6 de Abril
Lunes I de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 6 abril 2026
Lectio
El día de Pentecostés, 14 Pedro, en pie con los once, levantó la voz y declaró solemnemente: "Judíos y habitantes todos de Jerusalén, fijaos bien en lo que pasa y prestad atención a mis palabras. 22 Israelitas, escuchad: Jesús de Nazaret fue el hombre a quien Dios acreditó ante vosotros con los milagros, prodigios y señales que realizó por medio de él entre vosotros, como bien sabéis. 23 Dios lo entregó conforme al plan que tenía previsto y determinado, pero vosotros, valiéndoos de los impíos, lo crucificasteis y lo matasteis. 24 Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder, 25 ya que el mismo David dice de él: Tengo siempre presente al Señor, porque está a mi derecha para que yo no vacile. 26 Por eso se regocija mi corazón, se alegra mi lengua 27 y hasta mi carne descansa confiada, porque no me entregarás al abismo ni permitirás que tu fiel vea la corrupción. 28 Me enseñaste los caminos de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia. 29 Hermanos, del patriarca David se os puede decir francamente que murió y fue sepultado, y su sepulcro aún se conserva entre nosotros. 30 Pero, como era profeta y sabía que Dios le había jurado solemnemente sentar en su trono a un descendiente de sus entrañas, 31 vio anticipadamente la resurrección de Cristo y dijo que no sería entregado al abismo, ni su carne vería la corrupción. 32 A este Jesús Dios lo ha resucitado, y de ello somos testigos todos nosotros" (Hch 2,14.22-32).
El discurso de Pedro en Pentecostés presenta el kerigma o anuncio fundamental: que Jesús, hombre acreditado por Dios con milagros de todo tipo, fue rechazado por los hombres; y que Dios, confirmando la justedad de su causa, lo ha exaltado con la resurrección.
El sello de Dios sobre Jesús, tanto en vida como en su muerte, está completo. Es más, todo estaba previsto en el plan de Dios, como se deduce del Salmo 15, donde expresa David su esperanza de no verse abandonado a la corrupción de la muerte. Lo que no llegó a realizarse en David, se realiza ahora en Jesús de Nazaret, al que Dios resucitó de entre los muertos. Y de ello "somos testigos todos nosotros".
Pedro anuncia hechos reales, como la vida ejemplar de Jesús, su muerte (como obra conjunta de los presentes y de los paganos) y su resurrección. Todo ello forma parte del plan de Dios diseñado en las Escrituras, del que son testigos los apóstoles.
El pasaje ofrece un ejemplo de la 1ª predicación apostólica, centrada en el extraordinario acontecimiento de Jesús de Nazaret, la responsabilidad de quienes lo rechazaron y la absoluta presencia de Dios en su vida.
En aquel tiempo, 8 las mujeres salieron a toda prisa del sepulcro y, con temor pero con mucha alegría, corrieron a llevar la noticia a los discípulos. 9 Jesús salió a su encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, se echaron a sus pies y lo adoraron. 10 Entonces Jesús les dijo: "No temáis; id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán". 11 Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los jefes de los sacerdotes todo lo ocurrido. 12 Estos se reunieron con los ancianos y acordaron en consejo dar una buena suma de dinero a los soldados, 13 advirtiéndoles: "Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron su cuerpo mientras dormíais. 14 Y si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros le convenceremos y responderemos por vosotros". 15 Los soldados tomaron el dinero e hicieron lo que les habían dicho, y ésta es la versión que ha corrido entre los judíos hasta hoy (Mt 28,8-15).
El pasaje evangélico narra 2 encuentros diferentes: el 1º, entre Jesús y las mujeres, cuando éstas iban de camino para llevar el mensaje de la resurrección a los discípulos (vv.8-10); el 2º, entre los sumos sacerdotes y los guardianes del sepulcro, que se dirigen a los jefes del pueblo para informarles de las cosas que han pasado (vv.11-15).
El hecho central sigue siendo la tumba vacía, y sobre ésta Mateo ofrece 2 posibles interpretaciones: o bien Jesús ha resucitado, o bien ha sido robado por sus discípulos. Al lector le corresponde la elección, entre la mentira organizada por los sumos sacerdotes (que hubiesen sacado su cadáver de ipso facto, para desacreditar a Jesús), o el testimonio testarudo de los hechos (de no estar el cuerpo del muerto por ninguna parte).
No es difícil ver, por tanto, el trasfondo de disputa brutal entre los jefes del pueblo y el grupo del Nazareno, en torno a la resurrección de Jesús.
Respecto a las mujeres, Jesús les dice: "Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán" (v.10). El acontecimiento de la resurrección es un hecho real ("verán"), y lo único que hace falta es testimoniarlo ("me verán") y anunciarlo ("id a decir"). De este modo, las mujeres son las primeras mensajeras de Cristo resucitado.
Mateo escribió su evangelio cuando todavía estaba muy viva, en pleno s. I, la resurrección del Señor. Y en ella se vieron inaugurados los tiempos del nuevo mundo diseñado por Dios. La resurrección será siempre un signo definitivo para todos y cada uno de los hombres. Para los que están abiertos a ese plan, será fuente de vida y salvación. Para los que lo rechazan, se vuelve motivo de juicio y condena.
Meditatio
"Vosotros le matasteis, pero Dios le ha resucitado". Ésta es la 1ª predicación apostólica, y es y será la perenne predicación de la Iglesia basada en los apóstoles. Pedro y la Iglesia existen para repetir este anuncio a lo largo de los siglos.
Se trata de un anuncio sorprendente, basado en hechos y no en ideas preconcebidas. Se trata de un anuncio que contiene toda la dimensión negativa (de la historia de los hombres) y toda la dimensión positiva (de la voluntad de Dios), que reasume todo el poder destructivo (de la maldad humana) y todo el poder de reconstrucción (de la bondad ilimitada de Dios).
Soy apóstol en la medida en que anuncio esta realidad, me siento identificado con este anuncio y tengo el valor de descubrir y de repetir, en las mil formas diferentes de la vida diaria, que el mal ha sido vencido (y será vencido) y que el amor es (y será) más fuerte que el odio. No hay tinieblas que no puedan ser vencidas por el poder de Dios, porque Cristo ha resucitado y "era imposible que la muerte lo retuviera en su poder".
Soy apóstol si anuncio la resurrección de Cristo con mi boca, con una actitud positiva hacia la vida, con el optimismo de quien sabe que el Padre quiere liberarnos de "las ataduras de la muerte" y que su amor está en acción para llevarlo todo hacia la vida.
Si soy apóstol, y lo soy como Pedro, y no a mi manera, deberé renunciar a todo flujo inconsciente de mensajes, ideas y pensamientos periféricos, respecto al hecho fundamental de la resurrección.
Oratio
Al comienzo de este tiempo pascual y apostólico, Señor, quiero rogarte que, por la intercesión de María, hagas crecer en mí un corazón de apóstol. Haré mías aquellas hermosas palabras del padre Lelotte: "Señora nuestra, reina de los apóstoles, tú diste a Cristo al mundo".
María, tú fuiste apóstol de tu Hijo cuando lo llevaste a Isabel y a Juan el Bautista, cuando lo presentaste a los pastores, a los magos y a Simeón. Tú reuniste a los apóstoles en el retiro del cenáculo y les comunicaste tu ardor.
Concédeme, María, un alma vibrante y generosa, combativa y acogedora. Un alma que me lleve a dar testimonio de que Cristo, tu Hijo, es la luz del mundo, que sólo él tiene palabras de vida y que los hombres encontrarán la paz en la realización de su Reino.
Contemplatio
Nuestro Redentor aceptó morir para librarnos del miedo a la muerte, y manifestó la resurrección para suscitar en nosotros la firme esperanza de que también nosotros resurgiremos. Con todo, ¿por qué quiso que su muerte no durara más de 3 días? Por esto mismo: porque si su resurrección se hubiera demorado, habríamos podido perder toda esperanza.
Dice el profeta que, "mientras va de camino, bebe del torrente, y por eso levantará la cabeza" (Sal 110,7). En efecto, Cristo se dignó beber del torrente de nuestro sufrimiento, pero no parándose sino yendo de camino. Conoció la muerte de paso, durante 3 días, y no se quedó en esta muerte que conoció (como sí lo haremos, en cambio, nosotros, hasta el fin del mundo).
Resucitando al 3º día manifestó Jesús lo que está reservado a su cuerpo, que es la Iglesia. Con su ejemplo mostró lo que nos tiene prometido como premio, a fin de que los fieles, al reconocer que él ha resucitado, cultiven la esperanza de que al final del mundo serán premiados con la resurrección (cf. Gregorio Magno, Comentario de Job, XIV, 68).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Mi alma exulta en el Señor" (1Sm 2,16).
Conclusio
Jesús fue condenado a muerte por los hombres, pero fue resucitado por Dios. Jesús, como ser humano que confiaba en Dios, se arriesgó hasta tal punto que no temía a la muerte, y empezó a vivir ya durante su vida.
Quien ha comprendido que la muerte ya no tiene ningún poder, y que el miedo no es un argumento, y que los aplazamientos no sirven, sino que está bien empezar a vivir hoy, verá lo que Jesucristo es una persona real, y en que en él está oculta la dignidad de Dios.
Aquí no existe ya la muerte, y la resurrección se hace garante de la verdad de lo divino. En virtud de este Resucitado, también nosotros nos despertamos como personas reales.
Pedro lo experimentará en su propia persona. Encerrado en una celda, encadenado y flanqueado por 4 guardias, Pedro recibirá la visita del ángel del Señor, que lo despertará del sueño de la muerte y le hará atravesar la cárcel. A Pedro, ya nada lo detendrá.
Estos son los milagros que Dios hace en el cielo y en la tierra. Nosotros somos personas llenas de gracia, y estamos llamados a descubrir y a realizar nuestro ser (cf. Drewermann, E; Vida del Nacimiento a la Muerte, Brescia 1998, p. 458).
Act:
06/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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