27 de Enero

Martes III Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 27 enero 2026

Lectio

En aquellos días, 12 David se puso en camino e hizo traer el Arca de la Alianza de casa de Obededón a la ciudad de David, entre gran alborozo. 13 Cuando los que llevaban el arca dieron seis pasos, se sacrificó un toro y un ternero cebado. 14 David danzaba ante el Señor frenéticamente, ciñendo un efod de lino. 15 Así, David y todo Israel trajeron el arca del Señor entre gritos de júbilo, y al son de trompetas. 17 Introdujeron el Arca de la Alianza y la colocaron en su lugar, en medio de la tienda que David había hecho levantar para ella, y David ofreció al Señor holocaustos y sacrificios de comunión. 18 Al acabar de ofrecerlos, David bendijo al pueblo en el nombre del Señor todopoderoso. 19 A continuación, distribuyó a todo el pueblo, a los hombres y mujeres de aquella multitud israelita, una torta de pan a cada uno, un pedazo de carne y un pastel de uvas pasas. Después, cada uno se marchó a su casa (2Sm 6,12-15.17-19).

         Este fragmento forma parte de los relatos que se dedican al Arca de la Alianza en los libros de Samuel. El arca, símbolo de la presencia del Señor, contenía las tablas de la ley entregadas a Moisés en el Sinaí. Había seguido la peregrinación del pueblo desde el éxodo a la conquista de la Tierra Prometida, y siguió las vicisitudes alternas de la guerra contra los filisteos.

         Una vez consolidado el reino de Israel, y establecida la capital en Jerusalén, y vencidos los filisteos, David dudó en llevar el Arca de la Alianza a la ciudad santa, retenido por el temor sagrado que ésta difunde a su alrededor. Decide hacerlo cuando consigue saber que ha descendido la bendición del Señor sobre la casa que custodia el arca (v.12), y transforma el temor en confianza.

         El traslado del Arca de la Alianza es ocasión de fiesta para el pueblo y para el rey. David muestra abiertamente su alegría danzando, ceñido con un efod de lino, o vestidura sagrada de los sacerdotes. Todavía no hay ningún templo en la ciudad (pues será construido por su sucesor Salomón), y colocan el arca en una tienda (v.17).

         El Arca de la Alianza, signo de la movilidad del pueblo y del mismo Dios, recuerda a los israelitas que no pueden apoderarse de la presencia del Señor, como si lo hicieran prisionero. Los holocaustos, los sacrificios de comunión y la comida sagrada (el pan, la carne, la uva), distribuida por David a todos, sellan la ceremonia. El arca, instrumento de batalla durante la guerra contra los filisteos, se convierte ahora en signo de paz y de prosperidad.

En aquel tiempo, 31 llegaron su madre y sus hermanos y, desde fuera, mandaron llamar a Jesús. 32 La gente estaba sentada a su alrededor, y le dijeron: "Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan". 33 Jesús les respondió: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?". 34 Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: "Éstos son mi madre y mis hermanos. 35 El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc 3,31-35).

         En el cap. 3 del evangelio de Marcos se agrupa en torno a Jesús un movimiento en cuyo interior, con la elección de los Doce, se va caracterizando cada vez más el grupo de los discípulos. Nuestra perícopa va precedida por una clara distinción entre aquellos a quienes elige Jesús y aquellos que se le oponen: sus enemigos, que "le acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo" (Mc 3,30).

         En los vv. 31-35 vienen a buscarlo "su madre y sus hermanos". Éste es el único pasaje de Marcos en el que aparece la madre del Señor, a la que ni siquiera se cita de una manera explícita entre las mujeres que estaban presentes en la crucifixión y en el sepulcro.

         Se habla también, de manera genérica, de hermanos, un término más bien vago que puede designar simplemente a personas de la misma parentela. La indeterminación de la expresión parece atribuirle un valor especialmente simbólico.

         Poco importa para Marcos la identificación de los parientes de Jesús que han venido a buscarlo, y no sabemos bien por qué motivo. En cambio, sí importa, y mucho, establecer en virtud de qué características se entra a formar parte de su verdadera familia de Jesús.

         La dureza de la respuesta de Jesús (v.33), bajo esto último aspecto, se suaviza en cierta medida. Por supuesto, no se trata de una ingratitud hacia su madre, ni de un despego respecto a los afectos humanos. Marcos no se ocupa de estos afectos, sino que se apoya simplemente en ellos para crear una situación paradójica que proporciona mayor relieve a los vv. 34ss, cima del episodio.

         Madre y hermanos de Jesús son todos lo que le rodean. Ahora bien, entre ellos hay simples curiosos, discípulos titubeantes, apóstoles que se esforzarán por comprender hasta el final, traidores... Ser hermano de Jesús no es una cuestión de sangre ni de mérito, sino de gracia. Así, "cumplir la voluntad de Dios" es algo que está al alcance de todos, y que habilita para convertirse en hijos de Dios.

Meditatio

         En la 1ª lectura, la acogida del Arca de la Alianza atrae la bendición divina sobre la casa de Obededón, un extranjero que no es israelita. En la 2ª lectura, la acogida obediente y activa del evangelio da lugar a una familiaridad con Jesús más fuerte que cualquier vínculo de sangre (Jn 1,13). En definitiva, no podemos tener a Jesús encadenado a nuestras categorías.

         "Oye, tu madre y tus hermanos te buscan". Bajo estas sencillas palabras se esconde una visión mezquina y estrecha del anuncio evangélico, a forma de decir: Mira, Señor, nosotros somos buenos cristianos, estamos comprometidos y seguimos los preceptos. Ven, por tanto, a poner un sello de calidad a nuestras iniciativas, y autorízanos a poner la etiqueta de denominación de origen sobre nuestros productos.

         En ocasiones, los papeles que ejercemos, ya sea en la sociedad o en la Iglesia, tienden a endurecerse y a prevalecer sobre todo lo demás. Hemos construido estructuras, necesarias ciertamente para la humanidad, pero corremos el riesgo de olvidar que "el Espíritu sopla donde quiere", incluso fuera de las estructuras.

         La sencillez de corazón de David, que sabe reconocer sin celos el signo de la gracia del Señor descendida sobre el extranjero Obededón, y la claridad con que define Jesús a sus familiares, deben hacer que estemos atentos a lo esencial y también disponibles a subvertir los papeles. El rey David danza en la calle como un hombre cualquiera, porque cualquier persona puede ser "hermana, hermano y madre" de Jesús.

Oratio

         Señor, líbranos de la presunción de considerarnos siempre justos. Tú nos has convertido en tu familia, pero no permitas que esto sea motivo de orgullo y discriminación respecto a los otros. Concédenos un corazón acogedor y una mente limpia de prejuicios, a fin de que seamos capaces de reconocer tu presencia y tu voz incluso fuera del círculo de los nuestros.

         Haznos capaces, Señor, de abrirnos con alegría a la escucha de tu Palabra, y de reservar en nosotros un sitio de honor al evangelio, del mismo modo que David y toda la ciudad festejaron con música, danzas y banquetes la llegada del arca.

         Ayúdanos, Señor, a reconocer como hermanos a todos los que cumplen la voluntad de Dios, sin detenernos en las apariencias exteriores, en los nombres o en los vínculos construidos. Los confines de tu familia, de tu Iglesia, están verdaderamente exterminados, y no podemos delimitarlos nosotros. Así pues, enséñanos a ser compañeros de camino hacia la unidad de tu amor.

Contemplatio

         Hermanos, somos hijos, hermanos, amigos y hombres amados y ligados recíprocamente (por vosotros a nosotros, y por nosotros a vosotros) por un parentesco superior al de la sangre, territorio o cultura, por un parentesco que es solidaridad de destinos, comunión de fe y unidad misteriosa, que nos hace cristianos y una sola cosa en Cristo.

         Todas las distancias están superadas, caídas las diferencias, disueltas las desconfianzas y reservas. Ahora estamos juntos, y no somos extraños los unos a los otros (cf. Santa Sede, Enseñanzas de Pablo VI, vol. VI, Vaticano 1968, p. 693).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc 3,35).

Conclusio

         Cristo, enviado por el Padre, concede al hombre (de manera individual o en grupos, por categorías de edades, según las distintas épocas) citas de amor. Ahora bien, para estas citas, él es quien elige, por medio del Espíritu Santo, los lugares y momentos diferentes, y es preciso respetarlos.

         No le corresponde al hombre elegir, ni siquiera a los teólogos. Si bien es preciso querer con todas nuestras fuerzas encontrar al Cristo total, para llegar a una vida de fe equilibrada y firme, también es preciso respetar los itinerarios de cada uno.

         Desde hace años estamos admirando a muchos jóvenes que se han ido poniendo, de manera progresiva, al servicio de sus hermanos. Comprometidos en su ambiente social, en su profesión, en su barrio, en los grupos humanos en que estaban insertos de una manera natural, han descubierto poco a poco en el curso de su vida militante al Cristo vivo.

         Aunque han empleado mucho tiempo en identificarlo, los que han sido testigos de su lucha generosa y de su ascenso espiritual no han tenido la menor duda de que, desde el principio de su actividad y en el corazón de la misma, estaba Cristo misteriosamente presente.

         Hace falta tener mala fe para no admitirlo, o no arrodillarse ante estas vidas militantes que arden de amor por sus hermanos. Ahora bien, ¿se trata de verdadera caridad? Esto es lo que se preguntan algunos inquietos, desconcertados al ver florecer rosas fuera de los parterres bien rastrillados.

         Es cierto que hemos encontrado militantes que no practican de manera regular su fe, mas ¿por qué sorprenderse? ¿Debemos cortar el amor a rebanadas? No hay más que un solo amor. Amar es siempre abandonarse, olvidarse por el otro, sabiendo que "Dios está presente en todo amor auténtico" (1Jn 4).

         Los teólogos discuten y estudian la naturaleza de esta nueva moda. Muy bien, que lo hagan, pero que se abstengan de asignar o negar a sus hermanos carnets de identidad cristiana. El evangelio enseña que es preciso desconfiar de las categorías demasiado definidas, pues el Amor no sabe qué hacer con ellas (cf. Quoist, M; Cristo está Vivo, Turín 1980, pp. 155-157).

 Act: 27/01/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A