17 de Abril

Viernes II de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 17 abril 2026

Lectio

En aquellos días, 34 un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley y respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera a los acusados unos momentos 35 y dijo: "Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con estos hombres. 36 Porque hace algún tiempo apareció un tal Teudas con la pretensión de ser alguien importante, y le siguieron unos cuatrocientos hombres, pero fue ejecutado y todos lo que lo seguían se dispersaron. 37 Después de éste, surgió Judas el Galileo en los días del empadronamiento, y arrastró detrás de sí al pueblo, pero también él pereció y todos sus secuaces se dispersaron. 38 En este caso mi consejo es que no os preocupéis de estos hombres y los dejéis en paz, porque, si su empresa y su obra son humanas, se desvanecerán, 39 pero si proceden de Dios no podréis destruirlas. No corráis el riesgo de luchar contra Dios". 40 Hicieron llamar a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. 41 Ellos salieron de la presencia del Sanedrín gozosos de haber merecido tal ultraje por causa de aquel nombre (Hch 5,34-42).

         Lucas presenta siempre a los fariseos bajo una luz favorable. De Gamaliel, por ejemplo, dice que es fariseo, uno de los que, además de llevar una vida observante, cree en la resurrección. Además, recalca que su intervención fue prudente y decisiva. 

         A partir de 2 ejemplos de rebeliones, citados también por el historiador Flavio Josefo, y que acabaron al poco de empezar, enuncia Gamaliel un principio de no intervención, en nombre de la constante intervención de Dios en favor de su pueblo. Es decir, que no se puede ir contra el obrar divino, mediante una intervención humana.

         Los apóstoles quedan en libertad después de (como Jesús) haber sido azotados. Es digna de señalar la alegría que sienten por haber merecido ese ultraje por amor al nombre de Jesús. Aparece aquí un eco de la realización de la bienaventuranza de los perseguidos, que decía: "Bienaventurados seréis cuando os odien, os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre" (Lc 6,22).

         Hemos de señalar también que aquí se habla del nombre en absoluto para indicar sólo a Jesús. En el judaísmo se empleaba la expresión "el nombre" para referirse a Dios. Lucas lleva a cabo está atrevidísima sustitución para expresar que Dios se identifica con Jesús, y Jesús con sus apóstoles.

         Más aún, el hecho de que los apóstoles enseñen en el templo significa que, a pesar de las incomprensiones y los abusos de poder de las autoridades, la Iglesia de Jerusalén se consideraba aún en el ámbito del judaísmo, a forma de secta judía (hasta que llegó el ciclón Esteban, que obligó a dar un doloroso y decisivo giro, de forma irreversible).

Algún tiempo después, 1 Jesús pasó al otro lado del lago de Tiberíades. 2 Lo seguía mucha gente, porque veían los signos que hacía con los enfermos. 3 Jesús subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Estaba próxima la fiesta judía de la Pascua. 5 Al ver aquella muchedumbre, Jesús dijo a Felipe: "¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?". 6 Dijo esto para ver su reacción, pues él ya sabía lo que iba a hacer. 7 Felipe le contestó: "Con doscientos denarios no compraríamos bastante para que a cada uno de ellos le alcanzase un poco". 8 Entonces intervino otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, diciendo: 9 "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es esto para tanta gente?". 10 Jesús mandó que se sentaran todos, pues había mucha hierba en aquel lugar. Eran unos cinco mil hombres. 11 Luego tomó los panes y, después de haber dado gracias a Dios, los distribuyó entre todos. Hizo lo mismo con los peces y les dio todo lo que quisieron. 12 Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recoged lo que ha sobrado, para que no se pierda nada". 13 Lo hicieron así, y con lo que sobró de los cinco panes llenaron doce cestos. 14 Cuando la gente vio aquel signo, exclamó: "Este hombre tiene que ser el profeta que debía venir al mundo". 15 Jesús se dio cuenta de que pretendían proclamarlo rey. Entonces se retiró de nuevo al monte él solo (Jn 6,1-15).

         En los sinópticos, el milagro de la multiplicación de los panes introduce, a forma de aperitivo, el magno Discurso del Pan de Vida, y está situado en el centro de la actividad pública de Jesús. Se trata de un signo querido por el Maestro para revelarse a sí mismo.

         Sin embargo, Juan presenta el signo como el nuevo milagro del maná (Ex 16) hecho por Jesús (nuevo Moisés, en un nuevo Éxodo) y como símbolo de la eucaristía, cuya institución durante la Ultima Cena (a diferencia de los sinópticos) no cuenta su evangelio.

         El fragmento manifiesta un significado cristológico y sacramental preciso, cuyo sentido no es tanto saciar el hambre de la muchedumbre, como revelar la gloria de Dios en Jesús, palabra hecha carne.

         El texto está dividido en: 1º introducción histórica (vv.1-4); 2º diálogo entre Jesús y los discípulos (vv.5-10); 3º descripción del signo-milagro (vv.11-13); 4º incomprensión de la muchedumbre y soledad de Jesús, que se retira a rezar en el monte (vv.14-15).

         Para Juan, Jesús es aquel en quien se cumple el pasado y se realizan todas las esperanzas de Israel. En efecto, el pan que el Maestro va a dar al pueblo perfecciona (superándola) la Pascua judía, y pone el gran milagro bajo el signo del banquete eucarístico cristiano.

         Jesús habla a la gente que le sigue, en 1º lugar, de la Nueva Alianza con Dios y de la vida eterna (a la que está destinada la humanidad). En 2º lugar, llama la atención del apóstol Felipe sobre la dificultad del momento.

         La solución humana no basta para saciar las necesidades del hombre (v.7), y por eso es Jesús quien va a satisfacer en plenitud todas las necesidades. El alimento se multiplica en sus manos, y todos quedan alimentados hasta tal punto que, por indicación de Jesús, se recoge lo que ha sobrado en 12 cestos, para "que no se pierda nada" (v.12).

         Con el signo del pan, Jesús se presenta como el Mesías esperado que sacia el hambre de su pueblo, sin bajar a compromisos con el proyecto que el Padre ha trazado.

Meditatio

         La intervención de Gamaliel resulta favorable a los apóstoles, y su Principio de No Intervención (si la novedad no es de Dios, no durará; y si es de Dios, es inútil oponerse a ella) se cita con frecuencia como ejemplo de consejo sabio y prudente.

         Aunque no siempre está dictado por la sabiduría, porque puede meterse por medio la pereza, cierto deseo de vivir tranquilos, y de dejar correr las cosas (sin caer en el fatalismo), puede que sea algo dictado por un espíritu de fe en el Dios que obra en la historia, y de ser así sería un hecho positivo.

         En determinados momentos de la historia, o en determinadas circunstancias, es preciso poner en circulación el criterio sugerido por Gamaliel. Especialmente en Occidente, donde todo parece depender de nosotros y donde, hasta en las cosas de Dios, es el Principio de la Eficiencia es el que parece primar.

         Es necesario adquirir de nuevo el sentido de Dios, que obra de continuo, que puede obrar, que está presente en los fenómenos grandes y en los pequeños. Es necesario que seamos más humildes, frente a los problemas de la salvación y frente a los tiempos de Dios.

         En estos momentos, como en todos, el protagonista ha de ser Dios, y nosotros tan sólo sus pobres y pequeños colaboradores. Lo que se nos pide es que no arruinemos los planes de Dios, y que más bien discernamos su voluntad de acción, para no ponernos por encima de ella.

Oratio

         ¡Qué presuntuoso y ciego soy, Señor, con mis programas, mis planes, mis organigramas, mis proyectos, mis proyecciones, mi organización!

         Me ocurre a menudo, Señor, que intento administrar tu empresa de salvación como si me perteneciera. Así, cautivado por mi afán de eficacia, me olvido de preguntarte qué es lo que quieres que se haga, o lo que ya estás haciendo, o lo que estás pensando llevar a cabo.

         Así, Señor, sin darme cuenta, yo no conozco tus planes, ni tú entras en los míos. Y para mayor sorpresa (que son muchas), todo me inquieta y me turba. Concédeme el espíritu de sabiduría y de discernimiento, para que sea capaz de encontrar el justo camino entre lo que debo dejarte hacer a ti y lo que a mí me corresponde.

         Concédeme hoy Señor, sobre todo, la humildad necesaria para aceptar lo que tú quieres, y para secundar de corazón tus planes, misteriosos con frecuencia, pero siempre infalibles.

Contemplatio

         Os suplico que os establezcáis totalmente en Dios en todos vuestros asuntos, sin fiaros de vuestro poder o saber, ni tampoco de la opinión humana. Con esta condición, os consideraré armados contra todas las grandes adversidades espirituales y corporales que os puedan sobrevenir.

         En efecto, Dios sostiene y fortifica a los humildes, especialmente a aquellos que, en las cosas pequeñas y bajas, han visto sus debilidades como en un claro espejo y se han vencido.

         Cuando esos hombres se sienten presa de tribulaciones superiores a todas las que han conocido, nada puede derrumbarlos, porque tienen la virtud de la seguridad (en virtud de su confianza en Dios) y saben que nada puede acontecerles sin su permiso y consentimiento (cf. Francisco Javier).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Espera en el Señor y sé fuerte" (Sal 26,14).

Conclusio

         Una lectura espiritual no significa sólo leer sobre personas o cosas espirituales, sino saber leer espiritualmente, con el deseo de que Dios venga más cerca de nosotros.

         La mayoría de nosotros lee para adquirir conocimiento o para satisfacer su propia curiosidad. El fin de la lectura espiritual, sin embargo, no es apoderarse del conocimiento o de la información, sino dejar que el Espíritu de Dios señoree sobre nosotros. Por muy extraño que pueda parecer, la lectura espiritual significa "dejar que Dios nos lea".

         Podemos leer con curiosidad, por ejemplo, la historia de Jesús, y preguntarnos: ¿Ha sucedido de verdad? ¿Quién ha compuesto esta historia y cómo lo ha hecho? Pero también podemos leer la misma historia con atención espiritual, y preguntarnos: ¿De qué modo me habla Dios aquí, y me invita a un amor más generoso?

         Podemos leer las noticias de cada día simplemente para tener algo de que hablar en nuestro trabajo. Pero también podemos leerlas para hacernos más conscientes de la realidad del mundo, que tiene necesidad de las palabras y de la acción salvífica de Dios.

         El problema no es tanto lo que leemos, sino cómo leemos. La lectura espiritual es una lectura que se hace prestando atención interior al movimiento del Espíritu de Dios en la vida, tanto ajena como propia. Esta atención permitirá que Dios nos lea y nos explique lo que verdaderamente estamos haciendo (cf. Nouwen, H; Vivir en el Espíritu, Brescia 1998, p. 64).

 Act: 17/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A