15 de Abril

Miércoles II de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 15 abril 2026

Lectio

En aquellos días, 17 el sumo sacerdote y todos los de su partido saduceo, llenos de rabia 18 prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. 19 Pero el ángel del Señor abrió por la noche la puerta de la cárcel, los sacó les dijo: 20 "Id y anunciad al pueblo en el templo todo lo referente a este estilo de vida". 21 Dóciles a este mandato, entraron de madrugada en el templo y se pusieron a enseñar. Entre tanto, el sumo sacerdote y los de su partido convocaron al Sanedrín y a todos los ancianos de Israel y mandaron a buscarlos a la cárcel. 22 Pero, al llegar allá los alguaciles, no los encontraron; así que se volvieron y les dieron este informe: 23 "Hemos encontrado la cárcel bien cerrada y a los guardias custodiando las puertas, pero al abrir no hemos hallado a nadie dentro". 24 Al oír esto, el prefecto del templo y los jefes de los sacerdotes se quedaron perplejos, pensando qué habría sido de ellos, 25 hasta que alguien llegó diciendo: "Los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo". 26 Entonces el prefecto fue con los alguaciles y trajo a los apóstoles, aunque sin violencia, pues temían que el pueblo los apedrease (Hch 5,17-26).

         La palabra de Dios no puede estar aprisionada (2Tm 2,9), y este episodio constituye una demostración de su veracidad. La casta sacerdotal anda preocupada, y no sólo está el furor teológico que produce a los saduceos ver anunciada la resurrección (en la que no creen), sino por la envidia que sienten. Es decir, por el temor a perder la influencia sobre el pueblo.

         Los apóstoles, encarcelados, experimentan que "el ángel del Señor acampa en torno a los que le temen, y los salva" (Sal 34,8). Los salva para que puedan ir al templo y ponerse a predicar "todo lo referente a este estilo de vida".

         Dios protege a los anunciadores del evangelio, y cuando quiere algo toda oposición humana resulta inútil y ridícula. En efecto, el resto del relato está repleto de humor, y Dios se ríe de sus adversarios, según el Salmo 2 (citado en la plegaria comunitaria de los creyentes).

         El gran despliegue de autoridad, dado que el Sanedrín está presente esta vez al completo, sólo sirve para verificar la mofa divina, y que los apóstoles no están en la cárcel, aunque  la cárcel se encuentra en completo orden. En ese momento, alguien llega y les dice que "están de nuevo enseñando al pueblo". La mofa es completa, y el engorro crece de manera desmesurada. En efecto, ¿quién puede resistir a Dios?

En aquel tiempo, 16 dijo Jesús a Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él. 18 El que cree en él no será condenado; por el contrario, el que no cree en él ya está condenado por no haber creído en el Hijo único de Dios. 19 El motivo de esta condenación está en que la luz vino al mundo y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque hacían el mal. 20 Todo el que obra mal detesta la luz y la rehúye por miedo a que su conducta quede al descubierto. 21 Sin embargo, el que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz para que se vea que todo lo que él hace está inspirado por Dios (Jn 3,16-21).

         La revelación puesta en marcha ayer continúa subiendo hoy de tono, a través de un fragmento que llega hasta la fuente de la vida. Es el amor del Padre, que entrega al Hijo para destruir el pecado y la muerte. Entrevemos aquí concadenadas, pues, 2 categorías joaneas clásicas: el amor y el juicio.

         El v. 16 expresa una idea muy entrañable para Juan: el carácter universal de la obra salvífica de Cristo, que tiene su origen en la iniciativa misteriosa del amor de Dios por los hombres.

         El envío y la misión del Hijo, fruto del amor del Padre por el mundo, son la manifestación más elevada de un Dios que es amor (1Jn 4,8-10). Ésta es la elección fundamental del hombre, tanto para aceptar como para rechazar el amor de un Padre que se ha revelado en Cristo. Sin embargo, este amor no es el que juzga al mundo, sino que más bien lo ilumina (v.17).

         Con todo, la revelación de este amor, a los hombres, sí es lo que juzga a éstos. ¿Por qué? Porque sitúa a éstos frente a una disyuntiva definitiva, que les obliga a tomar posición y manifestar sus libres opciones. Quien cree en la persona de Jesús no es condenado. Quien lo rechaza, ya está condenado (v.18), por cerrar su corazón a la palabra de Jesús.

         Al final de esta revelación, a la que Jesús ha llevado a Nicodemo (y con él, a todos los hombres), al discípulo no le queda otra cosa que hacer suya la invitación a la conversión y al cambio radical de vida. La luz de Jesús es tan penetrante que derriba toda seguridad humana y todo orgullo, hasta el más escondido.

         Quien acepta a la persona de Jesús, y deja sitio a un amor que lo trasciende, encuentra lo que nadie puede conseguir por sí mismo: la verdadera vida.

Meditatio

         ¿Quién puede detener la palabra de Dios? Dios está dispuesto a hacer prodigios en favor de los anunciadores de su palabra porque es palabra de vida. Y si no, pensemos: ¿No son también hoy necesarias las intervenciones de Dios para hacer salir su Palabra del pequeño grupo, y del gueto a veces, de los que ya no son tan numerosos?

         Será bueno señalar que el Señor no preserva de la cárcel a los anunciadores, aunque los libere con mayor o menor rapidez. La impotencia de la Palabra dura una noche, en ocasiones años, a veces épocas, pero al final avanza irresistible "hasta los confines de la tierra".

         A los que gemían bajo la bota del comunismo les parecía que había terminado la época de la fe. En aquellas latitudes, sólo unos pocos viejos mantenían la fe, los jóvenes parecían irremisiblemente perdidos, y el futuro se presentaba oscuro. No obstante, de improviso vino el hundimiento del régimen comunista, y el boom de la fe.

         Esto es algo que ya ha sucedido innumerables veces, a lo largo de la historia. Constantino llegó después de Diocleciano, y la pax religiosa justo tras la más violenta de todas las persecuciones. Hay tantas formas de prisión, por tanto, como de liberación.

         El Señor va acompañando el camino de su palabra, y de diferentes modos se hace presente a sus anunciadores, acampando junto a ellos y liberándolos de las presiones externas e internas.

Oratio

         Debo convencerme, Señor, de esto: que cuando tú quieres algo, eres irresistible. Por eso no debo inquietarme ni tener miedo, ni deprimirme, ni rendirme. Cuando tu Palabra parece encadenada, cuando tus anunciadores parecen encarcelados en un gueto, no puedo perder la confianza en tu poder, aunque ésta sea quizás la tentación más peligrosa de hoy.

         Concédeme la certeza interior, Señor, de que tú estás con tus anunciadores y los asistes. Concédeme la certeza interior que yo debo anunciar, y de que tú me pides anuncio y no éxito. Convénceme que, cuando tú quieres preparar un nuevo público, y un nuevo pueblo, tú haces un viraje y reemprendes la carrera por otra parte, por otras geografías y a través de otros corazones.

         Concédeme, Señor, no dudar nunca de tu ilimitado poder. Convénceme que debo sembrar siempre tu palabra, sin adaptarla según mis criterios para que sea mejor aceptada y acogida. Hazme fiel dispensador de tu Palabra en todo momento y circunstancia, incluso cuando siembro encerrado en mi propia cárcel.

Contemplatio

         Las almas sencillas no necesitan medios complicados. Por eso, dado que yo me encuentro entre ellas, una mañana el Señor Jesús me dio un medio sencillo para llevar a cabo mi misión. Me hizo comprender este pasaje del Cantar de los Cantares: "Atráenos, y nosotros correremos al olor de tus perfumes".

         No es preciso decir, por tanto "atrayéndome, atrae a las almas", sino que basta con una sola palabra, la más sencilla: Atráeme. Señor, ahora comprendo que, cuando un alma se deja cautivar por el olor embriagador de tus perfumes, no puede correr sola, sino que todas las almas que ama son arrastradas tras ella. Esto es algo que sucede sin presiones ni esfuerzos, y es una consecuencia natural de su atracción hacia ti.

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen y los salva" (Sal 34,8).

Conclusio

         Una buena noticia se convierte en mala noticia cuando es anunciada sin paz ni alegría. Pues bien, lo mismo sucede con la Buena Noticia. Todo el que proclama el amor de Jesús, con un corazón amargado, amarga el amor de Jesús.

         Jesús es el salvador del mundo, y nosotros no. Nosotros estamos llamados a dar testimonio, con nuestra vida y en ocasiones con nuestras palabras. El testimonio debe hacer referencia a las grandes cosas que Dios ha hecho en nosotros, y por eso debe estar precedido por un corazón dispuesto a dar sin recibir nada a cambio.

         Cuanto más confiemos en el amor incondicionado de Dios por nosotros, más capaces seremos de anunciar el amor de Jesús, sin condiciones internas ni externas (cf. Nouwen, H; Pan para el Camino, Brescia 1997, p. 239).

 Act: 15/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A