24 de Febrero

Martes I de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 24 febrero 2026

Lectio

Así dice el Señor: "Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo vuelven allí después de haber empapado la tierra, de haberla fecundado y hecho germinar para que dé simiente al que siembra y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo" (Is 55,10-11).

         Isaías concluye aquí la serie de oráculos del Segundo Isaías (Is 40-55) y recoge en síntesis los temas que contiene, como el perdón, la vuelta a la patria, la participación de la naturaleza en la salvación, el poder de la palabra de Dios.

         Esta última es mediadora entre Dios y el hombre, al permitir encontrarlo en su cercanía (v.6) y no sentirlo ausente en su aparente lejanía, porque "sus caminos no son nuestros caminos" (v.9), como recordaban los versículos inmediatamente precedentes.

         La Palabra no es letra muerta, sino una realidad viva, enviada del cielo para revelar y llevar a cabo la salvación. Es, pues, eficaz, capaz de lograr su finalidad (como la lluvia y la nieve que riegan y fecundan la tierra). ¿Puede darse una imagen más alentadora para un pueblo desterrado, al que se le ha anunciado con certeza el retorno a la patria, pero que experimenta la propia fragilidad para mantener viva la esperanza?

         Lo profetizado encuentra en Cristo su cumplimiento. Él es la Palabra omnipotente hecha carne, enviada por el Padre de los cielos para que nuestra tierra dé su fruto. Él es el Verbo eterno venido a la tierra, muerto en cruz y resucitado, para abrirnos a nosotros, hijos rebeldes, el camino inesperado del retorno a la morada de Dios, su Padre y nuestro Padre.

Dijo Jesús: "Al orar, no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va a escuchar por hablar mucho. No seáis como ellos, pues ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis. Vosotros orad así: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino, y hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hay el pan que necesitamos. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal. Porque si vosotros perdonáis a los demás sus culpas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas" (Mt 6,7-15).

         En la versión mateana, la oración del Padrenuestro, insertada en el Discurso de la Montaña, va precedida por una especie de catequesis sobre el modo de orar. Mientras los paganos piensan que hay que multiplicar las palabras para atraer la atención de la divinidad y doblegarla a los propios fines (v.7), Jesús revela que Dios es Padre, siempre presente para cada uno de sus hijos, que conoce bien sus necesidades reales (v.8). No sirven, por tanto, los largos discursos, sino más bien redescubrirse como hijos.

         Jesús, que osa dirigirse al Altísimo llamándolo Abba (lit. Padre), quiere también introducir a los hombres en esa intimidad y profunda comunión. Por esta razón confía a sus discípulos el Padrenuestro, la oración por excelencia del cristiano.

         Ciertamente, tiene el Padrenuestro una forma típicamente hebrea, con 7 peticiones divididas en 2 grupos que recuerdan las dos Tablas de la Ley. Las 3 primeras peticiones se refieren a Dios y a su designio salvífico, mientras las otras 4 peticiones dirigen su atención a las verdaderas necesidades del hombre.

         El nombre (es decir, la misma persona de Dios) ya es santo, pero quiere que se reconozca como tal. Esto es, que sea santificado por todos mediante una vida de adoración, alabanza y conformación con él.

         El reino de Dios ya está presente, pero para que llegue a su plenitud es preciso que cada uno acepte el señorío de Dios en la propia vida.

         La voluntad de Dios se cumple, ciertamente, en el cielo y en la tierra. Por eso, lo que pide Jesús es que cada uno se adhiera a esta voluntad con amor.

         Se pide a continuación al Padre que nos provea lo necesario hoy, día tras día. En efecto, siempre somos hijos pobres, que todo lo recibimos de él. El alimento que él nos ofrece no sacia únicamente el hambre corporal, sino que es el pan eucarístico de la vida futura, el "pan vivo bajado del cielo" (Jn 6).

         Tenemos necesidad del perdón de Dios para entrar en el Reino, pero no podemos pedir que él nos perdone si nosotros negamos el perdón a nuestros hermanos.

         El v. 13 ("no nos dejes caer en la tentación") hay que entenderlo así: Haz que no entremos en la tentación, haz que, frente a las grandes pruebas de la vida, la fe no dude de tu bondad de Padre y no reniegue, cediendo a las insidias del diablo.

         La última petición de la oración pide ser librados del Maligno, causa e instigador de todo mal.

         Como conclusión, los vv. 14-15 vuelven a subrayar la necesidad del perdón recíproco enunciado en el v. 12. En efecto, no podemos llamar a Dios Padre si no vivimos entre nosotros como hermanos, o no queremos conformar nuestro rostro al suyo, que es infinita misericordia.

Meditatio

         Orar es hoy, para muchos cristianos, una empresa difícil. Hay quien la escamotea aduciendo que no sirve o que supone un trabajo extra. Hay quienes la arrinconan excusándose por no encontrar tiempo para orar, y hay quienes reconocen que no oran porque no saben qué decir.

         Tampoco faltan, entre los más devotos, los que "usan muchas palabras como los paganos", pidiendo sólo cosas buenas en apariencia. Para todos estos, Jesús desplaza la clave del problema, y viene a decir que no se trata de orar para satisfacer determinadas necesidades, sino para descubrir que Dios es Padre y llama a todos los hombres a la comunión de amor con él.

         Por consiguiente, orar no es una cuestión de decir cosas, sino una cuestión de amor, que puede expresarse tanto con palabras como en silencio, y que progresivamente va acaparando toda la vida, hasta convertirla en una sola e incesante oración.

         La Palabra eficaz que envía Dios a la tierra vuelve a él después de haber cumplido su designio (hacerse carne), y por eso encierra para nosotros un poder extraordinario. Pues bien, esta Palabra, que es Jesús, nos dice: "Vosotros orad así: Padre nuestro".

         Pidamos a Cristo, pues, que nos enseñe a repetir esta oración con su mismo corazón, para que crezca en nosotros el amor filial y confiado en nuestro Padre celestial, y con él la caridad y el perdón con los hermanos. De ser así, nuestra tierra habrá quedado fecundada por la Palabra, y producirá frutos de vida nueva, repartiendo el pan de la misericordia a todos los hambrientos de la humanidad.

Oratio

         Oh Dios, que en Jesús, tu Hijo amado, nos concedes el privilegio de poder llamarte Padre, perdona si nuestro corazón no salta de júbilo cada vez que nos atrevemos a pronunciar tu dulcísimo nombre.

         Perdona las veces que nos dirigimos a ti distraídamente, como si fuese la cosa más obvia, mientras millones de hombres viven atenazados por la angustia y el sinsentido, sencillamente porque ninguno les ha dicho nunca que tú les amas con ternura de padre.

         Concédenos a nosotros la pureza de corazón, que permita a los rectos y a los pequeños quedarse atónitos y asombrados con el sólo recuerdo de tu nombre. No permitas que desperdiciemos tontamente este don tan grande de poder invocarte, seguros de que nos escuchas porque somos tuyos y tú eres nuestro Padre.

Contemplatio

         "Padre nuestro, que estás en los cielos". Ésta es la frase de los íntimos de Dios, como un hijo sobre el pecho de su padre.

         "Santificado sea tu nombre" quiere decir que él sea glorificado entre nosotros mediante el testimonio ante los hombres, hasta que éstos te reconozcan a ti.

         "Venga tu reino", el reino del Espíritu Santo, que él puede enviarnos en tu nombre.

         "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". La voluntad de Dios es la salvación de todas las almas. Así, lo que es ya una realidad en las potencias del cielo, lo pedimos entre nosotros, aquí en la tierra.

         "Nuestro pan del mañana" es la herencia futura de Dios, y por eso lo pedimos, para que él nos lo dé por anticipado ya hoy. Con ella sentiremos su dulzura en el tiempo presente, avivando en nosotros una sed ardiente (cf. Clement, O; En las fuentes, con los Padres, Roma 1987, p. 196).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "¡Abba, Padre! No se haga como yo quiero, sino como quieres tú" (Mc 14,36).

Conclusio

         "Líbranos del mal". El mundo yace en el mal, y mal no es sólo el caos o ausencia de ser, sino que manifiesta una inteligencia perversa que, a fuerza de honores sistemáticamente absurdos, quiere hacernos dudar de Dios y su bondad. En realidad, no consiste tan sólo en la simple "privación del bien", sino en la "presencia del mal" y del Maligno, que no es materia ni cuerpo, sino la más sublime inteligencia encerrada en su propia luz.

         Es necesario afirmar que Dios no ha creado el mal, y que "el rostro de Dios gotea sangre en la sombra", como decía Leon Bloy. Dios siente el mal en su propio rostro, como Jesús recibió las bofetadas teniendo los ojos vendados.

         El grito de Job no deja de clamar, y Raquel sigue llorando sus hijos. Pero la respuesta a Job está ahí: la cruz. Es decir, es el Crucificado sobre la faz de este mundo, capaz de hacer estallar en las tinieblas una inmensa fuerza de resurrección. La Pascua será la transfiguración en el abismo.

         Líbranos del mal a nosotros, que nos avergonzamos de ser cristianos, o bien hacemos del cristianismo un estandarte de desprecio. Líbranos del mal a nosotros, que hablamos de la deificación y, con frecuencia, somos poco humanos.

         Líbranos del mal a nosotros, que nos apresuramos a hablar de amor y ni siquiera sabemos respetarnos mutuamente. Líbrame del mal a mí, hombre angustiado y atormentado, tan a menudo dividido, tan poco seguro de existir y que se atreve a hablar del reino de Dios (cf. Clement, O; El Padrenuestro, Magnano 1988, pp. 116-119).

 Act: 24/02/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A