11 de Mayo
Lunes VI de Pascua
Equipo de Liturgia
Mercabá, 11 mayo 2026
Lectio
11 Zarpamos, pues, de Troade y fuimos derechos a Samotracia. Al día siguiente fuimos a Neápolis, y de allí a Filipos, 12 ciudad importante del distrito de Macedonia y colonia romana. Allí permanecimos algunos días. 13 El sábado salimos fuera de la ciudad y fuimos junto al río, donde pensábamos que se reunían para orar. Nos sentamos y estuvimos hablando con las mujeres que se habían reunido. 14 Entre ellas había una llamada Lidia, que procedía de Tiatira y se dedicaba al comercio de la púrpura. Lidia adoraba al verdadero Dios, y el Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo. 15 Después de haberse bautizado con toda su familia, nos suplicó: "Si consideráis que mi fe en el Señor es sincera, entrad y quedaos en mi casa". Y nos obligó a ello (Hch 16,11-15).
Estamos en Europa, en Macedonia, la patria de Filipo II el Macedonio, padre de Alejandro Magno. Sin embargo, para Pablo, probablemente se tratara de una de las tantas ciudades de lengua y cultura griegas del inmenso Imperio Romano.
En estos contornos, la comunidad judía era más bien exigua, y su presencia residual carecía sinagoga y celebraba sus reuniones junto al río. Al parecer, prevalece el público femenino, entre el cual destaca una rica comerciante de púrpura, cuyo nombre también se cita. Lidia es el paralelo femenino de Cornelio, y "adoraba al verdadero Dios", lo que significa que era una pagana que se había acercado al judaísmo y se había convertido en prosélita.
Contrariamente a lo que había sucedido en Antioquía de Pisidia, donde algunas mujeres habían participado en la revuelta contra los misioneros, Lidia se siente atraída de inmediato por el mensaje cristiano. En efecto, "el Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo".
Nos retrotrae esto a lo que había hecho el Resucitado con los discípulos, cuando les abrió la mente (Lc 24,25) e hizo eficaz su palabra, cuando y donde fuese oportuno. Más tarde, se desencadenará la fantasía de los apócrifos sobre este episodio, tejiendo una historia de aventuras y acontecimientos inverosímiles que tendrían como protagonistas a Pablo y Lidia.
En aquel tiempo, 26 dijo Jesús a sus discípulos: "Cuando venga el Paráclito, el Espíritu de la Verdad que yo os enviaré y que procede del Padre, él dará testimonio sobre mí. 27 Vosotros mismos seréis mis testigos, porque habéis estado conmigo desde el principio. 1 Os he dicho todo esto para que vuestra fe no sucumba en la prueba. 2 Os expulsarán de la sinagoga. Más aún, llegará un momento en el que os quiten la vida pensando que dan culto a Dios. 3 Actuarán así porque no conocen al Padre ni me conocen a mí. 4 Os lo digo de antemano para que, cuando llegue la hora, recordéis que ya os lo había anunciado yo" (Jn 15,26-16,4).
Jesús, después de haber advertido a los suyos del odio y de las persecuciones por parte del mundo, pretende ahora tranquilizarles diciéndoles que su fiel testimonio, en las duras pruebas que sufrirán por parte de los tribunales del mundo, será apoyado por el testimonio del Espíritu de la Verdad, que les enviará el mismo Padre. Más aún, las contradicciones serán el lugar donde se manifieste por excelencia la acción del Espíritu Santo, pues "él hablará por vosotros".
¿Cuál es el contexto del testimonio del Espíritu? El odio del mundo. En efecto, es este clima de oposición en el que tendrán que dar testimonio de Cristo los discípulos. De ahí que sea el lugar más idóneo para la acción del Espíritu Santo. En esos casos, "el Espíritu dará testimonio de mí" (v.26).
A este testimonio interior del Paráclito se añade el testimonio exterior de los discípulos (v.27), banco de prueba para la fe cristiana. Lo explica Jesús, cuando dice: "Os expulsarán de la sinagoga, y llegará un momento en que el que os quite la vida piense que da culto a Dios" (v.2).
Estas predicciones del Maestro a los suyos, realizadas con acentos de contenido sufrimiento, revelan la verdad de los acontecimientos que vivirán en breve los discípulos. Lo subraya para que éstos, durante las pruebas, puedan acordarse de cuanto les dijo el Maestro, y no tengan que sucumbir al escándalo o dejar de confiar en él (v.4).
Los enemigos de la Iglesia pueden pensar que están de parte de la justicia, o incluso que tienen a Dios de su parte. No obstante, como no han visto la verdad de la luz del Padre, reflejada en la persona de Jesús, no han conocido el verdadero rostro del Padre.
Meditatio
La vida del cristiano es tiempo de tentación y tiempo de testimonio, tiempo de lucha y tiempo de colaboración, tiempo del Resucitado y tiempo del Espíritu santo. Así como el Resucitado fue al Padre en medio de la incomprensión humana, así también los discípulos serán incomprendidos, expulsados de los lugares importantes e incluso asesinados.
Se perfila aquí una visión heroica de la vida cristiana, en la que el cristiano ha de ser testigo en el sentido más pleno. Es decir, en el martirio. La realidad de Cristo resulta tan decisiva para la humanidad, y tan heterogénea con el modo común de pensar, que quien se pone de parte de Cristo será, inevitablemente, marginado o suprimido.
Eso es lo que ha sucedido con el correr de los siglos, y su elevadísimo número de mártires. Es lo que está sucediendo hora, y eso es lo que sucederá en el próximo siglo, con la marginación de quienes, en medio del sincretismo general, o del fundamentalismo que resurge, se pongan de parte de Cristo.
La persecución vendrá en nombre del progreso, de la emancipación, de la modernización, de la liberación de los tabúes, de las guerras de civilización, de los derechos humanos... o de cualquier otra motivación que surja en cualquier momento, como cuando se inventó el ferrocarril y, en pro del tren, se empezó a perseguir a los cristianos.
Oratio
Se anuncian, Señor, tiempos duros. El rechazo de tu memoria se está afirmando en algunas partes de nuestro mundo occidental como si tu nombre hubiera sido la cobertura, o incluso la causa, de la oscurantez de la humanidad.
Haz, Señor, que no nos escandalicemos, sino que sepamos resistir con la fuerza y el consuelo de tu Espíritu. Haz que no tengamos que juzgar a quienes nos marginan, o a quienes consideran que "dan culto a Dios". Haznos conscientes que también nosotros hemos sido a veces, a lo largo de la historia, intolerantes, y hemos perseguido a otros "creyendo dar culto a Dios".
Ayúdanos, Señor, a no caer en el victimismo, a dar testimonio con firmeza y orgullo, sin pretender aplausos ni medallas, sin salvoconductos o deseo de revancha. Haz que aprendamos a tener confianza sólo en la fuerza de tu Espíritu, para dar testimonio de ti en este III milenio tan complicado.
Contemplatio
"El arco de los fuertes se ha quebrado, los que tambalean se ciñen de fuerza" (1Sm 2,4). Con justicia, la gracia del Espíritu Santo recibe el nombre de vigor, ya que los elegidos, al recibirla, se vuelven fuertes contra todas las adversidades de este mundo. ¿Quiénes, sino los apóstoles, han de considerarse débiles?
En efecto, está escrito que, en el momento en que fue arrestado el Señor, todos huyeron. Mas apenas los revistió el vigor del Espíritu, todos se hicieron fuertes. El Espíritu, con un estruendo imprevisto, descendió sobre ellos, y transformó su debilidad en la potencia de una maravillosa caridad.
El vigor del Espíritu venció el temor, superó las amenazas y torturas, y a los que revistió bajando sobre ellos los adornó con las insignias de una audacia maravillosa para el combate espiritual. Hasta tal punto que, en medio de los azotes, torturas y ultrajes, no sólo no temieron, sino que exultaron (cf. Gregorio Magno, Comentario de I Reyes, I, 97).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "El Espíritu de la verdad dará testimonio sobre mí" (Jn 15,26).
Conclusio
¿Quedan hoy cristianos? Si tienes la impresión de que el cristianismo está disminuyendo su papel de guía espiritual, o si tienes la impresión de que la gente no busca el significado de la vida, entonces empieza a preguntarte hasta qué punto eres testigo, o hasta qué punto te llamas cristiano.
El cristiano es un testigo crítico, porque profesa que el Señor volverá para hacer nuevas todas las cosas. La fe cristiana es la de los cambios radicales, porque critica al mundo y proclama un nuevo modo de ser humano y una nueva paz. Esta distancia crítica es un aspecto esencial de la verdadera oración (cf. Nouwen, H; A Manos Abiertas, Brescia 1997, p. 54).
Act:
11/05/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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