25 de Abril
Sábado III de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 25 abril 2026
Lectio
Entre tanto, 31 la Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria; se consolidaba viviendo en el temor al Señor. Y se extendía impulsada por el Espíritu Santo. 32 Pedro, en su recorrido por toda aquella región, visitó también a los creyentes que residían en Lida. 33 Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que llevaba ocho años postrado en cama porque era paralítico. 34 Y le dijo: "Eneas, Jesús, el Mesías, te cura; levántate y arregla tu lecho". Y al instante se levantó. 35 Todos los habitantes de Lida y de la región de Sarón lo vieron sano y se convirtieron al Señor. 36 Había en Jafa una discípula llamada Tabita, que significa Gacela, la cual hacía muchas obras buenas y repartía muchas limosnas. 37 Por aquellos días se puso enferma y murió. Lavaron su cadáver y lo pusieron en la sala del piso superior. 38 Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres para pedirle que viniera inmediatamente a su ciudad. 39 Pedro se levantó y se fue con ellos. Al llegar, le llevaron a la sala del piso superior, donde lo rodearon todas las viudas llorando y mostrando las túnicas y mantos que les hacía Gacela cuando aún vivía. 40 Pedro echó a todos fuera, se arrodilló y oró. Vuelto después hacia el cadáver, dijo: "Tabita, levántate". Ella abrió los ojos, vio a Pedro y se incorporó. 41 Él la tomó de la mano y la levantó. Luego llamó a los discípulos y a las viudas y se la presentó viva. 42 Todos los habitantes de Jafa se enteraron de lo sucedido, y muchos creyeron en el Señor (Hch 9,31-42).
El fragmento actual empieza con una consideración sintética de la situación interna de la Iglesia. La comunidad cristiana "gozaba de paz", se mantenía en el santo temor de Dios y se extendía con el impulso del Espíritu Santo. Saulo ha sido llevado a Tarso, probablemente porque su presencia (discutida) creaba problemas a causa de su temperamento combativo, semejante al de Esteban.
A continuación, se presenta a Pedro no tanto como evangelizador, sino como jefe religioso que, durante sus visitas pastorales, sostiene, ayuda y anima a los discípulos, visita comunidades ya evangelizadas (probablemente por Felipe) y, a su paso, reproduce el clima primaveral del paso de Jesús.
Pedro contribuye con 2 prodigios a la difusión del evangelio, a forma de pastor taumaturgo que representa en la joven Iglesia no sólo la Palabra, sino el poder de curación de Jesús. Lucas no pierde la ocasión de recordar que Jesús vive y continúa obrando en la Iglesia apostólica, como cuando estaba vivo en medio de los suyos.
En aquel tiempo, 60 muchos de sus discípulos, al oír a Jesús, dijeron: "Esta doctrina es inadmisible. ¿Quién puede aceptarla?". 61 Jesús, sabiendo que sus discípulos criticaban su enseñanza, les preguntó: "¿Os resulta difícil aceptar esto? 62 ¿Qué ocurriría si vieseis al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? 63 El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. 64 Pero algunos de vosotros no creéis". Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar, 65 y por eso añadió: "Por eso os dije que nadie puede aceptarme si el Padre no se lo concede". 66 Desde entonces, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no iban con él. 67 Jesús preguntó a los Doce: "¿También vosotros queréis marcharos?". 68 Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iríamos? Tus palabras dan vida eterna. 69 Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn 6,60-69).
Tras la extensa revelación de Jesús sobre el pan de vida en la sinagoga de Cafarnaum, sus discípulos le comunican su malestar por las afirmaciones irracionales de su Maestro, al resultar difíciles de aceptar desde el punto de vista humano.
Frente al escándalo y la murmuración de los discípulos, Jesús precisa que no se debe creer en él sólo después de una subida espectacular al cielo (como Elías y Henoc), porque eso significaría la no aceptación de su origen divino. Es algo que no tendría sentido, dado que él, el Preexistente, viene precisamente del cielo (Jn 3,13-15).
La incredulidad de los discípulos con respecto a Jesús se pone de manifiesto, en concreto, por unas palabras muy concretas: "El Espíritu es quien da la vida, y la carne no sirve para nada" (v.63). Juan afirma que tan real como la carne de Jesús es la verdad eucarística. Ambas son un don con el mismo efecto: dar vida al hombre.
Muchos discípulos no quisieron creer estas palabras, y no dieron un paso adelante hacia una confianza en el Espíritu, con lo que no consiguieron liberarse de la esclavitud de la carne.
A Jesús no le coge por sorpresa este abandono de sus seguidores, pues conoce a cada hombre y sus opciones secretas. Adherirse a su persona y a su mensaje es un don que nadie puede darse a sí mismo, sino que sólo el Padre lo da. El hombre, que tiene en sus manos su propio destino, es siempre libre de rechazar el don de Dios y la comunión de vida con Jesús.
Sólo quien ha nacido y ha sido vivificado por el Espíritu, y no obra según la carne, comprende la revelación de Jesús y es introducido en la vida de Dios. A través de la fe es como el discípulo debe acoger al Espíritu y al mismo Jesús, pan eucarístico, sacramento que comunica el Espíritu y transforma la carne.
Meditatio
La perícopa de Hechos de los Apóstoles leída hoy presenta otro pequeño cuadro de la jovencísima Iglesia. La comunidad cristiana, extendida ahora en diversas comunidades, se enfrenta con los problemas de cada día: la enfermedad prolongada, la muerte inesperada de personas comprometidas...
La vida cotidiana se caracteriza por el santo temor de Dios y por la asistencia reconfortante del Espíritu Santo. Los discípulos viven bajo la mirada de Dios, con el sentido de su grandeza y de su soberanía. Miden su vida a partir de él y de su santa voluntad. Se interesan por los pobres y se preocupan por los enfermos. De este modo se va construyendo la Iglesia por dentro.
La construcción interna y la difusión externa van estrechamente unidas. El anuncio más discreto y eficaz de la Buena Nueva procede de la vida de la Iglesia, de la alegría que anima su sufrimiento, de su espíritu de servicio sin cálculos mezquinos y sin reservas. La Palabra y los milagros no caen en el vacío, sino que encuentran un terreno bien dispuesto y producen frutos abundantes.
El libro de Hechos de los Apóstoles, dedicado completamente a la difusión del evangelio, no se olvida de la vida cotidiana, que en su sencillez y exigencias va humanizando el contacto con el evangelio, y estableciendo las bases para futuros anuncios.
Oratio
Te confieso, Señor, que me gustaría ver, al menos alguna vez, un buen milagro. Tampoco te oculto que, en algunos momentos de debilidad, me gustaría incluso hacer alguno, aunque no fuera más que para mostrar que no estoy diciendo tonterías cuando hablo de tus cosas.
Aunque no me has dejado privado de signos del cielo, Señor, tú prefieres el milagro de la vida serena y trabajadora, que confía en ti y te deja tomar las grandes decisiones, que se preocupa de complacerte a ti y no a los demás, que expresa la alegría de poder servirte y de sentirse amado por ti.
Perdona, Señor, mi debilidad y mis sueños de milagros, y refuerza mi convicción de que lo que tú quieres es la transformación de mi vida, y el paso del temor al amor, del apego al desprendimiento, de la angustia a la confianza, del pesar a la alegría, del escrúpulo a la confianza ilimitada en ti, de la inclinación sobre mis cosas a la apertura al dolor del otro. Dame tu Espíritu para que me sea posible y apetecible, amable y tranquilizador, un programa tan comprometido como éste.
Contemplatio
Se ha dicho con acierto que Job era un "hombre temeroso de Dios y apartado del mal" (Job 1,1). La santa Iglesia de los elegidos inicia ahora su camino por la vía de la sencillez y de la rectitud. Lo hace con temor, pero lo lleva a su consumación con el amor. Se aleja verdaderamente del mal aquel que empieza, a partir de ahora, a no querer pecar nunca más por amor a Dios.
Si alguien realiza todavía el bien por temor, da a entender que no se ha alejado por completo del mal. Si está dispuesto a pecar, en caso de que pueda hacerlo con impunidad, con eso mismo peca. Tras haber dicho que Job temía a Dios, añade el texto sagrado que también estaba " apartado del mal".
Cuando el temor es reemplazado por el amor, entonces la culpa que había quedado en el alma queda eliminada por el firme propósito de la voluntad. Así como el temor mantiene a raya el vicio, el amor hace germinar las virtudes (cf. Gregorio Magno, Moralia, I, 37).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Señor, yo soy tu siervo" (Sal 115,16).
Conclusio
El ejemplo de Tomás Moro demuestra que le es posible a un cristiano vivir en el mundo según el evangelio y actuar en él a imitación de Cristo. Demuestra que eso es posible en medio de la familia, de las posesiones y de la política. Demuestra que es posible llevar una vida santa en medio de las distintas situaciones, con sobriedad, sencillez y honestidad, sin caer en fanatismos ni beaterías, de modo serio y alegre al mismo tiempo.
¿Qué es, pues, lo más importante para un cristiano que vive en el mundo? Realizar, en la fe, una opción radical por Dios, por el Señor y por su Reino, a pesar de todas las inclinaciones pecaminosas, y conservarla intacta a través de los acontecimientos ordinarios de cada día.
Conservar la libertad fundamental respecto al mundo, en medio del mundo, y desde ahí servir a Dios y a los hermanos, es poseer la alegre prontitud que permite ejercer, en cualquier momento, cualquier tipo de renuncia, incluso de la propia vida.
Sólo en esta libertad respecto al mundo, buscada por amor a Dios, es donde el cristiano, que vive en el mundo, recibe la gracia de Dios y con ella consigue vencer al mundo (cf. Kung, H; Sir Thomas More, Brescia 1966, p. 44).
Act:
25/04/26
@tiempo
de pascua
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M
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R C A B A
M U R C I A
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