12 de Febrero
Jueves V Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 12 febrero 2026
Lectio
4 Cuando Salomón se hizo viejo desvió hacia otros dioses su corazón, que ya no perteneció al Señor, como el de su padre David. 5 Dio culto a Astarté, diosa de los sidonios, y a Moloc, el ídolo de los amonitas. 6 De este modo, Salomón ofendió al Señor y no fue tan fiel como su padre David. 7 En el monte que hay frente a Jerusalén erigió un altar a Camós, ídolo de Moab, y otro a Moloc, ídolo de Amón. 8 Otro tanto hizo para los dioses de todas sus mujeres extranjeras, que quemaban en ellos perfumes y ofrecían sacrificios a sus dioses. 9 El Señor se irritó contra Salomón, sobre todo porque apartó su corazón del Dios que se le había aparecido dos veces, 10 ordenándole que no fuese tras otros dioses. Cuando Salomón no cumplió esta orden, 11 el Señor dijo a Salomón: "Por tu mal comportamiento, porque has roto mi alianza y no has guardado mis mandamientos, te quitaré el reino y lo daré a uno de tus servidores. 12 En atención a tu padre David, no lo haré mientras tú vivas, sino que se lo quitaré a tu hijo. 13 Le dejaré una sola tribu, en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que yo elegí" (1Re 11,4-13).
El motivo por el que en tiempos de Salomón estaban prohibidos en Israel los matrimonios con mujeres extranjeras era evitar el pecado de la idolatría. Pues bien, en ambos casos cayó Salomón. En la vejez, subraya el texto, y siguiendo a los ídolos de sus numerosas mujeres, construyó altares para adorar a todas las divinidades de los pueblos vecinos. Se menciona incluso el monte donde construyó estos altozanos: el situado frente a Jerusalén, o Monte de los Escándalos.
Salomón había apartado su corazón del Señor, Dios de Israel, y el Señor se indignó contra él. La consecuencia de la infidelidad al Dios único fue la división del reino.
Es útil tener en cuenta el hecho de que estos pasajes del libro I de Reyes son textos tardíos, pues fueron escritos en la época del exilio o después, cuando la situación de gran sufrimiento en que se encontraba hacía vivir a Israel un replanteamiento en clave teológica de toda la historia del pueblo.
En dicho contexto, era acuciadora para los judíos la pregunta sobre el porqué del exilio, de la dispersión del reino y de la vejación que sufría, tras la unidad y la paz disfrutadas en el reino davídico.
Este deseo judío se fundaba en la certeza de que, a pesar de la infidelidad del hombre (de hecho, se citan los defectos y pecados de Salomón, y los de su padre David), Dios permanece fiel a su alianza y a su promesa de paz.
En aquel tiempo, Jesús 24 salió de allí y se fue a la región de Tiro y Sidón. Entró en una casa sin querer que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. 25 Una mujer, cuya hija estaba poseída por un espíritu inmundo, oyó hablar de él, e inmediatamente fue a postrarse a sus pies. 26 La mujer era pagana, sirofenicia de origen, y le suplicaba que expulsara de su hija al demonio. 27 Jesús le dijo: "Deja que primero se sacien los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros". 28 Ella le replicó: "Es cierto, Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas de los niños". 29 Jesús le contestó: "Por haber hablado así, vete, que el demonio ha salido de tu hija". 30 Al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija echada en la cama, y el demonio había salido de ella (Mc 7,24-30).
Una vez que Jesús dejó la llanura de Genesaret, donde había curado a muchos y había desarrollado la disputa con los fariseos, inicia Jesús un viaje a territorio pagano, y allí realiza 2 curaciones: la de la hija de una mujer pagana y la de un sordomudo.
Estamos en la región de Tiro, en la costa mediterránea del Líbano. Una mujer cananea (sinónimo de idólatra) y sirofenicia (de origen griego, y por tanto pagana) entra en escena. ¡Menudo golpe de escena, en el extranjero!
En el diálogo que ambos mantienen aflora, Jesús y la extranjera, la tensión sobre el papel de Israel se expresa con la metáfora de los hijos y los perros. Surge a continuación el tema del universalismo de la salvación, que la mujer acaba confesando en su respuesta: "Señor, Kyrios". Ambas tensiones quedan resueltas por Jesús, con la liberación de una niña poseída de un espíritu inmundo.
El contexto en el que nos encontramos todavía es el de la magna Sección de los Panes, que abarca los cap. 6,30-8,10. El pan, en efecto, vuelve a aparecer en las réplicas (vv.27.28), y se habla del "pan de los hijos" y de las migajas de dichos panes.
Por otra parte, el episodio está en estricta disputa con el legalismo judío, incluso superando las fronteras de Israel. Y viene a confirmar que, en Cristo, el concepto de puro-impuro ha quedado anulado, pues él trae una buena noticia de salvación, en y para todos los hombres.
Meditatio
Con la mujer del evangelio de hoy, extranjera en tierra extranjera, es con quien mejor se identifica la Iglesia, misionera, católica y, por ende, universal.
La catolicidad de la Iglesia, en efecto, no es un hecho institucional, sino que tiene que ver con su esencia, con su llamada y con su misión. En concreto, la Iglesia es extranjera entre los extranjeros, pobre entre los pobres, y sigue encarnándose en todos los pueblos.
De igual modo que Cristo asumió en sí mismo toda la humanidad, así también la Iglesia se inserta en la humanidad, y hace tender a todo movimiento y espíritu humano hacia Cristo.
Esta inversión es lo que constituye la catolicidad de la Iglesia, para que todo el esfuerzo humano converja en ella hacia su punto de atracción y comprensión, en un movimiento de inclusión, de integración y de asimilación de la humanidad.
La más católica de las mujeres del evangelio fue la extranjera sirofenicia de hoy, que buscó a Cristo en tierra extranjera, que no permitió que Jesús siguiera siendo desconocido, que se situó frente a la verdad a las claras, que se dejó vencer por Cristo y que aceptó el mensaje de Jesús al decir: "Sí, Señor".
La sirofenicia del evangelio imploró las migajas para su hija (paganizada, herida, confusa), y consiguió que ésta fuese reorientada, recompuesta, asumida, integrada, curada, ensalzada y entregada a Cristo.
Oratio
Oh Dios, todo está invadido por tu aliento y misterio. De ahí derivan las imágenes y los pensamientos sobre lo divino que se encuentran en los pueblos y en los individuos.
Esas imágenes contienen con frecuencia un profundo significado que toca el corazón y promete salvación, aunque también algo confuso y malo que conduce al error. Por eso, Señor, abre mi corazón al misterio que por doquier da testimonio de sí, y protégelo contra los descarríos que nos desvían de él.
Da seguridad a mi conocimiento, Señor, de suerte que siempre llame bueno al bien y malo al mal. Ilumina mi espíritu, a fin de que pueda distinguir lo que conduce a ti, lo que es santo de verdad y lo que de ti desvía, a través del error y del engaño (cf. Guardini, R; Plegaria Teológica, Brescia 1986).
Contemplatio
En cierto lugar, dice el Señor: "Otras ovejas tengo fuera del redil este", y: "Conviene ir a por ellas, para que sea uno solo el rebaño y un solo pastor". Al número de estas últimas pertenecía la mujer cananea, y por eso no es despreciada ni frenada por Jesús, aunque parezca lo contrario.
La cosa parece evidente en la respuesta dada por Jesús a la mujer: "No está bien quitar el pan a los hijos para echárselo a los perros", a forma de decirle: Tú eres una perra, una gentil que adora a los ídolos, y ¿hay causa más ordinaria en los perros que lamer las piedras? No está bien, pues, quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perros.
Si la cananea se hubiera retirado, oyendo estas palabras de Jesús, perra habría venido y perra se habría ido. No obstante, ella siguió llamando, y fue trocada de perro en hombre. Insistió en pedir, y aun tomó pie de aquella especie de ultraje para sacar a la luz su gran humildad y seguir implorando misericordia.
La cananea no se turbó ni se quemó de oírse llamar perro, cuando pedía un favor e imploraba misericordia, sino que dijo: Es verdad, Señor, llámame perra, pues lo soy de cuerpo entero. Tal es mi nombre, mas no por ello se me debe rechazar el beneficio. Perra soy de arriba abajo, mas también los perros comen las migajas caídas de la mesa de su dueño. Lo que yo deseo es una gracia insignificante. No me subo a la mesa, sino que me contento con el suelo (cf. San Agustín, Homilías, LXXVII, 8-10).
Actio
Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: "Mujer, qué grande es tu fe" (Mt 15,28).
Conclusio
Lo que dijeron Justino y Clemente puede ser aplicado muy bien a la India. El Logos preparaba de una manera misteriosa el camino para su propia venida, y el Espíritu Santo estimulaba desde el interior la búsqueda de los más puros entre los sabios griegos. El Logos y el Espíritu Santo siguen obrando aún, de un modo análogo, en las profundidades del alma india.
Por desdicha, la sabiduría india está contaminada (afectada) por errores, y no parece que haya encontrado su propio equilibrio. Algo así ocurría con la sabiduría griega antes de que Grecia hubiera encontrado el mensaje de Cristo resucitado. El hombre, fuera de la única revelación y de la única Iglesia, se muestra siempre y en todas partes incapaz de discernir entre la verdad y el error, entre el bien y el mal.
Una vez cristianizada, Grecia rechazó sus ancestrales errores, fue bautizada en la sangre de sus mártires, se volvió maestra del mundo en filosofía, teología y mística.
Nosotros, confiando en la indefectible dirección de la Iglesia, esperamos que la India, una vez bautizada en la profundidad de su búsqueda del Brahmán (que dura ya muchos siglos) rechace sus propias tendencias panteístas y, descubriendo en el esplendor del Espíritu la verdadera mística, engendre galaxias incomparables de santos y de doctores (cf. Monchanin, J; "Eremitas del Saccidananda", en Lubac, H; Misterio de la Iglesia, Milán 1979, p. 172).
Act:
12/02/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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