5 de Febrero
Jueves IV Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 5 febrero 2026
Lectio
1 David, a punto ya de morir, 2 dio a su hijo Salomón estas instrucciones: "Yo voy a morir, así que ten ánimo y pórtate varonilmente. 3 Sé fiel al Señor tu Dios, y camina por sus sendas. Observa sus mandamientos, preceptos, dictámenes y normas, tal como está escrito en la ley de Moisés, para que triunfes en todas tus empresas 4 y el Señor cumpla la promesa que me hizo: Si tus hijos hacen lo que deben, y caminan fielmente en mi presencia con todo su corazón y toda su alma, no te faltará jamás un sucesor en el trono de Israel". 10 David se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. 11 Había reinado en Israel 40 años, 7 en Hebrón y 33 en Jerusalén. 12 Salomón sucedió a su padre David en el trono, y su reino se consolidó firmemente (1Re 2,1-4.10-12).
El libro I de Reyes narra la muerte de David como la muerte de los antiguos patriarcas de Israel ("David se adormeció con sus padres"; v.10). Es el signo de que David, a pesar de sus errores y de sus pecados, "caminó por los senderos del Señor", según la expresión característica del Deuteronomio y de los libros históricos.
Del estilo de la obra histórica deuteronómica son también las últimas recomendaciones del rey a su hijo Salomón, que le sucedió en el trono y que llevó el reino de Israel a su máximo esplendor.
El compromiso principal que debe asumir Salomón es seguir la ley del Señor, entregada a Moisés en el Sinaí (v.3), y para la que se usan los términos del Deuteronomio: estatutos, mandamientos, preceptos, dictámenes y normas.
No obstante, no se trata sólo de cumplir los 10 mandamientos, sino también las disposiciones contenidas en los códigos del Pentateuco y de los preceptos rituales, que poco a poco fueron enriqueciendo la legislación de Israel. La ley vinculaba al rey del mismo modo que a todos los demás, pues el rey era un hombre y no una divinidad (al contrario que ocurría en otras monarquías orientales).
Consecuencia de esta fidelidad a la ley será el éxito de todos los proyectos del rey (v.3) y, en particular, la permanencia de la casa de David sobre el trono de Israel, según la promesa del profeta Natán (que de la estirpe de David nacería el mesías).
En aquel tiempo, 7 Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. 8 Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja. 9 Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas. 10 Les dijo además: "Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar. 11 Si en algún sitio no os reciben ni os escuchan, salid de allí y sacudid el polvo de la planta de vuestros pies, como testimonio contra ellos". 12 Ellos marcharon y predicaban la conversión. 13 Expulsaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (Mc 6,7-13).
Tras la visita a Nazaret, y antes de seguir su camino hacia otros territorios, Jesús envía de nuevo a la misión a los Doce (tras la de Mc 3,14), dándoles poder de expulsar a los espíritus inmundos (v.7). Podemos distinguir aquí 3 pasajes.
En el 1º pasaje, Jesús da disposiciones sobre el estilo de vida (vv.8-9). Los enviados no deben llevar provisiones consigo, porque sólo podrán contar con la generosidad de aquellos a quienes se dirijan.
En el 2º pasaje, el mandato precisa el método de la predicación: quedarse en la casa que los reciba, pero abandonarla sin añoranza si no les escuchan (vv.10-11).
En el 3º pasaje, al mandato de Jesús le sigue la ejecución. Los discípulos parten, predican la conversión y su obra de exorcismo y de curación resulta eficaz (vv.12-13).
Esta narración, en su sencillez, sigue un desarrollo lógico. La reducción de la vida a lo esencial, apoyada en una absoluta confianza en el Señor, es condición para poder estar por completo al servicio de la Palabra. La predicación de la palabra de la verdad y la conformidad con sus dictámenes son, a su vez, dos condiciones para la eficacia de la actividad apostólica.
Meditatio
Es posible que no nos preguntemos con una frecuencia suficiente cuáles son las cosas verdaderamente importantes en nuestra vida. Resulta fácil caer en tópicos, adecuarse a los sondeos televisivos, quedarse en la superficie. También es importante tener un trabajo, una familia unida, la salud, cambiar las gradaciones... pero éstos son, más o menos, los términos que aparecen en nuestra escala de valores.
Las lecturas de hoy nos proponen unos parámetros muy diferentes. Los discípulos de Jesús han abandonado ya el trabajo y la familia para seguirle, mas ahora les envía también lejos de él, solos por el mundo, a anunciar el evangelio. Les impone prescindir de todo lo que a nosotros nos parece indispensable: las provisiones, el dinero, la buena presencia y las técnicas de apoyo.
Antes de darle disposiciones más precisas a su hijo Salomón sobre el trato que debe reservar a los enemigos del reino, David le recomienda la obediencia fiel a los preceptos de la ley, única condición para el buen éxito de cualquier proyecto.
A buen seguro, la salud, la familia y el trabajo son cosas importantes, pero no son las primeras que debemos buscar, pues no son la condición para poder seguir los caminos del Señor (al contrario, son su consecuencia).
No digamos, por tanto, que tengo demasiado trabajo para poder comprometerme en el voluntariado, o que la familia me absorbe y no tengo tiempo de orar, o que mi salud es frágil y no puedo hacer nada por la Iglesia. Busquemos primero la palabra del Señor y su alimento, y el resto vendrá por añadidura.
Oratio
Señor, ayúdame a buscar tu voluntad, libérame de las preocupaciones sofocantes de la vida cotidiana, concédeme la serenidad de los lirios del campo y de los pajarillos, que no se angustian por su supervivencia.
Hazme generoso, Señor. Haz que piense antes en los otros que en mí mismo, y concédeme el discernimiento necesario para realizar cada vez elecciones justas.
Señor, me gustaría ser capaz de dar testimonio de ti, de llevar tu Palabra a los hombres en el mundo en el que vivo. Pero me atosigan las dificultades, tengo demasiado miedo a no salir bien del envite, soy tímido y me falta seguridad. Hazme comprender que el éxito no depende de mis capacidades, sino de tu voluntad.
Concédeme el don de la sencillez, Señor, para que sepa encontrar lo esencial y no me disperse en mil revuelos de actividades superfluas.
Contemplatio
El Señor afirma que sólo puede seguir su camino e imitar su gloriosa pasión aquel que, dispuesto y expedito, no está enredado por los lazos de su patrimonio, sino que, libre y sin nada que le embarace, sigue él mismo a sus riquezas, que ya ha enviado como ofrenda a Dios.
A aquellos que buscan el reino y la justicia de Dios, Jesús les promete que les dará todo lo demás por añadidura. En efecto, puesto que todo pertenece a Dios, nada le faltará a quien posee a Dios, si él mismo no le falta a Dios (cf. San Cipriano, Sobre el Padrenuestro).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón" (Mc 6,8).
Conclusio
Jesús propone a sus discípulos que van en misión un estilo de vida que les afecta en cuanto personas. Jesús les pide que vivan el compromiso misionero con sobriedad de vida, con un estilo de pobreza en el alimento, en el vestido, en las exigencias cotidianas, en las relaciones interpersonales.
El sentido profundo de esta reducción a lo esencial está en el hecho de que el reino de Dios es tan importante, grande y suficiente que hace pasar a 2º plano el resto.
La propuesta del Señor a sus discípulos, que van en misión, es vivir con un estilo de gratuidad, disponibilidad y prontitud en todo. El motivo radical de esta actitud reside, una vez más, en el hecho de que el reino de Dios, anunciado por nosotros, consiste precisamente en el amor gratuito, sin reservas y sin condiciones con el que Dios se pone a disposición del hombre.
Así pues, la propuesta que hace Jesús no ha de ser entendida, en 1º lugar o únicamente, como propuesta ascética. Se trata de una propuesta mística, en el sentido de que este estilo de vida se convierte en el lenguaje a través del cual se expresa propiamente la naturaleza de lo que comunicamos (el Reino), que vale más que cualquier cosa y es don de la misericordia.
¿Qué significa para el apóstol ser pobre? Como respuesta a esta pregunta intentamos tomar no sólo la relación pobreza-cosas, sino también la relación entre la pobreza y la propia persona. Es decir, puesto que el reino de Dios es Dios mismo (que se pone a disposición del hombre y que se quiere comunicar a él), el anuncio del Reino pasa como es debido sólo cuando su anunciador se pone a total disposición del hombre.
No hay escapatoria. La lógica evangélica es ésta. La disponibilidad real y generosa respecto a la gente se convierte para nosotros en el modo de anunciar el Reino mismo, porque es lo que está en la mente y en el corazón de Dios.
Como es natural, deberemos preguntarnos qué es lo que contrasta con esta orientación en nuestra vida. Creo, por ejemplo, que se ha de considerar como sustancialmente equivocado un estilo de vida o una mentalidad burgueses (en términos de dinero, de calendario anual, de uso del tiempo de cada día).
Creó también que esta perspectiva evangélica contrasta con el hecho de tener en cuenta aquellas palabras que dicen: "Quod superest, date pauperibus". Contrasta con aquel orden de ideas para el que ciertos derechos, incluso en términos de rentas, son considerados como indiscutibles y de tal entidad que nadie puede decirnos nada. ¿Que no puede reprocharnos nada Dios a ti y a mí, que queremos ser apóstoles, misioneros, anunciadores del Reino?
Este subrayado relativo al camino de la pobreza corre el riesgo de parecer muy retórico. En efecto, si no estamos atentos, todo se queda como está. Es difícil negar el hecho de que, entre las virtudes descritas por el evangelio, la pobreza es, probablemente, de la que más habla Jesús. Me parece que el Señor quiere hacernos comprender que, si queremos llegar a ser misioneros, debemos hacernos pobres (cf. Corti, R; Hay de mí si no Evangelizo, Milán 1984, pp. 63ss).
Act:
05/02/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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