14 de Abril

Martes II de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 14 abril 2026

Lectio

32 El grupo de los creyentes pensaba y sentía lo mismo, y nadie consideraba como propio nada de lo que poseía, sino que tenían en común todas las cosas. 33 Por su parte, los apóstoles daban testimonio con gran energía de la resurrección de Jesús, el Señor, y todos gozaban de gran estima. 34 No había entre ellos necesitados, porque todos los que tenían hacienda o casas las vendían, llevaban el precio de lo vendido, 35 lo ponían a los pies de los apóstoles y se repartía a cada uno según su necesidad. 36 Éste fue el caso de José, un levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé, que significa "el que trae consuelo". 37 Este tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles (Hch 4,32-37).

         Nos encontramos con el 2º compendio o cuadro recopilador de Hechos, en el que Lucas presenta el nuevo estilo de vida de la Iglesia, fruto del Espíritu. Se subraya la comunión de los bienes (descrita de forma detallada), y se describen 2 prácticas de comunión.

         La 1ª práctica de comunión consiste en poner en común los propios bienes particulares. Cada uno es propietario de sus bienes, pero se considera sólo administrador de los mismos, poniendo el fruto de los mismos a disposición de todos.

         La 2ª práctica consiste en la venta de los bienes particulares, seguida de la distribución de lo recaudado. Esta distribución la hacen los apóstoles después de que se deposita a sus pies el importe de la venta. 

         Estas 2 prácticas de comunión son las puestas en práctica por el grupo de los Doce. No obstante, también Pablo aporta su propia visión económica de la Iglesia, según recoge Hechos de los Apóstoles. En este caso, Pablo no habla tanto del comunismo de bienes, sino del trabajo de cada uno con sus propias manos para proveer las necesidades, tanto personales como comunitarias y de los más débiles (Hch 20,34).

         Lo que le importa a Lucas, en definitiva, es mostrar que las distintas prácticas de comunión de bienes (tanto las judías de Jerusalén, como las gentiles de la gentilidad) están arraigadas en una profunda comunión de espíritus y de corazones.

         De este conjunto de hechos, y espíritus, se desprende que estamos en presencia de la comunidad mesiánica, heredera de las promesas hechas a los padres y según la cual "no habrá ningún pobre entre los tuyos, porque Yahveh te bendecirá abundantemente en la tierra y te la dará en herencia para que la poseas, si escuchas de verdad su voz" (Dt 15,4).

En aquel tiempo, 7 dijo Jesús a Nicodemo: "En verdad te digo: Tenéis que nacer de lo nuevo. 8 El viento sopla donde quiere; oyes su rumor, pero no sabes ni de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con el que nace del Espíritu". 9 Nicodemo replicó: "¿Cómo puede ser esto?". 10 Jesús le contestó: "¿Tú eres maestro de Israel e ignoras estas cosas? 11 Yo te aseguro que hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto; pero vosotros rechazáis nuestro testimonio. 12 Si no me creéis cuando os hablo de las cosas terrenas, ¿cómo vais a creerme cuando os hable de las cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo, a no ser el que vino de allí, es decir, el Hijo del hombre. 14 Lo mismo que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, el Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto 15 para que todo el que crea en él tenga vida eterna" (Jn 3,7-15).

         El diálogo de Jesús con Nicodemo se transforma aquí en un monólogo ininterrumpido que el evangelista pone en los labios de Jesús. Por supuesto, nos encontramos frente a palabras auténticas de Jesús. Pero también frente a testimonios orales post-pascuales que el evangelista ha añadido a las palabras de Jesús, con vistas ha sintetizar la historia de la salvación.

         En concreto, el evangelista insiste en la importancia de la fe. Si ésta no crece con la revelación hecha por Jesús sobre su destino espiritual, ¿cómo podrá ser acogida la gran revelación relacionada con su éxodo pascual?

         El tema desarrolla lo que vimos en el fragmento de ayer, centrado en el testimonio de Cristo, Hijo del hombre bajado del cielo y el único que está en condiciones de revelar el amor de Dios por los hombres a través de su propia muerte y resurrección (vv.11-15).

         Los hombres deben dar crédito a Cristo, pues ninguno de ellos ha subido al cielo para captar los misterios celestiales, y sólo él ha bajado del cielo (v.13) y está en condiciones de anunciar la realidad del Espíritu, y de hacer de verdadero puente entre el hombre y Dios.

         Sólo Jesús, por tanto, es el lugar ideal de la presencia de Dios. Sobre todo en la cruz, cuando Jesús sea ensalzado a la gloria y haga posible que "todo el que crea en él tenga vida eterna" (v.15).

         La humanidad podrá comprender el desconcertante acontecimiento de la salvación por medio de la cruz, y curar de su mal, como hicieron los judíos en el AT, cuando se curaron de las picaduras de las serpientes del desierto mirando a la serpiente de bronce (Nm 21,49).

         El simbolismo de la serpiente de Moisés afirma la verdad de que la salvación consiste en someternos a Dios y dirigir nuestra mirada al Crucificado, verdadero acto de fe que comunica la vida eterna (Jn 19,37).

Meditatio

         El texto de Hechos de los Apóstoles es uno de los más frecuentados por parte de la tradición espiritual de la Iglesia. A partir del 1º monacato, en casi todas las crisis de la Iglesia se ha hecho referencia a este texto como modelo fundador e insuperable de la vida eclesial, y como piedra sobre la que es posible construir formas auténticas de vida cristiana.

         En efecto, en este fragmento aparecen toda la fascinación y la nostalgia de la fraternidad. Más aún, de una Iglesia fraterna. En un momento en el que parecen desaparecer otras perspectivas, he aquí la posibilidad de retomar el camino del renacimiento a partir de la fraternidad, como fuente inagotable del estilo de vida cristiano.

         La novedad cristiana se expresa sobre todo, por tanto, en la fraternidad, a través de comunidades fraternas, a través de una Iglesia fraterna, a través de una mentalidad fraternal que busca por encima de todo crear relaciones fraternas, como signo de la venida del reino de Dios.

         ¿Qué lugar ocupa la fraternidad en mis preocupaciones? ¿Qué importancia tiene la construcción de la fraternidad en mi vida espiritual? ¿Es acaso mi espiritualidad una espiritualidad individualista, de la que están prácticamente excluidos los hermanos y las hermanas?

Oratio

         Señor, muéstrate bondadoso conmigo, que tan poco importante considero la fraternidad, que tan preocupado estoy de que las cosas funcionen, y que con este pretexto me olvido que lo fundamental es llevar una vida de hermanos dentro de tu Iglesia.

         Estoy preocupado por mi salud, y con ese pretexto me olvido que los demás también tienen sus problemas, y quizás mucho más graves que los míos. Estoy preocupado por el bien que debo hacer, y con ese pretexto no me pregunto a quién se lo debo hacer. Estoy preocupado por llevarte a los alejados, y con ese pretexto me olvido de los que tengo cerca.

         Señor, concédeme unos ojos y un corazón fraternos. ¡Qué alejado ando de todo esto! Estoy alejado, y la mayoría de las veces ni siquiera me doy cuenta, porque no me tomo en serio la fraternidad. En realidad, no es que no me la tome en serio, sino que me resultamuy poco gratificante, no me hace lucir, no enciende mi fantasía, no me hace sentirme un héroe.

         Señor, para hacer que yo quiera ser de verdad hermano y hermana de mi prójimo, tú debes iluminarme de continuo con tu palabra y tu Espíritu, como hiciste en los comienzos de tu Iglesia.

Contemplatio

         Nuestro Creador y Señor dispone todas las cosas de tal modo que, si alguien quisiera ensoberbecerse por el don que ha recibido, debe humillarse por las virtudes de que carece. El Señor dispone todas las cosas de tal modo que, cuando eleva a uno mediante una gracia que ha recibido, mediante una gracia diferente lo somete a otro.

         Dios dispone todas las cosas de tal modo que, mientras todas las cosas son de todos (en virtud de cierta exigencia de la caridad), todo se vuelve de cada uno, y cada uno posee en el otro lo que no ha recibido, de tal modo que cada uno ofrece como don al otro lo que ha recibido.

         Es lo que dice Pedro: "Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios" (cf. Gregorio Magno, Comentario de Job, XXVIII, 22).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Reina, Señor, glorioso en medio de nosotros".

Conclusio

         El fin de una comunidad no puede ser sólo ofrecer a sus componentes un sentimiento de bienestar, sino que su objetivo y significado ha de ser que todos sus miembros puedan incitarse unos a otros, y recorrer juntos el día a día, y tener tiempo y espacio para madurar una afectividad común.

         El fin de una comunidad ha de ser que cualquier malentendido pueda ser atendido, que cada conflicto pueda ser aliviado, y que en todo momento pueda dirigirse una mirada conjunta a Dios, nuestra verdadera meta y causa última de nuestra vida (cf. Grun, A; Honor al Cielo, Señal para la Tierra, Brescia 1999, p. 151).

 Act: 14/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A