26 de Mayo

Martes VIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 26 mayo 2026

Lectio

Queridos, 10 sobre esta salvación inquirieron e indagaron los profetas cuando anunciaron la gracia a vosotros destinada. 11 Intentaban así descubrir qué tiempo y qué circunstancias tenía previstas el Espíritu de Cristo, ese que, actuando en ellos, atestiguó de antemano los padecimientos de Cristo y la gloria que les seguiría. 12 A los profetas les fue revelado las cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el evangelio. Les fue anunciado que la fuerza del Espíritu Santo no era para ellos, sino para vosotros, algo que los mismos ángeles desearon siempre contemplar. 13 Así pues, manteneos vigilantes, sed sobrios y poned toda vuestra esperanza en la gracia que os traerá la manifestación de Jesucristo. 14 Como hijos obedientes, no os amoldéis a las pasiones de antaño, cuando vivíais en la ignorancia. 15 Por el contrario, sed santos en todo vuestro proceder, porque santo el que os ha llamado. 16 Como está escrito, "sed santos, porque yo soy santo" (1Pe 1,10-16).

         El Espíritu es el origen único del anuncio que proclama la salvación que nos ha sido entregada en la resurrección de Jesucristo. Actuaba ya en los profetas: les impulsaba a conocer y profetizar el misterio de Cristo, los sufrimientos que debía padecer y la gloria que de ellos se seguiría.

         Ahora, enviado desde el cielo después de la resurrección, obra en aquellos que predican el Evangelio, en todos los que anuncian que Cristo actúa en la historia para conducir a su pleno cumplimiento, entre la persecución y la confianza, la obra de regeneración de la humanidad llevada a cabo en la resurrección.

         Este anuncio encierra tal belleza que constituye la alegría y la admiración de las criaturas angélicas y tiene el poder innato de hacer que los fieles vivan en un clima pascual, «ceñido el espinazo de nuestra propia mente», y vigilen de tal modo que centren toda su esperanza en la gracia que será entregada en la revelación de Jesús, cuando él se manifieste en la gloria.

         Como ya han pasado de la ignorancia al conocimiento de Dios (cf. Sal 78,6; Jr 10,25; 1 Tes 4,5), ya no pueden amoldarse a deseos vanos, sino que, como hijos obedientes al Padre, que los ha regenerado en Jesús, deben comportarse como él, santos en su conducta. La posibilidad de vivir como el Padre se basa en la participación en su misma vida a través de Cristo y brota de la participación en la vida divina.

En aquel tiempo, 28 Pedro dijo a Jesús: "Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". 29 Jesús le respondió: "Os aseguro que, todo aquel que haya dejado casa, o hermanos y hermanas, o madre y padre, o hijos y tierras, por mí y por la buena noticia, 30 recibirá en el tiempo presente cien veces más (en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, aunque con persecuciones), y en el mundo futuro la vida eterna. 31 Hay muchos primeros que serán últimos, y muchos últimos que serán primeros" (Mc 10,28-31).

         Pedro, que se hace eco del asombro de los discípulos ante las reflexiones del Maestro sobre la dificultad del camino hacia el Reino, quiere saber qué va a ser de los que ya están siguiendo al nazareno.

         Jesús, respondiendo a la pregunta de Pedro, confirma que Dios no se deja vencer en generosidad. En concreto, le deja claro que no sólo acoge en su bienaventuranza eterna a los que perseveran por el camino de Cristo, sino que ahora ya, en este tiempo, los admite a gozar de la riqueza de sus dones y protección, aunque sean perseguidos.

         Marcos, que presenta con más detalle que los otros dos sinópticos los bienes de los que gozan los discípulos en este tiempo, concluye con la máxima sobre los primeros y los últimos en el Reino. Mateo la presenta dos veces (Mt 19,30; 20,26), y Lucas la sitúa en otra parte (Lc 13,30).

         En este contexto, podemos entender el pasaje como una invitación a la vigilancia contra las falsas seguridades que pueden insinuarse en una vida en la que, por sus dificultades y contrastes, puede distraernos de la conversión permanente.

Meditatio

         Pedro atestigua que la vida de las comunidades que marchan por los caminos del Señor, aquella que preanunciaron los profetas y en la que los predicadores del evangelio nos piden que perseveremos, está entremezclada de alegría y dolor, como camino de purificación y confianza.

         Por su parte, Jesús promete a quienes le sigan no sólo la vida eterna en el futuro, sino ya ahora 100 veces más todo eso que han dejado, junto con persecuciones.

         Algunas personas se alejan del camino del Señor para gozar de los bienes mundanos, y se quedan sin unos y sin otros. En cambio, los que perseveran en este camino son los que experimentan esta multiplicación de gozos, sobre todo tras haber pasado, y superado, las pruebas del mundo.

         La vida en el Reino no está exenta de consuelos dignos de la condición humana. Vivir con Jesús, que vive en su Iglesia, es compartir su condición de "piedra angular, preciosa para el Padre y rechazada por la humanidad" (1Pe 2,6), así como beber su cáliz y recibir su bautismo.

         Sólo tenemos dos manos. Alguien advertía que sobre una había un 0 y sobre la otra un 1. Si ponemos el 0 detrás del 1 tenemos 10, pero si lo hacemos al revés empobrecemos la misma unidad.

Oratio

         Son muchos los propósitos sinceros que siento de amarte y seguirte con fidelidad, Señor, pero éstos naufragan mientras perdura en mí la ilusión de adherirme a ti sin buscarte en esa humanidad pobre y doliente en la que vives.

         La reticencia mayor aparece en mí, Señor, cuando intento acogerte en tu Iglesia peregrina (en sus pecadores), en las personas ambiciosas (ávidas de poder, de éxito, de dinero, de prestigio) o entre tus ministros (en sus opciones personales y en sus titubeos pastorales).

         Sé que amas a tu Iglesia, Señor, y que la lavas con tu sangre, y que a través de tu Espíritu la conduces a la conversión. Me lo repito siempre, pero cuando debo ser en ella testigo de la misericordia del Padre no acepto compromisos, como tampoco apago el pábilo vacilante. En resumen, me da la impresión de estar siempre al comienzo del camino.

         Cuando te acojo con sencillez y de verdad, Señor, todo es diferente. ¡Ése es tu camino! Concédeme recorrerlo contigo de una manera no selectiva ni arbitraria, en caridad de verdad hasta el final.

Contemplatio

         ¿Quién es el hombre que, al oír los distintos nombres del Espíritu, no se levanta con ánimo y no eleva su pensamiento a la naturaleza suprema de Dios? Se le llama Espíritu de Dios, Espíritu de la verdad, Espíritu fuerte, Espíritu recto, Espíritu procedente del Padre y del Hijo, mas su denominación más adecuada y propia es ésta: Espíritu Santo.

         Al Espíritu Santo se dirigen todas las cosas que tienen necesidad de ser santificadas. A él lo desean todas las cosas que viven según la virtud que, por su soplo, quedan restauradas y reciben ayuda para la consecución de su fin propio y particular.

         El Espíritu Santo eleva los corazones a lo alto, coge a los débiles de la mano, perfecciona a los aventajados. Brillando en los que han quedado purificados de toda suciedad, el Espíritu los hace espirituales a través de la comunión que tienen con él.

         Así como los cuerpos muy transparentes y nítidos, al entrar en contacto con un rayo, se vuelven también ellos luminosos y emanan por sí mismos un nuevo resplandor, así también las almas que tienen el Espíritu, y son iluminadas por él, se vuelven asimismo espirituales y reflejan la gracia sobre los demás.

         Del Espíritu Santo procede el conocimiento anticipado de las cosas futuras, el ahondamiento en los misterios, la perfección de las cosas ocultas, la distribución de los dones, la familiaridad con las cosas del cielo, el alborozo con los ángeles.

         Del Espíritu Santo procede la alegría eterna, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y(lo más sublime que podemos desear) la posibilidad de que tú mismo llegues a ser dios (cf. Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo, XV, 35).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Poned toda vuestra esperanza en la gracia que os traerá la manifestación de Jesucristo" (1Pe 1,13).

Conclusio

         No sé quién o qué cosa planteó la pregunta. No sé cuándo fue planteada, ni recuerdo qué respondí. Con todo, yo respondí una vez que . A ese momento se remonta en mí la certeza de que la vida tiene un sentido, y de que la mía tiene un fin. Desde ese momento supe qué es "no volverse atrás" ni "preocuparse por el mañana".

         Guiado en el laberinto de la vida por el hilo de Ariadna, hubo un tiempo y un lugar en el que supe que la vida llevaba a un triunfo que es ruina y a una ruina que es triunfo. Supe que el precio de apostar la vida es el vituperio, y que la posible elevación del hombre es el colmo de la humillación. Más tarde, la palabra coraje perdió su sentido para mí, puesto que no podían quitarme nada.

         Más adelantado en el camino, aprendí paso a paso y palabra a palabra que, detrás de cada dicho del héroe de los evangelios, hay un ser humano. Lo aprendí incluso detrás de aquella oración que pidió que se apartara de él aquel cáliz, y de aquella promesa de vaciarlo, y de cada palabra que dijo en la cruz (cf. Hammarskjold, D; Línea de la Vida, Milán 1967, p. 142).

 Act: 26/05/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A