13 de Marzo

Viernes III de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 13 marzo 2026

Lectio

Esto dice el Señor: Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer. Buscad las palabras apropiadas, y volved al Señor y decidle: "Perdona todos nuestros pecados y acepta el pacto. Como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios. Asiria no nos salvará, no volveremos a montar a caballo y no llamaremos más dios nuestro a la obra de nuestras manos, pues en ti encuentra compasión el huérfano". Yo sanaré su infidelidad y los amaré gratuitamente, pues ha cesado mi ira. Seré como rocío para Israel. Él crecerá como el lirio, y echará raíces como los árboles del Líbano. Se desplegarán sus ramas, tendrá el esplendor del olivo y como el del Líbano será su perfume. Yo volveré a ser su protector, de nuevo crecerá el trigo, la vid florecerá y ellos serán famosos como el vino del Líbano. Efraín no tendrá ya nada que ver con los ídolos. Yo escucho su plegaria y velo por él; yo soy como un ciprés lozano, y de mí proceden todos tus frutos. ¿Quién es tan sabio como para entender esto? ¿Quién tan inteligente como para comprenderlo? Los caminos del Señor son rectos, por ellos caminan los inocentes, y en ellos tropiezan los culpables (Os 14,2-10).

         En este fragmento, estructurado como liturgia penitencial, Oseas invita al pueblo a volver (es decir, a convertirse) al Señor, reconociendo el propio pecado como causa de las desgracias actuales.

         No obstante, es necesaria una confesión lúcida y sincera de la culpa, y por eso el mismo profeta sugiere palabras para expresarla y el modo de presentarla, acompañada no con víctimas de sacrificio, sino con una vida purificada y la ofrenda de alabanza (v.3).

         Además, es necesaria una decidida renuncia al mal, a compromisos y diversas opciones idolátricas. Libre de todo apoyo humano, el pueblo se encontrará aparentemente pobre, y será entonces cuando Dios en persona cuidará de él.

         A la conversión del pueblo corresponde la conversión de Dios, en que éste depondrá su ira y con la fuerza de su amor sanará el mal de Israel, y perdonará su infidelidad.

         Los efectos benéficos de este amor se evocan con imágenes magníficas que recuerdan al Cantar de los Cantares, en una refrescante descripción de vida nueva (la imagen de Dios como rocío). Estas promesas llegan al culmen en el v. 9: Dios será para el pueblo, liberado de los ídolos, como un ciprés frondoso".

         El epílogo del redactor, de corte sapiencial, indica que es necesario el discernimiento para comprender el texto de Oseas, porque en él se manifiestan los caminos de Dios, y sólo podrá caminar por ellos quien proceda con rectitud.

Un maestro de la ley que había oído la discusión y había observado lo bien que les había respondido se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el mandamiento más importante?". Jesús contestó: "El más importante es éste: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos". El maestro de la ley le dijo: "Muy bien, maestro. Tienes razón al afirmar que Dios es único y que no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo corno a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios". Jesús, viendo que había hablado con sensatez, le dijo: "No estás lejos del reino de Dios". Y nadie se atrevía ya a seguir preguntándole (Mc 12,28-34).

         La pregunta del escriba nos conduce a una discusión de las escuelas rabínicas de aquel tiempo. En la ley se enumeraban 248 mandatos y 365 prohibiciones, agrupados en diversas categorías, y de ahí la cuestión que se plantea a Jesús. Una vez más, Antiguo Testamento y Nuevo Testamento se encuentran frente a frente.

         Quizás parezca cierto intento de tender una trampa al joven rabbí. No obstante, Jesús solventa la dificultad yendo directamente a lo esencial. De hecho, la respuesta de Jesús no es desconocida, y cita el Shema Yisrael (lit. Escucha, Israel) de Dt 6,4, que todo israelita repetía en la oración 3 veces al día.

         A este 1º mandamiento, Jesús asocia uno 2º, mediante un verbo que indica una relación de fuerte y recíproca interdependencia, también sacado también de la Sagrada Escritura (Lv 19,18).

         En esta unión está la originalidad de la respuesta de Jesús al escriba, que reconoce la verdadera síntesis de la ley y del culto. Más aún, le recuerda que el amor vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús elogia al escriba, y en su respuesta aparece explícito otro elemento novedoso: la cercanía/presencia del reino de Dios, cuya ley es el amor y, por consiguiente, la libertad.

Meditatio

         Un escriba pregunta a Jesús haciéndose portavoz de todos nosotros, que tratamos de comprender mejor lo que nos pide el Señor. Se trata de una pregunta sencilla que quizás planteamos no por curiosidad, sino con el corazón dispuesto a obedecer.

         La respuesta de Jesús no es menos sencilla, y nos recuerda que Dios es amor, y quiere de nosotros amor porque quiere hacernos partícipes de su amor. Lo que nos manda es, antes que nada, un don inaudito, un tesoro y fuente de todo bien.

         Hoy en día, la Palabra nos concreta el horizonte ilimitado de esta realidad nueva, y cómo tenemos que actuar para poderlo abarcar en su plenitud. La condición esencial es renunciar a cualquier forma de idolatría, repitiendo una y otra vez: "El Señor nuestro Dios es el único Señor".

         ¡Cuántas veces hemos llamado "dios nuestro" a las obras de nuestras manos, adorando nuestras realizaciones de bienes materiales, de carrera y posición social, de éxito! Y nos hemos hecho esclavos de cosas efímeras, transformando a los hermanos en rivales, perdiendo la libertad tan deseada.

         Desde lo hondo de este abismo queremos volver a las altas cimas. Pero no será nuestro esfuerzo el que lo logrará, sino nuestra humildad y pobreza. Mendigos de amor y de paz, recibiremos gratuitamente el don si acogemos al Amor sobreabundante que nos renueva día tras día, rompiendo las barreras de nuestro egoísmo, traspasando los estrechos horizontes de nuestra capacidad de amar. Entonces, todo hombre se convertirá en prójimo.

Oratio

         Oh Padre, tú que eres puro don y de ti viene todo bien, acoge nuestro humilde y frágil deseo de entrar en la región bienaventurada de tu amor. No somos capaces de nada, pero tú mismo has querido derramar en nuestros corazones tu Santo Espíritu, fuente de amor. Haz que acojamos con generosidad un don tan grande.

         Abre de par en par, Señor, la capacidad de nuestro corazón, para que dejemos que tú mismo, hecho amor en nosotros, llegues a todo hermano que encontremos en el camino.

         Tú sabes, Señor, qué necesidad tenemos todos de experimentar un amor santo que, superando cualquier formalismo convencional, y todo cálculo egoísta, se manifieste en gestos verdaderamente evangélicos y creativos, capaces de novedad y belleza. ¿Quién, sino tú mismo, ha puesto en nosotros esta aspiración tan noble? Danos lo que nos mandas, lleva a plenitud lo que has comenzado en nosotros.

Contemplatio

         El amor no está sometido al tiempo, sino que conserva siempre su fuego. Algunos piensan que el Señor ha sufrido por amor a los hombres, mas cuando no encuentran este amor en su propia alma, les parece que eso aconteció en un pasado remoto.

         Por el contrario, cuando el alma experimenta el amor divino por el Espíritu Santo, percibe con claridad que el Señor es un Padre con nosotros, el más real, el más íntimo, el más cariñoso, el más bueno. Y también percibe que no existe mayor felicidad que amar a Dios con todo el entendimiento, con toda el alma, con todo el corazón, y al prójimo como a nosotros mismos, como nos recuerda el Señor. Cuando este amor more en nosotros, todo dará gozo al alma.

         La gracia viene del amor a nuestro hermano, y es mediante el amor a nuestro hermano como se conserva. Por eso, si no amamos a nuestro hermano, el amor de Dios no vendrá a nuestra alma.

         Si los hombres observasen los mandamientos de Cristo, la tierra sería un paraíso, todos tendrían lo suficiente y se obtendría lo indispensable con poco esfuerzo. El Espíritu divino viviría en las almas de los hombres, pues él busca por sí mismo al alma humana y desea vivir en nosotros. Si él no fija su morada en nosotros, eso sólo se debe al orgullo de nuestro espíritu (cf. Sofronio Archimandrita, San Silouan el Athonita, Madrid 1996, p. 315).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios" (1Jn 4,7).

Conclusio

         El flujo y reflujo de la caridad entre Dios y los hombres, y ese amor que el cristiano recibe de Dios, por todos y a todos remite a Dios. Este amor, y sólo esto, es lo que constituye la victoria de Jesucristo, así como la misión y el esfuerzo de su Iglesia. Los dos polos de este amor son el amor filial a Dios y el amor fraterno con el prójimo.

         El amor filial ansía en cada momento lo que la esperanza espera, y sabe que tiene todo el amor de Dios para amarlo. El amor filial que desea de Dios incesantemente lo que incesantemente recibe de él, lo desea tanto como el respirar.

         El amor fraterno ama a cada uno en particular. Y no a cualquiera de cualquier modo, sino a cada uno como el Señor lo ha creado y redimido, a cada uno como Cristo lo ama. El amor fraterno ama a cada uno como prójimo dado por Dios, prescindiendo de nuestros vínculos de parentesco, de pueblo, raza o simple simpatía. Ese amor reconoce a cada uno su derecho, por encima de nosotros mismos.

         Sabemos que hay que amar al Señor "con toda el alma" y "con todas las fuerzas". Pero olvidamos fácilmente que debemos amar al Señor con todo el corazón. Al no recordarlo, nuestro corazón se queda vacío. Como consecuencia, amamos a los demás con un amor más bien tibio.

         Como consecuencia de ese amor tibio, la bondad tiende a ser para nosotros algo externo al corazón. Vemos lo que puede ser útil al prójimo, y tratamos de actuar en consecuencia, pero no llega mucho al corazón (cf. Delbrel, M; Las Comunidades del Evangelio, Madrid 1998, p. 88).

 Act: 13/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A