9 de Abril
Jueves I de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 9 abril 2026
Lectio
En aquellos días, 11 como el paralítico no se separaba de Pedro y de Juan, toda la gente, llena de asombro, se reunió alrededor de ellos junto al pórtico de Salomón. 12 Pedro, al ver esto, dijo al pueblo: "Israelitas, ¿por qué os admiráis de este suceso? ¿Por qué nos miráis como si nosotros lo hubiéramos hecho andar por nuestro propio poder o virtud? 13 El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha manifestado la gloria de su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, que pensaba ponerlo en libertad. 14 Vosotros rechazasteis al Santo y al Justo; pedisteis que se indultara a un asesino 15 y matasteis al autor de la vida. Pero Dios lo ha resucitado de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. 16 Pues bien, por creer en Jesús se le han fortalecido las piernas a este hombre a quien veis y conocéis; la fe en Jesús lo ha curado totalmente en presencia de todos vosotros. 17 Ya sé, hermanos, que lo hicisteis por ignorancia, igual que vuestros jefes. 18 Pero Dios cumplió así lo que había anunciado por los profetas: que su Mesías tenía que padecer. 19 Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados. 20 Llegarán así tiempos de consuelo de parte del Señor, que os enviará de nuevo a Jesús, el Mesías que os estaba destinado. 21 El cielo debe retenerlo hasta que lleguen los tiempos en que todo sea restaurado, como anunció Dios por boca de los santos profetas en el pasado. 22 Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo; escuchad todo lo que os diga, 23 y el que no escuche a este profeta será excluido del pueblo. 24 Todos los profetas, de Samuel en adelante, anunciaron estos días. 25 Vosotros sois los descendientes de los profetas y de la alianza que Dios estableció con vuestros antepasados, diciendo a Abraham: A través de tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra. 26 Por vosotros, en primer término, Dios ha suscitado a su siervo y os lo ha enviado como bendición, para que cada uno se convierta de sus maldades" (Hch 3,11-26).
Con este discurso, bastante articulado, pretende convencer Pedro de su error a los que rechazaron a Cristo, ofreciéndoles la posibilidad de arrepentirse. Para ello, Pedro deja claro que la resurrección cerró una etapa (el tiempo de la ignorancia y de cometer errores, en que Dios fue anunciando sus profecías) y abrió otra etapa (en la ya no se admite la ignorancia, porque el Mesías ya ya consumado su muerte y resurrección).
Por tanto, todo aquel que rechace que Cristo murió y resucitó, por beneplácito divino, merece ser excluido del pueblo de Dios por reincidente.
No obstante, Dios dará una última oportunidad al arrepentimiento y la aceptación de Jesús, cuando al final de los tiempos envíe a Jesús por 2ª vez al mundo, a fin de que tanto sus enemigos como los incrédulos le reconozcan como Mesías. Por su parte, Jesús está hora en el cielo, desde su ascensión y hasta la restauración final.
Pedro habla también de Moisés, que había dicho: "El Señor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo". Lucas lee suscitará en el sentido de "volver a suscitar" un profeta como Moisés. Es decir, Jesús. A éste hay que escuchar, y el que no lo haga será excluido del pueblo santo.
Mientras Mateo considera a los cristianos como un pueblo nuevo que sustituye al antiguo Israel, Lucas subraya la continuidad del pueblo de Dios a través de los judíos que acogen a Jesús. Por su parte, Pedro afirma que sus oyentes forman parte del pacto a través del cual serán bendecidas todas las naciones, en la descendencia de Abraham. En suma, con su resurrección, Jesús trae la bendición a los judíos y la oportunidad de su conversión.
En aquel tiempo, 35 los discípulos de Emaús contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 36 Estaban hablando de ello, cuando el mismo Jesús se presentó en medio y les dijo: "La paz esté con vosotros". 37 Aterrados y llenos de miedo, creían ver un fantasma. 38 Pero él les dijo: "¿De qué os asustáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? 39 Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y convenceos de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo". 40 Dicho esto, les mostró las manos y los pies. 41 Pero como aún se resistían a creer, por la alegría y el asombro, les dijo: "¿Tenéis algo de comer?". 42 Ellos le dieron un trozo de pescado asado. 43 Él lo tomó y lo comió delante de ellos. 44 Después les dijo: "Cuando aún estaba entre vosotros ya os dije que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos". 45 Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras 46 y les dijo: "Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día 47 y que en su nombre se anunciará a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados. 48 Vosotros sois testigos de estas cosas" (Lc 24,35-48).
El tema del fragmento evangélico, que completa el relato de la aparición a los 2 discípulos de Emaús, subraya las pruebas sobre la realidad de la resurrección de Jesús. También la 1ª comunidad cristiana pasó por dificultades para penetrar en el misterio del Señor resucitado, y las superó empleando una doble prueba.
La 1ª prueba fue real y material, la del contacto físico con Jesús, poniendo de relieve la corporalidad del Cristo pascual. De hecho, éste dijo "ved mis manos y mis pies, tocadme y convenceos" (v.39), así como pidió algo de comer a los suyos ("¿tenéis algo de comer?"; v.41).
La 2ª prueba fue la espiritual, y estuvo basada en la comprensión de la palabra de Cristo en las Escrituras ("estaba escrito"; (v.46).
Lucas precisa que la historia de Israel adquiere su sentido, y se comprende, sólo si culmina en el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret muerto y resucitado. Por otra parte, nos enseña que sólo cuando los hombres se abren a la conversión, y experimentan el perdón de Dios, pueden comprender del todo el triunfo de la pascua del Señor.
La salvación está abierta a todos, y la Iglesia tiene la tarea de anunciar la realidad física del Señor y su valor como nuevo inicio de la historia humana, a través de la acogida del perdón de Dios. La resurrección de Jesús es el dato cierto sobre el que se asienta la fe de los creyentes y la historia de los hombres.
Meditatio
Habla Pedro hoy de la 2ª venida de Jesús como Mesías, y la presenta como la que nos trae los "tiempos de la consolación" y los "tiempos de la restauración de todas las cosas". Propone una visión amplia y solemne de la historia de Israel, y explica que esa historia es un camino hacia los días de Jesús, el consolador de Israel y el restaurador de todas las cosas.
Todo concurre a preparar este gran día de la bendición mesiánica sobre el mundo, a partir de Israel, hasta "todas las familias de la tierra" y hasta alcanzar toda la creación. La respiración de la Iglesia es ya universal, e incluye toda la realidad redimida por la cruz de Cristo.
Pedro extiende la mirada al futuro de Dios, con el optimismo de quien sabe que la resurrección es el hecho decisivo. También lo hace con la conciencia de que habrá un acto final, donde el misterio salvífico será revelado en plenitud y será extendido a todos los pueblos y a toda la creación.
Se enuncia ya aquí el ya y el todavía no de la historia cristiana. En efecto, ésta se mueve entre el ya de la pascua y el todavía no de la reconstrucción definitiva de todas las cosas. Entre ambos límites se sitúa el tiempo oportuno para la conversión, para hacernos dignos de las bendiciones mesiánicas (las ya realizadas y las que vendrán).
Oratio
¡Qué estrecha es, Señor, mi perspectiva! Mis problemas me atosigan y me preocupan. Sin embargo, me hace falta situar las cosas de cada día en el vasto horizonte de la historia de la salvación, especialmente en el de la resurrección y la reconstrucción final. ¡Qué alivio tendrían con ello mis pequeñas acciones y mis pequeñas o grandes preocupaciones!
Ayúdame, Señor, a hacer cada día el encuadre de la situación, a relativizar mis cosas y a insertarlas en el plano general de la historia de la salvación. Ilumíname y ayúdame no a disminuir el valor de lo cotidiano, sino a comprender su seriedad y su alcance dentro de esta historia.
Yo ya no vivo en los tiempos de la ignorancia, Señor, sino en los días de la conversión, de la espera laboriosa, de aceleración de la venida de la consolación de Dios.
Oh Señor, hazme caminar hacia estos tiempos definitivos con paso ágil, con corazón ardiente, con manos laboriosas y con optimismo, porque tú estás preparando la reconstrucción de todo lo que nosotros hemos deformado a lo largo de los milenios de nuestra historia.
Contemplatio
La Iglesia soporta la adversidad de esta vida con el fin de que la gracia divina la lleve a los premios eternos. Desprecia la muerte de la carne porque tiene fijada la mirada en la gloria de la resurrección. Los males que sufre son pasajeros, y los bienes que espera eternos. No alberga la menor duda sobre estos bienes, y posee ya la gloria de su Redentor.
La Iglesia ve en espíritu su resurrección, y refuerza vigorosamente su esperanza. Alimenta lo que ya ve realizado en su cabeza, y sabe que eso mismo se realizará también en su cuerpo. No duda de su propia resurrección, y posee ya en el cielo a Aquel que resucitó por ella de entre los muertos.
Cuando el pueblo creyente padece la adversidad, o cuando pasa por la dura prueba de las tribulaciones, debe elevar el espíritu a la esperanza de la gloria futura, confiar en la resurrección de su Redentor y decir: "Tengo en el cielo mi testigo, mi defensor habita en lo alto" (cf. Gregorio Magno, Comentario de Job, XIII, 27).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vosotros sois testigos de estas cosas" (Lc 24,48).
Conclusio
Esperar la 2ª venida de Cristo, y esperar la resurrección, son una sola y misma cosa. La 1ª venida fue la venida de Cristo resucitado, y la 2ª venida resucitará nuestros cuerpos mortales con él en la gloria de Dios.
La resurrección de Jesús y la nuestra son fundamentales para nuestra fe. Nuestra resurrección está íntimamente ligada a la resurrección de Jesús, como el hecho de ser predilectos de Dios está ligado al hecho de que Jesús es su amado.
Pablo se muestra absolutamente claro en este punto, y por eso dice: "Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe" (1Cor 15,13).
¿Esperamos de verdad que Cristo resucitado nos eleve con él a la vida eterna con Dios? De la perspectiva de resurrección de Jesús, y de la nuestra, toman su vida y la nuestra su pleno significado.
Los cristianos no hemos de vivir compadecidamente, porque podemos mirar mucho más allá de los límites de nuestra breve vida sobre la tierra, y confiar en que nada de lo que vivamos hoy en nuestro cuerpo se perderá (cf. Nouwen, H; Pan para el Viaje, Brescia 1997, p. 351).
Act:
09/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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