14 de Mayo
Jueves VI de Pascua
Equipo de Liturgia
Mercabá, 14 mayo 2026
Lectio
En aquellos días, 1 Pablo partió de Atenas y fue a Corinto. 2 Allí encontró a un judío llamado Aquila, originario del Ponto, el cual acababa de llegar de Italia con su mujer, Priscila, a raíz del decreto por el que Claudio había expulsado de Roma a todos los judíos. Pablo se unió a ellos 3 y, como eran del mismo oficio (se dedicaban a fabricar tiendas), se quedó trabajando en su casa. 4 Todos los sábados conversaba en la sinagoga, tratando de convencer a judíos y griegos. 5 Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se consagró enteramente a la predicación de la Palabra, dando testimonio ante los judíos de que Jesús era el Mesías. 6 Como ellos se oponían y no cesaban de insultarle, sacudió sus vestidos y les dijo: "Vosotros sois los responsables de cuanto os suceda. Mi conciencia está limpia. En adelante, pues, me dirigiré a los paganos". 7 Dicho esto, se marchó de allí, y fue a casa de un tal Ticio Justo, que adoraba al verdadero Dios y vivía junto a la sinagoga. 8 Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia, y muchos de los corintios que oían la predicación, creían y se bautizaban (Hch 18,1-8).
Escuchamos hoy el fragmento de una crónica que nos ofrece útiles indicaciones para comprender la vida cotidiana de Pablo y los primeros evangelizadores. Nos hace saber que Pablo tenía un oficio (un trabajo manual), y que lo ejercía, cosa poco conveniente para un hombre culto (dedicado a la Palabra) entre los atenienses, pero común entre los rabinos, que encontraban en el trabajo ocasiones de encuentro y enseñanza.
Pablo se aloja y trabaja con una pareja de judíos "expulsados de Roma por Claudio". Se trata de una información de vital importancia para la datación de este período, pues el decreto imperial de Claudio se remonta, efectivamente, al año 49.
La llegada de los ayudantes (Silas y Timoteo) permitió a Pablo y Lucas dedicarse de manera exclusiva a la predicación. Lucas lleva buen cuidado en decir que Pablo parte siempre de los judíos, y que sólo tras el enésimo rechazo (esta vez más bien violento), declara que se dirigirá "en adelante" a los paganos. Ya lo había dicho en Antioquía de Pisidia (Hch 13,46), y lo dirá también más adelante.
Se nota la preocupación del autor por explicar los motivos del paso a los paganos. Tampoco aquí hay sólo espinas, porque, frente a la oposición judía, se convierte nada menos que el jefe de la sinagoga con toda su familia, y empieza una abundante cosecha también entre los paganos.
Una observación: no hay síntomas de un cambio de estrategia evangélica, como si, tras el escaso éxito en Atenas, Pablo hubiera decidido no cambiar nada en su predicación, ni respecto al contenido ni respecto al lenguaje. El paso de Atenas a Corinto está presentado aquí más como una opción ulterior en favor de los paganos, que como un cambio de método, como si Pablo estuviera replanteándose su estrategia misionera.
En aquel tiempo, 16 dijo Jesús a sus discípulos: "Dentro de poco dejaréis de verme, pero dentro de otro poco volveréis a verme". 17 Al oír esto, algunos de sus discípulos comentaban entre sí: "¿Qué significa esto de dentro de poco dejaréis de verme, pero dentro de otro poco volveréis a verme? ¿Y eso de me voy al Padre?". 18 Y se preguntaban: "¿Qué significa eso de dentro de poco? No sabemos a qué se refiere". 19 Sabiendo Jesús que deseaban una aclaración, les dijo: "Estáis preocupados por eso que dije: Dentro de poco dejaréis de verme, pero dentro de otro poco volveréis a verme. 20 Os aseguro que vosotros lloraréis y gemiréis, mientras que el mundo se sentirá satisfecho; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo" (Jn 16,16-20).
Jesús consuela a los suyos de la tristeza por su partida, y les asegura que esa tristeza durará poco ("dentro de poco dejaréis de verme, pero dentro de otro poco volveréis a verme"; v.16). ¿Qué significan estas enigmáticas afirmaciones de Jesús? Se refieren a esto: a los 2 tiempos a los que Jesús está a punto de dar cumplimiento.
El 1º tiempo se refiere a su vida terrena (que está a punto de acabar), y el 2º tiempo se refiere a su vida gloriosa (inaugurada con la resurrección). El 2º tiempo se refiere a su retorno posterior, que no se limita a las apariciones pascuales, sino que se prolonga en el corazón de los creyentes mediante su presencia en ellos.
Las palabras del Maestro no son comprendidas por los discípulos, que se plantean varias preguntas (v.17). Jesús, que conoce a los suyos por dentro, y los acontecimientos que les esperan, intenta remover, a partir de las preguntas que le plantean, su tristeza, infundiéndoles la confianza en él con una nueva revelación ("vuestra tristeza se convertirá en gozo"; v.20).
La Iglesia tendrá que hacer frente a todo un cúmulo de pruebas, especialmente cuando le sea arrebatado el Esposo. Con su muerte, experimentará el llanto, la aflicción y el desconcierto, mientras que el mundo se sentirá alegre pensando que ha extirpado el mal. Estos momentos serán, para la Iglesia, momentos de duda, de oscuridad y de silencio de Dios.
La historia se tomará su revancha y, cuando esto llegue, la comunidad de discípulos experimentará el gozo. Jesús no habla de sus sufrimientos (y tenía motivos para ello), sino que piensa en los suyos más que en él, como el buen pastor en su rebaño.
Meditatio
El tiempo de la Iglesia es el tiempo en el que el discípulo se encuentra cogido entre 2 gozos: el del mundo y el de Cristo.
El gozo del mundo está ligado a la consecución de valores efímeros, como un saber puesto al servicio de intereses materiales, una carrera social o científica, la fama o la rentabilidad económica de nuestras opciones. Lo hace sin tener en cuenta la exasperación de la sensualidad, y las sensaciones fuertes e impulsadas al extremo. Con estas cosas suele gozar el mundo.
El gozo que viene de Jesús deriva de ser sus discípulos, de saber que él está cerca en todo momento. Viene de saber que, gastar la vida por él y por los hermanos, es una inversión ventajosa y un honor grande, y que lo único necesario es no perderle a él, sentir su proximidad y estar seguros de caminar hacia su posesión.
Nuestro corazón se encuentra cogido entre estos 2 gozos. El 1º es más inmediato, aunque fugaz, y el 2º es más paciente pero no decepciona. A veces ambos gozos se enlazan, y otras se oponen.
El corazón del discípulo debe estar orientado siempre hacia el "todavía no", hacia el decisivo "dentro de otro poco volveréis a verme", cuando el gozo, frecuentemente querido y creído, se volverá felicidad plena y sin sombras.
Oratio
Te doy gracias, Señor, por tus visitas, que me llenan de alegría. Te doy gracias también por tus ausencias, que me hacen desear tu alegría. Bendito seas, ahora y siempre, porque sabes cómo gobernar mi corazón y atraerlo a ti.
Permíteme pedirte hoy, Señor, que no me dejes demasiado solo a merced de los gozos de este mundo, para que no quede conquistado por ellos. No me dejes tampoco demasiado solo en las pruebas que el mundo me procura, para que no desespere de tu consuelo.
Sé que debería estar siempre alegre, "en todo tiempo", y que siempre debería bendecirte y darte gracias, Señor. Sé que un discípulo tuyo no debería estar nunca triste. Por eso, socórreme, sobre todo cuando este mundo me parezca demasiado dulce (para que no me embriague) o demasiado amargo (para que no me aplaste).
Ayúdame a buscar mi consuelo y mi gozo en ti, Señor. Y no dejes de hacerte sentir por este pobre corazón mío, tan frágil y titubeante.
Contemplatio
La promesa del Señor ("dentro de otro poco volveréis a verme") se dirige a toda la Iglesia. El Señor no tardará en cumplir su promesa, así que un poco más y le veremos, allá arriba, donde ya no tendremos ninguna necesidad de dirigirle ninguna oración, ni de exponerle ninguna petición, porque ya no nos quedará nada que desear, ni nada escondido que queramos conocer.
Este breve intervalo de tiempo nos parece largo porque todavía debe transcurrir, pero cuando haya acabado nos daremos cuenta de lo breve que ha sido. Que nuestra alegría, por tanto, sea muy diferente a la que experimenta el mundo.
Durante el trabajoso parto de este deseo, que nuestra tristeza no permanezca completamente sin alegría, porque, como dice el apóstol, debemos mostrarnos "alegres en la esperanza, y pacientes en la tribulación" (cf. San Agustín, Comentario de Juan, CI, 6).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Vuestra tristeza se convertirá en gozo" (Jn 16,20).
Conclusio
La alegría es esencial en la vida espiritual. Si pensamos o decimos cualquier cosa de Dios, y no lo hacemos con alegría, nuestros pensamientos y nuestras acciones serán estériles. Podemos ser infelices por muchas causas, pero podemos encontrar aún alegría, porque ésta procede de saber que Dios nos ama.
Estamos inclinados a pensar que, cuando estamos tristes, no podemos estar contentos. No obstante, en la vida de una persona que pone a Dios en el centro pueden coexistir el dolor y la alegría.
Esto no resulta fácil de comprender, pero cuando pensamos en alguna de nuestras experiencias más profundas (como asistir al nacimiento de un niño o a la muerte de un amigo), con frecuencia forman parte de la misma experiencia un gran dolor y una gran alegría, y descubrimos a menudo la alegría en medio del dolor.
Los momentos más dolorosos de mi vida fueron en los que llegué a ser consciente de una realidad espiritual mucho más grande que yo, y que me permitía vivir mi dolor con esperanza. Incluso me atrevo a decir que "mi dolor fue el lugar en el que encontré mi alegría".
La alegría no es cualquier cosa que simplemente nos sucede. Debemos elegir la alegría, y seguir eligiéndola cada día. Se trata de una elección basada en el conocimiento de que pertenecemos a Dios y hemos encontrado en Dios nuestro refugio y nuestra salvación, y que nada, ni siquiera la muerte, nos lo puede arrebatar (cf. Nouwen, H; Vivir en el Espíritu, Brescia 1998, p. 17).
Act:
14/05/26
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