23 de Abril
Jueves III de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 23 abril 2026
Lectio
En aquel tiempo, 26 el ángel del Señor dijo a Felipe: "Ponte en marcha hacia el sur por el camino que va desde Jerusalén a Gaza por el desierto". 27 Él se puso en marcha y se encontró con un etíope, hombre de confianza y ministro de Candace, reina de los etíopes, y encargado de todos sus tesoros. Había ido a Jerusalén a cumplir sus deberes religiosos 28 y regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías. 29 El Espíritu dijo a Felipe: "Adelántate y ponte junto a ese carro". 30 Felipe fue corriendo y, al oírle leer al profeta Isaías, le dijo: "¿Entiendes lo que estás leyendo?". 31 Él respondió: "¿Cómo voy a entenderlo si nadie me lo explica?". Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él. 32 El pasaje que leía era éste: "Como oveja fue llevado al matadero; como cordero, mudo ante el esquilador, tampoco él abrió su boca. 33 Por ser humilde no se le hizo justicia. Nadie hablará de su descendencia, porque ha sido arrancado de la tierra". 34 El etíope preguntó a Felipe: "Te ruego que me digas de quién dice esto el profeta, ¿de sí mismo o de algún otro?". 35 Felipe tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la Escritura, le anunció la buena noticia de Jesús. 36 Siguieron su camino y llegaron a un lugar donde había agua. 37 Entonces el etíope dijo: "Aquí hay agua. ¿Hay algún impedimento para que me bautices?". 38 Acto seguido, el etíope mandó detener el carro, ambos bajaron al agua y Felipe lo bautizó. 39 Después de subir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope no lo volvió a ver, pero continuó alegre su camino. 40 Por su parte, Felipe fue a parar a Asdod, y partiendo de allí fue anunciando la buena noticia en todas las ciudades por las que fue pasando, hasta llegar a Cesarea (Hch 8,26-40).
Lucas prosigue su esmerada presentación de la difusión del evangelio a grupos cada vez más alejados del judaísmo oficial. Tras los samaritanos, nos encontramos hoy con un representante de la diáspora, probablemente alguien que no era judío desde el punto de vista étnico y que, sin embargo, formaba parte de la comunidad judía en calidad de prosélito.
Se trata de un etíope. Por consiguiente, viene de lejos y llevará lejos el evangelio. Se trata de un eunuco, alguien que para el Deuteronomio "no puede ser admitido" en la comunidad del Señor, y que para Isaías "ya no será excluido". Se trata de un personaje influyente y rico, puesto que dispone de medios para realizar un largo viaje con todo su equipamiento y cuenta con la posibilidad de disponer de un costoso manuscrito de la Biblia.
A este personaje le envía Dios a Felipe (a través de su ángel), y por medio del Espíritu le guía hacia la obra que debe llevar a cabo. La ocasión se la brinda la Sagrada Escritura, mientras que la mediación es apostólica. A partir de la profecía de Isaías sobre el Siervo de Yahveh, lleva a cabo Felipe su misión salvífica de predicador del evangelio, abriendo los ojos a la inteligencia plena de la Escritura.
El eunuco plantea con claridad la gran pregunta de siempre desde los orígenes: "De quién dice esto el profeta, ¿de sí mismo o de algún otro? Con la mediación eclesial, y con la gracia de Dios, es posible disipar la duda de quien, pensativa y sinceramente, va buscando la verdad. Al don de la fe le sigue el bautismo, y de ambos brota la salvación.
En aquel tiempo, dijo Jesús a las muchedumbres: 44 "Nadie puede venir a mí si el Padre, que me envió, no se lo concede; y yo lo resucitaré el último día. 45 Está escrito en los profetas: Serán todos instruidos por Dios. Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. 46 Esto no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. 47 Os aseguro que el que cree tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo, murieron. 50 Éste es el pan del cielo, y ha bajado para que quien lo coma no muera". 51 Y añadió: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá siempre. 52 El pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo" (Jn 6,44-52).
Las anteriores revelaciones de Jesús sobre su origen divino ("yo soy el pan de vida" y "yo he bajado del cielo") habían provocado el disentimiento y la protesta entre la muchedumbre, que murmura y se vuelve hostil. Resulta demasiado duro superar el obstáculo del origen humano de Cristo y reconocerlo como Dios (v.42).
Jesús evita, entonces, una inútil discusión con los judíos, y les ayuda a reflexionar sobre la dureza de su corazón, enunciando las condiciones necesarias para creer en él.
La 1ª condición es ser atraídos por el Padre (v.44), don y manifestación del amor de Dios por la humanidad. Nadie puede ir a Jesús si no es atraído por el Padre.
La 2ª condición condición es la docilidad a Dios (v.45a). Los hombres deben darse cuenta de la acción salvífica de Dios respecto al mundo.
La 3ª condición es escuchar al Padre (v.45b). De la enseñanza interior del Padre, y de la vida de Jesús, es de donde brota la fe obediente del creyente en la palabra del Padre y del Hijo.
Escuchar a Jesús significa ser enseñados por el Padre mismo. Con la venida de Jesús queda abierta la salvación a todo el mundo. Ahora bien, la condición esencial que se requiere es dejarse atraer por él, escuchando con docilidad la palabra de vida.
Aquí es donde el evangelista precisa la relación entre la fe y la vida eterna, principio que resume toda regla para acceder a Jesús. Sólo el hombre que vive en comunión con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz. Sólo quien come de Jesús no muere. Jesús, pan de vida, dará la inmortalidad a quien se alimenta de él, y a quien interiorice su palabra y asimile a ella su vida.
Meditatio
La evangelización es, por encima de todo, una obra divina, misteriosa, prodigiosa, por sus inicios y por sus éxitos imprevisibles. En el fragmento de Hechos de los Apóstoles que hemos leído, por ejemplo, nos encontramos muy lejos de una acción humana planificada. Es Dios quien tiene su plan, un plan que nosotros hemos de secundar.
Felipe recibe la orden de ir por un camino que cruza por el desierto, a pleno sol y hacia el sur. A decir verdad, no parece una buena premisa para la evangelización. Pero es aquí donde Dios ha predispuesto un encuentro importante. De él ha hecho partir la tradición la evangelización de Africa.
Lo que parece decisivo aquí es la disponibilidad de Felipe, su impulso evangelizador (que no deja perder ninguna ocasión) y su capacidad para interpretar la Escritura. Con otras palabras, su convencida entrega a la causa del evangelio y su preparación. El resto lo ha hecho el Espíritu, que hizo posible el encuentro y favoreció el acercamiento misionero.
Con excesiva frecuencia reflexionamos hoy sobre el futuro de la evangelización, cuando en realidad deberíamos reflexionar sobre nuestra calidad de evangelizadores, así como nuestra disponibilidad a ir a los desiertos de la ciudad secular, a los sitios donde parece inútil ir, a los ambientes áridos o a los lugares posiblemente desesperados.
Es posible que sea en alguno de estos lugares desiertos donde puedan tener lugar encuentros decisivos. Depende del corazón ardiente del evangelizador, depende de su capacidad para intuir la pregunta religiosa, depende de saber captar las situaciones extrañas. En el peor de los caos, por lo menos habremos encontrado una pregunta a la que dar respuesta.
Oratio
Te pido, Señor, tener más confianza en tu evangelio. Recuerdo haber sido abucheado, ridiculizado y hecho callar demasiadas veces cuando hablaba de ti, como respuesta a los problemas de nuestro tiempo. Quizás por eso me he vuelto demasiado cauto, y casi me he retirado del ring y ya no me atrevo a hablar de un modo abierto, a no ser en los lugares donde pienso que seré escuchado.
Ciertamente, me he procurado óptimos motivos para obrar así, como que es necesario respetar los tiempos de maduración, como que no debemos ser fanáticos, como que no debemos forzar las opciones de los otros. No obstante, el hecho cierto es que cada vez hablo menos de ti. ¡Cuántas ocasiones he perdido para iluminar corazones inquietos, cuántas situaciones potencialmente abiertas a tu Palabra se me han escapado!
Es posible que tú, Señor, me hayas llevado desde la excesiva seguridad a la desconcertante incertidumbre. No obstante, ahora quieres volver a atraerme, una vez convertido en un humilde servidor de tu palabra, consciente de que no soy yo quien decido las conversiones (sino tú, dueño de la mies) y que yo debería estar, como Felipe, sólo dispuesto a ponerme en los caminos. Gracias, Señor, por haberme indicado este camino.
Contemplatio
La vida de los predicadores resuena y arde. Resuena con la Palabra y arde con el deseo. Del bronce incandescente se desprenden chispas, porque de sus exhortaciones salen palabras encendidas que llegan a los oídos de quienes las escuchan. Sus palabras son chispas porque encienden el corazón de aquellos con quienes tropiezan. No obstante, hemos de señalar que las chispas son muy sutiles y delicadas.
En efecto, cuando los predicadores hablan de la patria celestial, más que abrir los corazones los hacen arder de deseo. De sus lenguas llegan a nosotros sus chispas, puesto que a partir de su voz apenas se puede conocer levemente algo de la patria celestial.
La divina voluntad, por su parte, hace que estas menudísimas chispas enciendan una llama en el corazón de quien escucha. Los hay que con un sólo chispazo se llenan de un gran deseo, y empiezan a arder con un purísimo amor a Dios (cf. Gregorio Magno, Homilías sobre Ezequiel, I, 3.5).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, dame un corazón de evangelizador".
Conclusio
Si el s. XXI se convierte a Dios, será a través de una mirada nueva y mística, que tiene la propiedad de ver las cosas de una manera inédita.
Cuando el ser humano se dé cuenta de que está amenazado en su esencia por la cocina infernal de los aprendices, y en su vida por el peligro mortal de la polución, quizás experimente la necesidad de ser salvado.
Este instinto de salvación es posible que le lleve a buscar en otra parte, muy lejos de los discursos inoperantes de la política o del murmullo de una cultura exangüe, la razón primera de lo que es él.
Ahora bien, no encontrará la mirada mística que busca sino a través del rejuvenecimiento integral de su inteligencia, por medio de la contemplación y del silencio, que no es otra cosa que el conocimiento experimental de Dios (André Frossard).
Act:
23/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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