13 de Abril

Lunes II de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 13 abril 2026

Lectio

En aquellos días, 23 cuando los dejaron en libertad, los apóstoles Pedro y Juan fueron a los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos. 24 Al oír el relato, todos juntos invocaron a Dios diciendo: "Señor nuestro, tú has creado el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, 25 tú dijiste, mediante el Espíritu Santo por boca de nuestro antepasado David, tu siervo: ¿Por qué se alborotan las naciones, y los pueblos maquinan vanos proyectos? 26 Los reyes de la tierra conspiran y los príncipes se alían contra el Señor y contra su Mesías. 27 En esta ciudad, en efecto, se han reunido Herodes y Poncio Pilato, junto con extranjeros y gentes de Israel, contra tu santo siervo Jesús, al que ungiste 28 para hacer lo que tu poder y tu voluntad habían decidido de antemano que sucediera. 29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu palabra con toda libertad. 30 Manifiesta tu poder para que se realicen curaciones, señales y prodigios en el nombre de tu santo siervo Jesús". 31 Al terminar su oración, el lugar en el que estaban reunidos tembló; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar la Palabra de Dios con toda valentía (Hch 4,23-31).

         La pequeña comunidad de Pedro y Juan no reaccionó a la 1ª persecución de la que fue objeto preparando estrategias humanas, sino con la oración. No obstante, se trata de una oración (la más detallada del NT) con clara impronta del AT, pues como en muchas oraciones de los profetas introduce: 1º la invocación a Dios creador; 2º el recuerdo de las maravillas y beneficios; 3º la petición.

         Interesa señalar, en 1º lugar, que lo que se pide es poder anunciar la Palabra con toda libertad, sin estar condicionados por las amenazas. No es que a Pedro y Juan les falte valor (pues no tienen miedo a la persecución), pero piden difundir la Palabra sin impedimentos.

         Hemos de señalar también, en 2º lugar, que la oración gira en torno al Salmo 2, donde se habla de la conspiración de los poderosos de la tierra (paganos, como es natural) contra el rey ungido (es decir, contra el mesías). Los perseguidores son los poderosos, y entre ellos hay "gente de Israel" que se ha vuelto aliada de los paganos.

         Dios se ríe de todas estas persecuciones, con su trepidante victoria de la resurrección. No obstante, la oración agrada a Dios, que la acoge con un signo visible, con un envío renovado del Espíritu y con la audacia del anuncio.

1 Un hombre, llamado Nicodemo, miembro del grupo de los fariseos y principal entre los judíos, 2 se presentó a Jesús de noche y le dijo: "Maestro, sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos; nadie, en efecto, puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él". 3 Jesús le respondió: "Yo te aseguro que el que no nazca de lo alto no puede ver el reino de Dios". 4 Nicodemo repuso: "¿Cómo es posible que un hombre vuelva a nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno materno para nacer?". 5 Jesús le contestó: "Yo te aseguro que nadie puede entrar en el reino de Dios, si no nace del agua y del Espíritu. 6 Lo que nace del hombre es humano; lo engendrado por el Espíritu es espiritual. 7 Que no te cause, pues, tanta sorpresa lo que te he dicho: Tenéis que nacer de lo alto. 8 El viento sopla donde quiere; oyes su rumor, pero no sabes ni de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con el que nace del Espíritu" (Jn 3,1-8).

         El encuentro de Jesús con Nicodemo contiene el 1º discurso del ministerio público del Señor, y tiene una gran importancia en Juan. El tema fundamental es el camino de la fe.

         El evangelista presenta a Nicodemo como representante del judaísmo ("un verdadero israelita"), que cree sólo en los signos y que, en virtud de esta débil fe, no puede elevarse a acoger la revelación del amor que le propone Jesús (v.11).

         Estamos frente a la doctrina de Jesús sobre el misterio del nuevo nacimiento, sobre la fe en el Hijo unigénito de Dios y sobre la salvación (o condena) del hombre que recibe (o rechaza) la palabra de Jesús.

         La composición del fragmento se fija 1º en la ambientación del coloquio (vv.1-2), y en un 2º momento presenta el diálogo sobre el misterio del nuevo nacimiento (vv.3-8).

         El itinerario de fe de Nicodemo empieza en su disponibilidad, que llega incluso a captar algunas consecuencias a partir de los signos realizados por Jesús. Con todo, anda todavía muy lejos de captar su significado interior, y del misterio de la persona de Cristo.

         Jesús, con una 1ª y una 2ª revelación, desbarata la lógica humana del fariseo, e introduce a éste en el misterio del reino de Dios, que está presente y obra en su persona. Las expresiones "el que no nazca de lo alto" (v.3) y "si no nace del agua y del Espíritu" (v.5) aluden a un nacimiento del Espíritu, que sólo Dios puede poner en marcha en el corazón del hombre a través de la fe en su Enviado (Ez 36,25-27; Is 32,15; Jl 3,1).

         Para entrar en el Reino hacen falta 2 cosas: el agua (esto es, el bautismo) y el Espíritu (que permite hacer brotar la fe en el creyente). Para pasar de la fe endeble a la fe adulta, Nicocemo debe aprender a ser humilde ante el misterio, y hacerse pequeño ante Jesús.

Meditatio

         Frente a la persecución, los primeros cristianos se pusieron a orar. Mas no para ser liberados de las molestias de la persecución, sino para no dejarse bloquear por los obstáculos y no perder el valor de anunciar la Palabra. El resultado es la venida del Espíritu Santo, que les infunde energía y audacia.

         Para la evangelización se impone, pues, la oración, y mucha oración. ¿Por qué? Porque es que la evangelización es obra del Espíritu, que toca no sólo los corazones de los oyentes, sino también el corazón (a veces tibio y vacilante) de los anunciadores.

         ¿Rezo de verdad por la difusión del evangelio? ¿Rezo para tener la misma parresía de los primeros apóstoles y discípulos? ¿Estoy verdaderamente convencido de que, sin el Espíritu Santo, resuena vacío el anuncio? ¿O pertenezco a esos que dedican una gran cantidad de tiempo a confeccionar proyectos pastorales, dedicando poco tiempo a la oración?

         Hoy debería examinarme sobre el tipo de oración que practico. ¿Está más orientada a la 2ª o a la 1ª parte del Padrenuestro? ¿Está más orientada a las de las personas que conozco, o a la difusión del evangelio? ¿Introduzco en ella el "venga a nosotros tu Reino"?

         El tipo de la oración que practico expresa la calidad evangélica de mis preocupaciones. ¿Hay sitio en ella para la difusión de la Palabra? ¿Y para la difusión en la que no participo yo?

Oratio

         Debo reconocer, Señor, que mi oración es poca, y ese poco más bien narcisista. Te hablo mucho de mis cosas, de mis preocupaciones, de mi prójimo, de lo que tiene relación conmigo. Te hablo poco del Reino, de la Palabra, de la evangelización de los pueblos y del pueblo en el que vivo.

         ¿No será porque me he resignado al ocaso de la fe? ¿No será acaso que me impresiona más la pobreza económica que la pobreza espiritual? ¿No será que también yo me he adecuado a ese modo de pensar, tan difundido en nuestros días, de que lo importante es hacer el bien? Señor, sé que eso es verdad, pero dame la profunda convicción de que también es insuficiente.

         Si no te anuncio, ¿quién te amará? Si no te amamos, ¿qué vale la vida? Convénceme, Señor, del primado de la Palabra, de la necesaria prioridad que he de otorgarle a su anuncio, del hecho de que debo participar en la evangelización a partir de mi oración. Oh Señor, que amas a todos los hombres y toda la creación, dirige a ti y a tu Palabra mi pobre oración.

Contemplatio

         La oración, sea personal o eclesial, está preordenada a la acción. No debe ser considerada, por tanto, como fuente psicológica de fuerza ("beber en las fuentes", aprovisionarse u otras fórmulas al uso), sino como el acto de adoración, debido al amor, que da gloria.

         En este acto busca el hombre, de manera prioritaria, responder desinteresadamente al amor de Dios, y de este modo da testimonio de que ha comprendido la manifestación divina del amor (cf. Von Balthasar, H. U; Sólo el Amor es digno de Fe, Salamanca 1990).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Venga tu Reino, Señor".

Conclusio

         La Iglesia ha sido llamada a anunciar la buena nueva de Jesús a todos los pueblos y naciones. Además de las muchas obras de misericordia con las que la Iglesia debe hacer visible el amor de Jesús, debe anunciar también con alegría el gran misterio de la salvación de Dios, a través de la vida, sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús.

         La historia de Jesús ha de ser proclamada y celebrada. Algunos la escucharán y se alegrarán, otros permanecerán indiferentes, y otros aún se mostrarán hostiles. La historia de Jesús no siempre será aceptada, pero siempre hemos de contarla.

         Los que conocemos esa historia e intentamos vivirla, tenemos la gloriosa tarea de contarla a los otros. Cuando nuestras palabras nacen de un corazón lleno de amor y de gratitud, dan fruto, tanto si lo vemos como si no (cf. Nouwen, H; Pan para el Camino, Brescia 1997, p. 334.

 Act: 13/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A