1 de Junio
Lunes IX Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 1 junio 2026
Lectio
1 Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a cuantos por la fuerza salvadora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe de tanto valor como la nuestra. 2 Que la gracia y la paz abunden en vosotros por el conocimiento de Dios y de Jesús, Señor nuestro. 3 Dios, con su poder y mediante el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y potencia, nos ha otorgado todo lo necesario para la vida y la religión. 4 También nos ha otorgado valiosas y sublimes promesas, para que evitéis la corrupción (que las pasiones han introducido en el mundo) y os hagáis partícipes de la naturaleza divina. 5 Por eso mismo, poned todo vuestro empeño en unir a vuestra fe una vida honrada. A la vida honrada, unid el conocimiento; 6 al conocimiento, el dominio de sí mismo; al dominio de sí mismo, la paciencia; a la paciencia, la religiosidad sincera; 7 a la religiosidad sincera, el aprecio fraterno; al aprecio fraterno, el amor (2Pe 1,1-7).
La Carta II de Pedro refleja una situación crítica por la que pasó la Iglesia de los primeros decenios del s. II, entre la exigencia de profundización (también intelectual) del mensaje cristiano (al amparo de falsos maestros y falsas doctrinas) y el replanteamiento de la doctrina tradicional (sobre el retorno de Cristo), en una confrontación valiente con la historia.
El fragmento de hoy subraya, sobre todo, el 1º aspecto. Es la comunidad la que habla a todos los creyentes en Cristo, a "cuantos por la fuerza salvadora de nuestro Dios y Salvador Jesucristo han obtenido una fe de tanto valor como la nuestra" (v.1), junto a las "valiosas y sublimes promesas" (v.4), que ahora (en Cristo resucitado) hacen a los creyentes "partícipes de la naturaleza divina" (v.4).
El cristiano es alguien que toma conciencia del don recibido con una inteligencia agradecida y un conocimiento pleno y agradecido (el término conocimiento aparece 3 veces en estos pocos versículos), puesto que se siente amado por Dios con un amor de predilección y decide ser coherente con la gracia que actúa en él (una gracia más fuerte que "la corrupción que las pasiones han introducido en el mundo"; v.4).
El pasaje presenta también las etapas intermedias y finales de este recorrido, que conduce de la fe a la "vida honrada" como actitud constante que proporciona ánimo en las dificultades. En concreto, alude a un proceso que va:
-de la vida honrada al
"conocimiento", como apertura de
la mente al esplendor de la verdad;
-del conocimiento al "dominio de sí mismo", fruto de la participación en la vitalidad del
Resucitado;
-del
dominio de sí mismo a la "paciencia", como fuerza en las pruebas y resistencia a las oposiciones
externas;
-de la paciencia
a la "religiosidad sincera", o relación con Dios como
centro y corazón de ser del creyente;
-de la religiosidad sincera al "aprecio fraterno", fruto natural de la intimidad afectiva con
Dios;
-de
este aprecio a la "caridad", ágape del amor pleno e iluminado,
síntesis y punto de llegada de todo camino creyente.
En aquel tiempo, 1 Jesús les contó esta parábola: "Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar y edificó una torre. Después la arrendó a unos labradores y se ausentó. 2 A su debido tiempo envió un siervo a los labradores para que le dieran la parte correspondiente de los frutos de la viña, 3 pero ellos le agarraron, le golpearon y le despidieron con las manos vacías. 4 Volvió a enviarles otro siervo, y a éste lo descalabraron y lo ultrajaron. 5 Todavía les envió otro, y lo mataron. Y otros muchos, a los que golpearon o mataron. 6 Finalmente, cuando ya sólo le quedaba su hijo querido, se lo envió pensando: A mi hijo lo respetarán. 7 No obstante, aquellos labradores se dijeron: Este es el heredero. Matémoslo y será nuestra la herencia. 8 Y echándole mano, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. 9 ¿Qué hará, pues, el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los labradores y dará la viña a otros. 10 ¿No habéis leído este texto de la Escritura: La piedra que rechazaron los arquitecto se ha convertido en piedra angular? 11 Esto es obra del Señor, y es admirable ante nuestros ojos". 12 Sus adversarios estaban deseando echarle mano, porque se dieron cuenta de que Jesús había dicho la parábola por ellos. Sin embargo, le dejaron y se marcharon, porque tenían miedo de la gente (Mc 12,1-12).
El sentido de esta Parábola de los Viñadores hemos de leerlo sobre un determinado fondo literario (el Canto de la Viña de Is 5) e histórico (el rechazo de la salvación por parte de Israel, que mata a los profetas).
También hemos de identificar a los personajes a partir del mismo doble esquema de referencia. El dueño y constructor es Dios. La viña y la torre simbolizan a Israel. Los labradores representan a los jefes de los judíos a los que se quitará la viña. Los siervos son los numerosos profetas y hombres de Dios enviados a lo largo de la historia del pueblo elegido. El hijo muerto, rechazado y convertido después en piedra angular, es Jesús.
La parábola une, por consiguiente, los 2 extremos: el amor de Dios Padre (que llega a enviar a su Hijo) y el rechazo de los jefes de Israel (que llegan a matarlo). Su finalidad es contar no sólo el pasado, sino también la historia futura: la próxima (la muerte de Jesús) y la que continúa en el tiempo (las opciones de cada hombre, ante Aquel a quien el Padre ha constituido como piedra angular, resucitándolo de la muerte).
En torno a Cristo, y al misterio de su muerte y resurrección, es donde se decide para cada hombre la acogida o el rechazo de la salvación. Y ello sin derecho alguno de primogenitura ni de elección preferente, sino jugando hasta el final con nuestra propia libertad y responsabilidad, hasta escoger identificarnos con este mismo misterio. Dios, en su juicio, premiará el valor de esta libertad.
Meditatio
Vivimos porque una Voluntad buena nos ha preferido a lo no existencia y nos ha dado la vida. Llegamos a ser creyentes porque Dios, la suma benevolencia, nos ha dado la fe. Estamos salvados en la medida en que sepamos reconocer y aceptar, cada día de nuestra vida, la propuesta de salvación que nos llega a través de tantas (y con frecuencia inéditas) mediaciones humanas.
Todo es gracia, hasta la prueba y el martirio, pero es preciso que aprendamos a reconocer el don que viene de lo alto tal como se presenta cada día a cada uno de nosotros. ¿Cómo se presenta éste? Disfrazado de mil formas y semejanzas terrenas, y también en el acontecimiento inesperado de la siempre misteriosa mediación de lo divino.
No nos corresponde a nosotros dar turno a Dios, sino que es él el que viene a nuestro encuentro según los modos y tiempos, personas y circunstancias, que él mismo decide, tanto en el prójimo antipático como en el pobre exigente, tanto en la vida como en la muerte.
No hay aquí nada de automático o de mágico, sino que se trata de un camino que sabe reconocer en cualquier parte una ocasión de salvación, que se deja probar tanto en las cosas pequeñas como en las grandes, que va de la intimidad cordial con Dios a la caridad, que es capaz de amar a cada persona como don del Padre.
Así pues, "todo es gracia". La vida se transforma, construida sobre la piedra angular escogida por el Padre, y la muerte celebra el encuentro con Aquél a quien habíamos esperado y a quien no siempre habíamos sido capaces de reconocer.
Oratio
Dios, Padre nuestro, tu amor por nosotros es grande y eterno. Desde que el hombre existe, no haces más que buscarlo y quieres que conozca tu amor por él. Aun cuando el hombre te volvió la espalda, tú enviaste a tu Hijo, revelación perfecta de tu corazón. Perdóname, Padre, por cuantas veces ha pasado junto a mí Aquél a quien tú has enviado, sin que yo me diera cuenta.
Los viñadores de la parábola evangélica mataron al hijo del dueño. Quizás yo haya hecho algo peor, porque no le he prestado ninguna atención, y le he considerado insignificante, y lo he convertido en irreconocible por mi falta de amor. Ahora comprendo que esta parábola la contaste por mí, Señor.
Abre los ojos de mi corazón y de mi mente, Señor. Acaba con mi presunción y oblígame a no dejar que te vayas (como hicieron por miedo los jefes de los judíos), y a no dejarte pasar en vano por mi vida, sino a ser capaz de reconocerte como el Enmanuel, como Aquel que se hace carne cada día en mi vida, como la vid fecunda que ha plantado el Padre en mi viña. Hazlo, señor, para que dé fruto en ella hasta la muerte.
Contemplatio
Me he propuesto demostraros que Dios nos cultiva como un campo a fin de hacernos mejores. En efecto, es el Señor quien dice en el evangelio: "Yo soy la vid, y vosotros los sarmientos" (Jn 15,5), y: Mi Padre es el viñador" (Jn 15,1). ¿Qué hace un agricultor? Os lo pregunto a vosotros, que sois agricultores. ¿Qué hace un labrador? A mí me parece que cultiva el campo. Por consiguiente, si el Padre es agricultor, posee un campo, y cultiva su propio campo, y espera obtener frutos del mismo.
Dios nos cultiva y hace mejores, y así como el agricultor mejora el campo al cultivarlo, él busca en nosotros el mejor fruto, a fin de que nosotros lo cultivemos. Su obra de agricultor respecto a nosotros consiste en el hecho de que no cesa de extirpar con su palabra los gérmenes malos de nuestro corazón, de abrirlo con el arado de su palabra, de plantar en él los signos de los preceptos y de esperar el fruto de la vida de fe.
Cuando hayamos recibido en nuestro corazón esa acción de Dios que nos cultiva, de manera que le tributemos el culto justo, no nos mostraremos desagradecidos con nuestro Agricultor, sino que le ofreceremos el fruto con el que él estará contento. Sin embargo, nuestro fruto no le hará más rico, sino que nos hará a nosotros más felices (cf. San Agustín, Homilías, LXXXVII, II, 3).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Dios nos ha otorgado todo lo necesario para la vida" (2Pe 1,3).
Conclusio
La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia, es la mercancía que hay que liquidar, es el perdón y consuelo malbaratado. La gracia cara, en cambio, es el almacén inagotable de la Iglesia, es la que cogen unas manos inconsideradas para distribuirla sin vacilación ni límites, es la gracia sin precio, que no cuesta nada.
Por esta gracia cara, la factura ha sido pagada de antemano para todos los tiempos. Gracias a esta factura ya pagada, podemos tenerlo todo gratis. Los gastos cubiertos son infinitamente grandes, y también las posibilidades de utilización y dilapidación son infinitamente grandes. Por otra parte, ¿qué sería una gracia que no fuese una gracia tan cara?
La gracia es la doctrina de Jesús como principio y sistema, es el perdón de los pecados como verdad universal, es el amor de Dios interpretado como idea cristiana. Quien la afirma posee ya el perdón de sus pecados. La Iglesia de esta doctrina de la gracia participa ya de esta gracia por su misma doctrina.
En esta Iglesia, el mundo encuentra un velo barato para cubrir sus pecados, de los que no se arrepienten y de los que no desean liberarse. Por esto, la gracia barata es la negación de la Palabra viva de Dios, es la negación de la encarnación del Verbo de Dios (cf. Bonhoeffer, D; El Precio de la Gracia, Salamanca 1999, p. 15).