13 de Mayo

Miércoles VI de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 13 mayo 2026

Lectio

En aquel tiempo, 15 los que acompañaban a Pablo le llevaron hasta Atenas, y desde allí se volvieron con el encargo de avisar a Silas y Timoteo, para que se reunieran con Pablo lo más pronto posible. 22 Pablo, de pie, en medio del Areópago, dijo: "Atenienses, he observado que sois extremadamente religiosos. 23 En efecto, al recorrer vuestra ciudad y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado un altar en el que está escrito: Al dios desconocido. Pues bien, eso que veneráis sin conocerlo es lo que yo os anuncio. 24 El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, y que es el Señor de cielo y tierra, no habita en templos construidos por mano de hombre. 25 Tampoco tiene necesidad de que los hombres le sirvan, pues él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. 26 Él creó de un solo hombre todo el linaje humano para que habitara en toda la tierra, fijando a cada pueblo las épocas y los límites de su territorio, 27 con el fin de que buscaran a Dios, por sí mismos y de que, escudriñando a tientas, lo pudieran encontrar. En realidad, no está lejos de cada uno de nosotros, 28 ya que en él vivimos, nos movemos y existimos. Así lo han dicho algunos de vuestros poetas: Somos de su linaje. 29 Por tanto, si somos del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad se parezca a oro, plata, piedra o escultura hecha por arte y genio humanos. 30 Ahora, sin embargo, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, Dios hace saber a los hombres que todos, en todas partes, han de convertirse, 31 ya que él ha establecido un día, en el que va a juzgar al universo con justicia por medio de un hombre designado por él, a quien ha acreditado ante todos resucitándolo de entre los muertos". 32 Al oír aquello de "resurrección de entre los muertos", unos se echaron a reír; otros dijeron: "Ya te oiremos otra vez sobre esto". 33 Entonces Pablo abandonó la reunión. 34 Algunos, sin embargo, se unieron a él y creyeron; entre ellos Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros. 1 Después de esto, Pablo partió de Atenas y fue a Corinto (Hch 17,15.22-18,1).

         Nos encontramos ante el famoso Discurso al Areópago (asamblea popular) de Pablo, en Atenas. Se trata del 1º encuentro no tanto con el paganismo (que ya había tenido lugar en otras partes) sino con la cultura pagana, con los representantes de la elite cultural del tiempo: los estoicos y epicúreos.

         Estamos ante un discurso bien preparado y hábil, prototipo de una inculturación que, sin embargo, no quita ni un ápice a la originalidad del mensaje cristiano.

         A pesar de que Pablo usa elementos de la cultura de los oyentes, citando incluso a poetas griegos (del mismo modo que citaba las Escrituras cuando se dirigía a los judíos), no hace un discurso de filósofo, sino de profeta. Anuncia a un hombre resucitado de entre los muertos, que permite vencer la ignorancia en la que cayeron durante siglos naciones enteras, y con ella la idolatría.

         Pablo se alinea con los más grandes filósofos y poetas que habían criticado la idolatría. No obstante, dice lo que no podían decir ni los filósofos ni los poetas: que es posible llegar a la verdad a través de un hombre, acreditado por Dios con la resurrección de los muertos, y que será también el juez final. Esto es, el criterio del bien y del mal.

         Frente a un anuncio tan poco racional, el auditorio, como siempre, se divide. Muchos se van con la sonrisa en los labios, y otros se adhieren al anuncio.

         Se ha discutido mucho sobre si el discurso, y su intento de inculturación, fue un éxito o un fracaso. Del mismo modo que se ha discutido si, después de este intento, Pablo cambió sus modalidades de anuncio. Con todo, la intención de Lucas ha sido ofrecer el ejemplo de un modo de presentación del kerygma a los paganos cultos.

         Los resultados son los esperados, dado que la palabra de Dios divide los corazones y las mentes. De hecho, hasta en la brillante y superficial Atenas nace una comunidad cristiana, que es eso lo que importa. En definitiva, hay que recurrir a todas las modalidades de anuncio para predicar a Cristo.

En aquel tiempo, 12 dijo Jesús a sus discípulos: "Tendría que deciros muchas más cosas, pero no podríais entenderlas ahora. 13 Cuando venga el Espíritu de la verdad, él os iluminará, para que podáis entender la verdad completa. Él no hablará por su cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído, y os anunciará las cosas venideras. 14 Él me glorificará, porque todo lo que os dé a conocer lo recibirá de mí. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío también. Por eso os he dicho que todo lo que el Espíritu os dé a conocer lo recibirá de mí" (Jn 16,12-15).

         El texto presente incluye la 5ª promesa de la misión del Espíritu, maestro y guía hacia la plenitud de la verdad. Tras una introducción al tema (v.12), el fragmento (de claro valor teológico) se desarrolla en 3 pasajes paralelos, que concluye cada uno con la misma fórmula ("os lo revelará"; vv.13.14.15) y con una progresión temática doctrinal sobre las 3 personas divinas: el Espíritu, Cristo, el Padre.

         Jesús quería revelar a los suyos muchas otras cosas, mas por ahora no pueden entenderlas. Antes tendrán que recibir el Espíritu. El Paráclito será la ayuda que necesitan los discípulos, y el que los introduzca en "la verdad completa" (v.13). Esto es, el Espíritu Santo inaugurará un período nuevo del conocimiento de la palabra de Jesús.

         La instrucción del Espíritu se desarrollará en lo íntimo del corazón de cada discípulo, y con ella conocerán los secretos de la verdad de Cristo y podrán entrar en ellos. La tarea del Espíritu será semejante a la de Jesús, aunque dirigida al pasado y al futuro.

         Del mismo modo que el Hijo, en su vida terrena, no hizo nada sin el consenso y la unidad del Padre, así el Espíritu, en el tiempo de la Iglesia post-pascual, actuará en perfecta dependencia de Jesús y "dirá únicamente lo que ha oído" (v.13).

         En concreto, el Espíritu guiará en la comprensión interior de la palabra de Jesús (más aún, de Jesús mismo), y "anunciará las cosas venideras" (v.13). Es decir, hará ver la realidad de Dios y de los hombres, como el Padre y el Hijo la ven.

         En definitiva, el Espíritu hará conocer, de modo verdadero, los acontecimientos del mundo y de la historia, desde la perspectiva de la novedad iniciada por la muerte y la resurrección de Cristo, siempre nueva y creativa interiormente.

Meditatio

         El Espíritu prometido permitirá a los discípulos comprender las cosas de Dios tal como han sido reveladas por Jesús. El Espíritu hará la exégesis de las palabras del Señor, para que se pueda caminar a través de la historia con la mente de Dios, con su modo de ver y juzgar, de sentir y obrar.

         También expresa el Espíritu la alteridad del discípulo y de la Iglesia respecto al mundo. El sentido de las cosas, de la historia, de los acontecimientos, está reservado a los que tienen el Espíritu. Ahora bien, es preciso que el Espíritu pueda hablar.

         La tradición ha hablado de la necesidad de disponer de un corazón purificado para comprender las cosas de Dios, tal como son sugeridas por el Espíritu. El Oriente cristiano ha meditado largamente sobre esta bienaventuranza, la de "bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios".

         La visión de Dios y de sus cosas, así como la comprensión de las palabras de Jesús, y su actualización a las distintas situaciones en diferentes momentos de la historia, están reservadas a aquellos que dejan hablar al Espíritu, progresivamente liberados de los apegos y condicionamientos mundanos.

         Las épocas más creativas para la fe han sido las épocas en las que se nos obligaba a la liberación interior, a la oración, a la santidad. Es en los santos donde las palabras del Señor se realizan al máximo. A ellos es a quienes se da la comprensión profunda de las cosas de Dios, así como una comprensión particular del momento histórico.

         Conocer la realidad según Dios es algo distinto al conocimiento necesario típico de la racionalidad. En concreto, es dejar que el Espíritu hable en un corazón desalojado de las cosas demasiado terrenas.

Oratio

         Ayúdame, Señor, a liberarme de las demasiadas cosas que me impiden comprender "la verdad completa", comprender tu Palabra en el hoy, lo que me dices para mí hoy, lo que debo hacer aquí y ahora, y sobre todo cómo debo ver mi vida y los acontecimientos de la situación en que me encuentro.

         Purifica mi corazón, Señor, para que mi ojo interior pueda ver tus caminos, para que mi oído interior pueda oír tu voluntad, para que mi instinto esté orientado hacia ti. Las propuestas que se me hacen son múltiples. La comunicación me inunda hoy de mensajes multiformes y contradictorios, y con frecuencia no sé hacia dónde orientarme.

         Concédeme, Señor, un corazón desprendido y vacío para dejarte hablar a ti. Concédeme un corazón humilde para escuchar la voz orientativa de tu Iglesia. Sobre todo, haz que no esté condicionado por las indicaciones del mundo, sino que siga tus indicaciones a su luz.

         Si quiero ser luz del mundo, debo juzgar las soluciones del mundo a la luz que viene de ti. Unas veces mediante el proceso de un delicado discernimiento, y otras con la obligada nitidez. Purifícame e ilumíname, Señor.

Contemplatio

         No esperéis escuchar de nosotros las verdades que el Señor no quiso decir a sus discípulos por no estar aún en condiciones de comprenderlas. Aplicaos, más bien, a progresar en la caridad, que desciende a vuestros corazones por medio del Espíritu Santo que os ha sido dado.

         Gracias al fervor de vuestra caridad, y al amor que alimentáis por las cosas del alma, podréis experimentar interiormente aquella luz, y aquella voz espiritual, que los hombres atados a la carne son incapaces de tolerar. Esa luz y esa voz no se presentan con signos que los ojos del cuerpo pueden ver, ni se hacen oír con sonidos que los oídos pueden oír.

         No se puede amar, ciertamente, lo que nos es del todo desconocido. No obstante, amando lo que conocemos en parte, por efecto de este mismo amor se llega a conocerlo cada vez mejor y de un modo más profundo (cf. San Agustín, Comentario de Juan, XCVI, 4).

Actio

         Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Todo lo que os dé a conocerlo recibirá de mí" (Jn 16,14).

Conclusio

         Hace varios años tuve la oportunidad de encontrar a la madre Teresa de Calcuta. Tenía en aquel momento muchos problemas, y decidí aprovechar esta ocasión para pedir consejo a la madre Teresa.

         Apenas nos sentamos, empecé a mostrarle todos mis problemas y dificultades, intentando convencerla de lo complicados que eran. Tras haberle expuesto elaboradas explicaciones durante unos 10 minutos, me callé, y la madre Teresa me miró tranquilamente y me dijo: "Bien, si dedicas cada día una hora a adorar a tu Señor, y no haces nunca lo que sabes que es injusto, todo irá bien".

         Cuando oí estas palabras me di cuenta, de improviso, de que había pinchado mi globo hinchado (hinchado de complicada auto-conmiseración), y me había señalado, mucho más allá de mí mismo, el lugar de la verdadera curación. En realidad, me quedé tan pasmado con su respuesta que no sentí ningún deseo o necesidad de continuar.

         Al reflexionar sobre este breve y decisivo encuentro, me doy cuenta de que yo le había planteado una pregunta por lo bajo, y ella me había dado una respuesta por lo alto. De primeras, su respuesta no parecía adecuada con respecto a mi pregunta. Después, empecé a comprender que su respuesta venía desde el lugar de Dios, y no desde el lugar de mis lamentaciones.

         La mayoría de las veces reaccionamos a preguntas por lo bajo, con respuestas por lo bajo. El resultado es que cada vez hay más preguntas y respuestas cada vez más confusas. La respuesta de la madre Teresa fue como una lámpara de luz en mi oscuridad. Conocí, de improviso, la verdad sobre mí mismo (cf. Nouwen, H; Vivir del Espíritu, Brescia 1984, p. 81).

 Act: 13/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A