28 de Abril

Martes IV de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 28 abril 2026

Lectio

En aquellos días, 19 los discípulos que se habían dispersado a causa de la persecución provocada por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, pero sin predicar la Palabra a nadie más que a los judíos. 20 Había entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, los cuales, al llegar a Antioquía, predicaban también a los no judíos, anunciándoles la buena noticia de Jesús, el Señor. 21 El poder del Señor estaba con ellos, y fue grande el número de los que creyeron y se convirtieron al Señor. 22 La noticia llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía. 23 Cuando éste llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran fieles al Señor, 24 pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una considerable multitud se adhirió al Señor. 25 Después fue a Tarso a buscar a Saulo. 26 Cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía, y estuvieron juntos un año entero en aquella iglesia, instruyendo a muchos. En Antioquía fue donde se empezó a llamar a los discípulos cristianos (Hch 11,19-26).

         Lo que Pedro realizó con Cornelio lo llevan a cabo también los discípulos perseguidos y dispersados, y además a gran escala. Los helenistas, expulsados de Jerusalén, se transforman en misioneros y predican en Samaría, Fenicia, Chipre y Antioquía, dirigiéndose a los griegos (es decir, a los paganos).

         Antioquía, situada en la parte septentrional de Siria, junto al Mediterráneo, aparece como el lugar privilegiado de la misión a los paganos, como polo de difusión del "nuevo camino" entre los griegos. Es también el lugar donde percibe la gente la nueva realidad representada por los cristianos, su diferencia respecto a los judíos, su identidad específica y, por consiguiente, el nuevo nombre.

         Pero Jerusalén vigila, y las mismas reservas que aparecieron respecto a la actuación de Pedro surgen ahora con respecto a la comunidad de Antioquía. Y se envía una embajada para inspeccionar.

         Afortunadamente, se escoge al hombre justo, Bernabé, que por encontrarse "lleno del Espíritu Santo" estaba en condiciones de discernir la obra del mismo Espíritu y de comprender sus caminos. Se presenta a Bernabé con gran simpatía, y por ello como el más idóneo para animar a perseverar en el camino emprendido.

         Bernabé no sólo sabe ver la dirección de la historia de la salvación, sino que comprende también que hacen falta hombres justos para secundar la acción del Espíritu. Por eso no se queda cruzado de brazos, sino que va a repescar a Pablo, olvidado en Tarso pero ya maduro para las grandes empresas misioneras. Y lo introduce en el clima vivaz y dinámico de Antioquía.

22 Era invierno, y se celebraba en Jerusalén la fiesta que conmemoraba la dedicación del templo. 23 Jesús estaba en el templo, paseando por el pórtico de Salomón. 24 En esto, se le acercaron los judíos, se pusieron a su alrededor y le dijeron: "¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si eres el Cristo, dínoslo claramente de una vez". 25 Jesús les respondió: "Os lo he dicho con toda claridad y no me habéis creído. Las obras que yo hago por la autoridad recibida de mi Padre dan testimonio de mí. 26 Vosotros, sin embargo, no me creéis, porque no pertenecéis a las ovejas de mi rebaño. 27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. 28 Yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre; nadie puede arrebatármelas. 29 Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de manos de mi Padre. 30 El Padre y yo somos uno" (Jn 10,22-30).

         Es la Fiesta de la Dedicación, la que se celebra en Jerusalén durante el período invernal. Jesús está presente en ella, y pasea por el Pórtico de Salomón por el lado oriental, el que mira al Valle Cedrón.

         Mientras Jesús está paseando, se le acercan algunos y le plantean la cuestión de su identidad mesiánica (v.24), a través una pregunta que tiene la apariencia de un interés sincero, aunque en realidad es insidiosa y provocativa. Jesús responde en 2 momentos sucesivos: en 1º lugar, sobre su mesianismo (vv.25-31), y en 2º lugar sobre la divinidad (vv.32-39).

         Estamos ante la magna polémica que enfrentaba a Jesús con sus enemigos. Jesús ya había presentado antes, y de varios modos, sus propias credenciales como Hijo de Dios y enviado del Padre, especialmente a través de sus obras extraordinarias. Hubieran debido captar los interlocutores, pues, su mesiazgo, pero todo intento había resultado inútil (v.25).

         Si muchos no aceptan su testimonio, la verdadera razón de ello consiste en el hecho de que no pertenecen a su rebaño. En cambio, quien escucha da pruebas de pertenecer al nuevo pueblo de Dios (v.27). Juan pone en boca de Jesús 3 afirmaciones que señalan la identidad de las ovejas y sus características con respecto a Jesús: "escuchan mi voz", "me siguen" y "no perecerán para siempre".

         Los creyentes, que caminan en la verdad y en la luz, tendrán que sufrir, pero la vida de comunión con Cristo, vencedor de la muerte, les da la seguridad de la victoria. Su vida es para siempre comunión con el Padre, cuya mano (más poderosa que todo) los sostiene y los protege con la donación de su Hijo. La seguridad plena y definitiva que Jesús y el Padre garantizan a los creyentes se fundamenta en su profunda unidad y comunión: "El Padre y yo somos uno" (v.30).

Meditatio

         Nosotros pertenecemos a Jesús porque Jesús pertenece al Padre, somos una sola cosa con Jesús porque Jesús es una sola cosa con el Padre, y creemos en las obras de Jesús porque Jesús realiza las obras del Padre.

         Jesús quiere establecer conmigo la misma relación que él tiene con el Padre. Por eso escucho su voz, porque es eco de la voluntad del Padre. Por eso le sigo, porque él me conduce al Padre. Por eso me aferro a él, para no perecer nunca, porque sé que me conduce al Padre.

         Las afirmaciones de Jesús son imponentes, en especial para un judío. Decir que es "uno con el Padre" es ponerse al nivel del Dios Altísimo, del Creador del cielo y de la tierra, cuyo ser está por encima de todos los otros seres. Estas y otras afirmaciones, particularmente numerosas en el evangelio de Juan, aturden a los judíos, y son las que debieron dejar sin aliento a sus interlocutores.

         También hoy le ocurre lo mismo a quien se queda perplejo frente a tamaña pretensión o luz deslumbrante. Pero Juan no atenúa nada, ni hace descuentos, sino que describe la cresta de afirmaciones hasta llegar al vértigo. Realmente, seguir el hilo de las exposiciones requiere valor, pero quien lo haga "no perecerá para siempre".

Oratio

         Ilumina, Señor, mi corazón, tardo para comprender. Y abre mi mente a la comprensión de tu Palabra, tan grande que en ocasiones me desconcierta. De hecho, también a mí me viene en algunos momentos la tentación de decirte: "Te escucharé en otra ocasión".

         En medio de la complejidad de nuestra sociedad, en medio de tantas opiniones, o frente al pulular de tantas religiosidades (viejas o nuevas), la incertidumbre hace en ocasiones presa en mí, y hasta comprendo el desconcierto y escepticismo de muchos de mis hermanos.

         Éstos últimos son, por supuesto, "ovejas errantes sin pastor", porque si tu voz ha resonado alguna vez en sus oídos, ha sido arrollada por el estruendo de las demás voces, mensajes o maestros de la muerte.

         Te suplico por mí, Señor, para que me acerque a tu Palabra. Confírmala en mi corazón con la evidencia que sólo tu Espíritu puede darle. Te suplico también, Señor, por los que andan inseguros, perdidos, confusos. Háblales al corazón, hazte oír no como un maestro entre tantos, sino como el Maestro, porque tú eres "uno con el Padre".

Contemplatio

         He aquí, hermanos, un gran misterio que hace pensar. El sonido de nuestras palabras impacta en nuestros oídos, pero el verdadero Maestro está dentro de vosotros. Que nadie piense que puede aprender algo de otro hombre. La enseñanza exterior es sólo una ayuda o reclamo, mas el que enseña a los corazones tiene su cátedra en el cielo.

         Que sea él, pues, quien hable dentro de vosotros, allí donde ningún hombre puede penetrar. De hecho, aunque alguien pueda estar a tu lado, nadie puede estar en tu corazón.

         Que no haya nadie en tu corazón, y que en él esté tan sólo Cristo, y su unción, a fin de que tu corazón no permanezca sediento en el desierto, o sin una fuente donde calmar su sed. Jesucristo es el Maestro interior que enseña con sus inspiraciones. Cuando nos faltan sus inspiraciones y su unción, en vano alborotan las palabras de fuera (cf. San Agustín, Comentario de I Juan, CXI,13).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Esculpe, Señor, la Palabra en mi corazón".

Conclusio

         Leer significa a menudo recoger información, adquirir nuevas perspectivas y conocimientos y dominar un nuevo campo del saber. Puede conducirnos a una licenciatura, a un título, a un certificado.

         La lectura espiritual, sin embargo, es diferente. No significa leer cosas espirituales, sino de modo espiritual. Esto requiere disponibilidad no sólo para leer, sino también para ser leídos; no sólo para dominar las palabras, sino para ser dominados.

         Mientras leamos la Biblia o cualquier libro espiritual, simplemente para adquirir conocimiento, nuestra lectura no nos ayudará en nuestra vida espiritual. Podemos llegar a ser grandes expertos en cuestiones espirituales, sin llegar a ser de verdad personas espirituales.

         Al leer las cosas espirituales de modo espiritual, abrimos el corazón a la voz de Dios. Debemos estar dispuestos a dejar aparte el libro que estamos leyendo y escuchar simplemente lo que Dios nos dice a través de sus palabras (cf. Nouwen, H; Pan para el Viaje, Brescia 1997, p. 118).

 Act: 28/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A