12 de Mayo

Martes VI de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 12 mayo 2026

Lectio

En aquellos días, 22 la gente se amotinó contra ellos, y los magistrados ordenaron que les despojaran de sus vestiduras y los azotaran con varas. 23 Después de una severa flagelación, los metieron en la cárcel y encargaron al carcelero que los guardase con cuidado. 24 El carcelero, siguiendo a la letra la orden, los metió en el calabozo más seguro y les sujetó los pies en el cepo. 25 A medianoche, Pablo y Silas oraban entonando himnos a Dios, mientras que los otros presos los escuchaban. 26 De repente, se produjo un gran terremoto, que sacudió los cimientos de la cárcel; se abrieron solas todas las puertas y a todos los presos se les soltaron las cadenas. 27 Al despertarse el carcelero y ver abiertas las puertas de la cárcel, sacó el puñal con intención de suicidarse, pensando que los presos se habrían fugado. 28 Pablo le gritó: "No te hagas daño, que estamos todos aquí". 29 El carcelero pidió una antorcha, entró en el calabozo y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas. 30 Después los sacó fuera y dijo: "Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?". 31 Ellos le respondieron: "Si crees en el Señor Jesús, os salvaréis tú y tu familia". 32 Luego le explicaron a él y a todos sus familiares el mensaje del Señor. 33 En aquella misma hora de la noche, el carcelero los tomó consigo, les lavó las heridas y a continuación recibió el bautismo con todos los suyos. 34 Después los llevó a su casa, preparó un banquete y celebró con toda su familia la alegría de haber creído en Dios (Hch 16,22-34).

         Pablo y Silas están en la cárcel por haber expulsado el espíritu de adivinación de una esclava. En efecto, "el espíritu salió de ella en aquel mismo instante, pero sus amos, al ver que habían desaparecido sus expectativas de lucro, echaron mano a Pablo y a Silas y los llevaron a la plaza pública ante las autoridades" (vv.18-19) acusándoles de turbar el orden público.

         Los estrategas de Filipos, sin hacer demasiadas averiguaciones, ordenan que azoten con varas a los acusados y encargan al carcelero que los vigile con cuidado. Por eso, al día siguiente, cuando los magistrados querían liberar a los prisioneros, Pablo protesta de manera vivaz y, haciéndose fuerte en su ciudadanía romana, les exige explicaciones por su acción ilegal.

         Lucas se muestra solícito en sacar a la luz el derecho romano, que favorece la libre circulación de la Palabra. Las persecuciones todavía están lejos.

         Entre ambos episodios policíacos se inserta la clamorosa conversión narrada en nuestro pasaje: el testimonio sereno de los prisioneros, su lealtad y una serie de acontecimientos extraordinarios que conmueven al carcelero y le hacen plantear la pregunta: "¿Qué debo hacer para salvarme?".

         La respuesta no consiste en una serie de preceptos, sino en la presentación de una persona: "Si crees en el Señor Jesús, os salvaréis tú y tu familia". Así, al prosélito griego se añade un funcionario romano, en unas conversiones que entran a formar parte de una comunidad muy querida por Pablo. En efecto, los cristianos de Filipos le habían robado a Pablo el corazón.

En aquel tiempo, 5 dijo Jesús a sus discípulos: "Ahora vuelvo al que me envió y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? 6 Eso sí, al anunciaros estas cosas, la tristeza se ha apoderado de vosotros. 7 Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya, porque si no me voy el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. 8 Cuando él venga, pondrá de manifiesto el error del mundo en relación con el pecado, con la justicia y con la condena. 9 Con el pecado, porque no creyeron en mí; 10 con la justicia, porque retorno al Padre y ya no me veréis; 11 con la condena, porque el que tiraniza a este mundo ha sido condenado" (Jn 16,5-11).

         El tema fundamental que nos propone el evangelista es el Espíritu Santo, testigo de Jesús y acusador del mundo. Los versículos introductorios recogen el tema de la tristeza de los discípulos. Jesús ha hablado de las persecuciones que deberán padecer los suyos, y éstos se sienten turbados frente a esos acontecimientos.

         Las palabras dirigidas por Jesús a los discípulos, recogidas en los vv. 5-7, sacan a la luz su cierre. Los discípulos, atemorizados por el inminente futuro de sufrimiento que les espera, son incapaces de confiarse al que es el único que puede hacerles superar toda tristeza y angustia.

         Por eso les reprocha Jesús el hecho de que ninguno le pregunte qué significa su partida al Padre y su próxima pasión y muerte, de las que ya les ha hablado otras veces (Jn 7,33; 13,33; 14,2-5.12).

         Si hubieran comprendido el sentido de su misión de sufrimiento redentor, se habrían tranquilizado con el pensamiento de que su ascenso al Padre tendría como consecuencia la venida del Espíritu. ¿Por qué? Porque él reforzará su convicción en torno a la victoria de su fe, y les dará la comprensión plena de la verdad del evangelio.

         ¿Cuál será, entonces, la tarea del Espíritu? Ésta misma: dar testimonio contra el mundo, y de su pecado por haber rechazado a Cristo. Él, como abogado en un proceso, revelará a los creyentes, a lo largo del desarrollo de la historia, el error del mundo.

         El Espíritu pondrá al mundo en situación de acusado, por su pecado de incredulidad. Lo probará con la justicia de Cristo, y demostrará que su juicio de condena contra Jesús es inconsistente. Más aún, habrá resuelto con la condena, para siempre, al que "tiraniza a este mundo", sobre el que ha triunfado Cristo con su muerte y exaltación (v.11).

Meditatio

         Mientras el mundo condena a los discípulos porque siguen a Cristo, el Espíritu dará la vuelta a la situación, revelando el verdadero ser del mundo, su error y su nulidad. Se trata de la luz del Espíritu, diferente y opuesta a la del mundo. 

         Según este abogado, los discípulos podrán juzgar y condenar al mundo, en espera de ese Juicio Final que pondrá de manifiesto los términos exactos de la eterna lid.

         De este Espíritu que refuerza los corazones, que hace evidentes las razones del creer, y da el valor necesario para oponerse a la mentalidad de este mundo, tenemos hoy una extrema necesidad. Tenemos tanta necesidad porque se trata de un mundo cada vez más seguro de sí mismo, más persuasivo y seductor.

         Tenemos necesidad de este Espíritu, sobre todo, para mostrar al corazón y a la mente de cuantos están imbuidos de este mundo mundano, y de sus componentes diabólicos, que la batalla entre Cristo y el príncipe de este mundo continúa, y que nosotros participamos en esta lucha dentro de nosotros, entre nosotros y en el ambiente que nos rodea.

Oratio

         Envía tu Espíritu, Señor, para que podamos resistir al poder del mundo. Estás viendo lo débiles que somos, cómo disminuyen nuestras filas, cómo se vuelven cada vez más tímidos tus discípulos y cómo las razones del mundo están conquistando el corazón de no pocos jóvenes y de los que ya no lo son.

         ¿Qué podremos oponer al poder del mundo, Señor, si tu Espíritu no está con nosotros? Nuestros argumentos no interesan demasiado, y apenas arañan las seguridades de pocos. Sin tu Espíritu corremos el riesgo de ser homologados con el sentir común.

         Tenemos una extrema necesidad de una dosis masiva de tu Espíritu, Señor, para no sentirnos los últimos defensores de una causa que, a los ojos de muchos, no tiene futuro.

         Envía a tu Paráclito, a tu Abogado, a tu Argumentador, a tu Defensor, a tu Consolador, para que no huyamos de la lucha ni no nos quedemos sin armas ante el envolvente paganismo. Envía tu Espíritu para convertirnos en profetas críticos de este mundo y entusiastas del verdadero mundo.

Contemplatio

         "Se acerca el príncipe de este mundo" (Jn 14,30). ¿Quién es ese "príncipe de este mundo", sino aquel de quien ya había hablado antes Jesús, diciendo "no es que tenga ningún poder sobre mí". Es decir, se trata de un príncipe que no tiene ningún derecho sobre su rey, ni siguiera sobre las cosas que hay en este mundo.

         El diablo no es, ciertamente, dueño del cielo y de la tierra, ni de todas las cosas que están en el cielo y en la tierra. No lo es porque no es rey sino príncipe. Además, el mundo no fue hecho por él, sino por y para el rey.

         El diablo es "príncipe de ese mundo" por este motivo: porque al rey Cristo, "el mundo no lo reconoció". Es decir, porque este mundo (esto es, la superficie de la tierra) está lleno de hombre infieles, en medio de los cuales gime el mundo de los fieles al rey (cf. San Agustín, Comentario de Juan, LXXIX, 2).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Cuando venga el Paráclito, pondrá de manifiesto el error del mundo en relación con el pecado" (Jn 16,8).

Conclusio

         ¿Qué signos caracterizan a los verdaderos profetas? ¿Quiénes son esos revolucionarios? Los profetas críticos son personas que atraen a los otros con su fuerza interior. Los que se encuentran con ellos quedan fascinados y quieren saber más de ellos, porque tienen la impresión irresistible de que toman su fuerza de una fuente escondida, fuerte y abundante.

         De esos profetas fluye una libertad interior que les concede una independencia alejada de la soberbia y separación, que les hace capaces de estar por encima de las necesidades inmediatas y de las realidades más apremiantes.

         Estos profetas críticos son movidos por lo que sucede a su alrededor, pero no dejan que eso los oprima. Escuchan con atención, hablan con seguridad, pero no son gente que se incline al apresuramiento o al entusiasmo. En todo lo que dicen y hacen parece como si hubiera ante ellos una visión viva, que hacer ver a los que les escuchan. Esta visión guía sus vidas y la obedecen.

         Por medio de esa visión saben esos profetas cómo distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es. Muchas cosas, que parecen de una apremiante inmediatez, no les agitan, y atribuyen una gran importancia a algunas cosas a las que los otros no prestan atención. No viven para mantener el status quo, sino que fabrican un mundo nuevo, cuyos rasgos ven.

         Ese mundo tiene para ellos tal aliciente que, ni siquiera el miedo a la muerte, ejercen sobre ellos un poder decisivo (cf. Nouwen, H; Una Mente Abierta, Brescia 1997, p. 57).

 Act: 12/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A