11 de Julio
Viernes XIV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 11 julio 2025
a) Gén 46, 1-7.28-30
Dios dijo a Israel: "Jacob, Jacob". Y él respondió: "Aquí estoy". Oírse llamado por su nombre y contestar manifestando nuestra disponibilidad. Es el resumen exacto de la fe, que es respuesta a una llamada. Dios tiene la iniciativa, pero ¿sabemos responderle? Cada instante nos aporta una llamada de Dios. Casi siempre hacemos oídos sordos.
Tras lo cual, Dios continuó: "No temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en un pueblo numeroso. Yo bajaré contigo a Egipto, y Yo te haré subir". Si nos fiamos de Dios, también confiaremos en el porvenir, y perderemos el miedo al futuro. Hay que vivir el presente, por supuesto. Pero mirando al futuro, cuyo devenir estará en manos de Dios. En el caso de Jacob, no todo fue de color de rosa a partir del día en que salió a Egipto, y cuando pasen algunos siglos la historia habrá cambiado de rumbo, y los descendientes de Jacob clamarán a Dios desde el fondo de su esclavitud (Ex 2, 23-24). Pero entonces, Dios cumplirá su promesa: "Yo te haré subir".
La historia sapiencial de José culmina con el abrazo del hijo al padre, o abrazo a Jacob. Las lágrimas de gozo borraron los surcos que dejó el llanto angustiado de antaño, y por eso el anciano padre ya puede decir: "Ahora pudo morir tranquilo, pues te he vuelto a ver y vives todavía".
Nelson Medina
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José, vendido como esclavo a los egipcios, había llegado a ser el 1º visir del faraón. Y se había dado a conocer a sus hermanos, llegados a Egipto para mendigar trigo, huyendo de la hambruna de Canaán. Hasta que mutuamente se personan los unos a los otros, y José les pide que se instalen en Egipto con todas sus familias, incluyendo al padre Jacob.
Toda esta historia se contaba de boca en boca en Israel, antes de quedar escrita. Todo un pueblo se consolidaba así con los recuerdos comunes, que explicaban el curso de la historia de Israel.
Partió Jacob a Egipto con todo lo que poseía. Cuando llegó a Bersebá ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. Esos nómadas que se desplazan todavía mucho, no llegan nunca a una etapa importante sin "ofrecer un sacrificio".
Se trata del resumen exacto de la fe, que es respuesta a una llamada, Dios tiene la iniciativa, pero ¿sabemos responderle? La relación a Dios por su parte es siempre abierta, ofrecida gratuitamente. Pero, a veces, hacemos oídos sordos. Gracia y Libertad. Don de Dios aceptado o rechazado. Hoy todavía me llama Dios por mi nombre.
Es evidente que se trata de una historia escrita a destiempo, cuando los hechos hubieron confirmado esa predicción. Pero no es necesario ver milagros en esas visiones y profecías. Todo ello pudo suceder también de modo muy natural, algo así como nos pasa también a nosotros en algunas etapas importantes de nuestra vida en que "confiamos en Dios, confiando en el porvenir": ¡esto es propiamente la esperanza!
Jacob marchó a Egipto con toda su familia, en un viaje que era de todo menos de color rosa. Pasados algunos siglos el viento de la historia habrá cambiado de rumbo y los descendientes de Jacob clamarán desde el fondo de su servidumbre (Ex 2, 23-24). Entonces será preciso que Dios vuelva a intervenir, esta vez por medio de Moisés, para sacar a su pueblo de la esclavitud.
Noel Quesson
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José no sólo perdona a sus hermanos, sino que les encarga que traigan a su padre a Egipto. La escena es significativa: Jacob, con sus hijos y nietos, y con sus posesiones, emigra a Egipto. Es el inicio de una estancia del pueblo elegido en tierra extraña, que tendrá su viaje de vuelta en el éxodo, cuatro siglos después, cuando, guiados por Moisés, salgan de Egipto y peregrinen hacia la Tierra Prometida.
En las palabras de ánimo que Dios dirige al anciano Jacob ya se asegura la vuelta: "No temas bajar a Egipto, porque allí te convertiré en un pueblo numeroso: yo bajaré contigo y yo te haré subir".
Es emocionante la escena del encuentro de Jacob con su hijo José, después de tantos años de darlo por perdido. Toda la familia se instala en la región de Gosén.
En nuestra vida, hay muchos viajes de ida y vuelta. Como José que es llevado contra su voluntad a Egipto, como Jacob y su familia que emigran buscando mejores condiciones de vida, todos podemos ser un poco peregrinos en la vida y emigrantes, viajeros de éxodos que no esperábamos. La vida da muchas vueltas y, a veces, nos hace madurar por caminos que, a 1ª vista, no nos parecen muy agradables.
Ojalá tengamos la seguridad, como Jacob y José, de que Dios está siempre con nosotros. Estemos en tierra propia o en tierra extraña: "Yo bajaré contigo a Egipto y yo te haré subir". Igual que José interpretaba que era Dios el que había permitido que él pasara por la amarga experiencia de ser vendido como esclavo, para sacar también de eso un gran bien para todos. Pase lo que pase a cada persona, y también a la humanidad y a la Iglesia, Dios sigue con sus planes: "Yo te convertiré en pueblo numeroso".
El salmo responsorial de hoy nos invita a hacer el bien y a tener confianza en Dios, que nos sigue en todos nuestros viajes con cercanía de padre: "Confía en el Señor y haz el bien, pues el Señor vela por los días de los buenos. Apártate del mal y haz el bien, porque el Señor ama la justicia y no abandona a sus fieles. El Señor es quien salva a los justos, los protege y los libra".
José Aldazábal
b) Mt 10, 16-25
Los predicadores del evangelio, deben esperar para ellos la misma suerte de su Señor. Lobos, entrega, azotes, "conducidos ante gobernadores y reyes", "entregados a la muerte", ser odiados y perseguidos... Ciertamente, los anuncios son duros. Por ello se invita a una serie de actitudes: prudencia, sencillez, testimonio, "no preocuparse", perseverancia e incluso huir. Y tienen garantizada la presencia del Espíritu del Padre, que hablará por ellos en el juicio.
Como es de esperar en Mateo, los perseguidores están relacionados a Israel: "sinagogas y sanedrines" y los 39 azotes. Es interesante notar el cambio que opera Mateo al texto de Marcos: en éste el acento está en que se debe predicar "a todas las naciones". En cambio, Mateo señala que el testimonio (martirio) de los perseguidos es "para ellos" (los judíos) y "para las naciones" (los no judíos). Por eso la referencia a "sinagogas y sanedrines" (de los judíos de la diáspora) parece ser una continuación de lo que ocurrió a Jesús ("reyes y gobernadores").
El esquema de la persecución es judicial: se supone a los discípulos ante tribunales, como el mismo Jesús. Es interesante que ideas muy semejantes, e incluso idénticas se repiten al final del evangelio, terminando con la misma idea: "El que persevere hasta el fin, se salvará" (Mt 24, 9-14).
Como en Marcos, este último texto aparece en el discurso final. Pero Mateo lo ha adelantado poniéndolo también aquí; el discurso conclusivo (o Discurso Escatológico) relaciona el fin de los tiempos de Jesús, con el fin de los tiempos de Israel. Lo que ha hecho Mateo en este caso es relacionar esto con el futuro, la casi segura persecución de los cristianos (aunque en tiempos de Mateo ya era algo que se experimentaba).
Ciertamente las persecuciones que esperan a los seguidores de Jesús ("en mi nombre") son anticipo de los tiempos finales y definitivos (escatológicos). El principio de la predicación de la Iglesia es ya parte de los tiempos finales. El martirio no es sino confirmación de esto. Los cristianos, continuadores de Jesús, deben continuar su palabra y obra. Los adversarios, continuadores de la obra del anti-Reino serán siempre opositores de la obra de Dios. Y los testigos (mártires), continuadores de la predicación, persecución y muerte de Jesús, son seguidores del camino abierto con la resurrección.
El último versículo presenta varias dificultades, especialmente con respecto a su origen. Pero más allá de esta cuestión, lo importante es que Jesús pretende comunicar aliento a sus discípulos. ¿A qué se refiere con la llegada del Hijo del hombre? ¿A la caída de Jerusalén? ¿A la resurrección de Jesús? ¿A Pentecostés? ¿A la venida del Reino? Sea como fuere, no se debe olvidar que también a los judíos, aunque tengan una actitud belicosa con la comunidad cristiana, se debe predicar el Reino.
Juan Mateos
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La situación de los discípulos en medio de la sociedad será como la de hombres inermes ante enemigos despiadados. Así como la perícopa anterior trataba de la actitud de los discípulos y su trabajo por la paz (Mt 5, 3.7-10), en ésta se describe la persecución de que van a ser objeto (Mt 5, 10). El programa de las bienaventuranzas se verifica en la vida del discípulo. La actitud de éstos ante la sociedad hostil es, por una parte, de prudencia y cautela, sin meterse en la boca del lobo; por otra, de ingenuidad y sencillez, sin ser intrigantes ni retorcidos (v.16).
Jesús desarrolla el aspecto de la cautela: no fiarse de cualquiera, porque hay muchos dispuestos a traicionarlos y entregarlos a los tribunales. Es un aviso equivalente al dado en Mt 7,6. No tienen por qué manifestar a cualquiera el contenido del mensaje que llevan. La sociedad no tolera ese mensaje, que pone en cuestión sus mismos cimientos.
De ahí la acción de los tribunales, lo mismo judíos que paganos, que será la prueba de su injusticia. En esta circunstancia difícil no deben preocuparse de lo que van a declarar ante el tribunal, pues tendrán una ayuda particular del Padre por medio del Espíritu. Se verificará lo anunciado en la bienaventuranza sobre la persecución (Mt 5, 10); el rey de los perseguidos es el Padre, y su amor no les faltará un momento.
El mensaje causará divisiones tremendas en la misma familia. Unos delatarán a otros, y harán que sean condenados a muerte. La sociedad no soportará a los discípulos. La salvación está en mantenerse firmes hasta el final. Para el discípulo, esta clase de muerte no es un fracaso, sino un éxito que corona toda su vida. Si se encuentran perseguidos en una ciudad, deben huir a otra. No faltarán ciudades antes de "la llegada del Hijo del Hombre".
Fernando Camacho
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"Mirad que os mando como ovejas entre lobos". Los apóstoles están bien advertidos: parecen entregados, mansos y sin defensa (ovejas), a la brutalidad y a la fuerza de sus adversarios (lobos).
El reino de Dios se revela en la debilidad de Jesús y de sus mensajeros. San Pablo dirá también que "la fortaleza de Dios encuentra su cumplimiento en la debilidad" (2Cor 12, 9). Toda la historia de la Iglesia confirma esta verdad. Son los pequeños y los humildes los que han hecho las mayores obras. ¿Creo verdaderamente que la fuerza de Dios es capaz de hacer grandes cosas en mi debilidad?
Jesús toma sus comparaciones del mundo animal. Y anuncia la persecución a sus apóstoles, pero les pide que no se expongan inoportunamente. Jesús nos pide que seamos cautos, es decir inteligentes, hábiles, finos (como serpientes). Sin embargo hemos de conservar la ingenuidad, es decir la "candidez", la simplicidad, sin disimulo, sin segunda intención (como palomas). Es preciso que se perciba que los mensajeros del evangelio sólo se ocupan de Dios y no buscan su propio provecho.
Pero Jesús no esconde la verdad a sus apóstoles, y por eso les dice: "Os llevarán a los tribunales, y os conducirán ante gobernadores y reyes por mi causa". El evangelio provoca a veces la oposición y la persecución. Pero esto no espanta a Jesús, y por eso nos pide a nosotros que nos mantengamos valientes, como él. Los apóstoles, por tanto, no han de inquietarse. Y no han de contar con su sola inteligencia para encontrar las palabras oportunas, pues hay "en ellos" Espíritu de Dios, que "habita en nuestros corazones".
La oposición y la persecución vienen, a veces, de la propia familia: "Un hermano entregará a su hermano y un padre a su hijo". El odio puede nacer en todas partes. Jesús nos sugiere una sola solución: aguantar y permanecer fieles. Es decir, conservar la firmeza y el valor, contra toda decepción, contra toda oposición y contra todo fracaso. Lo que cuenta, es la salvación eterna, salvarse y saber que Jesús está con nosotros.
Jesús nos promete que viene, que le veremos, que viviremos con él. En la oscuridad del fracaso estamos seguros de esto: Jesús vendrá con toda certeza y salvará a los suyos.
Noel Quesson
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En el Discurso Misionero de hoy, Jesús anuncia a los suyos que tendrán dificultades y persecuciones. Las comparaciones están tomadas ahora de la vida de los animales: lobos y ovejas, serpientes y palomas. Y consciente de que serán perseguidos, les recomienda estas 2 cualidades: la sagacidad de las serpientes (para saber discernir la presencia de los lobos, y no provocar inútilmente a los opositores) y la sencillez de las palomas (sin doblez ni complicaciones).
Convencido de que "los llevarán ante los tribunales, y los odiarán" hasta la muerte, Jesús invita a sus discípulos a confiar en la ayuda de Dios: el Espíritu Santo estará a su lado y les dará su luz y su fuerza.
Cuando Mateo escribió su evangelio, la comunidad cristiana ya sabía mucho de persecuciones y excomuniones y hasta de martirios. El libro de los Hechos nos lo atestigua abundantemente. Basta recordar el martirio de Santiago y Esteban, así como la historia de los 2 grandes héroes de la primera generación, Pedro y Pablo.
A lo largo de la historia, la comunidad de Cristo ha seguido padeciendo problemas internos y externos. Ya se lo había avisado Jesús. También en el mundo de hoy, anunciar el evangelio nos expone a malentendidos y reacciones contrarias. El martirio, o testimonio hasta la muerte, sigue siendo actual. Se repiten los casos, sobre todo en países de misión, o allí donde cristianos valientes denuncian atropellos e injusticias.
Pero esto no nos tiene que desanimar, ni hacernos cejar en nuestro empeño evangelizador: "Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra". Lo importante es seguir anunciando a todos el amor de Dios. Si no es de un modo, será de otro.
Si estamos convencidos nosotros mismos de que la salvación está en Cristo y en el estilo de vida que nos propone, ya encontraremos el lugar y el modo de comunicarla a los demás. Con prudencia y, al mismo tiempo, con sencillez, ayudados por el Espíritu de Dios. Tenemos trabajo hasta el fin del mundo, hasta la vuelta del Señor. Y "el que persevere hasta el final, se salvará".
José Aldazábal
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En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles: "No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales". Ser cristiano es fruto de un conocimiento conceptual y experiencial de Cristo. Se trata de conocer y creer en sus palabras y, además, ponerlas en práctica llevando el mismo estilo de vida que él llevó. O aceptamos correr su misma suerte viviendo lo que sabemos y creemos o no nos llamemos ni consideremos cristianos.
Nuestra fe es profética por naturaleza. El profetismo es un aspecto constitutivo del cristianismo. Desde la experiencia de fe hay que anunciar el reino de Dios en este mundo y denunciar cuanto lo impide o dificulta. Si la fe cristiana deja de ser profética pasará a ser vergonzante. Si callamos ante la injusticia, la opresión o el pecado por no complicarnos la existencia, viviremos un cristianismo acomodaticio y falso.
Si optamos por Dios en favor de los hombres entraremos en conflicto con los poderes de este mundo, que subyugan y esclavizan a sus súbditos. Y encontraremos entonces la persecución, la incomprensión y toda serie de calamidades se nos vendrán encima.
Jesús anuncia la imposibilidad de vivir auténticamente la fe sin un compromiso personal contra toda suerte de pecado. Recomienda prudencia y promete asistencia del Espíritu que anima la vida del creyente y advierte que desde la fortaleza/valentía se superarán las dificultades.
Las guerras en nombre de Dios han de ser vividas en voz pasiva, nunca en activa. Somos los cristianos los que seremos perseguidos, nunca perseguidores. Cuando se mata en nombre de Dios se engendra ateísmo, cuando se muere engendramos cristianismo. Mirémonos en el espejo de la historia para no cometer los mismos errores del pasado.
Benjamín Oltra
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"Como ovejas en medio de lobos": he aquí el sello que nos permite reconocer a los discípulos, en cualquier etapa de la historia. Un humilde predicador, atacado por un poderoso que defendía el brillo mundano de sus posiciones sacudidas por la elocuencia del evangelio, se limitó a dar esta respuesta: "Una sola cosa me interesa en este caso, y es que Jesús no vea en mí al lobo sino al cordero".
"Como las serpientes". Entre los pueblos de Oriente la serpiente era símbolo de la prudencia y de las ciencias ocultas. Nótese, como apunta San Gregorio I Magno, que "el Señor recomienda la unión de la prudencia con la sencillez, ésta para con Dios y aquélla para con los hombres", como vemos en el v. 17.
Mateo sabe adaptar a su tiempo y sus destinatarios el mensaje de Jesús. El Señor había invitado a sus seguidores a continuar su predicación, pero esto, en tiempos de Mateo tenía otro color. Como al mismo Maestro, los judíos los rechazaban, y denunciaban. Eran hermanos que entregaban a hermanos. Predicar a Jesús suponía entrar en conflicto con los mismos que lo habían matado, y la muerte de los cristianos (o ser sometidos a juicio) no era algo lejano. Mateo sabe mostrar a sus compañeros que los seguidores de Jesús deben esperar correr su misma suerte.
Claro que eso no supone el masoquismo de buscar y desear seguir esa suerte. Lo que se debe desear es predicar el Reino; por eso propone, si es necesario, huir; hacen falta predicadores, fieles no mártires; aunque si llegara el momento debamos dar testimonio (con la vida y con la muerte) de ese reino que predicamos.
Ciertamente algunas cosas han cambiado: hoy no son sanedrines y sinagogas, pero siempre hay poderes con los que se enfrenta el mensaje del evangelio: el poder político, el poder del dinero, el poder de la muerte. Precisamente este poder no soporta que se predique un mundo diferente, donde reine la gratuidad, la fraternidad, la solidaridad. Si hubiera gratuidad el mercado se derrumbaría, si hubiera solidaridad la competencia quebraría, si hubiera fraternidad se derretiría el muro nuevo edificado sobre el egoísmo.
Quizás debamos preguntarnos, frente a una sociedad armada sobre esos anti-valores: ¿Por qué no molesta ya a los poderes el mensaje cristiano? ¿Habremos perdido la capacidad de ser levadura? ¿Habremos perdido la fuerza del testimonio? ¿O habremos domesticado el mensaje del evangelio? ¿Somos ovejas en medio de lobos, o nos hemos mimetizado con la jauría?
Gaspar Mora
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Jesús recuerda hoy que la lucha del discípulo contra el mal está en desventaja: "Os envío como ovejas en medio de lobos". El discípulo es pobre y está inerme; sólo es rico en fe en la validez de su anuncio. La misión exige un ambiente de debilidad, pero una debilidad que colme la presencia del Señor (Mt 28, 20). Parece que Dios exige un ambiente de debilidad para forzar al discípulo a la fe y para quitarle, a él y a los demás, cualquier ilusión: es Dios el que obra; no los hombres.
Pero la debilidad no es presunción, ligereza, superficialidad e ingenuidad. Simples y prudentes, son las palabras de Cristo. La simplicidad es lealtad, trasparencia, confianza en la verdad y, por tanto, rechazo de cualquier subterfugio y de todo medio de violencia, la prudencia es la capacidad (y la humildad) de valorar las situaciones concretas. Pero se trata siempre, por supuesto, de la prudencia de Cristo, no de la prudencia del mundo, basada en cálculos cínicos, diplomacia y compromisos, siempre en busca de una salvación propia.
Bruno Maggioni
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¿Hay algo más opuesto que una serpiente y una paloma? Y sin embargo, se nos pide tener algo de ambas. Bonita mañana de Israel en que Jesús propuso esta tarea. ¿Cómo será posible?
La paloma es el animal de los parques de nuestra infancia, al que hay que dar de comer en la boca o hacerle un palomar en el pueblo; y el que, con su rama de olivo en la mano, anuncia la paz. La serpiente, por el contrario, es un animal temido, sibilino, escurridizo, que aparece sin avisar... ¿Se puede ser, a la vez, sagaz y sencillo? ¿Será quizás una manera de mostrarse ante las dificultades, que huya tanto del temor como de la falsedad?
Se me ocurre que Jesús, en aquella mañana soleada de Galilea, ante la mirada de los suyos, mezcla de interés y de asombro, pudo continuar diciendo:
-sed ágiles como los corredores, para arriesgar y avanzar sin estar dando vueltas eternamente a lo mismo; pero de los que saben esperar a los que van más lentos, como los peregrinos;
-sed objetivos con la realidad como los científicos, para descubrir la verdad de las cosas; pero parciales como los ideólogos para posicionaros al lado del más débil, de lo más justo, de lo que merece la pena;
-sed firmes como los soldados, para tener criterio y no confundir a los demás; pero flexibles como los gimnastas, para adaptarse a cada persona, a cada circunstancia y poder perdonar y dar una nueva oportunidad;
-sed exigentes para que no os den gato por liebre, pero lo suficientemente ingenuos para seguir confiando, esperando y amando a pesar de todo.
Y cuando os pregunten "¿cómo será eso posible?", vosotros decid, con esa mezcla de sagacidad y sencillez: "El Espíritu nos guía hasta la verdad plena".
Luis Manuel Suárez
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Comienza la 2ª parte del llamado Discurso de la Misión, centrada en las dificultades que los discípulos encontrarán para cumplir su tarea y en las persecuciones de que van a ser objeto. El programa de las bienaventuranzas lo viven los discípulos. Para subsistir en medio de una sociedad hostil deberán actuar con prudencia y cautela, con sagacidad y prudencia, cautos como la serpiente e ingenuos como la paloma, porque estarán como ovejas entre lobos.
Jesús les recomienda no fiarse de cualquiera porque hay muchos que quisieran enviarlos a los tribunales; la sociedad no tolera un mensaje que cuestiona sus fundamentos. Por esos los primeros enemigos serán los judíos, ante cuyos tribunales serán llevados. Pero no deben preocuparse, porque allí darán testimonio ante ellos y los paganos, con la ayuda particular del Padre, por medio del Espíritu.
Más doloroso serán las divisiones en las propias familias. El discípulo debe conservarse firme ante el peligro de muerte porque esta muerte no es un fracaso sino un éxito; pero también se les recomienda huir a otra ciudad. Una vez más se constata que la sociedad no tolera a quien quiere el cambio.
Todas estas recomendaciones son también para quienes hoy se han comprometido con el ministerio de la evangelización y la catequesis. La sociedad de consumo no admite que se le cuestione, pero la fuerza del Espíritu sostiene y anima la empresa más necesaria para volver el mundo hacia Jesucristo.
Emiliana Lohr
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Hoy el evangelio remarca las dificultades y las contradicciones que el cristiano habrá de sufrir por causa de Cristo y de su evangelio, y como deberá resistir y perseverar hasta el final. Jesús no ha prometido a los suyos un camino fácil, sino todo lo contrario. Por eso, ya por adelantado les dijo: "Seréis odiados por todos, a causa de mi nombre" (v.22).
La Iglesia y el mundo son 2 realidades de difícil convivencia. El mundo, que la Iglesia ha de convertir a Jesucristo, no es una realidad neutra, como si fuera cera virgen que sólo espera el sello que le dé forma. Esto habría sido así solamente si no hubiese habido una historia de pecado entre la creación del hombre y su redención. El mundo, como estructura apartada de Dios, obedece a otro señor, que el evangelio de Juan denomina como "el señor de este mundo" (el enemigo del alma), al cual el cristiano ha hecho juramento (en el día de su bautismo) de desobediencia, de plantarle cara, para pertenecer sólo al Señor y a la madre Iglesia.
Pero el bautizado continúa viviendo en este mundo y no en otro, y no ha de renunciar a la ciudadanía de este mundo. Por ello, los deberes de ciudadanía cívica son también deberes cristianos; pagar los impuestos es un deber de justicia para el cristiano. Jesús dijo que sus seguidores estamos en el mundo, pero no somos del mundo (Jn 17, 14-15). No pertenecemos al mundo incondicionalmente, sólo pertenecemos del todo a Jesucristo y a la Iglesia, verdadera patria espiritual, que está aquí en la tierra y que traspasa la barrera del espacio y del tiempo para desembarcarnos en la patria definitiva del cielo.
Esta doble ciudadanía choca indefectiblemente con las fuerzas del pecado y del dominio que mueven los mecanismos mundanos. Repasando la historia de la Iglesia, Newman decía que "la persecución es la marca de la Iglesia, y quizás la más duradera de todas".
Josep Laplana
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El evangelio de hoy parece un informe policial acerca de las persecuciones que experimentaron los primeros cristianos. Aunque, a decir verdad, una investigación policial jamás encontraría la clave por la que esos discípulos de Cristo afrontaban esa difícil situación. Porque, ¿cuál es esa clave? ¡La ayuda del Espíritu!
El evangelio lo dice con claridad: "No seréis vosotros los que habléis. El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros". La misión no es un asunto nuestro. No estamos llamados a convertirnos en abogados defensores de Dios, como si fuéramos su guardia pretoriana. Las riendas de la historia, incluso en los momentos más sombríos, más opacos, las lleva el Espíritu.
De aquí se derivan 3 actitudes para afrontar el tiempo presente: la confianza, la sagacidad y la sencillez.
La confianza es la más importante, y constituye el sustrato de las otras dos. Significa creer que Dios quiere a la humanidad y no la abandona a su suerte, que todas las cruces esconden el germen de la resurrección, que el amor no puede ser derrotado.
La sagacidad nos ayuda a vivir con los ojos abiertos para distinguir el bien del mal, para no dejarnos embaucar, para no confundir la palabra de Dios con las muchas palabras vanas que nos inundan cada día. Es la virtud de los inteligentes, de los que no se contentan con las apariencias sino que han aprendido a "leer por dentro" (intus-legere).
La sencillez es patrimonio de los humildes y buenos, de los que no enmascaran la verdad, de los que tienen un corazón limpio para entender las cosas de Dios: "Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos".
Gonzalo Fernández
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Ante la lectura del pasaje de hoy podríamos preguntarnos: ¿Por qué habrían de perseguir a los seguidores de Jesús? ¿Por qué me han de perseguir a mí? La respuesta la da el mismo Jesús, en el evangelio de Juan: "Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán".
Esta persecución es debida a que la vida cristiana muchas veces se opone radicalmente a los intereses egoístas del mundo. Por eso cuando una persona verdaderamente se convierte en un discípulo de Jesús, dado que sus criterios y valores se regulan por el evangelio y su vida es dirigida por el Espíritu Santo, los amigos, a los cuales les gusta mantener conversaciones obscenas o irreligiosas, frecuentar lugares inconvenientes o realizar acciones contrarias a la moral y principios cristianos, comenzaran a rechazarlos, a no invitarlos y a excluirlos del grupos de amigos.
Lo mismo si el cristiano hace manifiesto su discipulado en la oficina viviendo las normas de la justicia, muchas veces no encontrará apoyo en su compañeros, e incluso, si llega a oponerse radicalmente a la injusticia, puede hasta perder el puesto.
Efectivamente la vida cristiana no siempre es fácil, pero es la única vida que proporciona al hombre la verdadera paz y la alegría interior que no tienen fin. Hoy más que nuca Jesús necesita de hombres y mujeres fieles al evangelio que sean capaces de testificar ante los demás su amor por él. No tengas miedo, él nos ha ofrecido que estará con nosotros y que en ese momento seremos asistidos por la fuerza y el poder del Espíritu Santo.
Ernesto Caro
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Ovejas, lobos, serpientes, palomas... Hoy los animales son el recurso que Cristo emplea en su evangelio, a la hora de enseñarnos a caminar con prudencia y audacia, con sabiduría y humildad. Tales imágenes zoológicas tienen su punto de partida en que hay una incompatibilidad radical entre la oferta de Cristo y lo que el cristiano hallará en el mundo. Nuestra existencia es paradójica y por eso debe aprender a unir realidades paradójicas, como las que representan las serpientes astutas y las palomas sencillas.
El criterio fundamental para el cristiano, por tanto, parece ser sólo uno: conservar la conciencia del tesoro que has recibido. No se trata de que lo escondas, porque ya ves que Cristo te envía; pero tampoco se trata de que lo desperdicies, porque es Cristo quien te lo ha dado, y el precio ha sido su amor hasta el extremo de la cruz. No esconder y no desperdiciar: dar con sabiduría, con humildad, con generosidad, con pureza de alma.
Nelson Medina
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Jesús prosigue su enseñanza advirtiendo a sus discípulos sobre las dificultades que encontrarán en su misión. Estas dificultades no serán un obstáculo sino una significativa oportunidad para dar testimonio de él. La adversidad del mundo con sus autoridades y aparato legal no oculta la verdad de Jesús sino que la pone en evidencia: lo más importante es la vida del ser humano.
Para comunicar ese testimonio no será necesario una vasta preparación intelectual, sino, ante todo, una profunda experiencia de Jesús. El discípulo actuará como un profeta y de su boca saldrán palabras inspiradas por el Espíritu. Su mensaje no estará a favor de sí mismo sino a favor del proyecto de Jesús: el reino de Dios. De modo que el testimonio no va a ser nunca publicidad de sí mismos ni del grupo religioso ni de los intereses particulares.
El testimonio no dejará impávidos a quienes lo escuchen. La reacción negativa será inmediata, pues las palabras del Espíritu cuestionarán las injusticias del orden vigente. El testimonio divide a los que están a favor del Reino de los que están a favor del lucro. Por eso, no importará si son amigos o parientes quienes se sienten cuestionados por la Palabra. Esta sacará la verdad a la luz: o con Jesús o contra él, o a favor de su proyecto de vida o contra él.
El discípulo que se mantenga fiel a Jesús optará por la vida y, así, se salvará. La fidelidad al Reino evidencia el conflicto que produce en la sociedad, familia y comunidad el llamado de Dios a la solidaridad. La opción que tomemos ahora entre el proyecto de vida de Dios y los intereses de una mentalidad explotadora, decidirá la salvación futura. Lo que hoy hacemos nos pone de parte de Jesús o contra él.
Severiano Blanco
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El trabajo por la paz encontrará siempre la oposición de una sociedad autosatisfecha en su falsa paz y que se resiste a las transformaciones que exige aquella tarea.
De ahí la condición de los enviados en medio de la sociedad humana del tiempo de Jesús y del evangelista y también en toda sociedad estructurada a partir del egoísmo humano. El discípulo frente a esas sociedades se sitúa como oveja frente a lobos. Su condición será siempre la de presentarse sin armas, indefenso frente a quienes han hecho del uso de la fuerza su única razón. Esta indefensión es condición inherente a la condición del discípulo de Jesús.
En una situación así descrita, el discípulo deberá asumir la cautela necesaria para enfrentar la vida en medio de este mundo hostil y deberá revestirse de una confianza a toda prueba en la asistencia de Dios a su actuación.
Lo 1º que se requiere es la sencillez de comportamiento unida a la prudencia. Para esta enseñanza se toman como referencia las actitudes respectivas típicas de palomas y serpientes. Estas son las condiciones con que deberán salir al paso de las dificultades originadas por la delación y la denuncia que los obligarán a comparecer ante el poder civil y el poder religioso.
Frente al poder imperial de Roma, las comunidades de Mateo conocen la persecución de los paganos, en cuyos tribunales deben presentarse frecuentemente. También conocen los castigos sinagogales que la dirigencia farisea inflige a los que se separan de su interpretación religiosa. Sin embargo, ese conjunto de dificultades sirve para la difusión del mensaje, y es una una ocasión más para mostrar el contraste entre los valores evangélicos y los valores de este mundo.
Esa comprensión de la persecución como oportunidad de difusión del mensaje debe estar acompañada en los discípulos de una confianza inquebrantable en Dios, que es la fuente del mensaje y que está comprometido en su difusión. Esta confianza inquebrantable les ayudará a superar toda angustia y todo cálculo humano de defensa ya que el mismo Dios comunicará su fuerza para poder demostrar la injusticia de los adversarios.
El rechazo social a los valores proclamados por los mensajeros, causará divisiones en el círculo más íntimo de éstos. La división afectará el ámbito de la propia familia que compartirá el rechazo de la sociedad y hará causa común con ésta recurriendo a la delación y causando la muerte de los enviados.
El odio será la reacción más común que encontrarán los discípulos de Jesús porque su mensaje no deja indiferente a nadie. Este contexto de decisión última por o en contra de Jesús es el ámbito en que se desarrolla siempre la tarea evangélica.
Ante esta situación se hace un último llamado de atención que, es a la vez, una palabra de seguridad y consuelo: el que perseverare hasta el fin se salvará. La persecución y la muerte no pueden triunfar sobre el mensaje evangélico y sobre todos aquellos que se han comprometido con él.
Los valores evangélicos siempre suscitan oposición en el ámbito que se proclaman. Sus mensajeros no pueden retroceder ante esas oposiciones ni entrar en compromisos para suavizar su contenido. La prudencia, pero también, el coraje y la confianza absoluta en la obra encomendada deben ser propias de los seguidores de Jesús.
Confederación Internacional Claretiana
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Jesús advierte hoy a sus discípulos las consecuencias de la puesta en práctica del reino de Dios, y la serie de suplicios por la que deberán pasar, víctimas de la proclamación del mensaje de Jesús (amor al enemigo, cuidado a los pobres, cumplir hasta la última tilde, no fiarse de la gente...).
Está clara, pues, la suerte que deberán correr los enviados a la misión (vv.21-23), y todo ello por causa de Jesús. Por eso, en el momento de la predicación es cuando recibimos los cristianos el don del Espíritu, a la hora de hablar y de dar testimonio.
De esta manera, es predecible el conflicto que conlleva pretender instaurar un orden nuevo de cosas (el de Jesús) y rechazar las viejas instituciones del mundo (que no se quedarán quietas, sino que se enfrentarán a la novedosa propuesta del reino de Dios). El seguimiento de Jesús es ruptura (división) con el orden antiguo, viciado y desviado de este mundo.
En esta nueva propuesta, abierta contra toda desesperanza, es necesario sumergirse en la mente de Jesús, que tiene presente que la persecución será debida a lo que él ya denunció: el fin del imperio de la ley y del templo religioso, símbolos de todas las estructuras civiles (que manejan ventajosamente el poder de este mundo) y religiosas (que se negarán a reconocer la era escatológica del Mesías).
El mundo presente es un lugar propicio para releer el evangelio y volver a tomar opción por el mensaje liberador de Jesús, en defensa de la vida verdadera. Estamos llamados a ponernos en camino (en medio de las amenazas, persecuciones y el temor por perder la propia vida) y anunciar el reino de Dios (denunciando toda injusticia y construyendo una nueva sociedad, la del reino de Dios).
Servicio Bíblico Latinoamericano
c) Meditación
Jesús sigue dando hoy instrucciones a sus apóstoles, sus enviados para la misión: Mirad que os mando como ovejas entre lobos. Por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa. Así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Aunque se hallen entre lobos, por tanto, los apóstoles han de permanecer como ovejas, y no han de transformarse en lobos, ni responder a la ferocidad de quienes les rodean, ni combatir con la misma ferocidad, pues lo propio de las ovejas es la mansedumbre y la humildad.
Pero el hecho de estar entre lobos hace muy conveniente el uso de la sagacidad (el que sean ovejas sagaces), pues una cosa no está reñida con la otra, y la sagacidad les puede servir para sortear peligros y escapar de trampas. De hecho, el mismo Jesús usó de esta sagacidad a la hora de escapar de las trampas dialécticas que le tendieron con frecuencia sus adversarios (los fariseos).
Sagacidad es perspicacia a la hora de discernir las buenas o malas intenciones de los que se acercan a nosotros con alguna propuesta. Sagacidad es inteligencia para saber responder en situaciones de apuro, o para advertir la malicia de una proposición, o para saber estar prevenidos frente a esa gente de la que no deben fiarse.
¿Y por qué no deben fiarse de esa gente? Lo dice Jesús: Porque os denunciarán, os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante reyes y gobernadores. Y todo por causa de Jesús, el Hijo del hombre.
Es decir, que los apóstoles no han de actuar por lo que va con (o contra) ellos, sino por lo que representan, porque el seguido (o perseguido) es Cristo, como lo fue en su momento y lo seguirá siendo en sus representantes.
Yo soy Jesús, a quien tú persigues, oyó decir Saulo de Tarso. Y eso mismo se cumple siempre en toda persecución contra los cristianos. Si los cristianos son perseguidos, lo son por el hecho de ser cristianos y encarnar lo cristiano, y no por sus apellidos, o rango social o posesiones, sino por llevar una cruz en la frente y mostrarse partidarios del Crucificado.
La historia de las persecuciones nos muestra que, lo que en realidad se persigue, es lo cristiano, ya se encuentre esto en las personas, en los signos o en las instituciones. Es el odio a lo cristiano lo que acaba desencadenando la persecución, sobre todo a los ungidos por el espíritu de Cristo.
Si hemos que llevar consigo esta situación de rechazo, de forma sistemática, lo mejor que se puede hacer es asumirlo e intentar sacar de ello algo positivo (si es que lo tiene). Es lo que nos dice Jesús: Así tendréis ocasión para dar testimonio. Es decir, de mostrar lo que son: personas a favor de alguien (del Crucificado) por quien merece la pena arriesgar la vida. Entonces, el testimonio adquirirá mayor grado de verosimilitud, y se hará más creíble todavía.
Respecto a las instrucciones para esos tiempos de persecución, Jesús detalla cómo ha de hacerse ese testimonio: Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis, pues en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir. No seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Es decir, que el momento de la prueba no es tiempo para foros, ni para discursos, ni para argumentaciones. Ni tampoco para preocuparse, pues lo que aquí importa no es el discurso (el qué digo, o cómo lo digo), sino el testimonio de estar a favor de Cristo.
Lo que importa en estos momentos, por tanto, no es el discurso, sino el espíritu. Y esa será nuestro mayor poder de persuasión, muy por encima de las bellas composiciones retóricas. Pero para eso se requiere estar centrados en el Espíritu de Cristo, en disponibilidad martirial.
En esta situación, en la que el odio impondrá su ley y hará saltar por los aires los lazos más sagrados, los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, y los padres a sus hijos. También se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán, y el panorama será realmente tenebroso. Es lo que hay que saber que pasará, porque lo dice Jesús y porque la historia lo irá corroborando una vez tras otra, con un realismo que supera los más oscuros presagios.
Realmente, cuesta entender que unos padres entreguen a sus hijos (cristianos) a la muerte, o que unos hijos denuncien a sus padres (cristianos) a la pena capital. Pero así fue, no muchos años después de la muerte de Cristo, y cuando el odio profetizado por Jesús se desató, y empezó a perseguir y exterminar cualquier atisbo de existencia cristiana, a base de relato martirial tras relato martirial.
El odio contra lo cristiano, por tanto, es más fuerte en un anti-cristiano que sus vínculos familiares más básicos. Es un odio que no repara en los daños colaterales, que olvida el parentesco o el afecto, y que se dedica a buscar, denunciar y matar cualquier cosa cristiana que se encuentra a su paso.
Todos os odiarán por mi nombre, apostilla Jesús. Es decir, he aquí la razón de ese odio: el nombre de Jesús. Porque el que odia este nombre odia también todo lo que lleva este nombre, que no es otro que el nombre de cristiano.
Más allá del odio y sus estragos, concluye Jesús, seguirá habiendo futuro, pues el que persevere hasta el final se salvará. Tal es la recompensa de los que perseveren (fieles) hasta el final, en medio de las dificultades y las persecuciones.
He aquí, por tanto, la clave: la perseverancia hasta el final. Porque no transcurrirá mucho tiempo hasta que llegue ese final, y entonces el deseo del premio (la salvación) será más fuerte que el miedo al tormento. Creedme, añade Jesús: No terminaréis con las ciudades de Israel antes que vuelva el Hijo del hombre.
JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ·CID, doctor en Teología
Act:
11/07/25
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E D I T O R I
A L
M
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R C A B A
M U R C I A
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