27 de Abril
Lunes IV de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 27 abril 2026
Lectio
En aquellos días, 1 los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la palabra de Dios. 2 Cuando Pedro subió a Jerusalén, los partidarios de la circuncisión le echaban en cara 3 que hubiese entrado en casa de incircuncisos y hubiese comido con ellos. 4 Entonces Pedro comenzó a darles una explicación, punto por punto: 5 Estaba yo en Jafa orando, cuando caí en éxtasis y tuve una visión. Una especie de lienzo grande, colgado por las cuatro puntas, descendía desde el cielo y llegó hasta mí. 6 Yo lo miraba fijamente y vi que estaba lleno de cuadrúpedos, bestias, reptiles y aves. 7 Entonces oí una voz que me decía: "Pedro, levántate, mata y come". 8 Yo respondí: "De ninguna manera, Señor. Jamás ha entrado en mi boca cosa profana o impura". 9 Pero la voz me habló por segunda vez desde el cielo y me dijo: "Lo que Dios ha hecho puro no lo consideres tú impuro". 10 Esto se repitió tres veces, y después todo fue subido de nuevo al cielo. 11 En ese mismo momento, se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres que me habían enviado desde Cesarea. 12 Y el Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Vinieron conmigo también estos seis hermanos y entramos en la casa de aquel hombre. 13 Él nos contó cómo había visto un ángel que se presentó en su casa y le dijo: "Manda que vayan a Jafa en busca de Simón, llamado Pedro. 14 Sus palabras te traerán la salvación a ti y a todos los de tu casa". 15 Apenas había comenzado yo a hablar, cuando el Espíritu Santo descendió sobre ellos, lo mismo que sobre nosotros al principio. 16 Entonces recordé aquello que había dicho el Señor: "Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo". 17 Por tanto, si Dios les había dado a ellos el mismo don que a nosotros por creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios? 18 Al oír esto, se callaron y alabaron a Dios diciendo: "¡Así que también a los paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a la vida!" (Hch 11,1-18).
El pasaje presente ofrece las dificultades que encontraban los ambientes judeocristianos respecto a la apertura a los paganos. Incluso Pedro, el guía autorizado, se ve obligado a dar cuentas, de manera detallada y paciente, para explicar cómo llegó a dar un paso tan atrevido.
El descontento nace por un motivo de tipo ritualista y alimenticio. Con ello, nos vienen a la mente los reproches que dirigían los fariseos a Jesús porque se sentaba a la mesa con publicanos y pecadores (Lc 5,30). Aunque también puede ser un pretexto destinado a esconder el verdadero reproche, pues ¿cómo ha podido atreverse Pedro a bautizar sin hacer aceptar primero toda la iniciación judía?
Éste es el verdadero objeto del contencioso. ¿Se puede ser cristiano sin pasar por el judaísmo? Pedro comprende que los argumentos no habrían bastado para convencer, y por eso pasa a la narración de los hechos. De éstos se desprende que ha sido claramente Dios quien, a través de una cadena de acontecimientos, le ha obligado a tomar esta decisión.
El clima general del ambiente de la Iglesia de Jerusalén es de gran franqueza, de verdadera fraternidad y de apertura a la acción del Espíritu. Los obstáculos todavía no han caído del todo, ya que sus convicciones están arraigadas y sus costumbres son inveteradas.
La conclusión muestra una satisfacción admirada: "¡Así que también a los paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a la vida!". La sucesión de los acontecimientos, guiados como es evidente por la mano de Dios, ha abierto ahora el camino de la predicación a los paganos. La autoridad de Pedro es la garantía más segura.
En aquel tiempo, dijo Jesús: 27 "Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre; nadie puede arrebatármelas. 29 Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de manos de mi Padre. 30 El Padre y yo somos uno" (Jn 10,27-30).
Como respuesta a la petición apremiante y casi amenazadora de los judíos ("si eres el Cristo, dínoslo claramente"; v.24), Jesús les habla empleando la imagen del buen pastor. No obstante, éstos no se encuentran en la disposición adecuada para creer sus afirmaciones, ni tampoco para dejarse convencer por las obras de Jesús. Se trata de un rechazo total que les auto-excluye del rebaño de Jesús (v.25).
A pesar de tanta hostilidad, Jesús se presenta una vez más, más a sí mismo, como "el buen pastor" (es decir, como el Mesías), que conoce y ama a sus ovejas y que espera encontrar en las ovejas escucha, obediencia y seguimiento confiado.
El buen pastor les da la "vida eterna". Ésa es la obra esencial para la que ha venido Jesús (Jn 6,39; 17,2), pues la vida eterna es precisamente el conocimiento y comunión del amor de Dios y de su enviado (Jn 17,3).
Los vv. 28-30 marcan un ritmo creciente en la intensidad de la pertenencia. En ellos, las ovejas (los creyentes) que reciben la vida de Jesús están siempre en sus manos (Jn 17,12; 18,9), y por eso gozan de una seguridad perenne (v.28). El mismo Padre se las ha confiado a su Hijo, y por eso nadie se las puede arrebatar (v.29).
Se trata de afirmaciones que alientan a la Iglesia cristiana, que sigue estando sometida a prueba por la persecución (Jn 16,4) y sigue estando asediada por las herejías. Pertenecer a Jesús significa pertenecer a Dios mismo, del mismo modo que el Hijo pertenece al Padre, y el Padre pertenece al Hijo, en la unidad del amor que es el Espíritu Santo.
Meditatio
Jesús se presenta como el buen pastor, pero hoy son pocos los que desean asumir el papel de oveja, y menos aún el de oveja dócil. Menos todavía pertenecer a un rebaño.
Existe en nuestros días una alergia innata a formar parte de un rebaño conducido por otros. ¿Se deberá al sentido de la dignidad personal? ¿Será la conciencia de los derechos de la persona? ¿Será la cultura democrática la que nos impide aceptar de buen grado esta imagen (pastoral, es cierto, aunque también paternalista)?
Una imagen contaminada además por recuerdos o por relatos de abusos por parte de pastores que han esquilado al rebaño, en vez de apacentarlo con benevolencia y discreción, por el recuerdo de no lejanos guías políticos que engañaron a las masas con discursos fascinantes y trágicos.
Jesús, sin embargo, se presenta como el pastor de los pastos eternos que conoce senderos que ningún otro conoce, que muestra de un modo bastante eficaz que es un pastor diferente, que no se limita a decir, sino que "llega a entregar su vida" para avalar su petición de convertirse en guía verdadero y bueno hacia las metas definitivas. No hay por su parte ninguna pretensión de dominio, ninguna petición de sometimiento, ninguna condición de renuncia a nuestra propia dignidad.
Jesús sólo pide que nos fiemos de él, que nos confiemos a él, para llegar a la meta. Está tan desprendido de todo poder, tan entregado a su acción de guía manso y seguro, que da su propia vida por las ovejas. Por mí, de un modo particular y eficaz desde ahora, en la medida en que deseo ser guiado por él hacia la vida eterna.
Oratio
También yo me encuentro, Señor, no pocas veces, entre los que no desean ser guiados demasiado por ti. Sin embargo, es entonces cuando me dejo guiar por este mundo.
Queriendo huir de tu rebaño, Señor, me agrego al rebaño que camina sin meta y sin esperanza. O bien, sin preocuparme por lo que pasará mañana, prefiriendo vivir mi jornada con mis opiniones, que son después las de la mayoría que vagan por senderos que no llevan a ninguna parte.
Veo que estoy terriblemente condicionado por el pensamiento de mi ambiente, que me resulta difícil salir del rebaño de quien vive su propia vida tranquilamente.
Te pido, Señor, que me ilumines para que pueda comprender que tú eres la luz, el guía, el camino. Ilumíname para que comprenda que entrar en tu rebaño no supone conducir mi cerebro al montón, sino ponerlo en los senderos de la vida, unos senderos que sólo tú conoces, porque has bajado del cielo para indicarnos el camino que lleva al cielo.
Especialmente, Señor, ilumíname en los días serenos, cuando las luces de este mundo brillan y nos atraen, ilumina mi corazón para que no me pierda, sino que te sienta como pastor dulce y guía digno de confianza.
Contemplatio
El Buen Pastor se hace hierba del pasto para quien se convierte en oveja suya. Por eso, lo primero que te enseña la Iglesia es que debes hacerte oveja del buen pastor, y dejarte guiar por la catequesis hacia los pastos y las fuentes de la enseñanza, para ser sepultado con él mediante el bautismo en su muerte, sin tener miedo de una muerte semejante. Y es que no se trata de muerte, sino de "sombra de la muerte", de una imagen.
Después, el Buen Pastor te apoya con el cayado del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es el consolador. Prepara con todo lujo para ti la mesa de la palabra de Dios, frente a la mesa de tus adversarios, los demonios. Te perfuma la cabeza con el aceite del Espíritu. Te limpia el cáliz del vino que alegra el corazón y suscita en tu espíritu esa sobria embriaguez que te disuade de las cosas pasajeras, sumergiéndote en las eternas.
Quien ha gustado esta ebriedad pasa de esta vida fugaz a la eterna y habita en la casa del Señor a lo largo de los días (cf. Gregorio de Nisa).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Señor es mi pastor, nada me falta" (Sal 23,1).
Conclusio
Los guías religiosos (sacerdotes, ministros, rabinos o imanes) pueden ser admirados y reverenciados, aunque también odiados y despreciados. Esperamos que nuestros guías religiosos nos lleven más cerca de Dios con sus oraciones, su enseñanza, su guía. Por eso, vigilamos su comportamiento con atención y escuchamos de manera crítica sus palabras.
Precisamente porque esperamos de ellos, a menudo sin darnos cuenta, algo más grande que un comportamiento humano, nos sentimos fácilmente decepcionados o incluso nos sentimos traicionados cuando se muestran tan humanos como nosotros. Nuestra admiración absoluta se transforma rápidamente en un odio ilimitado.
Intentemos amar a nuestros guías religiosos, perdonar sus culpas y verlos como hermanos y hermanas. De este modo dejaremos que ellos, a través de su humanidad rota, nos lleven más cerca del corazón de Dios (cf. Nouwen, H; Pan para el Viaje, Brescia 1997, p. 113).
Act:
27/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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