18 de Abril

Sábado II de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 18 abril 2026

Lectio

En aquellos días, 1 debido a que el grupo de los discípulos era muy grande, los creyentes de origen helenista murmuraron contra los de origen judío, porque sus viudas no eran bien atendidas en el suministro cotidiano. 2 Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: "No está bien que nosotros dejemos de anunciar la palabra de Dios para dedicarnos al servicio de las mesas. 3 Por tanto, elegid de entre vosotros, hermanos, siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encomendaremos este servicio 4 para que nosotros podamos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra". 5 La proposición agradó a todos, y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. 6 Los presentaron ante los apóstoles, y ellos, después de orar, les impusieron las manos. 7 La palabra de Dios se extendía, el número de discípulos aumentaba mucho en Jerusalén e incluso muchos sacerdotes se adherían a la fe (Hch 6,1-7).

         Los problemas cotidianos de la joven Iglesia obligan a tomar nuevas decisiones. Se trata de una murmuración, y los apóstoles se lo toman en serio y lo resuelven.

         Probablemente se trata de las viudas de la diáspora, que vinieron a Jerusalén a pasar los últimos años de su vida y que ahora se han quedado sin apoyo familiar. Se trata de una necesidad real, y tiene que ser afrontada con sano realismo.

         De fondo, puede que subsistiera un problema cultural, pues los judíos de la diáspora hablaban griego, leían la versión griega de la Biblia y, por ello, tenían una sensibilidad diferente. Es preciso disponer para ellos, por tanto, de una estructura completa, dotada de asistencia espiritual y material.

         Los apóstoles tienen en cuenta estos 2 aspectos. Por ello, los Siete (el grupo de los diáconos) son destinados tanto al servicio de la Palabra como al de las mesas. Aparecen como una organización eclesiástica sectorial, como una especie de clero indígena para aquellos que tienen una lengua y cultura diferentes de los judeocristianos de Israel.

16 A la caída de la tarde, los discípulos bajaron al lago, 17 subieron a una barca y emprendieron la travesía hacia Cafarnaum. Era ya de noche y Jesús no había llegado. 18 De pronto se levantó un viento fuerte que alborotó el lago. 19 Habían avanzado unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús, que se acercaba a la barca caminando sobre el lago, y les entró mucho miedo. 20 Jesús les dijo: "Soy yo. No tengáis miedo". 21 Entonces quisieron subirlo a bordo y, al instante, la barca tocó tierra en el lugar al que se dirigían (Jn 6,16-21).

         Si el milagro de los panes tuvo la finalidad de revelar a Jesús como Mesías y profeta escatológico, el signo del Señor caminando sobre las aguas, destinado sólo a los discípulos, tiene como finalidad hacerles comprender la divinidad de Jesús, prevenirles ante el escándalo de la muchedumbre e impedir su defección.

         Los discípulos están en la barca, ya es de noche, han remado fatigosamente y han bregado contra las dificultades del momento. En esto, ven a Jesús caminando sobre el lago, y les entra mucho miedo (v.19). La confrontación con el Maestro constituye para ellos un examen de conciencia y una llamada a superar sus cortas miras, y a confiar en el misterio de Jesús.

         Con las palabras "soy yo, no tengáis miedo" (v.20) Jesús los tranquiliza, y se hace reconocer revelándose como el Señor en quien reside la presencia poderosa y salvífica de Dios. Es decir, se auto-revela a sus discípulos no sólo como Mesías que sacia su hambre, sino como persona divina que va a su encuentro con amor.

         A continuación, en el momento en el que los discípulos acogen a Jesús y aceptan reconocer su identidad en un ámbito superior, llegan de inmediato a la orilla a la que se dirigían (v.21).

         Jesús es el lugar de la presencia de Dios entre los hombres, y bajo su rostro humano se ocultan su misterio y su identidad. Quien sabe leer en Jesús la manifestación del Dios que ama, se convierte en su discípulo y permanece unido al profeta de Galilea, a pesar del halo inaccesible que envuelve su persona.

Meditatio

         El cuadro idílico de la comunidad ("con un solo corazón y una sola alma"), dibujado en las primeras páginas de Hechos de los Apóstoles, parece oscurecerse de improviso. Surgen las primeras tensiones, el realismo se hace patente y hasta en las comunidades más perfectas se hacen presentes los problemas.

         Las tensiones y los problemas han de ser afrontados de una manera creativa y comunitaria. Y sobre todo, no deben bloquear la comunidad con disputas perennes, ni impedir la difusión del evangelio. Todo ha de ser considerado con una mirada positiva, y el descontento tomado en serio para no ocultar problemas futuros.

         Los apóstoles no consideran el descontento y la crítica como un gesto de rebelión, sino como el síntoma de un problema al que hay que hacer frente y resolver. Esto es ser sabios y prudentes, tener capacidad de libertad y desprendimiento, apostar por la clarividencia y no sólo la autoridad, afrontar las dificultades con espíritu creativo, tener el sentido de la fraternidad cristiana, saber escuchar y dialogar, buscar juntos soluciones más avanzadas y adaptarse así a las nuevas situaciones. Los apóstoles nos dan aquí un ejemplo de flexibilidad y de guía sabia de la Iglesia.

Oratio

         ¡Cuántos problemas surgen, Señor, cada día! ¡Cuántas tensiones! ¡Y qué difícil resulta solucionarlas! A menudo, cuando me siento víctima, tiendo a agredir y atacar a quien posee la autoridad, mientras que cuando soy yo quien la detenta, tiendo a acallar a los que critican, tachándolos de eternos insatisfechos, gente imposible de contentar o sedientos de dinero y poder.

         Concédeme, Señor, la sabiduría prudente de los Doce, que escuchan, implican a toda la comunidad y se disponen a servir. Haz que en nuestra Iglesia circule la misma sabiduría, la misma capacidad de escucha y de participación. No dejes que nos falte esta creatividad, capaz de hacer frente con serenidad y resolver las dificultades normales.

         Aparta de mi corazón, Señor, la amargura y la agresividad, que surgen cuando no me siento comprendido. Dame el tono justo de la crítica constructiva, aparta de mi corazón la arrogancia del poder e impide que crea saberlo todo y no prestar oídos a lo que no estaba previsto.

         Señor, veo que la fraternidad está construida por la inteligencia y por el deseo de que todo se resuelva con espíritu conjunto. Muéstrame los caminos cotidianos y concretos de la construcción paciente y sabia de la vida fraterna, con los materiales de nuestros límites, de nuestras exigencias, de nuestro amor.

Contemplatio

         El justo sólo prestaba atención a sus cosas, no estaba disponible a cargar con los pesos de los demás, tenía poca compasión de los otros y no estaba en condiciones de hacer frente a las adversidades. No obstante, con el tiempo fue progresando, y empezó a tolerar la debilidad del prójimo. Así, empezó a aceptar las tribulaciones de la vida, y lo hizo por amor a la verdad.

         Bajándose, el justo se levantó. Inclinándose se distendió, y compadeciéndose dilató el amor al prójimo, concentrando las fuerzas para levantarse hacia su Creador.

         La caridad, aparte de hacernos humildes y compasivos, nos levanta al más alto grado de la contemplación. A través de la caridad, el alma se engrandece, y arde en deseos cada vez más grandes, y anhela llegar a la vida del Espíritu a través de los sufrimientos corporales (cf. Gregorio Magno, Moralia, VII, 18).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Concédeme, Señor, el don de la escucha y de la creatividad".

Conclusio

         Una comunidad donde se vive con otros puede representar para el individuo el espacio vital en el que se produce un intercambio vivaz y una experiencia que le hace madurar, así como un lugar de confianza en el que cada uno puede crecer en el amor a sí mismo y al prójimo.

         Una comunidad de mujeres y de hombres maduros estimula continuamente al individuo a hacer frente a las tareas cotidianas y a los conflictos, y a través de éstos madurar como persona.

         La crítica fraterna, en un círculo de adultos, constituye una fuerza creativa que sirve para mejorar en el conocimiento de nosotros mismos, y forja un proyecto propio de vida. Si la ejercemos con respeto y misericordia, nos ayuda a evitar los defectos, y escondernos en la casa de nuestro propio yo.

         Los conflictos, inevitables en toda comunidad espiritualmente viva, pueden convertirse así en materia fértil para una provechosa cultura del conflicto, necesaria sobre todo, donde conviven personas que no están unidas por vínculos de parentesco o amistad.

         Añádase a esto que, en una comunidad de este tipo, el individuo puede y debe confrontarse también consigo mismo, de un modo más radical del que lo haría si viviera solo (cf. Grun, A; Honor del Cielo, señal para la Tierra, Brescia 1999, p. 129).

 Act: 18/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A