas de la existencia humana: espíritus inmundos y enfermedades. La misión consta, por tanto, como componente esencial, de la capacidad de enfrentarse con los males que afectan a los seres humanos.

         Este universalismo parece restringirse radicalmente en los vv. 5-6. La misión debe realizarse dentro de los límites del pueblo sufriente de Israel y por ello se prohíbe a los discípulos el dirigirse por el camino de los paganos y a ciudad de los samaritanos. Sin embargo, estas limitaciones temporales serán superadas al final del evangelio de Mateo donde los discípulos son enviados a todas las naciones (Mt 28, 16-20).

         Se trata por tanto de una concesión temporal y pedagógica a aquellos que todavía en la comunidad cristiana no comprendían el carácter universal del mensaje de Jesús. La finalidad de éste, sin embargo, está suficientemente explicitado. El origen de los integrantes debe buscarse en diversos grupos, algunos alejados de la ortodoxia religiosa judía.

         Pero, sobre todo, el sentido de la misión no nace de las necesidades del de los discípulos tomados en singular o en conjunto. Sino que dicho sentido hay que buscarlo en las necesidades de la multitud oprimida por la presencia del mal en su existencia. El anuncio del Reino, aunque temporalmente circunscrito al país judío, posee una dimensión universal y se extiende a todo lugar en que se pueda constatar esa presencia del mal entre los hombres.

Confederación Internacional Claretiana

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         El nº 12 no es cualquier nº en Israel, sino un nº que representa a todo el pueblo y al "sueño de Dios" depositado en él. Pues Dios se eligió un pueblo y lo estructuró en 12 tribus, como sociedad alternativa de solidaridad fraternal, de servicio a Dios y de rechazo a los ídolos paganos. En definitiva, Dios eligió un pueblo "que dé frutos de justicia y derecho".

         Pero el pueblo no supo, o no quiso seguir ese camino y se fue dispersando. La gran mayoría de esas tribus terminó desapareciendo, y su memoria se había perdido. El nº 12 elegido por Jesús está, pues, en estrecha relación con el Reino, y no es una casualidad. Se trata del nuevo Israel, cuya misión es "ir a las ovejas perdidas de Israel" y volver a configurar un reino fraternal de hermanos, bajo un único Dios y Padre.

         Jesús se eligió un grupo de los Doce, aunque no todos sus integrantes fueran fieles a su proyecto (como Judas). Y lo confió a las manos de Dios, para que fuese conducido por él. Al tiempo que, como él mismo, manifestase compasión por los dolores y angustias de las ovejas del pueblo.

         Todos los que fuimos elegidos por Jesús para seguirlo, o fuimos llamados por nuestro nombre desde el bautismo, estamos (como los 12 apóstoles) llamados a manifestar una sociedad diferente a la de este mundo, construyendo en medio de ella el reino de Dios.

Servicio Bíblico Latinoamericano

c) Meditación

         La elección de los 12 apóstoles por parte de Jesús representa un momento cimero en la conformación del nuevo pueblo de Israel, porque esto es lo que evoca el número al que el elector se ajusta, el nº 12, en representación de las 12 tribus de Israel. El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia de Jesús, también estará representado por doce, los Doce. Ellos constituyen el núcleo y germen de la futura Iglesia cristiana.

         A los 12 elegidos, leemos hoy en el evangelio, Jesús les dio autoridad (que no es tan sólo autorización) y potestad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

         Tales serán, por tanto, los rasgos característicos de su misión: expulsar la inmundicia del mundo (esto es, el pecado, que tiene como principal inductor e impulsor al demonio) y curar enfermedades (entre las cuales puede contarse también el pecado). Se trata, en definitiva, de la lucha contra el mal, en todas sus manifestaciones.

         Pero el evangelista no se limita a consignar el hecho de la elección de los Doce, sino que nos ofrece también sus nombres, algo que confiere mayor relieve histórico a la elección. Algunos de ellos van acompañados de referencias parentales, otros de apellidos y otros de sobrenombres que indican sus procedencias. Veámoslos.

         Andrés es hermano de Simón Pedro, y Juan es hermano de Santiago, el Zebedeo. Comparece también otro Santiago, el Alfeo. Mateo es el Publicano (pues éste había sido su oficio, antes de incorporarse al discipulado de Jesús), y Simón recibe el sobrenombre de el Fanático (probablemente por estar emparentado con los zelotes).

         Judas recibe el sobrenombre de Iscariote, por su lugar de nacimiento Ish Queriyot (población situada a 19 km al sur de Hebrón) o por su antigua filiación política (los sicariot, sicarios de un grupo nacionalista y revolucionario que no tenía escrúpulos a la hora de usar la violencia para lograr sus objetivos).

         La elección nominal permite suponer el conocimiento de los nominados. Es decir, que Jesús elige por sus nombres a los que ya conoce de entre la multitud de sus seguidores. Y por lo visto, no parece importarle mucho sus antecedentes, procedencias (incluidas las ideológicas) o lazos familiares, pues entre los elegidos encontramos personas de baja facción social (como los pescadores), colaboracionistas del régimen (como los publicados) e individuos ligados a grupos revolucionarios de carácter nacionalista, familiarizados con el uso de las armas (como los zelotes).

         Esta diversidad de sensibilidades políticas podría ser, a priori, causa de conflicto entre ellos, pues mientras que el publicano podía ser considerado un colaboracionista del Imperio Romano, el zelota aspiraba a sacudirse el yugo impuesto por los romanos.

         Aunar este conjunto de sensibilidades no era nada fácil, pero a pesar de ello Jesús los elige, para que formen parte de un proyecto de vida común. Elige a los que quiere y por sus nombres, y hace de ellos su compañía habitual (para que estén con él) y sus colaboradores en la misión (para enviarlos a predicar).

         Es decir, Jesús hace de ellos primero discípulos (= aprendices) y después apóstoles (= enviados), hace de ellos primero contemplativos (de su persona) y después misioneros (de su palabra). Así lo atestigua el evangelio: Jesús eligió a doce y los envió con estas instrucciones: No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.

         Es decir, la misión consiste esencialmente en anunciar la cercanía del Reino (que es lo que ha venido haciendo él mismo) con el apoyo de los signos liberadores (expulsión de espíritu inmundos y curación de enfermedades), para mostrar a las claras la presencia de ese Reino que se anuncia.

         Lo que llama la atención es que Jesús parezca limitar la actuación apostólica al pueblo de Israel, olvidándose de los paganos y samaritanos (que para el caso eran como paganos) y como diciendo que todavía no era la hora de los paganos, y que éstos tendrían que esperar su turno. De hecho, fue el mismo Jesús quien, estando en la región de Tiro, le dijo a la mujer fenicia que no ha sido enviado más que a las ovejas descarriadas de Israel, aunque no por eso dejara de atenderla.

         En resumidas cuentas, los paganos no fueron consideramos por Jesús como los primeros e inmediatos destinatarios de la primera misión apostólica, aunque fuesen tenidos en cuenta para futuras evangelizaciones (llegado su momento, y en atención a sus plegarias y solicitudes, pues también para ellos ha venido el Señor).

         Este grupo de los Doce, que acabará sufriendo la pérdida de uno de sus miembros (Judas el Iscariote), fue la estructura germinal de la Iglesia de Cristo, y en pocos meses empezará a crecer y multiplicarse por toda la geografía mundial, sin detenerse ante fronteras de paganos o de extranjeros.

         Ello demuestra que las instrucciones de Jesús fueron entendidas tanto para aquel momento histórico (el inicial, comenzando por los judíos) como para el resto de momentos de la historia (el futuro, yendo al mundo entero).

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ·CID, doctor en Teología

 Act: 09/07/25     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A